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ANDRÉS SEGOVIA TORRES, MAESTRO DE LA GUITARRA CLÁSICA ESPAÑOLA

  • Jaime Mascaró Munar
  • 11/10/2026
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Andrés Segovia Torres, fue un guitarrista clásico y pedagogo español. Junto a Narciso Yepes, fue el principal responsable de la consolidación de la guitarra. Muchos de los actuales guitarristas clásicos profesionales han sido discípulos de Andrés Segovia o de sus discípulos. A lo largo de toda su vida Segovia practicó la composición para guitarra, dejando un nutrido grupo de obras de carácter intimista y breves dimensiones que se compone fundamentalmente de estudios y preludios, además de armonizaciones de canciones populares de todo el mundo. transformó la guitarra de un instrumento callejero a una pieza central de concierto. Fue un autodidacta total, encargó grandes obras a compositores ilustres.

Fueron sus padres Bonifacio Segovia Montoro y Rosa Torres Cruz, de los que muy pronto fue separado para vivir con sus tíos. Nació en Linares el 21 de febrero de 1893, fue bautizado en Jaén y a una edad indeterminada se trasladó a Villacarrillo, la localidad jienense próxima a la ciudad de Linares. Posteriormente marchó a estudiar guitarra a Granada, ciudad donde también estudió el bachillerato.

Andrés Segovia
Francisco Tárrega

Empezó a tocar de niño escuchando a trovadores en las calles de Andalucía. Su amigo Miguel Cerón le introdujo en el mundo de la guitarra y es posible, si bien esto no puede afirmarse con seguridad que su primera incursión en el mundo de la guitarra viniera de la mano del flamenco. Sin embargo, muy pronto, desde su temprana adolescencia, optó por explorar otras posibilidades por formarse como autodidacta en la tradición de la guitarra española clásica. Realizó su primera aparición pública en Granada a los catorce años y, con pocos más, ofreció en Madrid su primer concierto, en el que interpretó, entre otras piezas, transcripciones para guitarra de Francisco Tárrega.

En 1910 ofreció su primer recital en Granada. El contacto con pianistas le permitió acceder no sólo a un repertorio sino sobre todo a unos métodos de estudio que aplicó a la guitarra. Tras una breve estancia con su madre en Córdoba, donde conoció al aristócrata y pianista Rafael de Montis que ejerció cierto mecenazgo sobre él, Segovia inició un periplo por toda Andalucía y en Sevilla entabló contacto con el ambiente cultural. En 1913, a los 20 años, ofreció su primer concierto en Madrid, en el Ateneo. Tras presentarse con una guitarra que apenas servía, sabiendo que los concertistas de piano en ocasiones alquilan el instrumento, y deseoso de encontrar un instrumento que se ajustara a sus propósitos, acudió en Madrid para dar ese concierto al establecimiento del constructor de guitarras Manuel Ramírez, con intención de proponerle al dueño que le alquilara un instrumento. Después de probarlo y de ensayar durante un tiempo la música que había preparado para el recital, el asombrado y visionario Ramírez le obsequió la guitarra elegida como muestra de su admiración.

Miguel Llobet

En Valencia hacia 1915 conoció al discípulo de Tárrega Miguel Llobet, con él viajó a Barcelona. La influencia de Llobet, que se convierte en amigo y guía, es manifiesta y reconocida por el propio Segovia, que incorporó inmediatamente a su repertorio obras aprendidas de Llobet, como sus armonizaciones de canciones populares catalanas y transcripciones de piezas de Enrique Granados. A partir de entonces viajó por toda España y en 1919 realizó su primer viaje a Argentina y Uruguay, volviendo dos años después. Junto con su amigo de la infancia Miguel Cerón, Manuel de Falla y Federico García Lorca, con cuya familia y él mismo tenía amistad de varios años, participa en la organización del concurso de Cante Jondo de Granada en 1922.

Hasta estas fechas Segovia confecciona los programas de sus conciertos con el repertorio perteneciente a la escuela de Tárrega; transcripciones del piano romántico junto con Albéniz y Granados y algunas obras de Bach, piezas del repertorio clásico de la guitarra, Sor y Coste, y piezas del propio Tárrega. En estos años la guitarra ha cobrado especial interés para los compositores españoles y empiezan a dedicar obras al instrumento, con Falla y su Homenaje a Debussy a la cabeza. Segovia, al igual que guitarristas como Regino Sainz de la Maza, Emilio Pujol y el propio Llobet, es receptor y difusor de un incipiente nuevo repertorio.

Federico Moreno Torroba

Llobet estrenó la obra de Falla en 1921, en esos momentos Segovia recibe obras de Jaime Pahissa, José María Franco y Federico Moreno Torroba, a quien Segovia siempre consideró el primero en “responder a mi llamada”, según expresión propia. También se intensificó la presencia de la música de Bach en el repertorio segoviano, desde que en 1921 Hans Dagobert Bruger publicara la música para laúd del maestro alemán.

En 1923 Segovia viajó a Cuba y México donde conoció al compositor Manuel María Ponce Cuéllar, quien, en estrecha colaboración y amistad con Segovia, produjo un importante número de obras para el instrumento. Un año después Segovia triunfó en París, en concierto al que asistieron, entre otros, Manuel de Falla y Miguel de Unamuno. En la capital francesa conoció al director de orquesta y compositor Heitor Villa-Lobos. A partir del éxito parisino la carrera concertística de Segovia alcanzó una proyección decididamente universal. Ese mismo año debutó en Berlín y volvió a Sudamérica. En 1926 viajó a la Unión Soviética y Gran Bretaña, un año después Dinamarca, en 1928 debutó en Nueva York y en 1929 visitó China y Japón. Segovia fue reconocido en todo el mundo como el mejor guitarrista, parangonado con los más afamados intérpretes, Casals, Kreisler, Rubistein, y había logrado introducir la guitarra en las salas más importantes del mundo.

En 1926 contrató con la casa Schott la edición de música para guitarra en la colección Guitar Archiv, donde Segovia empieza a publicar la ingente obra que le están dedicando los compositores: Joaquín Turina, Manuel Ponce, Joan Manen, Alexander Tansman, Franck Martin, Carlos Pedrell, y que seguirá aumentando con los años. Entre 1927 y 1928 hizo Segovia sus primeras grabaciones para la casa His Master Voice con música de Bach, Sor, Tárrega, Turina y Torroba. Estos autores son el precipitado de una carrera y culminación de los objetivos segovianos. La interpretación de Bach prestigia la guitarra, Sor y Tárrega su más depurada tradición y Torroba y Turina expresión del nuevo repertorio.

Habiendo instalado su residencia en Ginebra, en 1932 viajó con Falla a Venecia donde conoció a Mario Castelnuovo Tedesco quien compondrá numerosas obras para la guitarra. En 1935 estrena en París su transcripción de la Chacona de Bach y decide ir a vivir a Barcelona donde al año siguiente, al regreso de un viaje por la Unión Soviética, le encontró el comienzo de la Guerra Civil. Exiliado de España residió en Montevideo entre 1937 y 1946 y realizó giras por Europa. En Estados Unidos tuvo dificultades para actuar por su postura favorable al general Franco, a pesar de que ya tenía una posición consolidada en aquel país, era el presidente honorario de la Society of Classic Guitar de Nueva York desde 1936, y durante la Segunda Guerra Mundial vio reducida su actividad concertística a Sudamérica.

Mario Castelnuovo Tedesco

En Montevideo estrenó Segovia en 1939 el Concierto para guitarra y orquesta op.99 de Castelnuovo Tedesco, dos años después estrenó el Concierto del Sur de Ponce en la misma ciudad. En 1940 Sainz de la Maza había estrenado en Barcelona el Concierto de Aranjuez. Son las tres primeras obras del siglo XX de un género que había tenido un breve inicio a principios del siglo anterior, su recuperación suponía un espaldarazo para la guitarra de concierto. En 1943 Segovia volvió a actuar en Estados Unidos y fijó su residencia en Nueva York. Durante la guerra se había experimentado con un nuevo material para las cuerdas, el nylon, y el constructor de guitarras Albert Augustine, instado por Segovia, fabricó cuerdas con el nylon suministrado por la compañía Du Pon Chemical, con lo que se abandonó definitivamente la cuerda de tripa. Trabajando conjuntamente con los fabricantes, ayudó a diseñar lo que conocemos hoy en día como guitarra clásica, realizada con una madera de más calidad y con cuerda de nailon. La forma de la guitarra se modificó también para mejorar la acústica. También se incorporó Segovia al desarrollo tecnológico de la grabación ofreciendo desde 1947 reediciones de grabaciones anteriores y nuevas ediciones, tanto en Estados Unidos como en Europa.

Acabada la guerra, Segovia recuperó sus giras por Europa y en 1950 inició los cursos de verano en la Accademia Musicale Chigiana de Siena en Italia. En 1952, un año antes de los acuerdos entre Eisenhower y Franco, Segovia regresó a España para actuar en el Festival de Música y Danza de Granada. En 1956 estrenó el Concierto para guitarra y pequeña orquesta de Villa Lobos en Houston y en 1958 la Fantasía para un Gentilhombre de Rodrigo en San Francisco y en Granada. En el verano de ese mismo año inició los cursos de Santiago de Compostela. Durante esta década la actividad concertística de Segovia fue en incremento, giras anuales por América, Europa y Asia con visitas a nuevos países: Islandia, Israel, Sudáfrica, con un promedio de cerca de cien conciertos anuales. Habiendo sido operado de un desprendimiento de retina en Madrid en junio de 1953, en octubre actuó en Gran Bretaña. En paralelo, la edición de nuevas obras, transcripciones y obra propia, fue en aumento. En 1959 cumplió cuarenta años de actividad concertística, fue editado, en conmemoración, el álbum de tres discos Segovia The Golden Jubilee, y la revista Guitar Review ofreció un número especial dedicado a Segovia. También en 1959 fue nombrado Segovia académico de honor de la Academia de Bellas Artes de San Fernando.

John Williams

Desde 1937 Segovia tocaba una guitarra del constructor alemán Hermann Hauser, en 1960 volvió a tocar con una guitarra de Ramírez Nieto. En 1964 dejó los cursos de Siena y siguió con los de Santiago. Paralelamente impartió clases magistrales en Estados Unidos y Europa. Sus compromisos frecuentemente le impedían impartir las clases, siendo sus sustitutos destacados alumnos suyos en los cursos: Alirio Díaz, José Tomás y John Williams. A partir de la década de los sesenta, la edición de nueva música fue disminuyendo, pero publicó obras de Manuel Palau, Federico Mompou, Ida Presti, John Duarte, etc. En 1967 se instaló definitivamente en Madrid, ese mismo año Segovia rodó bajo la dirección de Christopher Nupen la película Los Olivos, la experiencia nueve años más tarde en la Alhambra en The Song of the Guitar. Mantuvo Segovia la actividad concertística hasta el final de su vida, con una gira anual por Estados Unidos, otra por Europa y más ocasionales visitas a otros lugares, Australia, Japón y Sudamérica.

En 1977 editó su último disco, Reveries, y en 1978, ingresó como académico numerario en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. La incansable labor de Segovia, Salvador de Madariaga le calificó de “esclavo libre de la guitarra”, se vio recompensada por toda suerte de premios y reconocimientos en buen número de ciudades españolas y extranjeras, particularmente su ciudad natal, Linares, así como sociedades filarmónicas (Londres, Bolonia, etc.). Fue invitado a actuar en la residencia de la presidencia de Estados Unidos en 1963 y 1979, en 1985 fue recibido en audiencia privada por el Papa Juan Pablo II que le animó diciéndole: “Siga tocando, hijo mío, para mayor gloria de Dios”. Fue nombrado doctor honoris causa por las universidades de Santiago de Compostela, de Florida, de Oxford, de la Autónoma de Madrid, de Granada, de Cádiz, de California y de Nueva York.

Casa Museo Andrés Segovia. Linares
Cripta

En abril de 1987, con noventa y cuatro años, dio su último concierto en Miami, afectado de problemas cardiacos, suspendió la gira habitual por Estados Unidos y regresó a España. Falleció en Madrid el 2 de junio de este año, a causa de una insuficiencia respiratoria, instalándose la capilla ardiente en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Fue enterrado inicialmente en el cementerio madrileño de San Isidro, pero siguiendo sus deseos, el 4 de julio del 2002 sus restos fueron trasladados a la Casa Museo Andrés Segovia de Linares, que alberga además un gran registro histórico y documental de la vida y obra del músico, que, construido en el siglo XVII, en 1962 fue declarado Monumento Histórico-Artístico.

Emilia Magdalena del Corral
Stravinsky

Andrés Segovia se casó tres veces, en 1919 con Adelaida Portillo con quien tuvo dos hijos, Andrés, el pintor, y Leonardo, en 1935 con Paquita Madriguera Rodon, una discípula de Granados, con la que tuvo una hija, Beatriz, y en 1962 con Emilia Magdalena del Corral Sancho, que había sido alumna suya, y con la que tuvo un hijo, Carlos Andrés, el filósofo e historiador, que sucedió en el título nobiliario que le había sido concedido al compositor. En 1970, fue nombrado, en presencia de los reyes de España, académico de la Real Academia de Bellas Artes de Nuestra Señora de las Angustias de Granada. En reconocimiento de su contribución a la música y las artes, Segovia fue ennoblecido el 24 de junio de 1981 por el rey Juan Carlos I, quien lo nombró primer marqués de Salobreña. Fue condecorado con la Gran Cruz de la Orden del Mérito de la República Italiana en 1980, Comendador de la Orden de la Artes y Letras de la República Francesa en 1983 y con la Orden del Sol Naciente de Japón en 1985.  

La figura de Andrés Segovia, en posesión de diversos premios y doctorados «honoris causa» en varias universidades, como continuador en la historia de los instrumentos musicales de la línea melódica de la vihuela, ha sido reconocida como una de las más determinantes contribuciones a que la guitarra dejara de ser considerada como un instrumento meramente popular y desarrollara su personalidad como instrumento solista de concierto. En la ciudad de Granada tiene con su nombre una calle en el barrio Zaidín-Vergeles y una parada del Metropolitano de la propia ciudad. El controvertido pionero de la guitarra clásica Andrés Segovia rechazó la oferta de Stravinsky de componer una pieza para el instrumento.

Los objetivos que Segovia se marcó al inicio de su carrera, y que proclamó en multitud de ocasiones, pueden concentrarse en tres: la inclusión de la guitarra en las grandes salas de concierto al mismo nivel que los demás instrumentos, la inclusión de la guitarra en los centros de enseñanza, los conservatorios, y la creación de un repertorio nuevo capaz de mostrar las posibilidades reales de la guitarra.

Jaime Mascaró Munar

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