
El 29 de octubre de 1933 se produce el mitin en el teatro de la Comedia de Madrid que fue retransmitido para todo el país en Unión Radio. José Antonio Primo de Rivera, Julio Ruiz de Alda y Alberto García Vadecasas serían los protagonistas. Entre los asistentes estaban Ramiro Ledesma Ramos, Raimundo Fernández Cuesta y Rafael Sánchez Mazas, personajes que tendrían un papel muy relevante en la futura Falange Española.
El encuentro se desarrolló entre fuertes medidas de seguridad con agentes de la fuerza pública en la puerta del teatro, cacheando a los asistentes y con varios carros de asalto apostados en las plazas de Canalejas y Santa Ana. El mitin se desarrolló con una muy razonable tranquilidad ante lo que algunos decían que no era normal por haberse tratado de una concentración fascista.

Al acto acudieron personajes de todo tipo de la sociedad madrileña como admiradores del padre de José Antonio, el exdictador Miguel Primo de Rivera, militares de paisano, industriales, terratenientes y demás. El joven comunista José Miguel Guitarre acudió con la intención de reventar el acto y acabó afiliándose a Falange.
El primero en intervenir fue Alberto García Casas quien fue recibido con el brazo en alto por los asistentes. Comenzó diciendo que les tachaban de fascistas, pero que para él no era más que un acto españolista y le daba igual como les catalogasen como quisieran. Siguió diciendo que probablemente tuviesen algún contacto con el fascismo pero que no debían imitar nada, para preservar la identidad española. Continuó haciendo alusiones a la extinta monarquía de la que dijo que ya no contaba con nadie, pero que lo que siguió, la república, fue una decepción total. García Lorca dedicó a García Casas su primer poema del Romancero Gitano. Cuando mencionó a Royo Vilanova, político que se opuso a conceder la autonomía a Cataluña, un exaltado entre el público gritó: “¡Abajo el estatuto y muera Maciá!, a lo que José Antonio tuvo que intervenir para calmar los ánimos. Se despidió entre ovaciones.

Le siguió Julio Ruiz de Alda, el héroe del Plus Ultra. Comenzó la intervención haciendo un repaso por los males de la Patria, para después arremeter contra Rusia, y llamó a los comunistas soldados de un Estado enemigo en guerra. La ovación fue tremenda. Siguió conminando al alzamiento contra las derechas e izquierdas por ser enemigos del campo, de los agricultores. Presentó al siguiente orador, a José Antonio, y le dijo en voz baja que era más fácil cruzar el Atlántico que hablar en público.
José Antonio se levantó, vestido con traje oscuro y peinado de forma impecable, y casi todos los asistentes se levantaron para recibirle con el saludo romano al que respondió de igual manera. Comienzo el discurso con un repaso histórico en el criticaba duramente a Rousseau y al engaño que supuso el liberalismo y el socialismo. Los periodistas tomaban notas aceleradas para trascribir el discurso a sus diarios y revistas.

José Antonio dejó claro que lo que estaban viviendo era el inicio de un movimiento, no de un partido político, que más bien eran un anti-partido y que no era de derechas ni de izquierdas. Porque la derecha solo quería mantener una organización económica y la izquierda subvertir lo que la derecha había hecho, aunque arrastrasen cosas que estaban bien.
Mientras tanto, Indalecio Prieto, decía en la plaza de toros de Valladolid: “Dado el tono de expresión de las derechas, el problema del país habrá de resolverse en la calle”.

José Antonio defendía su postura en el madrileño teatro de la calle del Príncipe, hablando sobre la violencia: “¿Quién ha dicho que cuando insultan nuestros sentimientos, antes que reaccionar como hombres, estamos obligados a ser amables?” Defendió la dialéctica como primera opción, y continuó diciendo que “no hay más dialéctica admisible que la de los puños y las pistolas cuando se ofende a la justicia y la patria”. Estas palabras fueron descontextualizadas por las izquierdas y tomadas como justificación para asaltar a los falangistas por las calles. Veremos que José Antonio se opuso en todo momento a la revancha tras sufrir entre su afiliados y amigos asesinatos callejeros.

Comenzó su defensa a los más desfavorecidos diciendo que en los actos de la recién creada Falange debía primar la actitud humana, la actitud de sacrificio, servicio y el sentido militar y ascético de la vida. Que nadie debía esperar privilegios del nuevo movimiento ya que querían llevar la voz a cualquier hogar obrero. Y que, aunque llevasen corbata no eran señoritos, al contrario, que apostaban por imponer sacrificios duros a los de su clase porque de esta manera se desarrollaría España como ya había hechos en otras ocasiones históricas. Esto no agradó mucho a los señoritos que se encontraban en el patio de butacas.
Animó a los asistentes a que votasen en las próximas elecciones al partido menos malo, diciéndoles que Falange nunca ganaría los comicios. Que ganase el partido que ganase, nunca saldría de ahí la nueva España. José Antonio quería hacer ver que se presentaban como partido político, sin serlo, porque de esa manera podrían conseguir sus aspiraciones, pero que ese no era su sitio. Lo demuestran sus palabras: “Yo creo que sí, que soy candidato; pero sin fe y sin respeto”, “Que sigan los demás con sus festines. Nosotros fuera, en vigilancia tensa, fervorosa y segura, ya presentimos el amanecer en la alegría de nuestras entrañas”. El teatro se venía abajo entre vítores y aplausos.

El acto acabó de esta manera y, rodeados de muchos seguidores, fueron a la comida que tenían reservada en el restaurante Amaya, en la carrera de San Jerónimo.
José Carlos Sacristán Abad

