Ceuta, hacia 1240

El viento del Estrecho sopla sobre las murallas de la ciudad mientras Ibn Sab’īn dedica sus días al estudio, la meditación y la enseñanza en busca de respuestas. Convertido en una figura conocida entre sabios, juristas y gobernantes, ha sido elegido por el gobernador para responder a las cuestiones planteadas por el emperador Federico II Hohenstaufen: el origen del universo, la naturaleza del ser, las categorías del conocimiento, el destino del alma.

El murciano lleva semanas sumergido en la reflexión. Ha revisado las enseñanzas de Aristóteles, las interpretaciones de los grandes filósofos islámicos y las doctrinas del sufismo que han marcado su formación, pero su intención es ir más allá de lo conocido: no se limita a repetir las opiniones de los maestros anteriores, sino que busca respuestas propias, fruto de una profunda combinación entre razón y experiencia espiritual.
Las cuestiones planteadas por el emperador abordan algunos de los mayores problemas de la filosofía medieval, desde la eternidad del mundo a la inmortalidad del alma, y las respuestas se basan en la convicción de que el conocimiento no puede quedar reducido a la simple acumulación de saberes, sino que debe tener un objetivo más elevado, pues la verdadera sabiduría exige una transformación interior.
<<La perfección del hombre consiste en alcanzar el conocimiento de la verdad tal como es.>>
EL PERSONAJE
<<La tradición musulmana lo describía como magnánimo, virtuoso, verdadero asceta, caritativo y liberal.>> (Región de Murcia Digital).
Muhyi al-Din Abu Muhammad Abd al-Haqq Ibn Sab’in al-Mursí al-Riqutí nació en Ricote (Murcia) alrededor del año 1217 (614 de la Héjira). Procedía de una familia de posición acomodada y prestigio social, lo que le permitió acceder a una sólida formación intelectual desde muy joven.

En aquellos años, el Valle de Ricote constituía uno de los enclaves más florecientes de la Murcia andalusí. Allí convivían eruditos, juristas y estudiosos que favorecieron el desarrollo de un ambiente propicio para el aprendizaje. Fue en este contexto donde Ibn Sab’īn comenzó sus estudios de humanidades, ciencias religiosas y filosofía.
<<Estudió la ciencia de la metodología llamado en árabe por «‛Ilm al-Uṣūl», ejercida por la escuela aš‛arí.>> (Abdellah El Moussaoui Taїb, Tesis doctoral “El sufismo esotérico de Ibn Sab’īn”)
Estudió el Corán, teología, jurisprudencia islámica y filosofía, pero fue el sufismo, la corriente mística del islam, la disciplina que marcaría profundamente su pensamiento. Bajo la influencia de maestros especializados en filosofía neoplatónica y espiritualidad islámica, desarrolló una visión del mundo basada en la unión entre razón y experiencia mística.
<<La verdadera sabiduría consiste en conocer la unidad de todas las cosas en Dios.>> (Ibn Sab’īn)
Todavía joven, fundó en Ricote una cofradía integrada por seguidores de la tradición filosófica sufí murciana. Entre sus miembros figuraba Hasan Ibn Hud, hijo del célebre gobernante Ibn Hud, quien había renunciado a la vida política para dedicarse a la espiritualidad.
<<Además. según el biógrafo Ibn al-‛Imād al-Ḥanbalī, Ibn Sab‛īn pasaba por conocedor de medicina, química y de la magia blanca «Simyā’» y conocía a la perfección la ciencia de los secretos de las letras alfabéticas «‛Ilm Asrār al-Ḥurūf. >> (Abdellah El Moussaoui Taїb, Tesis doctoral “El sufismo esotérico de Ibn Sab’īn”)

Su reputación como maestro creció rápidamente y sus discípulos difundieron posteriormente sus enseñanzas y dieron origen a la corriente conocida como los sabiníes, que alcanzó una importante proyección en Oriente durante la Edad Media.
<<Es una secta que debió de tener muchos afiliados, entre ellos hombres maduros que profesaban la pobreza voluntaria -las fuentes les dan preferentemente el nombre de fuqarāי-, andaban viajando cubiertos de un tosco sayal y un manto de lana, y pasaban la vida entre caminos y plazas.>> (Esteban Lator)
Su prestigio como maestro creció rápidamente y llegó a fundar una comunidad de seguidores interesada en el estudio de la filosofía y la espiritualidad. Esta influencia inicial sería el origen de la posterior escuela conocida como los sabiníes, que alcanzó notoriedad en distintos territorios del mundo islámico, aunque la complejidad de sus ideas y las controversias provocadas por algunas de sus interpretaciones religiosas lo llevaron a enfrentarse con determinados sectores políticos y religiosos. Como consecuencia, Ibn Sab’īn tuvo que abandonar Al-Ándalus cuando todavía era relativamente joven.
<<Delante de esta propagación apasionada del sab’īnismo, los defensores del derecho islámico se vieron forzados de criticar al místico, en primer lugar calumniando todos sus dichos y segundo, acusándole de herejía a las autoridades. En esta atmósfera de incertidumbre y de inseguridad, nuestro místico se lanzó a una serie de desplazamientos ininterrumpidos.>> (Abdellah El Moussaoui Taїb)
Su vida se convirtió a partir de entonces en un largo viaje intelectual que lo llevó por diversas ciudades del norte de África y Oriente: Cádiz, Ceuta, Túnez, Bugía, El Cairo y finalmente en La Meca, instruyendo en cada lugar.
<<Las fuentes indican que residió en Ceuta en un cenobio y que contrajo matrimonio con una viuda acomodada, con la que tuvo un hijo>> (Región de Murcia Digital)
LAS CUESTIONES SICILIANAS

<<La perfección del hombre consiste en alcanzar el conocimiento de la verdad tal como es.>>
El acontecimiento que le proporcionó mayor reconocimiento internacional fue su participación en una célebre correspondencia filosófica relacionada con el emperador del Sacro Imperio Germánico Federico II Hohenstaufen, quien había formulado una serie de preguntas filosóficas al mundo islámico:
1. ¿Es eterno el mundo o tuvo un comienzo?
2. ¿Cuál es el verdadero objeto de la metafísica?
3. ¿Cuáles son las categorías fundamentales del pensamiento y de la realidad?
4. ¿Cómo puede demostrarse la inmortalidad del alma?
El gobernador de Ceuta consideró que Ibn Sab’īn era la persona más adecuada para responder aquellas cuestiones, recopilándose sus respuestas en Las Cuestiones Sicilianas (Al-Masā’il al-Siqilliyya). En ella, Ibn Sab’īn abora cuestiones relacionadas con Aristóteles, la metafísica, la lógica y el conocimiento humano, mostrando una extraordinaria capacidad para sintetizar y analizar conceptos filosóficos complejos:
1. ¿Es eterno el mundo o fue creado? Ibn Sab’īn sostiene que la cuestión no puede resolverse únicamente mediante argumentos físicos o lógicos, sino que debe contemplarse desde una comprensión más profunda de la relación entre Dios y la realidad. Para él, toda existencia depende de la realidad divina y solo adquiere sentido en referencia a ella.
2. ¿Cuál es el objeto de la metafísica? Mientras Aristóteles y sus comentaristas discutían si la metafísica estudia el ser, las causas primeras o Dios, Ibn Sab’īn adujo que todas estas cuestiones convergen en una única realidad suprema.
<<La perfección del conocimiento consiste en reconocer la Unidad absoluta.>>
3. ¿Cuáles son las categorías fundamentales de la realidad? Federico II pregunta por las categorías aristotélicas (sustancia, cantidad, cualidad, relación, etc.). Según Ibn Sab’īn, aquellas categorías describían el mundo sensible, pero resultaban insuficientes si se pretendía alcanzar el conocimiento más elevado.
4. ¿Cómo demostrar la inmortalidad del alma? Ibn Sab’īn abordó la cuestión desde una perspectiva filosófica y espiritual, considerando que el alma humana posee una dimensión superior que no puede reducirse al cuerpo material.
<<El Ser Absoluto es uno de los principios básicos de la Realidad Divina, Uno y Único, que se manifiesta Creador y Autosuficiente.>> (Universidad Complutense de Madrid)

Para Ibn Sab’īn, el ser humano posee una dimensión espiritual superior que trasciende la existencia corporal. Así, el alma constituye el principio más noble de la persona y es el medio por el que el individuo puede acceder al conocimiento verdadero, un conocimiento que no se obtiene solamente mediante el razonamiento filosófico, sino también a través de la experiencia mística y la purificación interior propias del sufismo.
Otro de los principios que se desprenden de Las cuestiones sicilianas es que la verdad debe buscarse más allá de la mera repetición de las autoridades del pasado. Esta idea explica por qué el pensador murciano defendía una actitud crítica y reflexiva ante las doctrinas establecidas.

Por otro lado, entre los aspectos más conocidos de la obra de Ibn Sab’īn destaca su crítica al filósofo cordobés Averroes, al que reconocía su importancia intelectual, si bien consideraba que mostraba una excesiva dependencia de Aristóteles.
<<Está fascinado por Aristóteles y lo engrandece hasta casi imitarlo en los sentidos y en los primeros inteligibles. Si oyese al Sabio decir que uno está de pie a la vez que sentado, lo diría él también y tendría fe en ello.>>
Esta cita revela su independencia intelectual y su convicción de que la filosofía no debía convertirse en una mera repetición de las doctrinas heredadas.
PENSAMIENTO FILOSÓFICO
La filosofía de Ibn Sab’īn combina elementos de la tradición islámica, el neoplatonismo y la experiencia mística sufí. Para él, el conocimiento auténtico no podía alcanzarse únicamente mediante el razonamiento intelectual; era necesaria también una experiencia espiritual profunda que acercara al ser humano a la verdad divina.
Aunque procuró mostrar en sus obras una imagen de ortodoxia religiosa y profundo celo espiritual, pronto comenzaron a difundirse rumores sobre la notable influencia filosófica presente en sus escritos, en un contexto intelectual en el que la filosofía era vista con frecuencia como una actividad asociada a la herejía. La situación se fue enturbiando hasta el punto de que Ibn Jalāṣ, representante del gobierno almohade en Ceuta y vinculado a diversos alfaquíes, llegó a la convicción de que el murciano era más un filósofo que un defensor de la fe, lo que le llevó a su expulsión de la ciudad.
Tras abandonar Ceuta, Ibn Sab‛īn probablemente recorrió la cordillera del Rif, atravesando las montañas que se extienden por el norte de Marruecos. Algunos biógrafos sitúan posteriormente su estancia en Bādis, donde, acompañado por un grupo de sufíes andalusíes, se dedicó a la enseñanza y a la impartición de lecciones sobre mística en una de las mezquitas de la localidad.
Su siguiente destino fue Vela. Allí, el número de sus seguidores continuó aumentando, aunque allí se encontró la oposición de diversos alfaquíes, lo que le llevó primero a Túnez y posteriormente a Gabes.
La creciente hostilidad de los sectores más conservadores llevó a Ibn Sab’īn a presentar sus doctrinas bajo la apariencia de una formación ascética, transmitiéndolas preferentemente mediante conversaciones privadas, lo que no tampoco convenció a sus enemigos, que seguían empeñados en buscar afirmaciones ambiguas o doctrinas consideradas heterodoxas, dando lugar a una vigilancia constante sobre su actividad intelectual.

LA MECA
La llegada a Egipto estuvo marcada por una acogida poco favorable. Antes incluso de su entrada en el país, ya circulaban rumores y noticias sobre sus enseñanzas, lo que contribuyó a generar un clima de desconfianza hacia su figura.
Tras décadas de viajes y enseñanza, terminó instalándose en La Meca, donde continuó difundiendo sus ideas y reuniendo discípulos, muchos de ellos procedentes de al-Andalus y del norte de África. Por otro lado, sus conocimientos médicos le permitieron granjearse la amistad del gobernador Abū Numay, quien tras una grave fractura craneal durante una campaña militar fue curado con un procedimiento artesanal basado en una pieza elaborada con corteza de calabaza seca.
Participó en debates y controversias con diversos eruditos que visitaban los lugares santos. Un caso significativo fue el de al-Qasṭalānī, adversario declarado de sus doctrinas, cuya expulsión de La Meca fue atribuida por algunas fuentes a la influencia que Ibn Sab‛īn ejercía sobre Abū Numay.

<<Según varios testimonios, la influencia social de los magrebíes en La Meca aumentó durante esos años, y muchos habitantes de la ciudad mostraron admiración hacia Ibn Sab‛īn por su ascendencia hachemí, su prestigio intelectual y su reconocida generosidad, manifestada mediante abundantes limosnas y obras de caridad.>> (Abdellah El Moussaoui Taїb)
Por el contrario, sus detractores continuaron viéndolo como una amenaza para la ortodoxia religiosa, llegando a ser acusado incluso de ejercer actividades relacionadas con la magia o la brujería. Estas críticas contribuyeron a mantener viva la polémica en torno a su figura y a difundir una imagen negativa de sus enseñanzas.
Convencido de que difícilmente hallaría tranquilidad en los territorios islámicos donde era conocido, comenzó a contemplar la posibilidad de trasladarse a la India, un lugar que consideraba más propicio para desarrollar su vida espiritual lejos de persecuciones y controversias. Sin embargo, la muerte le sorprendió antes de que pudiera emprender dicho viaje en el año 1270, dejando tras de sí una extensa herencia intelectual.
<<Nuestro señor –Ibn Sab‛īn– que Dios tenga en su Santa Gloria, investigó todas las ciencias: coránicas, filosóficas y literarias, y abarcó todas sus obras reveladas y las que no los son, desde el principio de las ciencias hasta nuestros días>> (Šarḥ Risālat al‛Ahd, en Maŷmū‛ Rasāיil (Manuscrito de la Biblioteca Taymūriya de El Cairo), edición de A. Badawī, al-Qāhira)
Ricardo Aller Hernández

FUENTES:
*https://www.regmurcia.com/servlet/s.Sl?sit=c,373,m,1207&r=ReP-5486-DETALLE_REPORTAJESPADRE
*https://docta.ucm.es/entities/publication/e7f630e0-8ffe-420d-b229-4146b1fc8809
*Cruz Hernández, Miguel (1981). Historia del pensamiento en el mundo islámico, vol. 2. Alianza Editorial. p. 253. ISBN 842068029X.
*Arvide Cambra, Luisa (2009). Las Cuestiones Sicilianas. Grupo Editorial Universitario (GEU)
* IBN SAB’ĪN. Las cuestiones sicilianas. Introducción, traducción y notas de Luisa María Arvide Cambra. Granada: Grupo Editorial Universitario, 2009
