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EL AMARGO SABOR DEL AZÚCAR ( y 2/2)

  • Cesáreo Jarabo
  • 12/10/2026
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  Con esta estructura, ahora bajo la legalidad de la Monarquía liberal, el gobernador de Cuba recibía un informe emitido por el consejo colonial (la monarquía liberal había privado a Cuba de su condición de provincia para relegarla, algo inaudito, a la condición de colonia), un informe en el que se señalaba la existencia de los ingenios siguientes:

Estos cambios, lógicamente, tendrían una repercusión inmediata en las condiciones de vida de los esclavos. Faltos ya de la protección patriarcal que había estado vigente hasta el momento, cada paso en la mecanización, cada paso en la mejora de las estructuras productivas de las plantaciones o de los trapiches, significaba, inevitablemente, un empeoramiento manifiesto de las condiciones de vida y trabajo de los esclavos, cuyo servicio ya no era prestado en el seno de una familia que lo acogía, lo mantenía y le guardaba cierto respeto si por su parte él se mostraba sumiso y afable, sino que era observado como mera fuerza de trabajo que debía ser aprovecha al máximo sin consideración alguna que justificase una merma de su potencial. Ahora el propietario sólo precisaba mantener sus esclavos calculando si le resultaba más beneficioso atender la salud de uno que la compra de otro nuevo. Faltaba poco ya para que, finalmente, comprendiese el propietario que más que esclavos le convenía tener trabajadores nominalmente libres a los que, mediante el pago de un salario podía sacar la misma fuerza productiva que a un esclavo al tiempo que se veía liberado de su manutención.

Era la evolución pura, lógica y natural del liberalismo económico, británico, que con el liberalismo político se estaba haciendo amo del mundo. Poco importa en el mismo la persona o la familia, porque lo único que importa es la excelencia productiva.

Y en estos momentos, la excelencia productiva se obtenía haciendo trabajar los ingenios azucareros a su máximo de potencial: veinticuatro horas al día siete días a la semana durante un periodo continuado de seis meses, tiempo en el que los esclavos debían atender tanto las labores agrícolas como las del trapiche, en jornadas que llegaban a alcanzar las veinte horas diarias.

Es de suponer que tales jornadas no serían continuadas sine die… o si, teniendo en cuenta la mortandad de esclavos consecuencia de este método productivo.

En ese sentido, el reglamento de la esclavitud de 1842 marcaba dieciséis horas de trabajo y ocho de descanso diario. Sensible diferencia con la legislación existente desde el siglo XVI que estipulaba jornadas de ocho horas.

En tiempos ordinarios trabajarán los esclavos de nueve a diez horas diarias arreglándolas el amo del modo que mejor le parezca. En los ingenios durante la zafra o recolección serán diez y seis las horas del trabajo repartidas de manera que les proporcionen dos de descanso durante el día, y seis en la noche para dormir. (Art. 12 del reglamento de la esclavitud de 1842)

Una barbaridad se mire por donde se mire, pero una barbaridad que, dada la situación socio política de España en esos tiempos, deja prever que los excesos se produjesen de forma más asidua de lo deseable.

Y es que ya no estamos hablando de la España del siglo XVI, siglo XVII, sino que estamos hablando de la España sometida social, política, cultural y económicamente al dominio británico, y el cumplimiento de las leyes  podía tener una lectura más libre, y es que en estos tiempos no había ya en España gobierno español independiente.

Pero una barbaridad que tenía una referencia en la que desde principios del siglo XIX pasó a ser, no nos engañemos, la metrópoli de España: En Inglaterra el trabajador estaba peor tratado que el esclavo en Cuba, y ese argumento era utilizado por los esclavistas para justificar la esclavitud. Y no sólo estaban en desventaja los trabajadores ingleses, que en ese momento estaban sujetos a la deportación a Austrialia y Nueva Zelanda y al consiguiente sometimiento al sistema esclavista.

Hugh Thomas

Gallenga, un corresponsal del Times (de nacionalidad italiana) que fue a Cuba en 1872, creía que «no cabe duda de que las condiciones de vida del esclavo cubano son, en todo lo que se refiere al aspecto material, mejores que las del campesino libre de las llanuras de Lombardía». (Thomas 1971)

Es el caso que por uno u otro motivo, el proceso de mecanización de la industria azucarera acabó empeorando muy notablemente las condiciones de vida de los esclavos, provocando una gran mortandad que llegó a ser del 10% anual.

A cambio, Cuba pasó de producir 14.000 toneladas de azúcar en 1800, a 359.397 en 1856, lo que equivalía al 25% de la producción mundial. Pero no acabaría ahí el crecimiento, ya que en 1868 la producción sería de 720.000 toneladas.

Ese incremento era dependiente del número de esclavos que atendían todo el proceso productivo, y a su vez, el proceso productivo estaba en manos de un pequeño número de capitalistas encargados de facilitar los suministros necesarios, especialmente los esclavos.

A ese circuito no escapaban los interese ingleses, pero, sin embargo, Inglaterra en estos momentos dedicaba sus barcos negreros, no al tráfico de negros de África a América, sino de ingleses a Nueva Zelanda y a Australia, condenados por delitos como robar una manzana… Su puesto, así, en el tráfico negrero, estaba ocupado por otros… agentes ingleses, naturalmente, como la regente María Cristina, y luego su hija, Isabel II, reina de España.

Ingenio Santa Susana

Antonio Parejo, que se trasladó a Cuba desde Cádiz, hacia 1840, con «un muy inmenso capital», aparentemente propiedad de la reina madre de España,  María Cristina, para quien Parejo actuaba como agente en Cuba, y por cuenta de la que fundó el enorme molino Santa Susana. Otros plantadores que vieron nacer su fortuna en el tráfico de esclavos, después de la prohibición, fueron Pedro Forcade de Forcade y Font, negreros de Cádiz; Julián Zulueta, Álava; Joaquín Gómez, Antonio Pastor, los Iznaga, de Trinidad, de origen vasco, y los Borrell, de la misma ciudad. (Thomas 1971)

Julián Zulueta,

  La mafia del tráfico negrero estaba más que bien relacionada, directamente bien conformada, siendo que, irremediablemente, junto a anglófilos de reconocido pedigrí se encontraban algunos ingleses, continuadores de su histórica labor “al margen” de las nuevas directrices implantadas a propios y extraños, manu militari, por la Royal Navy. Señala Hugh Thomas que Forcade contaba con capital y socios ingleses, y que otros, como Darthez and Brothers, de Londres, tenían un representante en La Habana, cuya única tarea consistía en ocuparse de cuestiones relativas al tráfico de esclavos.

Banco Español de La Habana (1856)

El más importante comerciante de la década de 1830 fue, probablemente, Joaquín Gómez, nativo de Cádiz, cofundador del primer banco de La Habana. Era anticlerical y masón, conocido en su logia conocido bajo el nombre de «Arístides el Justo», y «había llegado a La Habana, casi desnudo, a la edad de trece o catorce años»; fue el primero en importar ingenios azucareros horizontales con cilindros de hierro, comprados en Inglaterra, en 1830, a la firma Fawcett and Preston, y compró varios cafetales y algunos ingenios azucareros. Después de él llegó Manuel Cardozo, un portugués; Francisco Marty y Torrens y Manuel Pastor, ambos españoles de gran riqueza. Marty era un bandido retirado. Los dos, Marty y Pastor, se asociaron más tarde con Antonio Parejo y la reina madre española en el negocio del tráfico de esclavos a gran escala, en las décadas de 1840 y 1850, contando para ello con barcos muy rápidos. (Thomas 1971)

Pero no era sólo Cuba, provincia española, el lugar donde se notaría ese incremento productivo. Las nuevas nominalmente repúblicas independientes de España, las nuevas colonias británicas en América, sufrirían el mismo proceso durante el siglo XIX y principios del siglo XX, donde, productores procedentes de las históricas colonias europeas en el Caribe, especialmente Haití y Jamaica, nutrieron la fuerza de trabajo bajo formas más o menos forzadas.

Una plantación normal solía producir, en 1830, 72 toneladas anuales de azúcar, empleando unos setenta esclavos, de modo que puede considerarse que una tonelada de azúcar precisaba del trabajo de un esclavo. (Thomas 1971)

  Una producción que con los nuevos métodos desarrollados dejaban a las plantaciones en inferioridad de condiciones frente a la obtención de azúcar a través de la remolacha

En efecto, si debemos atenernos a los hombres de la profesión, a los hombres experimentados en semejantes materias, ilustrados por los inmensos progresos que ha hecho entre nosotros la industria del azúcar indígena (de remolacha), una fábrica bien montada, cuyos edificios son de un tamaño regular, y las máquinas de una fuerza media, puede elaborar fácilmente cada año de 1 a 2 millones de kilogramos de azúcar. La Martinica fabrica anualmente casi 24 millones, y la Guadalupe casi 37. Veinte fábricas, pues, bien montadas, bastarían cumplidamente a la Martinica, y 30 a la Guadalupe. La primera tiene hoy 494 ingenios y la Guadalupe 518: en otros términos, existen en cada colonia tantas fábricas, cuantas son las heredades en que se cultiva caña. (Saco 1879 Vol II: 105)

Esos datos dejan en evidencia lo que desde muchos puntos se estaba planteando: el aspecto anti económico del mantenimiento del régimen plantacional y del régimen esclavista.

A partir del momento, el esclavo pasaría a denominarse asalariado.

Cesáreo Jarabo Jordán

BIBLIOGRAFÍA:

Armenteros Martínez, Iván (2012) La esclavitud en Barcelona a fines de la Edad Media (1479-1516) En Internet http://www.tdx.cat/bitstream/handle/10803/95887/IAM_TESIS.pdf  Visita 1-4-2017

Castellanos, Jorge, e Isabel Castellanos (1988) El negro en la cuba plantacional. En Internet http://www.hispanocubano.org/cas/cul1c3.pdf  Visita 6-3-2018

García Fuentes, Lutgardo (1976) El tráfico de negros hacia América. En Internet http://www.larramendi.es/i18n/catalogo_imagenes/grupo.cmd?path=1000199  Visita 1-4-2017

Grafenstein, Johanna von (1990). Veracruz y su inserción al Circuncaribe como zona de plantación esclavista En Internet http://cdigital.uv.mx/handle/123456789/8746  Visita 1-4-2017

Halperin Donghi, Tulio (2005) Historia contemporánea de América Latina. En Internet  https://vivelatinoamerica.files.wordpress.com/2014/04/halperin-donghi-tulio-historia-contemporanea-de-america-latina.pdf  Visita 8-3-2018

Saco, José Antonio (1879). Historia de la esclavitud de la raza africana en el Nuevo Mundo. En Internet http://ufdcimages.uflib.ufl.edu/AA/00/00/89/56/00001/esclav1_todo.pdf  Visita 1-3-2018

Thomas, Hug. El Imperio español de Colón a Magallanes. En Internet. http://minhateca.com.br/Claudemir.Guerreiro/Historia+de+Descobrimentos/EL+IMPERIO+ESPA*c3*91OL+DE+COLON+A+MAGALLANES,755029183.rtf  Visita 15-2-2018

Thomas, Hug. La trata de esclavos (1997). En Internet http://www.libroesoterico.com/biblioteca/Varios/140876316-Hugh-Thomas-La-trata-de-esclavos-1440-1870-1997.pdf   Visita 2-4-2017

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