
Isaac Manuel Francisco Albéniz y Pascual, más conocido como Isaac Albéniz, fue un célebre compositor y pianista español. Virtuoso del piano y excelso compositor, está considerado como uno de los más grandes músicos españoles.
Nació en Gerona, concretamente en Camprodón (Ripollés) el 29 de mayo de 1860, hijo de Ángel Lucio Albéniz y Gauna y de su primera mujer, María de los Dolores Pascual que le dieron tres hermanas: Blanca, Clementina y Enriqueta. Cuando contaba con un año, su familia se trasladó a Barcelona y enseguida demostró unas condiciones innatas para la música, hasta el punto de que, tras recibir unas primeras lecciones por parte de su hermana, con solo cuatro años debutó en el teatro Romea ante la perplejidad y suspicacia del público y compuso su primera obra a los ocho. Su niñez y su juventud giraron en exclusiva en torno al aprendizaje musical, aunque como autodidacta se labró una amplia cultura y aprendió cuatro idiomas.

Continuó sus estudios musicales con Narciso Oliveras, que decidió, dado su talento, que ingresara en un centro de enseñanza de fama internacional. Junto con su madre y hermana, en 1866 se trasladaron a París, con la intención de que ingresara en su Conservatorio, pero, a pesar de sus méritos artísticos, no fue admitido por su corta edad y a causa de una travesura infantil, al romper un espejo con una pelota, aunque impresionó a Marmontel, que había sido profesor de Debussy.
Su inquietud le llevó a recorrer desde joven buena parte del continente. Ya de niño conoció las diversas culturas españolas –de las que la andaluza le cautivó especialmente–, a raíz de los constantes cambios de residencia que exigía la profesión de su padre, Ángel Albéniz, un aduanero vasco que fue un padre demasiado exigente, lo que tal vez provocó su empeño desde niño en demostrar su valía y obtener el reconocimiento que creía merecer. Su padre se casó por segunda vez en 1901 con María Romero y Cebrián. En 1868 la familia se traslada a Madrid ingresando en el Conservatorio de la capital, donde estudió con Manuel Mendizábal de Sagastume, pero interrumpido por numerosas escapadas para realizar recitales de piano, muchas veces viajando solo. Empezó la escritura de pequeñas obras de salón.

Alternó sus conciertos con su formación en Madrid, París, Leipzig, Budapest, Bruselas y Barcelona (donde tuvo como maestro a Felip Pedrell, que ejercería sobre él una gran influencia). Empezó su vida como prodigio y tras muchas giras arriesgadas que le llevaron tan lejos de casa como a las Américas que le interrumpían sus clases en el Conservatorio de Madrid, se concentró en una seria carrera de estudios en Bélgica. Gracias a la ayuda de Guillermo Morphy, el conde de Morphy, compositor y mecenas de las artes, obtuvo una beca que recibió del rey Alfonso XII de España, entró en el Conservatorio de Bruselas en 1876, graduándose en 1879 con un primer premio en piano, que le fue otorgado de forma unánime. Albéniz regresó a España para establecerse como un experto virtuoso; además, empezó a componer y a dirigir. Enseguida empezó como director de una compañía ambulante de zarzuelas y escribió tres zarzuelas que no se conservan actualmente. En la veintena su genio empezó a despuntar con piezas como la primera Suite española y Recuerdos de viaje.
En 1883 se estableció en Barcelona, donde se casó el 23 de junio en la iglesia de la Virgen de la Merced con Rosa (Rosina) Jordana y Lagarriga, con quien tuvo dos hijas, Enriqueta y Laura, que fue una importante pintora e ilustradora, y un hijo, Alfonso, que fue futbolista y diplomático, el creador y primer presidente del Comité de Árbitros, y el primer jugador que pasó del Foot-ball Club Barcelona al Madrid Foot-ball Club, tras trasladarse a la capital por temas de estudios. Llegó a ser directivo del club madrileño e incluso un destacado jugador de rugby en Francia.
Cada vez más, Isaac Albéniz incorporaba sus propias composiciones en sus recitales. En 1885 se trasladó a Madrid donde recibió de nuevo la ayuda de su protector el conde de Morphy, asistiendo frecuentemente a las veladas musicales organizadas en su domicilio privado. También, formó parte del claustro del Instituto Filarmónico, un centro de libre enseñanza presidido por el Conde de Morphy. Sus trabajos fueron publicados por los principales editores musicales de aquella época: Benito Zozaya y Antonio Romero.

A los 30 años, ocho después de casarse con su alumna Rosina Jordana, se instaló en Londres para trabajar como intérprete y compositor. Allí se inició en el drama musical, género en el que nunca destacaría como lo hacía en la composición para piano. La reputación de Albéniz como pianista y compositor siguió creciendo. En la primavera de 1889 viajó a París, donde apareció en los Conciertos Colonne en una sesión que incluía su Concierto para piano, op. 78. En el año 1889 Albéniz tocó en París, en la Exposición Universal que se celebró en la capital francesa y más tarde en diversos auditorios londinenses. Junto al violinista Fernández Arbós y el chelo Rubio, fundaron el trío Iberia.
Desde París siguió hasta Inglaterra, donde sus interpretaciones le aportaron un éxito al instante. En 1890 se puso en contacto con el empresario Henry Lowenfeld que contrató los servicios de Albéniz como intérprete y compositor. Como resultado, Albéniz se trasladó junto a su familia a Londres y a través de Lowenfeld finalmente se introdujo en el mundo del teatro musical. Trabajando en el Teatro Lírico y más tarde en el Teatro Príncipe de Gales proporcionó números extras, así como adaptaciones de comedias musicales cuando era necesario.
Por petición de Lowenfeld, Albéniz compuso su primera ópera, The Magic Opal. Esta comedia lírica, en el estilo de Gilbert y Sullivan, fue estrenada en el Lírico el 19 de enero de 1893 y presentada en Madrid en 1895 como La Sortija; al igual que su zarzuela San Antonio de la Florida con libreto de Sierra este mismo año, ambas mal recibidas en España.

En 1893, año en que se afincó en París, Albéniz firmó un contrato con el banquero y poeta y dramaturgo aficionado inglés Francis Money-Coutts. Muchos creyeron excesiva su dependencia respecto al británico, pero su relación con Money-Coutts, mecenas y pronto un gran amigo, le permitió centrarse en la composición eludiendo las preocupaciones materiales. Coutts, cuyo soporte financiero permitió a Albéniz vivir confortablemente el resto de su vida, estaba interesado en escribir libretos y que en julio de 1894 adquirió el contrato que Albéniz tenía con Lowenfeld.
Su colaboración con el compositor produjo Henry Clifford (estrenada en el teatro del Liceo de Barcelona en 1895), Pepita Jiménez (Teatro Liceo, 1896 y Neues Deutsches Theater de Praga, 1897); Monnaie de Bruselas, (1905), y Merlín (compuesta entre 1898 y 1902 pero no producida en vida de Albéniz), la primera ópera de una propuesta trilogía titulada King Arthur (Lancelot quedó incompleta en 1903, y en cuanto a Genevre, no se llegó a intentar). Por consiguiente, durante aproximadamente una década, Albéniz dedicó todo su talento y energía a la creación y producción de música para el escenario. Durante este tiempo estuvo trasladándose desde Londres a París.
Desde 1898 hasta 1900 enseñó piano avanzado en la Schola Cantorum, pero a causa de su pobre salud, en 1900 regresó al cálido clima español. Empezó un arduo trabajo junto a Enrique Morera con la promoción de trabajos líricos catalanes. Cuando, sin embargo, sus esfuerzos no lograron que se produjeran sus propios trabajos teatrales, regresó a París, donde su música era aceptada, elogiada e interpretada. La residencia de Albéniz en París empezó a ser un refugio para artistas españoles (entre los que están Joaquín Turina y Manuel de Falla); aquí encontraron apoyo y ánimo por su propio esfuerzo.

“Catalonia” es una rapsodia sinfónica compuesta en París entre los meses de enero y abril de 1899. El título original de la obra era «Rapsodia almogávar», que dejó inacabada, convirtiéndola en el primer movimiento de una suite titulada «Catalonia, suite populaire pour orchestre en trois parties». La primera parte está dedicada al pintor modernista Ramón Casas, empleando temas populares catalanes. La segunda parte estaba dedicada a otro famoso pintor, Josep Maria Sert, pero nunca la terminó. De la tercera parte poco sabemos; solo se conservan apuntes temáticos diversos. Es una fantasía en la que aparecen temas populares catalanes, como El pobre terrisaire y el más conocido La Filadora. Se estrenó en el Nouveau Théâtre de París el 28 de mayo de 1899.
Sus apariciones disminuyeron cuando empezó a dejarse absorber por la composición y producción de sus trabajos operísticos. De este periodo nos vienen las canciones Il en est de l’amour y Deux morceaux de prose de Pierre Loti (Crépuscule y Tristesse) así como esos grupos de poemas de Coutts: Para Nellie; Art thou gone for ever, Elaine; Six Songs (de las cuales solo Will you be mine? y Separated sobreviven); y Two Songs (The Gifts of the Gods y The Caterpillar). De este periodo también existe una muestra de apertura de una canción para poner música al texto de la fábula de Jean de La Fontaine «Conseil tenu par les rats» y Laugh at loving. Albéniz poco a poco volvió al piano y a su nativo paisaje de inspiración, La Vega presagiando su posterior estilo, que floreció con su obra maestra Iberia (1905-1908).

Los últimos años de su vida transcurrieron en la ciudad francesa de Niza, realizando frecuentes viajes a París. Encontraba el ambiente madrileño provinciano, sin dar valor a la música compuesta por españoles. En 1909, el último año de la vida del compositor, que ya estaba muy enfermo, produjo la forma de “Navarra”, que formaba parte del cuarto cuaderno, siendo finalmente reemplazada por Jerez, dejándola inacabada a su muerte. Está basada en un tema de jota navarra. Terminada en 1911 por Déodat de Séverac, fue orquestada por Enrique Fdez. Arbós en 1927. La orquestación la convierte en una pieza rítmica de gran brillantez.
Enfermo de nefritis, Albéniz se trasladó con su familia el 1 de abril al balneario de Cambo-les-Bains, localidad de los Pirineos franceses, donde murió el 18 de mayo de 1909. Aficionado en exceso desde joven al tabaco y la buena mesa, su salud se agravó con una nefritis crónica que el 18 de mayo de 1909 le llevaría a la muerte a la temprana edad de 49 años. Albéniz murió en Cambo-les-Bains, en los Pirineos franceses, y fue sepultado en el Cementerio de Montjuïc. Tras su fallecimiento, su sobrino Víctor Ruiz Albéniz remitió un telegrama a sus allegados para demostrar el amor profesado por las instituciones españolas a sus músicos: “Isaac Albéniz ha muerto a las ocho de la noche de ayer en este pueblo francés, sin el consuelo de que nadie de su patria mostrase interés por él. Que Dios se lo perdone a todos”.

Un dato curioso de Isaac Albéniz es que, pocos días antes de su muerte, fue a visitarlo su gran amigo y paisano Enrique Granados. Albéniz le pidió que le tocara algo al piano y este interpretó su obra La maja y el Ruiseñor, cuando de repente tocó la barcarola “Mallorca”, obra compuesta por Albéniz en un viaje que hicieron los dos a las Islas Baleares. Albéniz moriría días después, antes de que el Gobierno francés le entregara la Gran Cruz de la Legión de Honor a petición de otros destacados pianistas como Fauré, Debussy y el mismo Granados. A la muerte de Albéniz, Rosina le pidió a su gran amigo Granados que terminase la inacabada y última obra de su difunto esposo, «Azulejos». Granados la terminó de forma impecable, de tal manera que resulta muy difícil distinguir dónde acaba Albéniz y dónde empieza Granados. También hay que destacar dos obras para piano compuestas previamente a la Suite Iberia, que son la Suite española I y la Suite española II.
Poco antes, entre 1905 y 1909, año de su muerte, el compositor decidió dedicar toda su energía a su obra maestra, Iberia, que es quizás la más importante obra de la literatura pianística española, así como una de las cimas de la música para piano de todos los tiempos. Formada por doce piezas, esta suite para piano recoge sonidos muy enraizados en la cultura española –el cante jondo, las sevillanas, el pasodoble, la jota–, así como las influencias europeas del compositor. Por su complejidad, resulta muy difícil de interpretar incluso por manos expertas. La aerolínea de bandera española, Iberia, ha bautizado uno de sus aviones del modelo Airbus A340-642, de matrícula EC-LEV, con su nombre.

Siendo un virtuoso compositor de piano, Isaac Albéniz también compuso música para otros instrumentos. Dedicó más de una década de sus casi cuarenta y nueve años de vida a escribir temas para teatro. Durante su carrera escribió más de dos docenas de canciones, así como varios temas orquestales y de cámara. El fondo personal de Isaac Albéniz se conserva en la Biblioteca de Cataluña y en el Museo de la Música de Barcelona, que guarda la donación ofrecida por la nieta del compositor (incluye documentación biográfica, ejemplares manuscritos originales y objetos personales). Existe una «Fundación Albéniz», con sedes en Madrid y Santander, actualmente presidida por Paloma O’Shea y Artiñano, marquesa de O’Shea, pianista, filántropa y mecenas española, presidente de la Escuela Superior de Música Reina Sofía.
Entre los descendientes del compositor se encuentran su sobrino bisnieto Alberto Ruiz-Gallardón, exalcalde de Madrid y expresidente de la Comunidad de Madrid, y su bisnieta Cécilia Attias, exmujer de Nicolas Sarkozy, expresidente francés.

