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Fray José Torrubia y la masonería

  • Jesús Caraballo
  • 16/09/2026
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La masonería nació formalmente en Londres, en 1717, aunque ellos remontan su origen mítico nada menos que al padre de la Humanidad, Adán. Esta organización, supuestamente filantrópica y caracterizada desde siempre por su secretismo, en realidad tiene un carácter satánico, aunque ni siquiera sus propios miembros lo conocen, salvo los de más alto rango – hasta el grado 33– , que rinden culto luciferino. Esa misma condición les convierte en enemigos acérrimos de la Iglesia Católica — aunque algunos príncipes de la Iglesia hayan compatibilizado el capelo cardenalicio con la francmasonería, algo prohibido terminantemente por el Sumo Pontífice—, y por extensión a España, adalid de la defensa del Catolicismo. De hecho, la masonería ha impulsado toda clase de acciones contra nuestro país, entre otras, las que alentaron la independencia de los virreinatos en América y, posteriormente, las guerras de Cuba, Filipinas y Puerto Rico, entre otras.

Papa Clemente XII

Es por ello, que el Vaticano, desde el primer momento, condenó la masonería. En concreto, fue el Papa Clemente XII quien, en 1738, promulgó la bula “In Eminenti”. En España, poco después, catorce años desde la promulgación de la encíclica y apenas tres décadas tras la fundación oficial de la secta, el franciscano fray José Torrubia— desgraciadamente un desconocido en nuestro país— publicó su valiente “Centinela contra franc-massones”. Se trata, sin duda, de la primera obra española que defiende contra esta nueva secta.

Como su nombre indica “Centinela”, y dado el escaso tiempo transcurrido desde el surgimiento de la masonería y, por tanto, la existencia de escasas fuentes y no todas fiables — no olvidemos su característico secretismo—, la obra del fraile franciscano no pretendía ser un estudio exhaustivo, pero sí una advertencia sobre los peligros que entrañaba esta nueva secta.

Prueba de su honestidad intelectual es que rechaza fuentes poco fiables, y así lo reconoce en su propia obra, aunque en alguna ocasión comete algún error, como, por ejemplo, al atribuir la creación de la masonería al dictador y Lord Protector de Inglaterra, Irlanda y Escocia, el puritano Oliver Cromwell, quien había fallecido sesenta años antes del nacimiento de la masonería.

En lo que sí coinciden diversos historiadores españoles conocedores de la historia de la masonería, como Alberto Bárcena, o Ricardo de la Cierva, que cuenta en su haber con una magnífica trilogía sobre esta organización secreta, es que entre los impulsores de esta se encuentran las distintas ramas del protestantismo.

Torrubia hace una recopilación de la información disponible hasta ese momento sobre la masonería, como son las distintas bulas pontificias emitidas al respecto, la pastoral de Pedro María Justiniani, Obispo de Vintimilla; así como varias noticias publicadas en Europa explicando porqué la Iglesia y numerosos estados europeos desterraban de sus territorios a esta perniciosa organización.

Constituciones de Anderson

“Centinela” pretende prevenir a los fieles ante los peligros, ritos, prácticas y secretos de la secta, difundiendo aquello que se dice de la masonería, recogidas en sus dieciséis afirmaciones de lo que entonces se conocía realmente acerca de los francmasones, como entre otras, que “hacen y reciben por autoridad privada un juramento detestable, profanando el nombre de Dios” o “que ocultan su secreto a las potestades superiores contra todo derecho”.

Pero “Centinela” no trata sólo de advertir contra los peligros de la masonería, sino que Torrubia, con las limitaciones ya señaladas de la reciente fundación de esa organización y su secretismo, critica los mitos y falsedades sobre sus orígenes que remontarían hasta el mismo inicio de la Humanidad.

Jean Theophile Desanguliers

De hecho, las “Constituciones de Anderson”, obra del pastor calvinista James Anderson, y firmadas por Jean Theophile Desanguliers, Gran Maestro adjunto al Gran Maestro de la Gran Logia de Londres, Duque de Warton, y ministro de los anglicanos¸ así como en otras tradiciones masónicas del siglo XVIII, se refieren a Adán como su “primer Padre, creado a imagen de Dios, Gran Arquitecto del Universo”, y afirman que los francmasones no hacen sino dar cumplimiento a un supuesto “Magno Proyecto”, desde el mismo Adán hasta el Diluvio Universal.

El fraile franciscano lo recoge así en su obra “Centinela”, “dicen que Dios crio a Adán y al mismo tiempo lo hizo francmasón”, para luego arremeter contra la afirmación de distintos autores masones, que entroncan a la masonería con una estirpe de personajes bíblicos compuesta por Caín, Set, Jubal, Enoc o los patriarcas antediluvianos, hasta llegar a Moisés y Salomón, y tildaban de francmasones a reyes, emperadores y papas.

Y en la categoría de disparates entra la adscripción del juez de Israel, Sansón, conocido por su fuerza proverbial de origen divino, quien habría sido francmasón, según autores de esa adscripción, pero habría perdido su condición de tal al revelar a su amante filistea Dalila el secreto de su fuerza. Fray Toribio ridiculiza tal idea, ya que mal ejemplo representaría alguien que, contraviniendo las estrictas normas de secretismo, las incumple, provocando de paso su ruina, que, en realidad, lo fue por dar la espalda a Dios.

Finalmente, conviene destacar una de las principales críticas de Torrubia a la masonería, y es que ésta admitía a gentes de toda suerte de creencias y confesiones —luteranos, calvinistas, ateos, judíos…—, teniendo por buenas a todas, pero al tiempo exigiendo a los nuevos miembros obediencia exclusivamente a la organización, de tal suerte que la verdad religiosa quedaba diluida en una especie de fraternidad común.

Jesús Caraballo

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1 thought on “Fray José Torrubia y la masonería”

  1. Óscar De La Cruz De Lucas dice:
    17/09/2026 a las 3:44 pm

    Muy interesante tú artículo Jesús. Tema muy complejo el de los Masones…

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