
Isidoro de Antillón (1778-1814)
En el ocaso de los regímenes, los pilares morales que sostienen el mundo conocido comienzan a resquebrajarse. Las ideas que parecían sólidas e inmutables se disuelven como azucarillos. La incertidumbre lo impregna todo y se convierte en el signo de los tiempos. Surgen entonces los charlatanes, los agoreros y los traidores; pero también aparecen las mentes brillantes de cuya sensibilidad vital se alumbran las ideas nuevas. que irrumpen con la fuerza de las olas rompiendo contra un espolón y sobre las cuales habrá de cimentarse el mundo que suceda al anterior. Así era la España de 1778, en los años
