
El Cristo de la Buena Muerte y Ánimas original, esculpido por Pedro de Mena, uno de los grandes imagineros del Barroco español en 1663, fue destruido en mayo de 1931 en el contexto de la quema de conventos, durante los disturbios anticlericales de la Segunda República en Málaga. La talla ardió en el incendio de la iglesia de Santo Domingo. Existe la leyenda de que parte de la imagen se salvó, pero la realidad fue que la talla fue calcinada, conservándose solo una pierna carbonizada.


Desde 1.927, se llevaron a cabo una serie de contactos para vincular la Congregación de Mena y La Legión. Muchos congregantes vieron con simpatía a La Legión y comenzaron a acariciar la idea ¡por que no! De que su Cristo de Mena, sea escoltado por las fuerzas legionarias. Un gran impulsor de ello fue don Joaquín Mañas Hormigo, que fue elegido Hermano Mayor de la Congregación en este año.
En los días 11 y 12 de mayo de 1.931, la furia anticlerical provocó una serie de disturbios en diversas localidades de España: Madrid, Valencia, Alicante, Murcia, Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, Jerez, Algeciras, Granada, Córdoba, y Sevilla. Ninguna fue tan afectada como la ciudad de Málaga, siendo destruido gran parte de su patrimonio religioso, artístico, cultural e histórico.

El Cristo fue sacado del templo el 12 de mayo de 1931 por unos “alegres” republicanos de izquierdas, apilado junto a otras imágenes religiosas y quemado tras el asalto al templo. Por supuesto, fue golpeado antes de ser destruido. Únicamente se recuperó parte de una pierna y un pie del Cristo, que se encuentra actualmente como reliquia, en la entrada del columbario de la Congregación del Cristo de Mena, rescatada durante la quema por el artista Francisco Palma Burgos y expuesta en el Palacio Episcopal. Cuentan que aquel Cristo, fue rescatado y ocultado por los malagueños para impedir que lo quemaran, pero que las personas que lo ocultaron, fallecieron antes de que pudieran desvelar su escondite, por lo que, en algún lugar, estaría esperando a ser rescatado todavía. Eso es leyenda.
El primer intento de escoltar al Cristo de Mena por La legión, fue programado en 1.929. Todo estaba preparado, pero un temporal en el Estrecho impidió el traslado de las fuerzas legionarias en su traslado de Ceuta a Málaga. En el segundo intento, en 1.930, no hubo problemas y las fuerzas legionarias escoltaron al Cristo de Mena. Finalmente, en el año 1.931, vuelve a participar La Legión en Málaga ante el júbilo de los malagueños.
El 15 de diciembre de 1.930 hubo un intento de incendio del Palacio Episcopal y finalizada la Semana Santa de 1.931, el diario Rebeldías, continuaba con su campaña calificando las procesiones de manifestaciones paganas, escandalizadoras y provocadoras. ante los acontecimientos de mayo de 1.931 y la Guerra Civil, La Legión no vuelve a participar en la Semana Santa malagueña hasta 1.943.


Le tocó el turno de ser incendiada a la Iglesia de Santo Domingo, al antiguo convento, donde se guardaban tesoros como la Virgen de Belén, el Cristo de Mena, el Cristo de Cabrillas, la Virgen del Pozo, lienzos de Alonso Cano, de Francisco Pacheco y las imágenes del Nazareno del Paso, Virgen de la Soledad y de la Virgen de la Esperanza, las glorias nazarenas de la ciudad.
En torno a las tres y media de la madrugada, un grupo de personas cruzó el puente de Santo Domingo, pero antes de que llegaran a la iglesia, penetraron en ella algunos entusiastas cofrades de la Hermandad del Cristo de la Buena Muerte y el Cristo del Paso, los cuales procedieron, con una rapidez vertiginosa, a salvar aquellos objetos y enseres de más valor, poniéndolos a buen recaudo. Entre estos, lograron que la bellísima escultura de la Buena y las de la Virgen de la Soledad y la Esperanza, y el Cristo del Paso colocarlas en los sótanos respectivos, debajo de los altares de las que, a simple vista no podían ser advertidos por nadie. Sin embargo, el Cristo de Mena no se escondería quedando en el altar.
Una vez en el interior del templo, los asaltantes destrozaron en su propio altar a la Virgen de Belén. Prendieron fuego a los altares, al coro y la sacristía. Uno de ellos, al aporrear con una barra el altar del Cristo del Paso, dejó al descubierto la bóveda que existía bajo el mismo, asomando la cabeza. Lanzó una exclamación, que más bien fue un rugido- ¡Aquí han guardado los santos…! ¡Vamos a echarlos al fuego!
Acudieron otros y, entre todos ellos, sacaron de aquel lugar las imágenes para arrojarlas a la inmensa hoguera que habían formado en el patio de la iglesia.

La imagen actual, el Cristo conocido como el «Cristo de los Legionarios» o “Cristo de Mena”, es una es una réplica creada por Francisco Palma Burgos en 1940 en la que trabajó entre los años 1.940 y 1.941, concluyendo el día 11 de agosto. Es una reconstrucción basada en fotografías de la talla original de Pedro de Mena, destruida en 1931. Se encuentra en la Iglesia de Santo Domingo, en Málaga. La vinculación entre la Legión Española y el Cristo de la Buena Muerte se remonta a 1928, año en el que la Autoridad Militar, nombró protector y patrón de La Legión al sobrecogedor Jesús Crucificado nacido de las manos de Pedro de Mena y que gozaba ya de amplia fama de milagroso, desde que, en 1756, una fragata de la Marina que estaba a punto de naufragar, tras encomendarse a él los marineros, lograra salvarse de manera providencial.
Los legionarios encuentran en la imagen un símbolo que encaja con su ideario: disciplina, sacrificio y desprecio al miedo. Antes de 1931, la Legión Española ya participaba en la procesión del Cristo de Mena, pero no existía el ritual actual. Esa figura de Jesús Crucificado, está ya tan indefectiblemente unida a La Legión que incluso los legionarios musulmanes declaran públicamente que Alá es su Dios, pero el Cristo de la Buena Muerte su protector. Es en 1941, con la nueva imagen, cuando se fija la tradición: los legionarios lo portan a hombros en el traslado y lo escoltan.

El ocho de marzo de 1.942 el Cristo sería bendecido en la Iglesia del Santo Cristo de la Salud y en ese año se produjo su primera salida procesional que sigue realizándose cada Jueves Santo en Málaga. Ese día sus calles se llenan de aires y marchas Legionarias. Los Caballeros y Damas Legionarios, llegados por mar a la mañana de esa jornada al puerto de Málaga, en un buque de la Armada, desfilan por sus calles hasta el Convento de Santo Domingo, donde a las doce, ante miles de malagueños y forasteros, llegados desde todas partes del mundo, entronizan a su Protector el Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Ánimas, entonando “El Novio de la Muerte” y el Himno de La Legión “Soy valiente y leal Legionario”, acompañado por las Banderas y Guiones de los Tercios. Con anterioridad, en la noche del miércoles, han guardado a su Divino camarada y protector, muerto en la cruz, los gastadores del Tercio, rígidos como pétreas estatuas.

El novio de la muerte es un cuplé cantado por Lola Montes con letra de Fidel Prado Duque y música de Juan Costa Casals que se interpretó por primera vez el 20 de julio de 1921 en el Teatro Vital de Málaga. El 30 y 31 de julio de 1921 se interpretó en el teatro Kursaal de Melilla, con gran éxito. Dado que su letra exaltaba el espíritu militar y legionario, fue adaptada por la legión española, que la interpreta con ritmo solemne en determinadas ocasiones y una de ellas es el traslado del Cristo de la Buena Muerte en la Semana Santa de Málaga.
Málaga y el resto de España vibran viendo presencialmente o por televisión a los legionarios desfilar mientras entonan su «Novio de la muerte»: «Nadie en el Tercio sabía / quien era aquel legionario / tan audaz y temerario / que a La Legión se alistó. (…) / Soy un hombre a quien la suerte / hirió con zarpa de fiera. / Soy un novio de la muerte / que va a unirse en lazo fuerte / con tan leal compañera”.
A partir de 1.960 se instauró la costumbre de que cada “Tercio de La Legión” tenga en sus acuartelamientos una imagen del “Santísimo Cristo de La Buena Muerte”.
Jaime Mascaró Munar

