
21 de julio de 1921, Burgos
A la misma hora que Alfonso XIII preside la solemne entrada de los restos del Cid en la catedral, en el Rif el polvo, el calor y el silencio que anuncia tragedia. En la posición avanzada de Igueriben, el comandante Julio Benítez reúne a los hombres que aún quedan vivos. Son poco más de un centenar. Están exhaustos, cubiertos de tierra, con los labios agrietados por la sed. Pero siguen en pie.
Han cumplido con su deber, manteniendo la posición cuando ya no quedaba nada que mantener. El enemigo está en todas las lomas, el cerco es total, el agua se acabó hace días y que la munición apenas alcanza para unos minutos más. .
Los hombres escuchan a Benitez en silencio. Algunos asienten. Otros aprietan el fusil con manos temblorosas. Nadie protesta, saben que no habrá socorro. Saben que, en realidad, ya están muertos.

El sol cae vertical sobre la posición. El aire vibra. Los rifeños se mueven sobre ellos como sombras. Benítez ordena preparar la retirada, aunque todos entienden que será un combate final. Antes de salir del parapeto, el comandante se detiene un instante. Mira el horizonte, como si quisiera grabarlo en la memoria. Luego se vuelve hacia sus hombres y pronuncia sus últimas palabras: “Hemos hecho cuanto debíamos. Ahora, cada uno cumpla con su honor”.
Cuando todo termine, el silencio volverá a la colina, mientras en Burgos las campanas repicarán en honor al Cid.
ANTECEDENTES

General Manuel Fernández Silvestre
A comienzos de julio de 1921, el despliegue español en el Rif avanzaba hacia un punto de tensión que pocos en la Comandancia General de Melilla supieron medir. El general Manuel Fernández Silvestre, convencido de que la resistencia rifeña estaba prácticamente quebrada, impulsó un avance rápido hacia el interior con la vista puesta en Alhucemas. Su estrategia descansaba en la idea de que la superioridad material española bastaría para intimidar a las cabilas y consolidar el control del Protectorado. Sin embargo, el terreno, la logística y la propia estructura del dispositivo español contaban otra historia.
El avance se realizó sin asegurar las líneas de suministro, con posiciones adelantadas mal comunicadas y sin agua suficiente para sostener guarniciones en zonas áridas y expuestas. La confianza del mando en una victoria rápida llevó a ocupar puestos que, sobre el mapa, parecían estratégicos, pero que en la realidad del Rif eran trampas naturales. Uno de ellos fue Igueriben, situado a apenas tres kilómetros y medio de Annual, pero aislado por un entorno de lomas dominantes que ofrecían al enemigo una ventaja táctica decisiva.

El líder rifeño Abd el-Krim observó el movimiento español. Consciente de lo temerario del movimiento, reorganizó sus fuerzas, reforzó las cabilas más combativas y comenzó a hostigar los puestos españoles con la intención de cortar suministros, aislar guarniciones y desgastar la moral antes de lanzar un ataque decisivo sobre Annual.
Igueriben, por su ubicación y vulnerabilidad, se convirtió en el objetivo prioritario.
IGUERIBEN
Esta posición había sido ocupada, el día 7 de junio de 1921, por tropas españolas del regimiento Ceriñola nº 42, al mando del comandante Francisco Mingo, una sección de ametralladoras, 9 hombres de la policía indígena y una batería perteneciente al regimiento Mixto de Artillería de Melilla, al mando del capitán Federico Paz Orduña.

Igueriben era la punta de lanza del avance impulsado por Silvestre para asegurar el control del Protectorado español. El general confiaba en una rápida progresión hacia Alhucemas, sin calibrar la capacidad de reacción de las tribus rifeñas ni las dificultades del terreno. La posición, defendida por unos 350 hombres, quedó expuesta en un entorno hostil, sin agua cercana y con líneas de comunicación vulnerables.
El 2 de julio releva al mando de la posición el comandante, también del mismo regimiento, Julio Benítez Benítez. Después de algunos ataques pasan tres semanas de calma, pero a partir del día 3 los ataques se sucedieron sin cesar.
Entre el 14 y el 17 de julio, los rifeños ajustaron su paqueo y los obuses empezaron a caer dentro del blocaos. Las bajas aumentaron, la munición se consumía con rapidez y la sed se convirtió en un enemigo mortal que los convoyes enviados desde Annual no lograron remitir. Las columnas eran emboscadas en los desfiladeros, los mulos cargados con agua caían abatidos y los soldados que intentaban avanzar quedaban expuestos en un terreno que favorecía a los tiradores rifeños.
“La posición se halla sin agua y rodeada por el enemigo(…)«Seguimos resistiendo” (Documentación oficial)

El 17 de julio Abd el Krim inició un fuerte ataque a la posición para tratar de acabar con ella. Joaquín Cebollino von Lindeman logra introducir un convoy de cincuenta y seis cargas en la posición sitiada, rompe el fuego enemigo, abre la alambrada con sus propias manos, despeja los sacos terreros que bloquean la entrada y permite que la guarnición reciba el último alivio antes del asedio total. Después, vuelve a salir, recoge a sus muertos y heridos, y regresa al grueso de la fuerza.
Desde el día 18, dos piezas de artillería rifeña baten el recinto sin descanso. El sol cae vertical, la sed se convierte en tormento, los hombres comienzan a sufrir síncopes. El convoy del día 19 fracasa. La guarnición acumula cuarenta bajas. No hay agua. No hay relevo. No hay salida
La noche del 19 de julio los rifeños llegaron muy próximos a la entrada de la posición intimándoles a la rendición, a lo que los soldados respondían con un ¡Viva España!
El comandante Benítez mantuvo la cohesión de la tropa con una mezcla de disciplina, serenidad y convicción. Testimonios posteriores, como el del teniente Casado Escudero, destacan su liderazgo constante y la fe que inspiraba en sus hombres.
“En Igueriben mandaba un capitán que no sabía rendirse” (Testimonio de un superviviente)

Junto a Benítez, Federico de la Paz Orduña, capitán de Artillería, mantenía el fuego de su batería economizando las municiones y reservando a metralla para el asalto final.
Las ofertas de rendición de los rifeños fueron rechazadas una y otra vez. La respuesta española era siempre la misma: vivas a España y fuego.

La situación se tornó en desesperada: los defensores comenzaron a beber tinta, colonia y orines mezclados con azúcar para combatir la deshidratación, mientras algunos se enterraban en hoyos para sentir la humedad de la tierra. El aire dentro de la posición era irrespirable, cargado de polvo, sangre y el hedor de los cadáveres que no podían retirarse. A pesar de ello, el comandante Benítez mantenía la cohesión de la tropa.
“Benítez es hombre de ánimo firme y no abandonará la posición mientras tenga un fusil que disparar” (General Silvestre)

Desde Annual, Silvestre envió mensajes de ánimo y órdenes de resistencia. Prometió socorro en cuestión de horas, pero el cerco rifeño ya alcanzaba al propio campamento. El 20 de julio, los rifeños cerraron completamente el cerco: la posición quedó sin agua, sin víveres, sin posibilidad de evacuación y sin apoyo artillero eficaz. Benítez informó que la guarnición estaba al límite, pero que no se rendiría más que a la muerte.
21 DE JULIO DE 1921
“La tropa no tiene culpa de nada; la oficialidad sabrá morir como corresponde.”
A primera hora, antes de abandonar la posición, dirige una última arenga a sus hombres, recordándoles que han defendido el “corralito” como héroes y que deben seguir luchando con las pocas municiones restantes, y después con la bayoneta.
Finalmente, Silvestre autorizó la evacuación de Igueriben. Benítez, disciplinado, preparó la retirada. En su último mensaje, dejó claro que la tropa no debía cargar con los errores del mando.
9:00. Intento desesperado de enviar un mensaje a Annual: la posición no puede resistir más.
No hay respuesta efectiva: el camino está cortado. Los hombres comienzan a prepararse para romper el cerco.


Mediodía. Benítez abandona el parapeto para atraer el fuego enemigo y facilitar la huida de los heridos. Es alcanzado en la cabeza, se levanta, sigue combatiendo y finalmente cae muerto por un disparo en el corazón.
“Su muerte fue inmediata: avanzó unos metros y cayó bajo un fuego devastador.” (Luis Miguel Francisco, El desastre de Annual)
Federico De la Paz Orduña se sitúa en los puntos de mayor peligro y cuando llega la orden de evacuar, es de los últimos en salir, inutiliza los cierres de los cañones y cae pistola en mano, rodeado, sin un solo soldado ya a su alrededor
La columna es aniquilada casi por completo. Menos de una decena de defensores sobreviven. Un oficial y cuatro soldados caen prisioneros. Once logran llegar a Annual, algunos para morir allí mismo de agotamiento físico.
“De los más de doscientos defensores, apenas una docena logró alcanzar Annual.” (Juan Pando Despierto, Historia secreta de Annual)
Años después, se concedieron tres Laureadas a Benítez, De la Paz y Cebollino.
Ricardo Aller Hernández

FUENTES:
*https://epistemai.es/archivos/4076
* https://www.acami.es/efemerides/21-de-julio-de-1921/
* https://www.rah.es/annual-1921/
* https://es.wikipedia.org/wiki/Igueriben?utm_source=copilot.com *https://elalcazardeceuta.com/2025/07/21/la-atalaya-21-de-julio-de-1921-el-valor-inmortal-de-los-defensores-de-igueriben/?utm_so

