
FRANCISCO DE ALDANA
Alcazarquivir, agosto de 1578 En fin, en fin, tras tanto andar muriendo, tras tanto variar vida y destino, tras tanto de uno en otro desatino pensar todo apretar nada cogiendo, Francisco de Aldana lleva horas sentado a la estrecha mesa de la tienda de campaña. Afuera, el viento africano levanta polvo y un lejano rumor de guerra, pero aquí dentro todo es quietud. tras tanto acá y allá yendo y viniendo, cual sin aliento inútil peregrino -¡oh, Dios!-, tras tanto error del buen camino, yo mismo de mi mal ministro siendo…, La luz del candil tiembla sobre el papel mientras
