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LA GUERRA DE INDEPENDENCIA CUBANA

  • Jaime Mascaró Munar
  • 04/09/2026
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También conocida como Guerra de Cuba, fue el último conflicto armado entre España y los mambises o separatistas cubanos y los Estados Unidos, cuya ocupación militar puso fin a la soberanía española en la isla. El conflicto se inició el 24 de febrero de 1895 con un levantamiento simultáneo de treinta y cinco localidades cubanas, el llamado Grito de Baire, y tras la entrada directa de Estados Unidos en el conflicto y la posterior derrota española, finalizó el 12 de agosto de 1898. Fue denominada en España como la «Guerra de Cuba» mientras que José Martí, uno de los líderes independentistas cubanos, la llamó «Guerra Necesaria». También se le llama «Guerra del 95», por haber comenzado en 1895.

José Martín
Antonio Maceo

Tras su deportación de Cuba a la península en 1879, José Martí organizó en los Estados Unidos el Partido Revolucionario Cubano, cuyo principal objetivo era lograr la independencia de Cuba. Más tarde, separatistas puertorriqueños se unieron con el compromiso de que, una vez liberada Cuba, las fuerzas independentistas cubanas hicieron lo mismo en Puerto Rico. Conocedor de las razones del fracaso de la Guerra de los Diez Años, Martí aseguró las condiciones necesarias para que no se repitieran, y dio a la fuerza militar un poder ilimitado en cuanto a estrategia y táctica, mientras que dejó al poder civil solamente las tareas de sustentar diplomática, financiera y legalmente la guerra y de gobernar en los territorios liberados.

Viajó a Costa Rica, en donde vivía Antonio Maceo, para convencerlo de la necesidad de su participación. Lo mismo hizo con Máximo Gómez, quien vivía en la República Dominicana. Y fue en este último país en donde se firmó el Manifiesto de Montecristi que expresaba la necesidad de la independencia de Cuba. Embarcando desde Haití al frente de una reducida fuerza militar, estos patriotas cubanos desembarcaron en Playitas de Cajobabo para coincidir con el Grito de Baire y los levantamientos asignados en varias zonas de la provincia de Oriente de Cuba.

Julio Sanguily
José María Aguirre Valdés

Las autoridades lograron descabezar la insurrección del 24 de febrero de 1895 en las cuatro provincias occidentales, con la detención de Julio Sanguily y José María Aguirre Valdés. Desde la península se enviaron a Cuba 9000 hombres, suspendieron las garantías constitucionales y se aplicó censura a la prensa. El 21 de marzo Antonio Cánovas del Castillo envió otros 7000 hombres, nombrando a Arsenio Martínez Campos, artífice de la Paz de Zanjón, capitán general de Cuba.

Con la experiencia de la Guerra de los Diez Años, un mayor apoyo de las fuerzas políticas y una mayor conciencia nacional, los secesionistas concibieron una serie de campañas como: Primera Campaña Oriental en la provincia de Oriente, dirigida por el mayor general Antonio Maceo, iniciada tras la reunión de la Mejorana el 5 de mayo de 1895, con los objetivos de organizar e incrementar el ejército libertador en Oriente, dar cobertura al paso de los mayores generales Máximo Gómez y José Martí hacia el Camagüey y debilitar la capacidad militar del ejército español. Culminó en vísperas de la Asamblea de Jimaguayú en septiembre del mismo año.

Asamblea de Jimaguayú

Campaña Circular en la provincia de Camagüey, dirigida por el mayor general Máximo Gómez, iniciada asimismo en mayo de 1895 con los objetivos de levantar en armas esa región, y con la posterior idea de invadir Las Villas y el occidente. También culminó en vísperas de la Asamblea de Jimaguayú. Les siguió la Invasión de Oriente a Occidente en Cuba dirigida por los mayores generales Máximo Gómez y Antonio Maceo, iniciada en Mangos Baraguá el 22 de octubre de 1895, con el objetivo general de extender la guerra al resto del país. Culminó el 22 de enero de 1896 en Mantua, provincia de Pinar del Río.

Campaña de La Reforma

Tras la culminación de la invasión del occidente en enero de 1896 se llevó a cabo la Campaña de la Lanzadera en las provincias de Pinar del Río, Habana y Matanzas, dirigida por los mismos generales, en la que el mayor general Antonio Maceo cayó en combate. A inicios del año 1897 se dio la Campaña de La Reforma en la provincia de Las Villas, dirigida por el mayor general Máximo Gómez, con el objetivo de consolidar el dominio militar cubano en esa región y dar cobertura a las campañas en el occidente, donde la situación militar era crítica para el ejército libertador cubano. Culminó el 24 de agosto de 1898 con la rendición del gobierno colonial español.

La Segunda Campaña Oriental en la provincia de Oriente, fue dirigida por el mayor general Calixto García, iniciada en agosto de 1896 con el objetivo de debilitar al ejército español y dar cobertura a las campañas en el occidente, donde la situación militar era crítica para el ejército libertador cubano. Culminó, al igual que la campaña anterior, el 24 de agosto de 1898.

Trocha de Júcaro a Morón

La campaña cubana Invasión al Occidente tenía el fin de tomar ese sector de la isla. No fue fácil someter el Oriente de Cuba, en donde las fuerzas españolas tuvieron grandes aprietos para contener a los secesionistas. Sin embargo, José Martí y Antonio Maceo murieron en la contienda: Martí el 19 de mayo del 1895, casi al inicio de la guerra mientras que la de Maceo pudo ser en una emboscada. Circunstancia indicada en la hoja de servicios del subteniente José Muñoz Gutiérrez, sargento en aquella época, y cuyas operaciones desde el 22 de octubre de 1896 en Artemisa y Heras, y posteriormente en la trocha de Mariel a Majana hasta el 23 de diciembre de 1896 en Pinar del Río, incluyendo la derrota de Maceo, que le valieron al citado sargento la consecución de dos cruces de plata al mérito militar con distintivo rojo. Entre las victorias obtenidas por los secesionistas cubanos se destaca el cruce de Trocha de Júcaro a Morón en lo que actualmente es la provincia de Ciego de Ávila, casi en el centro del país, con el objetivo de impedir el cruce de las tropas libertadoras hacia el occidente.

General Valeriano Weyler

El gobierno central de Madrid, al ver generalizada la rebelión en toda la isla, destituyó al general Martínez Campos y decidió enviar a la isla al general Valeriano Weyler, quien llevaría a cabo una guerra total en su afán de derrotar a los independentistas cubanos. Con un cuarto de millón de hombres, entre tropas regulares, voluntarios, guerrilleros y bomberos, el general Weyler se propuso acabar la guerra en un periodo de veinticuatro meses. Una de sus medidas sería reconcentrar a los habitantes rurales en poblados y ciudades controlados por las fuerzas españolas para de esta manera privar a los sublevados del apoyo del campesinado. Como resultado del desplazamiento forzado, el hambre y las enfermedades producto del hacinamiento en las ciudades, se calcula que murieron unas 140 000 personas.

General Ramón Blanco

A pesar del incremento constante de tropas españolas, la política de reconcentración y la abrumadora superioridad de su ejército, Weyler fue incapaz de derrotar completamente a los rebeldes cubanos. Estos, conocedores del terreno y movidos por el espíritu independentista llevaron a cabo una eficiente guerra de guerrillas consistente en operaciones ofensivo-defensivas que fueron desgastando al ejército español paulatinamente sin que este pudiera obtener resultados favorables, a pesar de contar con líneas de fortificación, ferrocarriles, vigilancia de costas y un armamento más moderno que el de los rebeldes cubanos. Para finales de 1897, el gobierno español se encontró con las arcas vacías y con un ejército agotado por las enfermedades tropicales y la resistencia de los rebeldes. El presidente Sagasta decidió finalmente destituir a Weyler en favor del general Ramón Blanco, tanto por el costo político de su modo de hacer la guerra como por su fracaso militar al no poder derrotar a los rebeldes en el tiempo prometido.

Para finales de 1897 el gobierno de los Estados Unidos reclamaba que la guerra afectaba sus intereses y le exigió a España reformas para lograr la paz. Los proyectos de autonomía para Cuba redactados por los políticos de la metrópolis, Antonio Maura, Abárzuza y Cánovas del Castillo, cristalizaron durante el gobierno de Práxedes Mateo Sagasta, con Segismundo Moret en el Ministerio de Ultramar, en una Constitución para la isla que le otorgaba autonomía plena (25 de noviembre de 1897) con la sola reserva del cargo de gobernador general, y se hizo extensivo a Cuba y Puerto Rico el sufragio universal masculino en vigor en la península desde 1890, equiparable a la del Canadá británico. Se formó un gobierno autonómico y se eligió un nuevo Parlamento insular bicameral, en unos comicios ganados por el autonomismo moderado. El primer gobierno autónomo estuvo presidido desde el 1 de enero de 1898 por José María Gálvez Alonso.

José Mª Gálvez Alonso

Para los intereses de la oligarquía criolla como los de los intervencionistas de los Estados Unidos de América, la presencia española era un obstáculo a eliminar y ninguna de las iniciativas emprendidas desde el Gobierno central, tuvieron éxito. Estados Unidos acusó a España de agresión y anunció una guerra inminente. Ante la amenaza, el capitán general de Cuba, Ramón Blanco y Erenas, le propuso al general Máximo Gómez, líder de los rebeldes, una alianza para enfrentar a los norteamericanos. El general Gómez se negó rotundamente y recibió órdenes del gobierno rebelde de apoyar al ejército estadounidense para lograr la secesión de Cuba respecto de la Corona de España.

Estados Unidos le había echado el ojo a la vecina Cuba, una perla que tenía al lado de casa y a unos ciento veinte kilómetros de la sureña Florida. Hasta en cuatro ocasiones y partiendo de una oferta primera de doscientos treinta millones de dólares y llegando a los trescientos en última instancia, intentaría comprar a España aquella joya.Desde la península se satirizaban en los diarios los intentos de arreglar de “buenas maneras” las aspiraciones norteamericanas. España era para entonces un imperio decadente y fatigado tras cuatro siglos de extenuante lucha en todas las latitudes, y las corrientes positivistas y evolucionistas que hacían furor en la época consideraban que había naciones pujantes y otras moribundas, y que en consecuencia debían de ser sustituidas por la elemental ecuación de la ley del más fuerte.

Ríos de tinta han corrido sobre uno de los hechos más controvertidos de la reciente historia moderna y que, a la postre, ha sido un canon de actuación muy repetido en los conflictos que ha enfrentado Norteamérica con otros países; la agresión prefabricada de un tercero para justificar la intervención propia en defensa de la libertad y los derechos humanos. Esto fue lo que se ensayó en Cuba. Al parecer, el intenso calor y la humedad imperante pudieron crear un cortocircuito en la santabárbara y esta, recalentada por la combustión espontánea de uno de los depósitos de carbón adyacentes que alimentaban las calderas del navío, creó una enorme deflagración accidental. Más de doscientos sesenta marinos y oficiales pasaron a mejor vida.

Acorazado Maine

La explosión del acorazado estadounidense Maine, atribuida por la prensa norteamericana a España, significó el ingreso de los Estados Unidos en la contienda. La declaración de guerra a España no se hizo esperar y los combates, que antes se centraron en tierra, se trasladaron al mar, pero el jefe de la escuadra naval española decidió no responder a los acorazados estadounidenses. Tras una campaña de mes y medio de duros combates en la zona oriental, en la que las consumidas tropas españolas ralentizaron el avance de las flamantes fuerzas estadounidenses, que además contaban con el apoyo de los guerrilleros cubanos de Calixto García, Santiago de Cuba capituló el 16 de julio de 1898 y las tropas yanquis entraron en la ciudad. Calixto García ordenó no entrar en Santiago como protesta porque el mando militar cubano no fue invitado a participar en el acto de rendición.

Tratado de París

Tras la capitulación de la ciudad, salvo algunas bolsas en las zonas rurales de la zona oriental y la franja costera que conduce de Guantánamo a Santiago, el resto de la isla seguía en manos españolas, pero a pesar de la voluntad de buena parte del Ejército de seguir la lucha, el Gobierno español decidió pedir un armisticio a los Estados Unidos, que se alcanzó el 12 de agosto de 1898, poniendo fin a las hostilidades. Después de meses de negociaciones, por el Tratado de París, España renunciaba a su soberanía sobre Cuba, Puerto Rico y Filipinas, lo que realmente significó dejar el campo expedito a su intervención y ocupación por los Estados Unidos. A las 12:00 del 1 de enero de 1899, el último capitán general español de Cuba, Jiménez Castellanos, entregó la soberanía de la isla al gobernador de los Estados Unidos, Leonard Wood. A esa misma hora, se arriaba la bandera española del castillo de El Morro, izándose la enseña de los Estados Unidos.

El 24 de febrero de 1899, justo cuatro años después del inicio de la guerra, hacía su entrada triunfal a La Habana el generalísimo Máximo Gómez al frente de su ejército. El viejo general dominicano había guiado a los patriotas cubanos a la victoria en su dura guerra de emancipación contra el Ejército español. Miles de personas salieron a recibir al ejército libertador y Gómez sorprendido le dijo a uno de sus hombres «Si toda esta gente hubiese peleado con nosotros habríamos derrotado a España hace muchísimo tiempo».

El descontento de los libertadores al ver cambiar su tierra de amo no tardó en llegar. El 20 de mayo de 1902 nacería la República de Cuba con la toma de posesión de su primer presidente, Tomás Estrada Palma. Sin embargo, no será hasta 1909, con la presidencia de José Miguel Gómez que termine el Gobierno de Intervención estadounidense y no sin antes firmar el arrendamiento de la base de Guantánamo, todavía hoy poseída por los Estados Unidos.

Base de Guantanamo

La pérdida de los territorios de Ultramar, y muy especialmente de Cuba, provocó una la profunda crisis social de 1898, política y cultural en España, dando paso a una época en la que manifestaciones culturales, como la generación del 98 o el regeneracionismo, se vieron marcados por la crisis y el contexto histórico, tratando entre otros temas la «pérdida de personalidad histórica» de España.

La independencia de Cuba constituyó un factor clave de la aparición de nacionalismos contemporáneos en España como el vasco, el catalán y el español.

Cánovas y Sagasta

La conmoción del desastre de 1898 desencajó toda la maquinaria del estado. Los diecisiete años de la regencia de doña María Cristina estuvieron plagados por los conflictos internacionales. Las tribus cabileñas de Marruecos se sublevaron; a un anarquista italiano le dio un arrebato y se llevó por delante a Cánovas, la escuadra norteamericana nos echó de casi todas nuestras residuales colonias y, finalmente, Sagasta, la pareja de baile que componía el perfecto dueto de los dos partidos instalados en el turnismo, hollaría la profunda tierra allá por 1903.

Toda una época. Donde antes no se ponía el sol, solo quedaban los vestigios y la historia de un gran imperio. Un siglo después el gobierno de EE.UU. asumiría públicamente que la llamada “voladura” del Maine había sido un accidente. Un poco tarde.

Jaime Mascaró Munar

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