
Muchos han oído hablar de la labor del alemán Schindler y de los judíos que salvó, gracias a la popular película del cineasta Spielberg. Algunos más avispados es posible que les suene el nombre de Ángel Sanz Briz, “el Ángel de Budapest” – también tuvo su película, aunque menos conocida– , que siguiendo instrucciones del Gobierno de Franco y aprovechando un antiguo decreto del dictador Miguel Primo de Rivera, en donde reconocía la nacionalidad española a los descendientes de sefardíes, perseguidos en aquella época en el antiguo Imperio Otomano, para salvar nada menos que a más de cinco mil judíos de su triste final en los campos de exterminio nazi. Sin duda, muchísimos más que los que salvó el empresario alemán.

Pero muy pocos conocen la historia del embajador de Franco ante la Santa Sede durante la Segunda Guerra Mundial, Domingo de las Bárcenas y López Mollinedo, que acaba de ser reconocido como Justo entre las Naciones, por el Memorial Israelí Yad Vashem (se trata del mayor reconocimiento otorgado a civiles distinguidos en su defensa de los judíos por esa prestigiosa institución). El mérito para alcanzar tan meritorio título es haber escondido durante dos meses, durante la terrible persecución contra los judíos por parte de los nazis alemanes y sus aliados fascistas italianos, a su médico judío y a su familia, a riesgo de su vida.
Un riesgo que corrió, al igual que otros embajadores en el resto de la Europa ocupada, siguiendo instrucciones del gobierno de Franco. Domingo de las Bárcenas, además de conseguir salvar a estas familias, se quejó reiteradamente a las fuerzas ocupantes de la persecución a que eran sometidos los judíos, aunque desgraciadamente con escaso éxito.
Es verdad que sólo consiguió salvaguardar la vida de un reducido número de perseguidos, pero como dice el Talmud, “quien salva una vida, salva el mundo entero”. Una frase que está inscrita en la Medalla de los Justos, que se entrega a aquellos que arriesgaron sus vidas por salvar las de los judíos de la Shoa, y que viene a simbolizar la fe en la Humanidad.

En el acto del Memorial Yad Vashem, se concedió también el mismo reconocimiento a la colaboradora del embajador, la marquesa italiana María Cristina Marconi Bezzi Scali, quien era viuda del inventor de la telegrafía sin hilos, en 1895, Guglielmo Marconi (invento por el que obtuvo el Premio Nobel, en 1909; además creó por encargo del Papa Pío XI Radio Vaticano, en 1931). La marquesa conocía también a la familia del médico.
Tras su paso por la embajada de Egipto, en 1934, durante la Segunda República, el 17 de diciembre de 1942 (contaba a la sazón con 62 años), Francisco Franco nombra a Domingo de las Bárcenas embajador ante la Santa Sede, donde ejerció hasta 1945 en que concluyó la Segunda Guerra Mundial. Terminaría su carrera diplomática en Londres, donde representó los intereses de España los tres años siguientes.
Unos años ciertamente convulsos. En su difícil gestión en la Ciudad Eterna, le ayudó su conocimiento previo de la capital italiana. Conviene recordar la labor que desarrolló la Iglesia Católica y muy especialmente el Vaticano, para tratar de salvar a los judíos. De hecho, Castel Gandolfo, el lugar de descanso estival de los Pontífices, es donde mayor número de perseguidos por los nazis consiguieron encontrar refugio.
La web HolocaustRescue.org, que estudia a diplomáticos que se distinguieron contra la persecución nazi, ya se hacía referencia al embajador español y a sus intentos de proteger a los judíos: «Domingo de las Bárcenas, el embajador español en Roma, fue advertido de la inminente deportación de judíos en Roma en diciembre de 1942. Bárcenas intentó encontrar casas seguras para judíos en Roma mantenidas por órdenes religiosas católicas. Estas casas seguras fueron posteriormente allanadas y los judíos deportados. Bárcenas luego fue al Vaticano y se reunió con el Secretario de Estado del Vaticano Montini para protestar por las deportaciones. Juntos, fueron a la embajada alemana y nuevamente protestaron por las deportaciones. Adolf Eichmann —desde octubre de 1939 dirigía la persecución a los judíos en todo el Reich— protestó por la “interferencia” de la Embajada española en Roma ante funcionarios en Madrid”.

Pero lo que el Memoria Yad Vashem reconoce ahora no es que Domingo de las Bárcenas, además de buscar refugio para los judíos, protestara ante los nazis, sino que personalmente dio acogimiento a una familia. El acto, celebrado recientemente en Italia y al que asistió la hija del médico judío, Chiarella, quien dio testimonio de sus recuerdos de niña de aquella época, apenas ha sido recogido por algún medio judío italiano, como Shalom.it.
. Certificado falso de bautismo
Procedente de Trieste, Renato Politzer era un médico judío que llevaba tiempo ya establecido en Roma. Al promulgarse las leyes raciales italianas, en 1938, al igual que otros judíos, consiguió un certificado falso de bautismo, con el que logró seguir ejerciendo como médico, práctica profesional terminantemente prohibida por la nueva legislación. Entre su clientela, se encontraban el embajador español y la marquesa Marconi.


El sábado 16 de octubre de 1943 se conoce como «el sábado negro». Ese día, las SS y la Gestapo, con la ayuda de funcionarios fascistas italianos, arrestaron a 1.259 personas, la mayoría judíos italianos. Liberaron a algunos integrantes de familias mixtas o extranjeros, pero 1.023 personas fueron identificadas como judías y deportadas a Auschwitz, donde alrededor de 800 fueron asesinados en seguida. Sólo consiguieron sobrevivir 15 hombres y una mujer.
El doctor Renato Politzer, junto con su esposa Nora y su hija Chiarella consiguieron eludir el arresto gracias a un aviso. Buscaron refugio en casa de la marquesa Marconi. La niña, Chiarella fue ocultada en la del embajador Bárcenas y su esposa Rosario de la Huerta y Avial. Poco después, en diciembre de 1943, los Politzer pudieron reunirse con su hija en la casa del diplomático español. El portero de la finca y un policía les avisaban en caso de peligro.

Fue Chiarella quien escribió al Memorial para pedir el reconocimiento a sus benefactores, de los que guardaba un gratísimo recuerdo y con quienes sus padres y ella misma mantuvieron la amistad por años, al igual que con la marquesa Marconi.
La ceremonia, celebrada el pasado 26 de mayo, y organizada por la Embajada de Israel en Italia y la Unión de Comunidades Judías Italianas, en la Biblioteca Nacional del Judaísmo Italiano Tullia Zevi, participaron Bruno de las Bárcenas, descendiente del embajador y quien admitió desconocer la historia; así como Elettra Marconi —hija del inventor y la marquesa— y su hijo Guglielmo Giovanelli Marconi.


Además de Domingo de las Bárcenas y López Mollinedo, hay otros tres diplomáticos españoles reconocidos como Justos entre las Naciones por el Yad Vashem. Se trata del ya mencionado Ángel Sanz Briz, que lo fue en 1966, por salvar a más de 5.000 judíos ofreciéndoles amparo en “casas protegidas bajo pabellón español”, cuya labor fue continuada cuando el embajador hubo de abandonar la legación ante la inminente llegada de las tropas soviéticas, por Giorgio Perlasca, quien al no reunir la documentación necesaria no obtuvo ese título, pero sí la Medalla de Oro al Mérito Civil y la Gran Cruz de Isabel la Católica, en España, y el título de Ciudadano Honorario de Israel; Sebastián de Romero Radigales, distinguido en 2014, por salvar a cientos de sefardíes de Grecia y Salónica, también a los deportados al campo de Bergen Belsen, y Eduardo Propper de Callejón — reconocido en 2007—, quien consiguió emitir en tan solo 4 días, en Burdeos, miles de visados que permitieron la huida de refugiados, en su mayoría judíos, a España.
Otros diplomáticos, siguiendo instrucciones precisas del Ministerio de Exteriores español y de Francisco Franco, desempeñaron una labor igualmente arriesgada y meritoria en favor de los judíos, aunque no se les otorgara esa prestigiosa distinción de Justo entre las Naciones.
Jesús Caraballo



1 thought on “Domingo de las Bárcenas y López Mollinedo, embajador “Justo entre las Naciones””
Muy interesante tú artículo Jesús.
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