
Martín Ignacio de Mallea Loyola, este es su nombre completo de seglar, fue un franciscano muy viajero y muy de su mundo y cultura. El mundo que le tocó vivir fue el de finales del siglo XVI, en el Imperio Español y bajo la cultura española. Dicha cultura estaba centrada en la lengua castellana y en la religión católica. Además, Maella tenía otra característica que influyó en su vida. Era sobrino-nieto de San Ignacio de Loyola.
Este personaje, totalmente desconocido en nuestros libros de texto, se encontraba en Sanlúcar de Barrameda, listo para poner el pie en una nave que debería ser el inicio de un largo periplo que le llevaría a China, con el objetivo de llevar la fe cristiana a aquel lejano imperio. No iba solo, iba en un lote de 31 franciscanos que tenían el mismo objetivo.
El viaje terminó como el rosario de la aurora. No llegó a China hasta 1583; esto no era nada anormal en aquella época. Se debía cruzar el Atlántico, después atravesar todo el Virreinato de Nueva España, actualmente México, realizar un épico viaje de tres meses para cruzar el océano Pacífico y llegar a Filipinas. Pero ahí no se acababa todo, había que llegar a China. Hasta aquí se podía confiar en la organización y protección de un imperio que dominaba medio mundo. Imperio, el español, que garantizaba medios de transporte y comunicación en un idioma común, que era el español, pero que no dominaba los agentes atmosféricos, con sus secuelas de tormentas, huracanes, tornados y demás imprevistos que te puedes encontrar durante tan largo periplo.
Como consecuencia, pocos de los que iniciaban el viaje llegaban a su destino. Pero ahí no acaba la historia. Una vez llegado a Manila, se debía buscar un medio de transporte para cruzar el mar de China para arribar a un puerto chino. Y en este punto empezaron los problemas. El paraguas del Imperio Español había desaparecido y no hubo protección alguna. Las autoridades chinas no solo detuvieron a la comitiva, sino que además los encarcelaron, y los misioneros llegaron a pensar que los iban a asesinar directamente.

Afortunadamente para Maella, el Imperio que gobernaba Felipe II, incluía también el Reino de Portugal y “la globalización” en aquellos momentos acudió en ayuda de Maella en forma del portugués capitán mayor de Macao, Arias Gonzalo de Miranda, que negoció con las autoridades chinas, para conseguir su salida de prisión.

Maella consiguió llegar a Macao, pero ahora tenía que volver a Europa para reportar lo ocurrido. Tenía dos opciones: volver vía el Galeón de Manila u optar por la vía portuguesa, que era pasar por Goa, en la India, cruzar el Índico y acabar en Lisboa. He esquematizado el periplo, porque el trayecto y lo que intentó hacer Maella fue mucho más complicado, pero el caso es que Maella fue uno de los pocos europeos del siglo XVI que dio la vuelta al mundo. No en una única expedición, como Juan Sebastián Elcano, sino utilizando las instituciones y medios que el Imperio Español de Felipe II ponía a su disposición.
Cuando llegó a Europa, puso en orden todas las notas y apuntes que había conseguido reunir y consiguió una entrevista con el padre general de los franciscanos, que a su vez contactó con el papa Gregorio XIII y que finalmente lo nombró custodio de China. Ello le dio pie para obtener de Felipe II los medios necesarios para intentar por segunda vez el proyecto de conversión de China al catolicismo.

Por segunda vez, el poderoso imperio que permitía al viajero poder desplazarse por mares, océanos y continentes, utilizando tan solo dos lenguas, el portugués y el español, puso a su disposición la maquinaria administrativa.
Esta vez salió de Lisboa, acompañado por veinte misioneros en marzo de 1585, siguiendo la vía portuguesa, o sea, bajando por la costa atlántica de África, doblando el cabo de Buena Esperanza, cruzando el océano Índico hacia la India, descansando en Goa y, desde ahí, rodeando la India para dirigirse a Malaca. Hasta este momento estaba protegido por el Imperio Español y su poderosa administración pública, pero a partir de este momento, cuando deja este puerto en dirección a Cantón, su destino estaba en manos de los chinos y estos no estaban dispuestos a dejar que la doctrina cristiana subvirtiera sus creencias, considerando que las enseñanzas cristianas socavaban la autoridad del emperador chino.
Las autoridades chinas no solo le denegaron el permiso para predicar, sino que directamente los encarcelaron de nuevo. Salieron gracias a que algunos comerciantes portugueses, que no querían ver amenazados sus negocios privados, intercedieron por ellos, sacándolos de la prisión con la condición de que abandonaran el país en el primer barco disponible.
Todavía intentó en 1588 volver a China y nuevamente casi pierde la vida en el intento. Esta vez ya se convenció de su fracaso evangélico y decidió volver a España, pero, probablemente pensando que el recorrido bordeando la India y posteriormente África era menos seguro que las posibilidades que le ofrecía la ruta española, se embarcó en el Galeón de Manila, pero esta vez en sentido inverso al de su primer viaje. Cruzó el Virreinato del Nuevo España, actual México, se embarcó en Veracruz y llegó a España en 1589. Con esto se convirtió en la primera persona en el mundo conocido que había dado la vuelta al mundo en los dos sentidos: la primera partiendo hacia el oeste y la segunda hacia el este.
Insistimos. Martín de Maella era un franciscano, o sea, un religioso. No había hecho semejante proeza en el seno de una expedición oficial cuidadosamente planificada. Era simplemente un súbdito de un imperio que tenía el control de importantes zonas en cuatro continentes. Estamos hablando de fines del siglo XVI. Semejante capacidad de organización no la han vuelto a repetir hasta el siglo XX, en este caso los súbditos de los EE. UU.

Manuel de Francisco Fabre
https://es.wikipedia.org/wiki/Mart%C3%ADn_Mallea
https://historia-hispanica.rah.es/biografias/27575-martin-ignacio-loyola-y-mallea
