
EL PERSONAJE

Juan Ibáñez Martínez nació en Fondón el 13 de febrero de 1878, aunque su infancia transcurrió en Gádor. Fue la muerte de su padre Cristóbal Ibáñez Donaire, un humilde minero, lo que empujó a que su piadosa madre, María Francisca Martínez Rojas, buscara el amparo de una hija ya casada y residente en esta localidad del Andarax.
Experimentó desde pronto la vocación sacerdotal, pero la precariedad económica de su familia retardó sus estudios. Aunque se afanó en trabajar como barbero, solo un premio de lotería facilitó su ingreso en el colegio de San Juan de Almería en 1893, donde se formaban los seminaristas sin recursos de la época. Tras concluir sus estudios en el seminario de San Indalecio, fue ordenado presbítero el 23 de diciembre de 1905.
Tras ser primero formador del seminario de San Indalecio, en 1907 ocupó la coadjutoría de San Roque de Almería. En 1909 fue enviado a Lubrín y al Marchal de Lubrín. Tras dos años como párroco de Santa Fe de Mondújar, en 1912 tomó posesión de la parroquia de la Concepción de la Loma de San Francisco de Albox. Desde 1921, además, presidió el arciprestazgo de Albox.

A los albojenses dedicó casi un cuarto de siglo, sobresaliendo por una caridad heroica, llegando a privarse de sus propias vestimentas o hasta de su alimento para repartirlo a los necesitados, incluso llegó a enfermar por ocuparse de enfermos infecciosos. Sin menoscabar esta acción tradicional, conectó con el apostolado más vanguardista de su época e introdujo en Almería el movimiento escultista en 1916, colaborando en la formación de un grupo scout que aún pervive. Comprometido con la justicia social, fundó el primer sindicato católico obrero albojense y el hogar parroquial, que permitía el sano ocio de las clases más populares.
Dotado de una sensibilidad franciscana, plantó un frondoso pinar en torno a la ermita de la Santa Cruz y trabajó mucho durante el primer intento de la coronación canónica de la imagen de la Pequeñica. Además, durante la terrible sequía de 1928, promovió unas fructíferas rogativas al Santuario, que le hicieron merecedor del agradecimiento del obispo de entonces, fray Bernardo Martínez Noval.

Venerado ya en vida como un auténtico santo, las ruidosas conversiones que logró le granjearon numerosos odios. Fue víctima de emboscadas nocturnas y campañas difamatorias, aunque al estallar la persecución religiosa en 1936 se negó a ocultarse. Finalmente, detenido, fue trasladado a la prisión de las Adoratrices de Almería donde sufrió crueles torturas. Fue fusilado por milicianos el 13 de septiembre de 1936 en el pozo de Cantavieja y arrojado a un pozo con cal en el desierto de Tabernas.
El cuadro del ‘Retablo de la Epístola’ de Andrés García Ibáñez está dedicado al beato Juan Ibáñez mostrando su fusilamiento. El Papa Francisco, el 25 de marzo de 2017, lo beatificó junto a 114 Mártires de Almería. Sus restos mortales, adorados como reliquias, se veneran con gran devoción en la iglesia parroquial de la Concepción de Albox.
HOMENAJE
Con motivo de la fiesta del beato Juan Ibáñez, el Santuario Diocesano del Saliente desveló una de la veintena de nuevas pinturas del artista Andrés García Ibáñez que ornamentan el templo que acoge la venerada imagen de Nuestra Señora de los Desamparados del Buen Retiro del Saliente Coronada, Conocida cariñosamente como «La Pequeñica», como homenaje artístico al beato. El santuario se ubica en la Sierra de las Estancias, en el municipio de Albox en Almería.

Para la realización de estas obras, el artista se documentó profusamente sobre la vida y obra del beato, especialmente del tiempo en el que residió en Albox. La impresionante obra de Andrés García Ibáñez, llamado el “Miguel Ángel almeriense”, artista residente en Olula del Río y de origen albojense, es un óleo sobre lienzo de grandes dimensiones, nada menos que dos metros y setenta centímetros de largo por un metro y cincuenta y cinco centímetros de ancho. Con gran viveza de color y extraordinario dinamismo, la austeridad de los ropajes de los dos personajes representados contrasta con el virtuosismo del olivo que los cobija y la luminosidad del paisaje mostrado.
El beato Juan Ibáñez visitó el paraje de la Aljambra, donde transcurrió la infancia del progenitor de la anciana que facilitó la información sobre la que se pintó el óleo que nos muestra la escena. Cuando el beato Juan se percató del analfabetismo del niño, se propuso educarlo. Resguardado por la sombra de un olivo, y sabedor de su miseria, declinó el uso de cuadernos y sobre la misma tierra, y con la ayuda de un palo, le fue instruyendo en el abecedario y la composición de las palabras. La bondad de su maestro, así como la fortaleza de su posterior martirio en 1936, marcaron al pequeño y no lo olvidó nunca. Según su hija, hasta su muerte siguió venerándolo.

Como curiosidad, esta es la tercera representación que Andrés García Ibáñez hace de este Beato con el que comparte apellido. En sus inicios artísticos, hacia el año 1996, lo retrató por primera vez en la Iglesia Parroquial de santa María Magdalena de los Molinos. Más tarde, en 2019, realizó un soberbio óleo colocado sobre su sepulcro en la capilla de la Resurrección de la Iglesia Parroquial de la Concepción de la Loma de san Francisco. Por disposición episcopal el sepulcro, financiado por los donativos de los fieles, se colocó en la capilla de la Resurrección. Un Monumento Homenaje al Beato se encuentra en la plaza de San Francisco de la localidad de Albox.
Sobre la techumbre, el artista ha pintado el capítulo séptimo del Apocalipsis; que habla de las vestiduras blancas que recibirán los mártires por su fidelidad a Jesucristo. Andrés García Ibáñez dispuso una veintena de creaciones, ya sea en lienzos o en frescos, para la ornamentación del proyecto que concibiera el obispo don Claudio Sanz y Torres en 1764.

Una de las pinturas de más descarnado realismo de Andrés García Ibáñez se encuentra en uno de los retablos laterales de su ‘Capilla Sixtina’, la única iglesia en toda la cristiandad cuyas pinturas están dedicadas al ciclo completo del Apocalipsis, un recuerdo a los casi 7.000 eclesiásticos asesinados por las milicias republicanas al comienzo de la Guerra Civil. El pintor que junto con Antonio López mejor representa la figuración artística en España, realizó para el Santuario del Saliente de Albox, en Almería, inspiradas en el libro más complejo y enigmático de la Biblia, el Apocalipsis.
Tras su martirio, el cuerpo del Beato permaneció en el pozo de Cantavieja, hasta que el Cardenal Parrado ordenó su inhumación en 1941 en el Cementerio Municipal de san José de la ciudad de Almería. En 1947, por confusión de los Operarios Diocesanos, fue trasladado a la ciudad de Tortosa. Sus feligreses, que siempre desearon que su cuerpo descansara en tierra albojenses, lograron recuperar el cuerpo en 1992. Mientras se gestionó la autorización del Obispo Álvarez Gastón, el cuerpo reposó unos meses en la Catedral de la Encarnación de la ciudad de Almería. Con gran consuelo, regresó a Albox y fue sepultado en la Iglesia Parroquial de la Concepción el 27 de junio de 1992.
Nuevamente, el 3 de noviembre de 2015, hubo de interrumpir la paz de su sepultura debido a los procedimientos de la beatificación y fue llevado a Aguadulce. Durante el examen forense que se realizó al cuerpo, se extrajeron algunas reliquias para la veneración de los fieles. Finalmente, las reliquias del Beato son veneradas con el rango litúrgico que la Iglesia reserva para estos casos en el templo parroquial del que fue Párroco durante un cuarto de siglo.
Jaime Mascaró Munar

