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Terrorismo protestante vs evangelización católica

  • Cesáreo Jarabo
  • 02/11/2026
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Ya se hablaba en Europa de los derechos del hombre (en la Hispanidad hacía siglos que habían sido proclamados) y todavía se quemaban brujos. “En Burdeos fue ejecutado uno en 1718; en 1749 fue decapitada por bruja la priora de un monasterio de Untergell; en 1785 quemaron á varias hechiceras en Glaris; en 1793 se hizo otro tanto en Posen; á mediados del siglo XVIII, la aldea de Mohra, en Suecia, presenció escenas demoníacas que acarrearon la muerte de 23 personas y el castigo de 36, y acusadas más tarde por unos niños, fueron condenadas á muerte 84 personas sospechosas de pacto tácito y expreso con el demonio (Walter Scout, Demonology).

Calvino

“Lutero, Calvino y sus seguidores acentuaron la creencia popular en el poder del demonio en la brujería y otras prácticas mágicas. Lutero, basado en su interpretación del mandamiento bíblico, abogó por la exterminación de las brujas. «La Historia del Pueblo Alemán» de Janssen, argumenta con muchas pruebas (capítulos IV y V, del último volumen -vol. XVI de la edición inglesa), que una gran responsabilidad por la caza de brujas recae en los Reformadores. En toda Europa se había desatado una fiebre feroz contra la brujería. “Se calcula que entre los siglos XV y XVIII habrá cien mil juicios por brujería, de los que la mitad terminaron con la quema del acusado… En países tan pequeños como Liechtenstein, las quemas alcanzarán al 10% de la población” Por su parte, la Inquisición española condenó a la pena capital, en tres siglos y medio, “un 2 por 100 del total de los procesados”, de los cuales, una parte importante solo fue en efigie. En 1600, los perseguidores de la brujería veían brujería “en el juego de pelota, en los bailes regionales, en los curanderos rurales… muchos amenazados buscarán refugio en el lado español del Pirineo… Es entonces cuando se dispara el fenómeno en el norte de España” 

Inquisidor Salazar

“Cuando el Inquisidor Salazar, a principios de siglo XVII, demostró que la brujería no era sino muestra de debilidad mental o sencillamente artimaña para relaciones sexuales, en Europa seguían quemando brujas; en Inglaterra, entre 1644 y 1646 quemarán a 200 mujeres por brujería; Norteamérica vivirá en 1692 la matanza de brujas de Salem.”  Se estima que, en Salem, entre 1692 y 1693 fueron ejecutados 150 personas, de los cuales destaca que fue lapidado 1 hombre y ahorcados 14 mujeres y 5 hombres. Este tipo de pruebas continuaron hasta 1777.

El código penal conocido “como «Carolina» (1532), decretó que la hechicería debe ser tratada como una ofensa criminal en el imperio Alemán, y si causó daño a alguna persona la bruja debía ser quemada. Hubo mayor actividad de cacería de brujas en los distritos protestantes de Alemania que en las provincias católicas. Ejemplos de ello son Osnabruck y Wolfenbuttenl.  En Osnabruck, en 1583, se quemaron 121 personas en tres meses. En Wolfenbuttenl en 1593 se llegaron a quemar hasta diez brujas en un día. Pero hasta el 1563 no se hizo una resistencia eficaz a la persecución, y fue a través de un protestante de Cleues, Juan Weyer. Se le unieron las protestas de Ewich y Witekind.”

“La persecución de brujas se extendió por muchos países. En el siglo XVI los tribunales seculares en Roma llevaron a cabo enjuiciamientos. En Inglaterra y Escocia también hubo persecuciones, pero no hay cifras precisas sobre las ejecuciones. Según escribió Howell en 1648, sólo en Essex y Suffolk hubo cerca de 300 brujas procesadas en dos años, la mayoría ejecutadas.” 

“La persecución de las brujas se inicia en Alemania, en Estrasburgo, á mediados del siglo XV, y desde entonces hasta los últimos años del siglo XVIII no se interrumpe.”

“En Bamberg se quemaron seiscientas personas acusadas de brujería; novecientas en Wurzburgo, quinientas en Ginebra, y en Lorena un solo juez se vanaglorió de haber condenado á muerte á ochocientas brujas. La multitud presenciaba impávida estas hecatombes, creyendo que así cesarían las heladas, mejoraría el ganado y sería más abundante la cosecha.”   ¡Y todo, en la Europa protestante y liberal de finales del siglo XVIII!

“En Inglaterra esta persecución revistió caracteres extraordinarios. Mr. Mackay (2) ha calculado que, desde la aprobación de la ley contra las brujas en tiempo de María la Sanguinaria hasta el advenimiento de Jacobo I, autor de un tratado de demonología, fueron quemadas en Escocia 17.000 personas y 40.000 en Inglaterra. En los tiempos de Jacobo I se calcula que las ejecuciones por brujería no bajaron de quinientas al año y el famoso Mateo Hopkins, descubridor de hechiceras, cobraba una cantidad de los Ayuntamientos por denunciarlas. En Inglaterra perecieron por brujos el Duque de Buckingham, lord Humperford y la Duquesa de Glocester. Más tarde, los puritanos, relacionando las prácticas de brujería con la Iglesia romana, persiguieron sañudamente estos delitos. Bien es verdad que lo mismo se hizo en otras partes, por ejemplo, en Holanda” 

En el puritanismo, “el falso testimonio, la blasfemia y el adulterio se castigaban con la pena de muerte.”  La brujería se apoderó de Nueva Inglaterra. “Las persecuciones, acusaciones y ejecuciones habidas sin pruebas de ningún género se multiplicaron casi sin término.” 

“En Francia, los jueces y los Parlamentos quemaron brujos y brujas á porfía. No hablemos siquiera del proceso de Urbain Grandier, ni del de Gaufridi, ni del de la Cadiére, ni del asunto de las poseídas de Louviers, ni de las misas negras, ni del asunto de los venenos, en el que se vio comprometida parte no pequeña de la aristocracia francesa; recordemos nada más que el Parlamento de Tolosa quemó de una vez á 400 brujas; que el magistrado Remy confiesa haber hecho lo propio con 800 y que sería larga la enumeración de estas matanzas.” 

Terrorismo protestante contra los indios

Calvinistas y presbiterianos llegaron a nortemérica, y aquí pusieron en funcionamiento sus principios racistas. “A principio del siglo XVII, algunos historiadores atribuyen aproximadamente entre 8 y 10 millones de habitantes indígenas para Estados Unidos, aunque no existe coincidencia en las cifras. Los mismos autores sitúan esa población entre 850 mil y un millón y medio en 1800 (24 años después de haberse proclamado la independencia norteamericana). Enfermedades desconocidas, el deterioro económico y social, las hambrunas, el alcohol, las matanzas y deportaciones acabaron en tres siglos con casi el noventa por ciento de los indios norteamericanos. Y si la etapa colonial fue dura, los años posteriores de expansión de los colonos norteamericanos fueron aún más crueles y disgregadores para los indígenas.”

“La primera población colonial fundada en tierras norteamericanas fue Jamestown (en el actual estado de Virginia) en 1607. Tenía aproximadamente 6.000 habitantes, en su gran mayoría ingleses ambiciosos, cuya principal obsesión fue la búsqueda afanosa de metales preciosos, sin detenerse a formar la mínima trama social entre sus pobladores para construir una colonia con visión de futuro. Las guerras con los indios, las enfermedades y los conflictos internos fueron diezmando la población hasta quedar reducidos a mil habitantes en 1624.”

“El año 1614 una expedición inglesa arribó a las costas de Virginia, asesinando su tripulación a considerable número de nativos y capturando a otros para venderlos posteriormente como esclavos; pero, además, expandieron entre la población india una epidemia de viruela, entonces incurable entre los nativos, que arrasó numerosas aldeas para fundar los ingleses allí lo que entonces comenzó a ser conocido como Nueva Inglaterra, y el 11-11-1620 establecieron sus primeras colonias en Playmouth y Mayflower. En 1625 los indios Pemaquids acogieron con buena voluntad a los colonizadores británicos, entregándoles sus tierras en lo que fue su primera cesión como gesto de acogimiento y de paz. En 1637 hubo una masacre de indios Pequot en Connecticut (Nueva Inglaterra), a mano de los colonos puritanos ingleses, por negarse los nativos a formar alianzas con otras tribus de su raza menos hostiles a los europeos y porque negaban el paso a los británicos cuando éstos pretendían secuestrar indios para venderlos como esclavos.” 

Podremos pensar que la epidemia de viruela fue un contagio accidental del que nadie es culpable, pero para el caso parece que no es esa la verdad; el proceso general llevado a cabo por los europeos protestantes, los WASP, fue el de exterminio programado. Las excepciones a este proceso general – en el que se realizó el primer ensayo de guerra química al entregar a los indios mantas contaminadas con viruela para que murieran con más rapidez – “fueron muy escasas y, a diferencia de lo sucedido en Iberoamérica con Las Casas y otros defensores de los indios, jamás contaron con respaldo oficial. Así, por ejemplo, el bautista Roger Williams tuvo que alejarse de los demás colonos para fundar un enclave en el que ni se asesinara a los indígenas ni se persiguiera a nadie por denunciar aquellas atrocidades. Pero nunca estuvo bien visto por el resto de los colonizadores. En cuanto a los cuáqueros de Pensilvania, los creadores del primer ente político dotado de tolerancia hacia todas las creencias fueron los únicos colonos blancos que insistieron, pese a la concesión regia, en pagar a los indios las tierras que ocupaban y también resultaron los firmantes del único tratado con los pieles rojas que jamás fue violado. Sin embargo, cuando perdieron la mayoría en la asamblea de Pensilvania, el nuevo gobierno no tardó en enzarzarse en una guerra de expansión contra los indios… En los siglos siguientes, las tribus indígenas de América del norte – con las que jamás se produjo un mestizaje – desaparecieron por docenas o fueron diezmadas y recluidas en reservas. No debería extrañar que, según su propia confesión, Hitler inspirara parte de la política nazi seguida contra los judíos en el ejemplo de la mantenida por los norteamericanos contra los indios. En ambos casos se perseguía el exterminio de una raza con fines de expansión territorial y económica y en ambos casos se tenía la convicción de obedecer a un destino providencial y racialmente superior.”

TribusWampanoag

“En 1644 una rebelión indígena en Virginia, capitaneada por el jefe indio Opchanacanough que intentó recuperar el territorio que antes les había sido arrebatado por los ingleses, pero las represalias por parte de éstos llegaron casi a la total destrucción de aquella confederación de nativos. En 1675 estalló la llamada “Guerra del rey Phillip” (Metacomet), y unos 12.000 indios de las tribus Wampanoag y Narragaset atacaron los poblados de Nueva Inglaterra, arrasando nueve de ellos y asesinando a unos mil colonos ingleses. Como represalia por tal acción, estos últimos los derrotaron con una potente fuerza inglesa en Swansea. Tras haber capturado al jefe indio Metacomet, fue ejecutado y, como ejemplo de odio y mano dura hacia los pieles roja, su cabeza fue públicamente expuesta durante 20 años en Playmouth y Massachussets, y toda su familia enviada como esclavos a las Antillas. En 1695 fue aprobada una ley en la segunda de dichas ciudades por la que se permitía disparar contra cualquier indio sospechoso, su texto dispositivo era el siguiente: “Cualquier persona, inglés o indio, que encuentre a indios viajando o escondiéndose en cualquier pueblo, puede ordenarles que se acerquen, examinarlos o matarlos como puedan”. O sea, que eran tratados como si de cazarlos como animales se tratara.”   En definitiva, una práctica habitual en el imperio británico, que ha perdurado hasta el siglo XX.

William Kieft,

“En 1624 los holandeses fundaron Nueva Ámsterdam (hoy Nueva York). En 1641 el quinto gobernador holandés en dicha ciudad, William Kieft, ofreció una recompensa dineraria por la entrega de cabezas de los indios. Su afán fue eliminar cualquier vestigio nativo. En sus violentos raids, o cacerías, contra los nativos mohicanos llevó a cabo un ataque nocturno sobre varios poblados de indios mohicanos, cogiéndoles por sorpresa de noche y asesinando a todos, sin tener en cuenta su edad ni sexo, o sea, barrieron con ancianos, mujeres y niños, con los que cometieron una verdadera masacre. Pero una realidad es innegable; y es que lo verdaderamente cierto fue que desde que las potencias europeas comenzaron a colonizar América del Norte, millones de amerindios fueron desapareciendo misteriosamente sin apenas dejar rastro.” 

No hay parangón. España peleó con los indios; España hizo intercambio de enfermedades que resultaron letales por falta de medios para combatirlas, pero lo que relata la leyenda negra europea contra España no es precisamente lo que hizo la España católica, sino lo que hicieron los europeos protestantes, y la realidad humana de América, hoy, es muestra evidente de ello. “El choque microbiano y viral que en pocos años causó la muerte de la mitad de la población autóctona de Iberoamérica fue estudiado por el grupo de Berkeley, formado por expertos de esa universidad. El fenómeno es comparable a la peste negra que, procedente de India y China, asoló Europa en el siglo XIV. Las enfermedades que los europeos llevaron a América como la tuberculosis, la pulmonía, la gripe, el sarampión o la viruela eran desconocidas en el nicho ecológico aislado de los indios, por lo tanto, éstos carecían de las defensas inmunológicas para hacerles frente.” 

Los protestantes europeos siempre han sido expertos en cargar con sus barbaridades a los demás. Lo hicieron con España y con la Inquisición, y no podían hacer menos cuando trataron sus relaciones con los indios americanos, a los que, después de engañarlos y aprovecharse de ellos, los llevaron al exterminio; pero después de todo, lo curioso es que han vendido la imagen de los indios cortando cabelleras de los muertos como trofeo, cuando la realidad es muy otra. «La práctica de arrancar el cuero cabelludo se difundió en el territorio de lo que hoy es Estados Unidos a partir del siglo XVII, cuando los colonos blancos comenzaron a ofrecer fuertes recompensas a quien presentara el cuero cabelludo de un indio fuera hombre, mujer o niño.»  Algo que luego repetirían en otros lugares, como en Patagonia, cuando exterminaron a los selkman. Lo único, que los indios aprendieron la lección y pagaban con la misma moneda.

La verdad cruda es que “en 1703 el gobierno de Massachusetts pagaba doce libras esterlinas por cuero cabelludo, cantidad tan atrayente que la caza de indios, organizada con caballos y jaurías de perros, no tardó en convertirse en una especie de deporte nacional muy rentable. El dicho «el mejor indio es el indio muerto», puesto en práctica en Estados Unidos, nace no sólo del hecho de que todo indio eliminado constituía una molestia menos para los nuevos propietarios, sino también del hecho de que las autoridades pagaban bien por su cuero cabelludo. Se trataba pues de una práctica que en la América católica no sólo era desconocida, sino que, de haber tratado alguien de introducirla de forma abusiva, habría provocado no sólo la indignación de los religiosos, siempre presentes al lado de los colonizadores, sino también las severas penas establecidas por los reyes para tutelar el derecho a la vida de los indios.” 

Con toda seguridad, esta aseveración sería respondida con una sonrisa de suficiencia por parte de las mentes iletradas y deseducadas en la Ilustración, a las que les convendría repasar las Leyes de Burgos, redactadas siglo y medio antes de que los protestantes llevasen a cabo ese genocidio.

Montes Alleghanys

La actividad de limpieza étnica llevada a cabo en Norteamérica por los europeos protestantes tuvo unos resultados extraordinarios; “a partir de 1780 los trece estados de la Unión (embrión político de lo que serían los Estados Unidos) quedaron libres de indios. Los mahican y los delaware fueron deportados al oeste de los montes Alleghanys; la Nación iroquesa obligada a ceder porciones de sus tierras a los Estados de Nueva York, Pennsylvania y Ohio en 1784. A partir de 1790 se produjo la guerra con los Shawnee como consecuencia de la negativa de éstos a renunciar a sus tierras en beneficio de los colonizadores. Finalmente fueron derrotados y debieron resignar dos tercios de los territorios de Ohio y parte de Indiana.”

“Los primeros 20 años del siglo XIX el flamante Estado norteamericano seguía conquistando silenciosamente los territorios de la costa atlántica sin contemplaciones con los indígenas.

En 1813 concluye la guerra anglo-norteamericana con la derrota británica y el sometimiento de numerosas tribus: los kickapoos, los wyandot, los peoria, los winnebago, los sauk, los cherokees, los creek y los semínolas de la Florida. La mayoría fueron deportados a reservas en Kansas, donde cada sublevación se pagaba con una matanza; otros pueblos huyeron hacia las montañas y pantanos, totalmente desperdigados, para sobrevivir clandestinamente… Centenares de miles de indios son privados de sus tierras y bienes y trasladados al llamado Territorio Indio (actualmente Oklahoma): los choctaw en 1831, los creek en el 36, los cherokees entre el 38 y el 39. No sin haber sido saqueados y vejados previamente por los colonos, ante la pasividad de las autoridades, a lo largo de la Pista de Lágrimas, en la que muchos murieron antes de llegar a su destino». 

Pista de Lágrimas

¿Se puede equiparar eso con la actividad llevada a cabo por España? “Los españoles no tuvieron el menor escrúpulo en mezclar su propia  sangre para hermanarse con la de los aborígenes de aquellas tierras, lo que pronto daría lugar al mestizaje, razón por la que casi todos los apellidos que todavía hoy llevan los ciudadanos de los países de Hispanoamérica son españoles, y en su gran mayoría de clara descendencia extremeña, como prueba bien patente de que también extremeños fueron el grueso de los conquistadores y las figuras más estelares de aquella gesta, por más que algunos se empecinen en verla de otra manera, que parece como si tuviéramos ahora que avergonzarnos de la obra de España en América. Las demás potencias colonizadoras, en cambio, lo que hicieron de forma sistemática fue practicar el “apartheid”, la purificación a toda costa de su sangre de raza blanca y la más deshumanizadora discriminación basada en el predominio y la superioridad del hombre blanco sobre los indígenas, como se ha visto en Sudáfrica hasta que hace pocos años se hizo con el poder la gente de color.”

“Es muy significativo que hace unos 15 años los pocos indios norteamericanos que quedan solicitaran del gobierno norteamericano que se les reconocieran los mismos derechos, idénticas prerrogativas y las tierras y propiedades que el rey español Felipe II les había otorgado en el siglo XVI. Y es que los ingleses cuando llegaron a América del Norte, lo mismo que los holandeses y los franceses, comenzaron a arrasar el espacio, las tierras, la cultura, los medios de vida, y hasta hicieron desaparecer a los propios indios.”

“De unos 150 millones de indios de todo el norte de América que había en el siglo XV, sólo quedan ya unos cuantos centenares como último vestigio de todo un pueblo y raza humana que fue exterminada casi por completo, sin piedad ni compasión. Y así como de los indios de Hispanoamérica queda todavía una fuerte presencia en numerosos países como México, Perú, Colombia, Bolivia, Guatemala, etc, de los indios USA, en cambio, sólo quedan las películas de comanches que tan de moda estuvieron en el siglo pasado.”

Biografia de Felipe Guamán Poma de Ayala

“La cultura norteamericana careció, en razón del menosprecio puritano del indio por pagano y salvaje, del interés demostrado por los españoles hacia las culturas nativas. No encontraremos en los primeros tiempos de la colonización ningún equivalente a lo que supuso Bernardino de Sahagún respecto a los aztecas o Bernabé Cobo, Garcilaso de la Vega, Polo de Ondegardo… o el indio Felipe Guamán Poma de Ayala respecto a los incas.”

Por el contrario, “[Los sioux] deben ser obligados a trabajar y requeridos a asumir su lugar en el nuevo orden de vida al que es preciso que se conformen por la fuerza y no sólo por persuasión moral. Si va a la guerra, lo único para él y para su tribu es la exterminio. Ha sido evidente durante mucho tiempo que ninguna otra política acabaría con la cuestión india. (“New York Herald”, editorial del 29 de mayo de 1876: “Los hostiles sioux”) (cf. Slotkin, The Fatal Environment, p. 446)” 

Pero para los reyes del materialismo había algo más importante en todo ese genocidio. “Se ha estimado que el gobierno gasta un millón de dólares por cada indio muerto en la batalla, sin contar las squaws ni los papooses. (“New York Herald”, 19 de junio de 1876) (cf. Slotkin, The Fatal Environment,” p. 447) 

Tal vez para contrarrestar ese gasto, la prensa alentaba el expolio de los indios: “Es inconsistente con nuestra civilización y con el sentido común permitir que los indios vaguen en una región tan buena como la de los Black Hills, impidiendo su desarrollo para que puedan cazar y cortar la cabellera a sus vecinos. Eso no puede ser. Esa región ha de ser tomada a los indios tal como les quitamos Pensilvania e Illinois. (“New York Herald”, editorial de 22 de junio de 1876.) (cf. Slotkin, The Fatal Environment, p. 450) 

Por eso, “En 1890, el presidente Harrison decide acabar de una vez por todas con el movimiento indio, deteniendo a sus cabezas visibles. Entre ellos está Sitting Bull, el viejo jefe sioux, que es asesinado el 15 de diciembre en el momento de su arresto. Pocos días después la violencia estalla: en una algarada, las tropas gubernamentales exterminan a trescientos indios, hombres, mujeres y niños, en Wounded Knee Creek.”

Y así, hasta el exterminio total, del que en el siglo XX se muestran tan orgullosos al producir centenares de películas en las que dejan manifiesto el genocidio, no sin achacar a los indios todas las maldades y todas las culpas de su situación.

Cesáreo Jarabo Jordán

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