
En la larga historia de España hay miles de episodios de lo más curiosos y este es uno de ellos. Veamos que hacían unos españoles en el exitoso sitio de Budapest, cuando se consiguió que Hungría volviera a manos cristianas, arrebatándose la al imperio Otomano.
En 1541, el sultán Solimán el Magnifico, se cansó de las veleidades del reino de Hungría, envió un ejército de castigo que tomó al asalto la ciudad de Buda, actual Budapest, y fragmentó el reino en tres pedazos. La parte central, totalmente dependiente de la administración otomana, la parte oriental bajo su control, pero con administración independiente y la occidental, independiente, con el apoyo de los Habsburgo. Durante más de medio siglo, los húngaros, intentaron sacudirse la dependencia de musulmanes y de los Habsburgo, con ningún éxito.

En 1683, el sultán Mehmed IV, decidió acabar definitivamente con el problema y atacó el corazón del Sacro Imperio Romano Germánico, la ciudad de Viena. Puso al frente de un ejército de 100.000 hombres a Merzifonlu Kara Mustafa Bajá, que el 12 de septiembre del mismo año, sufrió una tremenda derrota ante un ejército confederado, polaco y austriaco, mandado por el rey polaco Juan III Sobieski. Aquí las tornas se cambiaron y los atacantes se convirtieron en un ejército a la defensiva, con su jefe supremo estrangulado por orden del sultán.
La ocasión fue aprovechada por la cristiandad. Se dio gran publicidad a la victoria y se impulsó una acción ofensiva para restaurar el antiguo reino húngaro. El papa Inocencio XI consiguió unir los intereses de los principales países católicos de Centroeuropa y el 5 de marzo de 1684, se firmó un acuerdo entre el Sacro Imperio Germánico, la República de Venecia, Polonia (o para ser más exactos, la Mancomunidad Polaco-Lituana) y el Zarato Ruso. Rápidamente se formó un ejército que cosechó en principio muchos éxitos pero que fracasó estrepitosamente al intentar tomar la ciudad de Buda.
Los católicos no desistieron en el empeño y en 1686 volvieron al ataque. En junio del mismo año el asedio recomenzó ante una ciudad fuertemente protegida militarmente. A pesar de la férrea defensa de los otomanos, el 2 de septiembre de 1686, la última resistencia finalizó y la ciudad quedó en manos cristianas definitivamente.
En la Liga no había participado España. El Reino Español, estaba agotado financieramente y Carlos II, más lúcido de lo que la historia ha reconocido, decidió no enviar contingentes militares ni aportar unos caudales que no podían salir de unas arcas reales agotadas.


Sin embargo, en 1934, doscientos años más tarde, se instaló una placa conmemorativa, agradeciendo la ayuda de trescientos voluntarios españoles al mando del duque Manuel Diego López de Zúñiga. La placa fue auspiciada por Alejandro Lerroux García (Partido Republicano Radical), a la sazón presidente del Consejo de Ministros del gobierno de la II República Española. Lerroux había iniciado su periplo político con un discurso de retórica demagógica, obrerista, anticlerical y de izquierdas, muy en línea con lo que ocurre ahora, pero su posición fue cambiando con el tiempo y en 1934 lo encontramos financiando el monumento que todavía podemos ver en la antigua muralla de Budapest. La ceremonia de descubrimiento de placa se realizó ante las máximas autoridades españolas y húngaras, con la participación de tropas locales que rindieron honores ante el monumento.
¿Porque un oscuro grupo de 300 españoles dejó tamaño recuerdo en la capital de Hungría?
La respuesta está en que no eran simples soldados. Eran un grupo de veteranos de los Tercios, comandados por un aristócrata, el duque de Béjar, Manuel Diego López de Zuñiga. Su experiencia militar, disciplina y coraje, fue ejemplo para todo el ejército aliado y la gesta cumbre ocurrió el 13 de julio. El Alto Mando del ejército aliado, había decidido realizar un ataque en una brecha que se había abierto en las murallas. La brecha había sido reparada provisionalmente por los turcos y era urgente evitar que las obras se consolidasen.
Decidido el ataque, Zuñiga solicitó que el batallón de españoles estuviera en primera línea. Ya seis días antes, sus tropas se habían distinguido en la reconquista de una posición artillera, clave para el debilitamiento de las defensas turcas. Entonces, sin esperar ordenes, se lanzó al frente de su batallón y expulsó al contrincante, haciendo que las operaciones de bombardeo se pudieran reanudar. Esta gesta no pasó desapercibida y se aprobó que Zuñiga estuviera en primera línea.

Durante la acción, el duque de Bejar recibió un disparo en el pecho, fue retirado del campo de batalla y murió tres días más tarde, pero su ejemplo se utilizó para dar aliento a las tropas aliadas y desalentar a las enemigas. De hecho, tuvo amplio eco en los proto medias de la época. Apenas mes y medio más tarde, Buda se rendía.
Las consecuencias fueron graves para los turcos que en poco tiempo perdieron atrás fortificaciones en el antigua Reino de Hungría y finalmente abandonaron la Europa Central. Fue el inicio del declive del Imperio Otomano en Europa.
Los Tercios Españoles, desde la derrota en Rocroi en 1643, ya no eran tan temidos como en el pasado siglo, pero esta gesta de disciplina y valor fue recordada durante siglos en la ciudad de Budapest, donde todavía hoy en el callejero de esta ciudad hay nombres como avenida Spanyolréti út (Camino de la pradera española) que recuerdan la gesta. Curiosamente, los republicanos españoles de 1934 también recordaron este acontecimiento.
Manuel de Francisco Fabre

https://es.wikipedia.org/wiki/Sitio_de_Buda_(1686)
https://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_L%C3%B3pez_de_Z%C3%BA%C3%B1iga_y_Sarmiento_de_Silva

