
Luis Salvador María José Juan Bautista Domingo Raniero Fernando Carlos Zenobio Antonio Luis Salvador de Habsburgo-Lorena fue un erudito y mecenas miembro de la dinastía imperial de Habsburgo. Era el undécimo hijo de Leopoldo II, Gran Duque de Toscana, y el noveno de su segunda esposa, la princesa María Antonieta de las Dos Sicilias; directamente emparentado, por tanto, con la familia real española. Era nieto por vía paterna del gran duque Fernando III de Toscana y de la princesa Luisa de Borbón-Dos Sicilias, y por vía materna del rey Francisco I de las Dos Sicilias y de la infanta María Isabel de España. El “soberano de Mallorca” era primo del emperador Francisco José de Austria y su esposa, la emperatriz Isabel de Baviera, conocida originalmente como Sisi, pero transformada después en Sissi. Su nacimiento fue anunciado con 101 cañonazos a la población de Florencia. Su vida estuvo estrechamente ligada a España, como pionero del turismo en las islas Baleares, estableciendo residencia en Mallorca.

Luis Salvador fue un geógrafo a caballo entre el observador romántico del paisaje y el analista positivista de los territorios; perteneció a multitud de organizaciones geográficas y fue premiado en varias ocasiones con motivo de congresos y reuniones geográficas internacionales. Su obra más conocida y premiada, el Die Balearen (Die Balearen in Wort und Bild), constituye la primera geografía moderna de las Islas Baleares, una monumental obra que consta de varios tomos, en la que describe la gran magnificencia de un archipiélago todavía virgen, poblado tan solo por sus habitantes y por algún viajero ocasional, incapaz de volver a su tierra sin quedar maravillado por lo que allí encontró. Viajero y descriptor del Mediterráneo, en especial de sus islas, fue un personaje que exploró y divulgó en multitud de publicaciones la geografía del Mediterráneo en general y de las islas Baleares en particular. Su amor por la cultura y las artes hizo de él un auténtico mecenas, y se ofrecía presto a donar ayudas, tanto económica como materialmente, a científicos y artistas que conoció, sin las que muchos estudios e investigaciones no hubieran podido llevarse a cabo.
EL PERSONAJE

El archiduque Luis Salvador nació el 4 de agosto de 1847 en Florencia, en el palacio Pitti, donde pasó su niñez. Este edificio renacentista, vivienda multifamiliar, se empezó a construir en 1440 en la plaza del mismo nombre de la ciudad florentina. En 1849, una revolución política exilió a Leopoldo II, gran duque de Toscana, su padre, y a toda su familia a la fortaleza de Gaeta, junto a Nápoles, pero el Gran Ducado no desapareció hasta dos lustros más tarde, cuando Archi (como se le conocía cariñosamente en palacio), el sabio de la casa abandonó Florencia definitivamente. Experimentó desde muy joven las azarosas consecuencias debidas a las revoluciones democráticas y nacionalistas de la mitad del siglo XIX, ya que su padre tuvo que huir de Toscana, expulsado primero por la revolución de 1848, aunque recuperó el trono al año siguiente gracias a la intervención militar austriaca y, poco después, en 1860, los monarcas de Toscana y de las Dos Sicilias perdieron definitivamente sus tronos en el proceso de unificación nacional impulsado por el Risorgimento a favor de la casa italiana de los Saboya, monarcas de Cerdeña-Piamonte y reyes de Italia desde 1861 a 1945.

Los Austria-Toscana, que conservaban todos los derechos y privilegios de archiduques austriacos, volvieron a tierras del imperio. Luis Salvador estudió en Theresianeum de Viena y en la Universidad de Praga, y aún muy joven fue nombrado gobernador de Bohemia. Pero una serie de trágicos sucesos afectaron a la familia: el triunfo del revolucionario Juárez comportó la sentencia a muerte y fusilamiento del emperador Maximiliano de México, hermano de Francisco José I de Austria. Y, sobre todo, la terrible muerte de Matilde, hija del archiduque Alberto y prometida de Luis Salvador, calcinada ante sus propios ojos al prenderle las llamas por azar en el vestido de gasa que se había puesto para ir al teatro. Luego encendió un cigarrillo que quiso apagar poco después cuando oyó acercarse a su padre, quien le había prohibido fumar estrictamente, lo que conmocionó de por vida al archiduque, que pidió permiso al emperador para salir de vacaciones. A partir de ese momento dedicó su vida a viajar, al estudio y a escribir, en un trabajo intenso y disciplinado.

El archiduque padeció una extraña enfermedad llamada elefantiasis, que le hacía carecer de la agilidad que una persona normal posee. Se movía con dificultad y tenían que ayudarle para levantarse e ir de un lugar a otro. Eso no le impidió ser una persona de gran erudición y cultura. Se dice que hablaba correctamente catorce lenguas, entre las que figuraban el griego y el latín.
El archiduque Luis Salvador fue el precursor del turismo en las Islas Baleares. En el año 1867, con 20 años recién cumplidos, llegó a Ibiza a bordo del vapor correo Rey Don Jaime, procedente de Valencia en ruta hacia Mallorca, tocando así por primera vez los puertos de Baleares. De su estancia en la isla encontramos varias de sus obras pictóricas. Desde entonces, el archipiélago fue su segunda patria, hasta el punto de instalarse en Mallorca como su principal base de operaciones, adquiriendo un número importante de propiedades en la vertiente costera noroccidental de la Serra de Tramuntana. En su primer viaje de Ibiza a Palma conoció a Francesc Manuel de los Herreros Schwager, que se convirtió en su más valioso colaborador, el cual le enviaba a Praga cajones con planos e informaciones diversas para la obra sobre Baleares. Die Balearen sería galardonada con una medalla de oro en la Exposición Universal de París de 1878.
A Mallorca llegó por primera vez en 1867, viajando de incógnito bajo el nombre de conde de Neudorf. Tiempo después, fijó su residencia archiducal en el predio de «La Estaca», nombre de la hoy principal posesión mallorquina, suma de una decena de fincas pertenecientes a los municipios de Valldemossa y Deyá, adquiridas en torno a 1878. Sus tierras se dedicaron al cultivo de verduras y legumbres, árboles frutales y viñas, con las que Su Alteza Real, buen conocedor de los procedimientos necesarios, elaboró vinos premiados en las exposiciones internacionales de Madrid, París, Chicago y Barcelona de 1888, exposición en la que también fue premiado el aceite de Son Moragues, una de las fincas situadas en Deià, en la que el Archiduque creó una exposición que llamó Museo Agrícola Balear Industrial.

Todo el mundo en Mallorca conoce S’Estaca como la casa que el actor norteamericano Michael Douglas tiene en la isla. Los que saben que S’Estaca fue la possessió que el archiduque Luis Salvador de Austria «regaló» a su novia mallorquina, Catalina Homar, no son tantos. Y los que identifican S’Estaca con una aldea de pescadores donde tenían el puerto base los mejores y más valientes pescadores de Mallorca, en palabras, una vez más, del archiduque, son un grupo todavía más reducido.
Fue un prolífico descriptor de sus entornos, con más de cincuenta publicaciones, de su vida y de su amor mallorquín, Catalina Homar, payesa que empezó trabajando para él y que acabó convirtiéndose en la «Madona de S’Estaca». En 1897, cuando Catalina Homar Ribes, una mallorquina nacida en Esporles en 1869, tenía quince años, hija de un carpintero de la finca “s’Estaca”, sita en Valldemossa, con vistas claras al mar, que en la actualidad pertenece a Michael Douglas y Catherine Zeta-Jones, conoció al archiduque, que tendría 22 años más que ella. La joven estaba cantando con delicada voz, y sin instrumento que la acompañara, una copla al aire libre mientras realizaba sus tareas. El viento cómplice le ayudaba a transmitir su tonada. El archiduque oyó su fino y tierno tarareo, sus versos dulces y suaves, apaciguadores, sosegadores. Y no pudo contener su curiosidad por conocer a la dama. Vio en ella ojos dóciles, afables, sumisos. Y pronto el aristócrata depositó su confianza en la fémina. Y ella se sentiría orgullosa de que un gran señor se fijara en su persona. Aquel primer encuentro sirvió para que en poco tiempo Catalina tomara el mando de la finca. Fue la primera y la única, al menos conocida, mayorala de Mallorca, dirigiendo la explotación agraria hasta que falleció en el año 1905.

Una carta de Catalina encontrada entre papeles perdidos en el polvo de la historia, dirigida a su amado archiduque de Austria decía así: “Estimado señor: Las horas me parecen meses y los días más largos que los años, desde que estoy separada de usted. Yo con ansia esperaba su carta y no sin pesar me veo privada de los caracteres de quien tanto y tanto amo en este mundo. Preciso es sentir los rigores de la ausencia para comprender todo el tormento que causan a un corazón que todo lo sacrificaría por una sola mirada suya. Señor: qué grande sería mi alegría el que usted viniese a la hermosa Estaca; yo estaría en buena compañía. No me olvide. Catalina”.
Su admiración e interés por Valldemossa y, especialmente, por la historia y el paisaje de Miramar, el lugar donde Ramon Llull se había instalado en el siglo XIII. Miramar era una antigua alquería musulmana recuperada por iniciativa del beato y filósofo cristiano Ramon Llull entre 1276 y 1295, situada en la vertiente acantilada y costera del municipio mallorquín de Valldemossa; reunía todas las condiciones por las que un romántico se podía emocionar: un paisaje natural agreste y espectacular y, a la vez, cargado de historia. Son Marroig es una posesión del término municipal de Deyá, adquirida por el archiduque, en cuyos dominios está la imponente península de Sa Foradada. El famoso mirador de Son Marroig es un templete de mármol de Carrara construido por el Archiduque, imitando lo que hay encima de la isleta del jardín Pallavicini, en Pegli. Se levanta sobre una base circular de cuatro escalones y consta de ocho columnas jónicas. Julio Verne habla de Son Marroig en su novela El rayo verde.
En las 1.685 hectáreas del Miramar archiducal se buscó la exaltación y el goce del paisaje y la naturaleza con la construcción de 44 miradores, 32 caminos y 15 merenderos, al tiempo que se humanizaba y sacralizaba con 3 casas, 2 jardines y tres capillas, además de varias estatuas dedicadas a sus seres más queridos. Todas estas construcciones estaban pensadas en clave luliana, cargadas de simbolismo luliano.

El Monasterio de Miramar, ubicado en la “possessió” del mismo nombre, es un remanso de paz que fue fundado en 1276 por Jaume II, a petición de Ramon Llull, para acoger un colegio de misioneros dedicado a la enseñanza del árabe y otras lenguas orientales, con el objetivo de preparar a frailes para convertir infieles al cristianismo. Fue la primera finca adquirida por Luis Salvador, centro y eje principal de todas sus posesiones, en la que recibía a todas sus visitas y por la que pasaron gentes de toda clase y condición, desde altos cargos de la burguesía hasta simples campesinos, pasando por figuras importantes como, entre muchos otros, el geólogo E. A. Martel, que da nombre al lago de las cuevas del Drach; el gran poeta nicaragüense Rubén Darío; el tenor Viñas y el bajo Uetam; el sacerdote-poeta catalán Jacinto Verdaguer; la infanta de España Isabel Francisca de Asís de Borbón, «la Chata», o el gran duque Vladímir Aleksándrovich de Rusia, hermano del zar. De ella, el propio archiduque dijo: “Sin duda, ningún otro lugar de la tierra puede llevar con más propiedad el nombre de Miramar”. Llegó a ser propietario de casi toda la costa entre Valldemossa y Deià, y en aquella época la finca también incluía un área donde el Archiduque construyó en 1878 una singular casa de estilo siciliano y potenció el cultivo de la viña.

En cuanto a las personalidades que visitaron Mallorca invitadas por el archiduque, la lista es interminable. Después de los primeros difusores de Mallorca en los ambientes intelectuales españoles, como Jovellanos, George Sand y Chopin, el archiduque amplificó con fuerza la publicidad a favor de las bondades del paisaje y las gentes de las Islas Baleares. En su empeño en facilitar la visita a viajeros e invitados de dentro y fuera de la isla, en 1874 el archiduque habilitó una antigua casa cercana a Miramar como hospedería, Ca Madò Pilla, en la que se daba hospedaje gratuito durante tres días. Muchos fueron los visitantes de Mallorca en general y del Miramar archiducal: Santiago Rusiñol, Azorín, Unamuno, Stuart Boyd, Borges, Robert Graves… La popularidad y personalidad del archiduque hizo que escritores del primer tercio del siglo XX como Gaubert, Jacinto Verdaguer o Llorenç Villalonga incorporaran a Luis Salvador en algunos pasajes de sus novelas, lo que aumentó la popularidad y difusión del personaje e, indirectamente, la de Mallorca.

Realizó frecuentes viajes por el Mediterráneo, que recorría con su yate Nixe, acompañado de personajes muy diversos, entre ellos algunos mallorquines, como su secretario, Antoni Vives, y el preceptor de los hijos de este último, el escritor y lulista Mateu Obrador. El Nixe era la residencia preferida y tenía para él un fuerte significado: el mismo archiduque había escrito que «nunca he podido ver pasar un vapor por el horizonte sin sentir un deseo indescriptible de ir más lejos». Con este mismo nombre tuvo dos yates: el primero, adquirido en 1872 en Fiume, peligró en aguas de Argelia en 1893; poco después adquirió el segundo, muy parecido al primero, un barco de tres palos, casi cincuenta metros de eslora y un tonelaje bruto de 297 toneladas que, al retirarse el archiduque en Praga al empezar la Gran Guerra, quedó en Mallorca, amarrado en Portopí, donde se deterioró y, después de que él muriera, finalmente fue convertido en chatarra.
El Archiduque había estudiado derecho y filosofía y desde muy pronto se había interesado por las ciencias naturales, conocía las lenguas clásicas y el árabe y era un consumado políglota, ya que llegó a hablar y escribir a la perfección catorce idiomas, entre los que se encontraban el alemán y el italiano, otras lenguas del imperio de los Habsburgo, como el húngaro y el checo, el francés, que era entonces la lengua científica internacional, el castellano y el catalán en las Islas Baleares, idioma este último en el que escribió algunas de sus obras mallorquinas y su correspondencia dirigida a Miquel Costa i Llobera y Jacint Verdaguer.

En 1889, el Archiduque fue nombrado miembro honorario de la Academia Imperial de Ciencias de Viena y la Sociedad Geográfica de esta ciudad le concedió en 1898 la Medalla Hauer (de la Österreichische Geographische Gesellschaft), premio a su labor en el terreno de las exploraciones geográficas; fue investido presidente honorario de la Sociedad Húngara de Geografía y además era socio perpetuo de la Sociedad de Espeleología de París, socio honorario de la Sociedad Geográfica Peruana de Lima, miembro honorario de la Academia de Ciencias, Letras y Artes de Bohemia, socio protector del Club Alpino Siciliano, miembro honorario del Touring Club de Bélgica y académico honorario de la Real Academia de la Historia de Madrid.
Luis Salvador de Habsburgo-Lorena murió el 12 de octubre de 1915 en el castillo de Brandais, habiendo designado en testamento heredero universal de todos sus bienes a Antonio Vives y Colom, su secretario personal, colaborador y hombre de confianza, que conoció en Mallorca, y que le acompañó desde 1872 hasta su muerte. Sus restos recibieron sepultura en la Cripta Imperial de Viena o Cripta de los Capuchinos. A pesar de no tener hijos, dejó un inmenso legado cultural y científico, siendo nombrado hijo ilustre de Mallorca. No tuvo hijos legítimos ni descendencia reconocida. Aunque mantuvo relaciones amorosas, notablemente con Catalina Homar en Mallorca, nunca contrajo matrimonio ni tuvo descendencia que heredara sus títulos o vastas propiedades.

Palma de Mallorca bautizó con el nombre de Arxiduc Lluís Salvador a una calle del ensanche de la ciudad a principios del siglo XX, y en 1953 se levantó un gran obelisco con un bajorrelieve de temática mitológica a la memoria de su imagen renacentista. Había sido nombrado en 1883 académico honorario de la Academia Provincial de Bellas Artes de Palma de Mallorca, y en 1887, la Diputación Provincial de Baleares le nombró hijo adoptivo de esta provincia. En 1909, la Sociedad para el Fomento del Turismo de Mallorca le nombró presidente honorario. En 1910, el Ayuntamiento de Palma de Mallorca le proclamó hijo ilustre de Mallorca. Y, por último, la ciudad de Sóller le proclamó en 1913 hijo adoptivo por ceder unos terrenos para uso ferroviario.
La obra del archiduque se incluye en el marco de los viajes de exploración de tierras ignotas o exóticas, no afectadas por la industrialización, viajes a veces impulsados desde las sociedades geográficas y etnológicas que, incluso, llegaron a publicar guías para la recopilación de datos. El Mediterráneo, particularmente las islas mediterráneas, es también objeto de curiosidad por parte de la comunidad científica europea, a cuyos ojos el archiduque descubrió Baleares y, en especial, Mallorca.
El mito del archiduque como personaje popular, excéntrico, de indumentaria informal, decidido protector del medio ambiente, mecenas cultural e intelectual, famoso también por las anécdotas que se cuentan y sus historias amorosas (Catalina Homar, Aina Ripoll, Antonietta Lanzerotto, Eugenia Gzermak); del afecto por Vives y sus hijos es prueba que fueron sus herederos testamentarios. Llorenç Villalonga convirtió al archiduque Luis Salvador en figura literaria, como personaje de la novela Bearn o la sala de las muñecas. Hace unos años se constituyó en Baleares la Asociación de Amigos del Archiduque, que colaboró en la rotulación de los caminos seguidos por este en sus recorridos por Ibiza, reseguidos y popularizados por Joan Marí Cardona. La ciudad de Ibiza le tiene dedicada una calle en el Puig des Molins y ses Figueretes, de cara al mar por él tan querido.

Jaime Mascaró Munar
