Precursor de la Edad de Plata española

El Real Centro Universitario Escorial-María Cristina, RCUEM, es un claro precursor de la brillante Edad de Plata de la Ciencia española, que tuvo un sello claramente católico. Pero, además, fue semillero de mártires, a manos de los milicianos socialistas, comunistas y anarquistas, en la Guerra Civil Española.
Fue fundado, en 1892, por la Reina Regente María Cristina de Habsburgo y Lorena, durante la minoría de edad de su hijo el futuro Rey Alfonso XIII, quien encomendó su gestión a la Orden de San Agustín. Desde sus inicios, destacó en la promoción de la ciencia y el saber cómo, en general, hizo la Iglesia Católica en esa Edad de Plata cuyo mérito erróneamente se ha atribuido a la Institución Libre de Enseñanza, ILE, y al krausismo, en detrimento del catolicismo, que fue en realidad el auténtico artífice de ese renacimiento (de hecho, la Iglesia fundó numerosas universidades, no así el ateísmo militante de la época, que lo intentó sin éxito).

Adscrito durante décadas a la Universidad Complutense de Madrid – en la actualidad, al Centro Universitario San Pablo CEU, de la Asociación Católica de Propagandistas-, esta universidad católica sigue vinculada, tras sus 134 años de historia, a la Monarquía y al pueblo español, a través de Patrimonio Nacional.
Estudiaron en sus aulas, Dámaso Alonso; José Castillejo, Secretario de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, JAE, antecedente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC – ambas instituciones impulsadas por católicos-, o Manuel Azaña, entre otras personalidades, y el actual inquilino de La Moncloa, Pedro Sánchez (¡sí, quien presume de lo público estudió en un centro privado!).

Situada en el complejo del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, con el que comparte su estilo herreriano, de la Universidad destacan el Claustro, el Colegio Mayor, la biblioteca y el patio de los Laureles. Hoy en día, su biblioteca cuenta con más de 57.000 volúmenes, aunque la original, al igual que tantas otras bibliotecas de la Iglesia y buena parte de su patrimonio, fue arrasado por el Frente Popular durante la malhadada y tan “democrática” II República y en la Guerra Civil.

En realidad, el Real Centro Universitario Escorial-María Cristina, RCUEM, entronca con la tradición de la enseñanza universitaria impartida en el Monasterio de El Escorial desde tiempos inmemoriales. Así es, el Rey Felipe II, mandó construir, en 1567, el Colegio de Artes y Santa Teología, encomendado a la Orden Jerónima, y que estuvo activo durante 270 años, hasta la Desamortización del Ministro de Hacienda —ya en el reinado de la joven Isabel II— el masón Juan Álvarez Mendizábal. Una Desamortización que vendió en almoneda buena parte del patrimonio de la Iglesia Católica —el resto terminó con el segundo robo, éste a manos de Madoz—, tierras que la mayoría de los casos contribuían al enriquecimiento de su entorno y población. Los nuevos propietarios, a menudo amigos del poder, dejaron morir esa prosperidad.
Pero lo peor para el RCUEM estaba por llegar. La llegada de la II República y, especialmente, la Guerra Civil desataron el odio anticlerical de las izquierdas, llevando al martirio de la comunidad agustina, ante el silencio del entonces presidente, Manuel Azaña, quien pese al aviso de un agustino a quien conocía de su etapa de estudiante, de las llamadas eufemísticamente “sacas” no hizo nada por salvar a los religiosos de su asesinato en Paracuellos del Jarama a manos de milicianos republicanos.

Todos los religiosos, salvo tres enfermos, fueron detenidos al inicio de la Guerra Civil y enviados a cárceles de Madrid, de donde fueron sacados en noviembre de 1936, bajo la autoridad del entonces responsable de la Seguridad, el comunista Santiago Carrillo, para ser fusilados en la localidad de Paracuellos del Jarama, donde se perpetró el mayor genocidio del enfrentamiento (hasta cerca de 8.000 católicos, militantes de derechas y, en general, de supuestos “desafectos” al Régimen fueron exterminados allí).

La Orden de San Agustín fue la más castigada por la vesania anticlerical de socialistas, comunistas y anarquistas. Un total de 153 agustinos —de los cuales, 75 del Monasterio de El Escorial— fueron ajusticiados, la mayoría se encuentran en proceso de reconocimiento de su martirio, pues no otra cosa fue su asesinato. Murieron perdonando a sus verdugos, como nos enseñó Jesucristo en la Cruz, y dando vivas a Cristo Rey. Testigos de su martirio dieron fe de que marcharon a la muerte cantando, alegres de saber su pronto tránsito a la Vida Eterna.
Jesús Caraballo

