
Los soldados de los Tercios, devotos de la Virgen
A comienzos del siglo XVI, Europa era un polvorín a punto de estallar. Entre 1505 y 1535, Martín Lutero formuló y difundió las bases de la gran herejía protestante. Para aquel año, muchas ciudades alemanas habían aceptado la nueva doctrina como forma de debilitar a Roma y oponerse al emperador Carlos. Y Lutero no vino solo: le siguieron Calvino en Ginebra, Zwinglio en Suiza o Enrique VIII en Inglaterra, aumentando la tensión existente. Estas nuevas herejías afectaban al Imperio pero, especialmente, a la salvación de millones de almas. La respuesta de la Iglesia llevaba décadas gestándose, y encontró en este contexto
