
Las persecuciones islámicas tienen un largo recorrido. Cada día tenemos noticias de la feroz actuación del Islam, tanto en aquellos lugares donde está impuesto y directamente es impensable hasta la libertad de santiguarse, como en aquellos lugares donde está en curso la invasión.
Dada la evidencia diaria y la no ocultación del espíritu genocida, como sí ocurre en el caso del liberalismo y del comunismo, vamos a ser más breves en el detalle del genocidio islamista, y vamos a acometer más directamente la justificación que la doctrina de Mahoma da al mismo.
La espiral de víctimas del Islam no para de crecer. Hay estadísticas diarias que miden la cantidad de atentados cometidos (Ver http://www.alerta360.org/secciones/cifras/), en donde quedan registrados desde las ejecuciones individuales hasta las masacres de todo tipo que nos dejan titulares como:”150 niñas afganas envenenadas por extremistas por pretender recibir educación”. Tomando más datos al azar nos encontramos con que en total 22 países han sufrido los ataques de la «guerra santa» del Islam en julio de 2012: Afganistán, Arabia Saudita, Autoridad Palestina, Bulgaria, Daguestán, Egipto, Filipinas, India, Ingusetia, Irak, Jordania, Kenia, Kosovo, Mali, Nigeria, Pakistán, Rusia, Siria, Somalia, Tailandia, Tayikistán y Yemen. La Yihad islámica ha provocado al menos 920 muertos y 2234 heridos graves sólo en mayo de 2012. El total de víctimas contabilizadas en el mes es, por tanto, de 3.154. Lo más llamativo es que se trata de datos tomados al azar; es de señalar que esa actividad es constante.
Otros hitos del genocidio en el Islam.


“En su libro “El crecimiento de la población musulmana en la India”, el profesor Kishori Saran Lal calcula que entre el año 1000 y el 1525, 80 millones de hindúes fueron asesinados (eso sin hablar de hambrunas y otras calamidades engendradas por las guerras). “Sin duda el mayor holocausto de la historia de la humanidad”.
“La historia de la dominación musulmana en la India es la crónica de un genocidio sin precedentes en los anales de la Historia. El fanatismo y la brutalidad de aquellos hombres surgidos del desierto, movilizados por la ciega intolerancia de una ideología dirigida únicamente a la opresión y la esclavitud y lanzados sobre civilizaciones y culturas brillantes y complejas dejó el reguero de destrucción y muerte del cual la mayoría de las tierras que fueron subyugadas por aquella marea no se ha recuperado nunca. Fue arrasado Bizancio y la milenaria presencia griega en Asia Menor y Egipto, el cristianismo desapareció para siempre del norte de África, fue reducido a islotes sometidos al abuso y la arbitrariedad en el resto de Oriente, la magnífica Persia de los Sasanidas entró en la noche de su historia, incluso España vio su suelo hollado durante siglos por la terrible pisada esterilizante del islam, hasta la victoria definitiva de los cristianos. Coincidencia de extraordinaria significación, la India ve la llegada de las avanzadillas mahometanas al Indo en el año 711, un año (o meses apenas) antes que el desembarco de Tarik en las costas del sur de Hispania. A partir de ahí se abre para el subcontinente indio una época terrible de destrucción y opresión para el que acabará con la llegada de los británicos, hecho que marcará el fin de la India musulmana.”
Evidentemente, en cada repunte de genocidio se señala que ése es el más grande de la historia de la Humanidad. Son muchos los genocidios cometidos en la historia de la Humanidad, aunque es en la Edad Moderna cuando se muestra una mayor sensibilización al respecto.

Las matanzas llevadas a cabo por los invasores musulmanes de España se repitieron conforme avanzaba la conquista, tanto contra los naturales como entre los propios invasores. En concreto, durante el reinado de Abderraman I. Los levantamientos contra Abderramán duraron 20 años; los alzamientos fueron constantes… y constantemente ahogados en sangre, y en impiedad. En la sublevación de Al-Ala, en Carmona, decapitó a 7000 hombres. Castigo similar recibió Toledo.
Era implacable: en Sevilla se rebeló Abu Sabbah por haber sido nombrado y posteriormente destituido valí de la ciudad. Lo mandó llamar a Córdoba en son de paz y lo mató. Nuevas sublevaciones en Sevilla significaron nuevas matanzas en 773.
Intentonas de derribar a Abderramán se sucedieron, aportando nuevos contingentes de africanos que se refugiaban en distintos lugares para combatir a Abderramán. Sierra
Elvira, la Alpujarra, la Serranía de Ronda, se llenaron de ellos, y las invasiones de los valies de África le acosaban. Intentos de desembarco llevaron a poner en grave situación las costas de Tortosa.
No dudó en exterminar a los yemeníes, quienes le habían puesto en el trono… Y quienes siempre pagaban por uno u otro motivo eran los mozárabes, que o bien tomaban las armas por alguno de los partidos contendientes, o sin tomarlas eran masacrados por la ferocidad y codicia de los invasores. Tan es así que según consta en una crónica de la época, el emir Yusuf mandó hacer un nuevo censo de la cristiandad tributaria, haciendo borrar de la misma a un número importante de españoles que habían sido asesinados o habían huido al norte.
En 758, a los habitantes de Castella, capital del cantón de Elvira (en Granada), se les impuso que pagasen anualmente 10.000 onzas de oro, diez mil libras de plata, 10.000 cabezas de los mejores caballos y otros tantos mulos, con más de 1000 armaduras, mil cascos de hierro y otras tantas lanzas (dado en Córdoba a tres de Safar del año 142). Era un impuesto por ser español del que no se libraban los renegados, los muladís, lo que acabó provocando levantamientos que indefectiblemente eran ahogados en sangre.
“Los renegados del arrabal de Córdoba se levantaron contra Al–Hakem en 805 y 806, siguiendo su ejemplo los toledanos, excitados por los cantos de un poeta de sangre española, Garbîb. Para domeñar a los rebeldes se valió el califa de otro renegado de Huesca, Amrúst quien, con infernales astucias, preparó contra los de su raza la terrible matanza conocida con el nombre de día del foso, en que fueron asesinados más de 700 ciudadanos, los más conspicuos e influyentes de Toledo.”
El año 807, se presentó Abderramán en Toledo al frente de una aceifa y se hospedó en la alcazaba que los mismos toledanos habían elevado, donde recibió a los españoles más principales y les ofreció un magnífico banquete.

La pasión del pueblo español bajo el Islam no se quedó en ese hecho. Pocos años después, el 31 de Agosto del 813 tuvo lugar en Córdoba la revuelta llamada del arrabal. El desorden llegó a tal punto que, cuando se convocaba a la plegaria, el populacho gritaba, dirigiéndose a Al- Hakam: “¡Ven a rezar, borracho, ven a rezar!” Por su parte, Al Hakam hizo crucificar a diez españoles significados cristianos, lo que motivó un levantamiento y la ruina del arrabal. Acto seguido sacó de todas las viviendas a quienes las habitaban y se les hizo prisioneros, luego se detuvo a treinta de los más notables de entre ellos, se les ejecutó y se les crucificó cabeza abajo. Y, durante tres días, los arrabales de Córdoba sufrieron muertes, incendios, pillajes y destrucciones. Parte de los emigrantes del Arrabal se refugiaron en Fez y otros en la isla de Creta, donde formarían un gobierno autónomo hasta el año 961. Al Hakam, después hizo arrasar el arrabal y sembrarlo para que no quedara recuerdo de él. Posteriormente lo convertiría en cementerio. En más de veinte mil hombres útiles disminuyó la población de Córdoba. Y el arrabal quedó arrasado y convertido en campo de siembra.
“Los españoles fueron recibidos de uno en uno, siendo conducidos al centro de la fortaleza donde se había excavado un gran foso, donde fueron arrojados, previamente degollados, todos los invitados. Cuentan los historiadores árabes Ben Alcutia, Annouairi e Ibn Adari que fueron asesinados entre 700 y 5000 toledanos ante la vista de Abderraman, que contaba catorce años. El trágico día ha pasado a la historia como“el día de la hoya”. Y es que los invasores seguían al pie de la letra lo que les manda el califa Omar: “Nosotros debemos comernos a los cristianos, y nuestros descendientes se deben comer a los suyos mientras que dure el islamismo”.
“Ni después de esta carnicería e incendio cesaron los furores de Al–Hakem. Trescientas cabezas hicieron clavar en postes, a la orilla del río, y expulsó en el término de tres días a los renegados del arrabal; 15.000 de ellos no pararon hasta Egipto.”
Las persecuciones no pararon. Se intensificaron o se calmaron, pero sólo desaparecieron cuando definitivamente triunfó España el 2 de Enero de 1492.
Con la invasión almorávide se llevó a cabo la expulsión de los mozárabes el año

1126, que ya habían ido emigrando de manera importante en los últimos años, cuando repoblaron gran parte de los territorios reconquistados por Alfonso I el Batallador. También los judíos vieron en esta ocasión arrasadas sus sinagogas y se vieron forzados a refugiarse en los reinos hispánicos.
Mediado el siglo XII “Los almohades invaden el floreciente reino que en el centro y mediodía de España habían fundado los moros, y ponen a los judíos entre el islamismo y la muerte. Hordas de muz motos, venidos de África, allanan o queman las sinagogas. Entonces los judíos se refugian en Castilla.”
Al Andalus sufre una nueva invasión que conquistó Cádiz, Málaga y Sevilla, en el curso de una yihad lanzada no sólo contra los españoles, sino incluso contra los mismos musulmanes, lo que les ocasionó importantes resistencias, entre las que no fue menor la del rey Lobo de Murcia, de una antigua familia muladí. Las tropas del ‘Rey Lobo’, Ibn Mardanish, expandieron las fronteras del reino de Murcia, que se había convertido en un protectorado de la Corona de Castilla.
Pero la historia del genocidio musulmán no se circunscribe a España.

En 1480 Otranto fue asediada por los turcos y, después de una larga batalla, cayó bajo el dominio otomano. El comandante de los turcos, bajá Gedik Ahmed, ordenó que todos los hombres sobrevivientes, desde los 15 años para arriba, fuesen obligados a renegar de la fe católica. Antonio Primaldo, un zapatero en nombre de todos los cristianos prisioneros declaró que ninguno de ellos se convertiría. “Ellos consideraban a Jesucristo como Hijo de Dios y querían mil veces morir antes que renegar de Él y hacerse musulmanes”. Frente a esta respuesta, el bajá Ahmed condenó a muerte a los 800 prisioneros. Todos fueron degollados o empalados, excepción hecha de los jóvenes, que fueron cautivados. “É metieron á espada la mayor parte de los cristianos que en ella habia; é despues de apoderado en la Ciudad é fortaleza mató á todos los clérigos que halló, é fizo aserrar por medio al Obispo de Otranto, é fizo matar mil y cuatrocientos hombres atados con sogas, é robaron la Ciudad, é enviaron la presa á Constantinopla donde del gran Turco habian sido enviados; é aquel Bajá, é los otros ordenaron de dejar gente para defender la Ciudad, é dejaron en ella cinco mil turcos y hombres de pelea con todas las cosas que eran menester, é con mucha artillería é fuéronse en Constantinopla, y ansí Otranto quedó con los turcos por suya.”
Masacres concretas en lugares concretos. Ese era y es el método islámico de genocidio, todo conforme a lo que ordena el Corán.
En ese mismo orden, y como sucedió en el siglo VIII en lugares tan distantes como España y la India, los principios del siglo XX se significaron con otro genocidio singular: el armenio.
“El Genocidio Armenio fue planeado y administrado centralmente por el Estado de Turquía contra toda la población Armenia del Imperio Otomano. Fue llevado a cabo durante la Primera Guerra Mundial entre los años 1915 y 1918. Gran número de Armenios fueron masacrados metódicamente a lo ancho y largo del Imperio Otomano. Mujeres y niños fueron raptados y brutalmente abusados. Toda la riqueza del pueblo Armenio fue expropiada.”


“750.000 asirios, también conocidos como Caldeos o Siriacos fueron asesinados por los islámicos otomanos turcos entre 1915 y 1918, durante la Primera Guerra Mundial… La población cristiana asiria en la Turquía otomana era de un millón el 23 de abril de 1915. A finales de 1918 se había reducido a 250.000 por el genocidio. Setenta y cinco por ciento de los cristianos asirios fueron asesinados en tres años.”
Las órdenes de exterminio estaban recogidas en un decálogo: Los 10 mandamientos del Comité De Union Y Progreso

1. Beneficiarse por Astucia/Artificio: 3 y 4 del Comité de Unión y Progreso, cerrar todas las Sociedades Armenias, y arrestar a todo aquel que trabaje en contra del Gobierno en cualquier momento y enviarlos a las provincias de Bagdad o Mosul, y exterminarlos en el camino o localmente.
2. Recolectar armas.
3. Incitar las opiniones de los Musulmanes por métodos especiales y convenientes, en lugares como Van, Erzeroum, Adana, en donde los Armenios ya se han ganado el odio de los Musulmanes, provocar masacres organizadas como lo hicieron los Rusos en Bakú.
4. Dejar todo ejecutivo a la gente de las provincias como Erzeroum, Van, Mumuret ul Aziz, y Bitlis, y utilizar métodos disciplinarios Militares (por ejemplo, Gendarmería) para aparentar el cese de las masacres, mientras en lugares como Adana, Sivas, Broussa, Ismidt y Smyrna ayudar en forma activa a los Musulmanes con fuerzas militares.
5. Aplicar medidas para exterminar a todos los hombres menor de 50, sacerdotes y maestros, dejar niños y mujeres para que se Islamicen.
6. Deportar a las familias que lograron escapar y aplicar medidas para cortar todas las conexiones con sus regiones autóctonas.
7. En aquellos lugares en donde los oficiales Armenios pueden ser espías, expulsarlos completamente de cualquier departamento o cargo gubernamental.
8. Exterminar de manera apropiada a todos los Armenios del ejército – esta tarea se dejará a los militares.
9. Las medidas comenzaran en forma simultánea en todos los territorios, de esta manera no se deja tiempo para preparar medidas defensivas.

10. Prestar atención a la característica de estrictamente secreta de estas medidas, la cuales no van más allá de dos o tres personas.
Pero los males de Armenia no acabarían ahí. Los aliados de la 1ª Guerra mundial “reconocieron” la existencia de Armenia, pero dieron toda la colaboración a la Turquía musulmana para acabar con la Armenia cristiana. Inglaterra, Estados, Unidos, Francia, Alemania, dieron su beneplácito, y “Kemal Atatürk fallece en Estambul el 10 de Noviembre de 1938 dejándole a la “refundada y moderna” República de Turquía, nefasta carga: ser el Estado que directamente debe responder por el genocidio de un millón y medio de armenios.”
Los bailes de cifras no deben asustarnos. Lógicamente, cuando se producen genocidios, el número de víctimas crece o decrece de acuerdo con la voluntad de quién lo cuenta. Lo que es lamentable es que “la muerte de una persona es una tragedia, pero la muerte de un millón es una simple estadística”, tal como lo parafraseaba el dictador comunista José Stalin.
Pero prosigamos con los genocidios musulmanes:

“En 1958, Pakistán se convirtió en una dictadura y la oposición en la franja oriental creció. Las tensiones desembocarían finalmente en la Guerra de Liberación de Bangladesh que estalló en 1971 después de que la Liga Awami ganara las elecciones nacionales el año anterior. El 25 de marzo de 1971, el ejército pakistaní lanzó la operación Searchlight con el objetivo de acabar con la Liga y sus seguidores. Los militares asaltaron la universidad de Dacca y en las calles de la principal ciudad de Bangladesh fueron asesinadas unas 30.000 personas. El 10 de abril, la Liga Awami declaró la independencia del país.
La guerra continuaría, sin embargo, durante los nueve meses siguientes, periodo en el que se calcula que murieron entre 1 y 3 millones de bengalíes (Rummel, 1994). El 16 de diciembre de 1971 el ejército indio y el Mukti Bahini (o luchadores por la libertad de Bangladesh) vencieron a los militares pakistaníes y tomaron más de 90.000 prisioneros de guerra. La venganza de los bengalíes costaría la vida a unos 150.000 pakistaníes.”
Hemos ido avanzando en la historia, dando pinceladas de algunos genocidios, y nos situamos en el momento actual, que no es sino el permanente presente del medievalismo islámico.


“El llamado integrismo o fundamentalismo islámico, que en nombre de la religión comete crímenes que harían palidecer a los mercenarios de la Guerra de los Treinta Años, es la encarnación actual del odio teológico y una amenaza real para la civilización. El día 30 de agosto de 1997, ayer mismo, cerca de 300 personas eran asesinadas en la aldea de Rais, a 20 kilómetros de Argel, por un ejército de 400 terroristas vinculados al extremismo islámico. La suspensión de las elecciones en 1992 para evitar la victoria del Frente Islámico de Salvación (FIS), desencadenó en Argelia una guerra, con el fanatismo religioso como telón de fondo, en la que han muerto cerca de cien mil personas.


«En mi país, los ciudadanos son degollados sin piedad, cortados en mil pedazos con hachas y destripados por bombas y coches atiborrados de explosivos», relata en enero de 1997 un periodista argelino -director del diario El Watan-, que en 1991 fue amenazado de muerte por los terroristas, él y toda su familia. «Niños, mujeres y viejos, nadie está libre de esta terrible barbarie. Estos últimos días, una serie de atentados terroristas, especialmente horribles y de una violencia inexplicable y, hasta ahora, desconocida, han sumido todavía más si cabe a Argelia en el drama, la sangre y las lágrimas. Y todo parece indicar que la situación tiende a agravarse. Nada indica, en efecto, que este terror vaya a desaparecer o mitigarse a corto plazo». Su previsión fue tan certera que, sólo en este mes de agosto de 1997, han sido bárbaramente asesinadas un millar de personas.” Y lo que es más triste, en 2013, como en 1013, se sigue la misma dinámica.
“En total, durante una sola década no menos de medio millón de víctimas árabes y musulmanas fueron asesinados por árabes y musulmanes.”
En los años noventa, más de 200.000 ciudadanos fueron muertos en Argelia, la mayoría de ellos por grupos islámicos extremistas. ¿Cuál fue la respuesta de la mayoría de los árabes y musulmanes? Una mezcla de entretenimiento y de presentar justificativos para los asesinos y terroristas. Durante esos años, el movimiento Taliban abusó también de los chiítas, azeríes, tayakos, y otras minorías, y nadie hizo nada por detenerlo.
Y en 1991, Saddam asesinó a centenares de miles de chiítas iraquíes y kurdos.
Y el Islam sigue ejecutando a quién le place y cuando le place. Para ello le basta ser fiel al Corán.
Cesáreo Jarabo Jordán

