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MENCÍA CALDERÓN OCAMPO Y LA ODISEA DE “LA ADELANTADA”

  • Jaime Mascaró Munar
  • 28/10/2026
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Mencía Calderón Ocampo, también conocida como Mencía Calderón «La Adelantada» fue una noble emprendedora y exploradora española, fundadora de San Francisco del Sur. En el año 1550 lideró la primera caravana de mujeres a América. Fue una noble extremeña cuyo nombre quedó ligado a una empresa singular de la Carrera de Indias: conducir una caravana de mujeres de jóvenes hidalgas al Río de la Plata para ‘poblar’ la colonia, estabilizar los asentamientos y frenar el mestizaje que preocupaba a la Corona española.

Mencía Calderón Ocampo

EL PERSONAJE

Nació en Medellín en 1514 y descendía de Alonso García Calderón, pariente de los Cortés y los Pizarro, y de su madre la noble Ana de Ocampo. Mencía contrajo matrimonio en 1535 con el nominal adelantado y viudo Juan de Sanabria, que ya tenía un hijo llamado Diego. Cuando se produjo el apresamiento, la expulsión y la remisión a España del segundo adelantado de la provincia del Paraguay, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, el gobierno quedó nuevamente en manos de Domingo Martínez de Irala. Fallecido este, el monarca dispuso nombrar un nuevo adelantado y el 22 de julio de 1547, en Monzón, el Consejo de Indias acordó el nombrar el tercer adelantado del Río de la Plata. En el contexto de la época de esplendor del Imperio español, el título de Adelantado era un cargo de gran peso político-militar en territorios de frontera. El designado para el Río de la Plata fue Juan de Sanabria, marido de Mencía y primo de Hernán Cortés.

Juan de Sanabria

Sanabria asumía el compromiso de llevar en su expedición a unas cincuenta doncellas hidalgas destinadas a que ayudaran con sus nuevos retoños a poblar Asunción, cien parejas con hijos y doscientos cincuenta solteros para establecerlos en dos asentamientos que debían fundarse en las costas de la isla de Santa Catalina y en el Río de la Plata con el fin de consolidar las propiedades reales en la costa atlántica, continuamente asediadas por los portugueses.

El marido de Mencía falleció en 1549 poco antes de embarcar en la proyectada Expedición Sanabria mientras avituallaba los navíos a fin de socorrer a los asunceños, por lo que la misión parecía condenada al fracaso. Su hijo Diego, de apenas 18 años, heredó los folios reales en los que constaban los derechos y obligaciones impartidos por Carlos I, con la consigna de «suspender la conquista sino poblar», sin embargo, como su hijo era aún muy joven, Doña Mencía solicitó que le fuera concedido el cargo de «coadelantada», lo que fue otorgado por el emperador Carlos I de España «mientras estuviera con vida el titular del Adelantazgo, Don Diego de Sanabria».

Mencía no se retiró a la sombra del luto, sino que, sin pensárselo dos veces, ella asumió el liderazgo de la expedición, negociando con el Consejo de Indias su capacidad para hacerse cargo del viaje en una época de dominancia masculina. Llevaría así a Sudamérica a las primeras cincuenta mujeres hidalgas del Nuevo Mundo, para iniciar una aristocracia colonial de índole europea.

La expedición de mujeres no fue un gesto romántico ni mucho menos. Responde a un diagnóstico colonial, ya que en Asunción circulaba la fama de ser este un lugar de concubinato generalizado entre conquistadores y mujeres indígenas, incluso asociado a la existencia de ‘harenes’. También para minimizar las tensiones; de ahí que se ‘necesitaran’ mujeres blancas jóvenes dispuestas a casarse, para crear hogares con bandera española y ordenar la colonia. Es el incómodo motivo por el que la Corona financió y toleró una expedición que, de otro modo, habría parecido impensable.

EXPEDICIÓN SANABRIA

Juan de Salazar y Espinosa

Aunque Diego Sanabria fue nombrado nuevo adelantado, la familia no tenía recursos para llevar a cabo la misión por lo que el joven se quedó en busca de financiación mientras doña Mencía y sus hijas, junto a muchas familias extremeñas, partieron rumbo al Río de la Plata al mando de Juan de Salazar y Espinosa, capitán mayor, tesorero de la expedición y fundador de Asunción el 15 de agosto de 1537. Zarparon de Sanlúcar el 10 de abril de 1550 en tres barcos: el patache San Miguel, la carabela Asunción y la nao San Juan, con una flota de más de 300 personas con Mencía al frente de una expedición que incluía tres barcos en el que se incluían más de 50 mujeres aproximadamente, doncellas para poblar, algunas casadas y otras solteras que embarcaron por orden real para «el mejoramiento de la sangre» de la población, altamente mestiza.

La hueste femenina era dirigida por Mencía Calderón Sanabria, viuda de Juan; con ella viajaban sus tres hijas María de 14 años, Mencía de 12 años y Francisca de 6 años. Otros tripulantes eran Cristóbal de Saavedra, Juan de Salazar y Francisco de Becerra. A partir de aquí, el viaje se convierte en un catálogo de desgracias. Pasadas las islas de Cabo Verde, un temporal dispersó las naves. Y cerca del Golfo de Guinea, un pirata abordó al patache el 25 de julio de 1550. En diciembre, el patache y la carabela llegaron a la isla Santa Catalina (Florianópolis, Brasil), pero la nao nunca apareció. Perdieron los dos barcos cuando se trasladaban a una bahía más resguardada.

Apenas saliendo de las Canarias, fueron asaltados por piratas franceses que robaron sus víveres, instrumentos de navegación y pertenencias, pero Mencía, lejos de rendirse, llegó a un acuerdo dejando que llevaran parte de la carga a cambio de no tocar a las mujeres y permitir la continuación del viaje que prosiguieron con una travesía lentísima y enfermedades a bordo de los barcos, una epidemia de peste que se cobró numerosas vidas, incluida una de las hijas de Mencía, la más pequeña. Todo adornado con tormentas turbulentas y un nada apacible viaje que parecía no terminar. Formaba parte del pasaje el fundador de la casa fuerte de Asunción, Juan de Salazar de Espinosa, quien se hallaba en España luego de haber conducido preso a Álvar Núñez Cabeza de Vaca y era el comandante general de la flota.

No fue una travesía cualquiera, sino una odisea de años, marcada por tempestades, ataques piratas, enfermedades como la peste, hambrunas, cautiverio y un larguísimo trayecto por un territorio selvático de 1.600 km y, aun así, alcanzaron la ciudad de Asunción. La furia del Atlántico les atacó con una tempestad «increíble» que desmanteló la flota. Su barco principal naufragó en las costas de Brasil (cerca de la actual isla de Santa Catarina). Sin barcos y rodeados de peligros, Mencía tomó una decisión inaudita: llegarían a Asunción caminando. Cruzaron selvas inhóspitas, ríos infestados y territorios desconocidos durante meses.

Hernando Arias de Saavedra

En 1551 se celebraron varias bodas como la de María Sanabria con el capitán Fernando de Trejo y, para finales de 1552. Fallecido Fernando de Trejo, María de Sanabria contrajo nuevamente matrimonio con Martín Suárez de Toledo, con quien tuvo ocho hijos de los que, uno de ellos, Hernando Arias de Saavedra (Hernandarias) fue el primer gobernador nacido en el Paraguay. Su hijo Hernando de Trejo y Sanabria fue el 2º obispo de Paraguay.

Doña Mencía quedó desposeída de sus derechos de adelantada al conocerse el desventurado final de Diego Sanabria que había salido de Sevilla en 1552, pero naufragó en el norte de Venezuela y su rastro se perdió tras adentrarse en la Amazonía. Varados en una costa salvaje, Mencía y los supervivientes pasaron años construyendo un nuevo bergantín con madera de la selva para intentar llegar a destino. ¿El resultado? ¡Este segundo barco, también se hundió!

Para remediar la hambruna, en junio de 1553 la expedición arribó en un bergantín hasta la isla portuguesa de San Vicente. Allí Mencía fue retenida por el gobernador Sousa durante casi dos años, pues se oponía a los asentamientos fronterizos con su capitanía, pero fue liberada posteriormente gracias a la intervención del rey de España. Cuando el gobernador autorizó la salida de los españoles, estos se dividieron en dos grupos. En abril de 1555 partieron camino de Asunción Juan de Salazar, su esposa Isabel Contreras e hijas, gentes de oficios y algunos portugueses liderados por los Goes, que llevaban reses bovinas a Asunción. Llegaron en octubre de 1555.

Doña Mencía, sus hijas, Trejo y el resto de los expedicionarios navegaron al sur para fundar San Francisco. Abandonaron el fuerte después del ataque de los carios, y, en el otoño de 1555, iniciaron la larga marcha hacia Paraguay, atravesando selvas, montañas y ríos. Junto a las jóvenes, cruzó hasta 1.600 kilómetros de selva completando un viaje que, de nueve meses previstos, pasó a casi cinco años, con una Mencía exhausta pero triunfante que entró en Asunción. En mayo de 1556, unas 50 personas, sobrevivieron a la odisea, un número muy reducido de supervivientes tras la travesía terrestre extrema, siendo la mitad, mujeres.

 La maltrecha flota llegó a la isla de Santa Catalina en diciembre, después de sufrir muchas graves penurias, soportar terribles tempestades, ataques de corsarios franceses, naufragios y demás males. Salazar perdió la nave que comandaba. Dice la historia que, a pesar de las peripecias, se salvó la vida de todos y el honor de las damas. Don Diego, por su parte, desviado por los vientos, fue a dar al mar Caribe, donde encalló su barco. Siguió viaje por la vía del Perú y terminó afincándose en Potosí sin llegar a su destino final.

Los integrantes de la expedición no se hallaban en condiciones de establecer los poblados que la Corona ordenaba erigir, pensando solamente llegar a Asunción para planear desde allí el establecimiento de los pueblos de la ribera atlántica (como el pueblo de San Francisco y Mbiazá). Desde la isla de Santa Catalina, luego de reponer fuerzas, se desplazaron hasta el Mbiazá (en guaraní: ‘la salida’, también llamada Ybiazá o La Vera); en las costas de tierra firme y ubicada veinte leguas al sur. En ese punto hubo necesidad de esperar un año para construir un bergantín con los restos de la nave San Miguel.

Las desavenencias entre Salazar y Juan de Saavedra, corregidor del Cuzco, empeoraron la situación; si no hubiera sido por la predisposición de doña Mencía, tutora de la expedición, todo habría fracasado. Las mujeres tuvieron un papel decisivo en la supervivencia del numeroso grupo. Cosían velas, cocinaban, juntaban madera y participaban en todas las actividades necesarias para esta caravana de mujeres. Mencía cuidaba celosamente su plantel de mozas casaderas, pero, en tan demorada escala no pudo evitar que ocurrieran algunos acontecimientos dignos de mención. Los oficiales y funcionarios reales, que acompañaron a la armada, se adelantaron en escoger esposa entre las de mejores predicamentos, disminuyendo de esa manera el número de las candidatas que venían a encontrar maridos entre los españoles de Asunción.

río Itapocu,

Salazar dispuso dividir el contingente y una parte de la gente y el equipaje embarcó en el bergantín con intención de llegar por agua a Asunción y el resto partió a pie por el Peabirú, viajando por el río Itapocu, senda indígena de más trescientas de leguas transitada con anterioridad por Alejo García y Alvar Núñez Cabeza de Vaca. La expedición estaba compuesta por indios porteadores y guías, algunas vacas llevadas por portugueses, curas, oficiales, soldados y la dotación de mujeres que viajaban amparada por Mencía debiendo sortear mil obstáculos, cruzar enormes ríos, selvas y cordilleras. Salazar y su grupo llegaron a la ciudad de Asunción en octubre de 1555 en medio del júbilo y la algarabía de los antiguos conquistadores, y la sorpresa de algunas mujeres casadas que reencontraron a sus esposos rodeados de vástagos mestizos, algunos de ellos ya adolescentes. Al año siguiente llegaría a destino Mencía Calderón Ocampo, en abril de 1556, con sus hijas, yernos y demás acompañantes. La villa de San Francisco de Mbiazá quedaría abandonada.

EL FINAL

Chiquitos

No existe ningún retrato físico, ni hay monumento de Mencía Calderón en Asunción que recuerde la llegada de las mujeres que ella comandó. Tampoco se conoce con certeza su fecha y lugar de fallecimiento, pero se cree que murió hacia 1593 en Santa Cruz de la Sierra y no en Asunción, tal y como se pensaba. Aunque no se ha encontrado su testamento, parece que murió anciana. Doña Mencía llegó a Chiquitos durante el éxodo de 1564, con Ñuflo de Chaves, que también trajo a varias familias, incluyendo la suya, donde vivió durante 29 años. Lamentablemente, la vida de muchas mujeres españolas pioneras está escasamente documentada y, respecto a Mencía, se deja claro que la expansión imperial no fue solo un asunto de capitanes, sino también de mujeres que sostuvieron la colonización. Mencía Calderón no solo fue la madre de las primeras familias criollas (su nieto fue el gran Hernandarias), sino el ejemplo máximo de que la conquista de América también tuvo rostro de mujer. Esta es la historia de la capitana sin espada, la del coraje de una mujer sola frente a la historia.

La Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos de Santa Cruz, el año 2024 encomendó la elaboración de un retrato imaginado al investigador y artista plástico Carlos Cirbián Barros, el cual fue presentado en Santa Cruz de la Sierra en octubre del mismo año.

Jaime Mascaró Munar

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