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IX. C. Isabel la Católica como madre

  • admin
  • 30/07/2026
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Los Reyes Católicos, aun en medio de tantas y tan graves situaciones relacionadas con la gobernación de sus reinos, no solo no desatendieron, sino que directa y personalmente se preocuparon de la educación de sus hijos, tanto intelectual, humana y espiritualmente, buscando también para ellos, con tacto y habilidad diplomática, los mejores casamientos con los príncipes y princesas europeos que más conviniesen, tanto al bien particular de los propios interesados como al general de sus reinos.

Príncipe Juan

La reina se ocupó personalmente de su educación y ¡con qué fe y fortaleza aceptó el destino de cada uno de ellos! Dijo: “El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó” al enterarse de la muerte de su hijo Juan, “su ángel” como ella lo llamaba.

Madre y reina fue también de sus vasallos castellanos e incluso, de los del reino de Aragón.  Fue gran aliada de los catalanes que se apoyaron en ella para que intercediera ante su marido, según afirma el escritor británico GilesTremblett en su libro “Isabel La católica. La primera gran reina de Europa”. Madre también de sus otros hijos, tan queridos y protegidos, los indios.

“Fémina” por excelencia y por ello fuerte, se impuso a un mundo masculino lleno de intrigas y a los muchos obstáculos que impedían incluir a la mujer en el mundo de la cultura. Isabel supo rodearse de personajes de gran relevancia intelectual, así que la educación de sus hijos Isabel, Juan, Juana, María y Catalina fue meticulosamente planeada bajo un modelo humanista, siendo los personajes más importantes que intervinieron en su educación:

Fray Diego de Deza, preceptor que tuvo un papel relevante en la formación del príncipe Juan.

Juan de Alcaraz que fue nombrado preceptor también del príncipe Juan por el rey Fernando.

Beatriz Galindo

Beatriz Galindo, una de las humanistas más cultas de la corte que se encargó de la educación de las infantas destacando por su formación en lenguas clásicas.

Pedro Mártir de Anglería fue encargado de la educación de los hijos de los nobles, así como de los hijos de los Reyes Católicos en la escuela Palatina introduciendo el estudio de los clásicos.

Antonio de Nebrija, Fray Tomás de Talavera, doña María de Velasco… entre otros muchos humanistas, que fueron marcando, junto a la reina Isabel pautas de transformación cultural.

Fomentó de una forma inusual para la época la educación de sus hijas tanto en el aspecto intelectual a través del arte la música, la pintura, la literatura, Idiomas, religión, como en las obligaciones propias de su condición de princesas, protocolo, comportamiento…

La corte de Isabel fue muy itinerante. Pasó su vida a caballo, pacificando reinos y haciendo de España una realidad nacional, pero a pesar de ello en la mayoría de los casos le acompañaban sus hijos allá donde fuese, De hecho no tuvo a sus 5 hijos en el mismo lugar, podemos ver que la infanta doña Isabel, su primogénita, nació en Dueñas (Palencia), el príncipe heredero don Juan, 8 años más tarde, en el Alcázar de Sevilla, la infanta doña Juana nació en Toledo, la infanta doña María en Córdoba y la infanta doña Catalina en Alcalá de Henares.

Fue una madre cercana, volcada y dedicada a sus hijos, aunque también sufrió profundas amarguras familiares por las muertes prematuras y la inestabilidad mental de su hija la princesa doña Juana, deteriorándose de esta forma, poco a poco su salud.

A pesar de la frialdad política para poder transformar sus territorios y la nobleza, se le describe como una madre apasionada, una madre presente que dio muchísima importancia a la formación cultural, religiosa e intelectual de todos sus hijos, siendo muy importante para ella que sus hijas se formaran más allá de” las labores propias de su sexo”. Conocida es la inclinación isabelina hacia el saber, su curiosidad intelectual y su gusto por los libros. Por otra parte, su afición a la música y el baile explican el elevado número de músicos que la acompañan de manera estable en la corte, así como el grupo de danza integrado por portugueses que están con ella. Demostraba una amplitud de miras poco común para la época y mucho menos para una mujer.

La música de esta época tiene influencias europeas, musulmanas y judías, músicos contemporáneos neendarleses, franceses y franco-flamencos.

Isabel siente fascinación por lo folklórico y la búsqueda de lo popular, participando activamente en representaciones y danzas, trasmitiendo el gusto y conocimiento a sus hijos de estos aspectos artísticos, a los cortesanos y al mismo pueblo.

María Isabel del Val

 La historiadora María Isabel del Val nos cuenta que la propia reina introduce los nuevos gustos musicales renacentistas teniendo un valor enorme, ya que es como si una reina cambiara la costumbre de la música barroca por la de los Beatles en una corte de los años 60 del siglo XX, totalmente inusual para el siglo XV.

La reina disfrutó recopilando lo mejor de autores clásicos y contemporáneos, creando una biblioteca que a buen seguro usarían sus hijos. La biblioteca era una impresionante colección de libros considerada más un tesoro, que una biblioteca organizada, dividida entre residencias como San Juan de los Reyes y el Alcázar de Segovia. Reflejaba su piedad y cultura, destacando los breviarios, libros de rezos, las cantigas de Santa María, y las tablas alfonsíes, junto con obras de ajedrez, historia y literatura, reflejando un coleccionismo entre lo medieval y lo renacentista. Muchos eran manuscritos suntuosos, ejemplares únicos. El breviario de Isabel la Católica está conservado en la Biblioteca Nacional de España, una muestra destacada de la calidad intelectual, espiritual y humana de sus escritos.

Isabel actuó tanto con el amor de una madre como con la determinación de una reina que velaba por el futuro de sus hijos y de su reino, equilibrando la crianza con la política de Estado (historiadora María I. del Val)

Isabel escribe cartas a sus hijas que están en países extranjeros con relativa frecuencia.  Pide a doña Elvira Manuel que acompañe a su hija Catalina de Aragón a su viaje a Inglaterra. En el siguiente texto podemos ver su petición.

Doña Elvira Manuel

“Doña Elvira Manuel, porque doña Francisca de Silva no tiene dispusición para poder ir con la Infante doña Catalina, mi fija, quando a Dios pluguiere que vaya a su casa ni para estar agora con ella tan continuo como sería menester y confiando de vuestra virtud y habilidad yo holgaría que vos viniéssedes para tener este cargo. Yo vos ruego que lo hayáis por bien y os dispongáis venir luego para ello, que en ello me haréis mucho plazer y servicio y porque las damas no quedarían bien sin vos y algunas dellas han de ir con las infantas mis fijas, trahedlas todas con vos.”

Hay una importante documentación que ofrece datos nuevos y esclarece muchos puntos sobre la correspondencia de la reina Isabel con sus hijas que aún no ha sido reunida ni editada.

Don Manuel I el afortunado

A pesar de la increíble cultura y preparación que recibieron, el destino de cada uno de ellos fue entre trágico y doloroso, ninguno feliz. Así podemos ver cómo fue el destino de cada uno.

A la infanta doña Isabel, su primogénita la casaron con el príncipe portugués Alfonso, hijo del Rey Juan II de Portugal. Isabel la princesa enviudó a los pocos meses, en 1491. Recobrado el ánimo a la vera de su madre, ella aceptó volver a Portugal y casarse con el primo de su anterior marido, don Manuel I el afortunado. Se casaron en septiembre de 1497 pero Isabel murió en el verano de 1498 de sobreparto, dejando en el mundo al recién nacido Infante Miguel que, a su vez, murió antes de cumplir dos años, su cuerpecillo reposa en la Capilla Real de Granada. La tragedia estaba servida.

Archiduquesa Margarita de Austria

La boda de su segundo hijo, el príncipe don Juan, fue un acontecimiento histórico clave, celebrado el 3 de abril de 1497 en la Catedral de Burgos con la archiduquesa Margarita de Austria, siendo un acto de gran suntuosidad que buscaba unir los reinos de España con la casa de Austria. Estuvo marcada por la tragedia tras la temprana muerte del Infante meses después de la boda.

Su tercera hija, la Infanta doña Juana, se casó el 20 de octubre de 1496 en Lier, Flandes, con Felipe” el hermoso”, archiduque de Austria, que era una alianza estratégica para unir a los Habsburgo y los Trastámara. Matrimonio muy desdichado por las infidelidades del príncipe y el trastorno mental que llevó a Juana a esta situación. En 1506 Felipe muere a la edad de 28 años y Juana enloquecida y trastornada de amor termina sus días en un convento de Tordesillas en 1555.

Su cuarta hija, la infanta doña María, devotísima y espiritual, en 1500 casó con don Manuel I de Portugal, viudo de su hermana Isabel, para fortalecer la alianza luso- española. Fue un matrimonio que, a diferencia de otros de la época, mostró complicidad y fidelidad. Tuvo 10 hijos. Falleció prematuramente tras un parto en 1517 a la edad de 35 años.

Castillo de Kimbolton

La Infanta doña Catalina, quinta hija, ojito derecho del rey Fernando, es la viva imagen de una bella e inteligente mujer a quien la vida le negó la plena felicidad. Recibió una educación para ser reina, pero el destino la llevó por un camino de dolor. Soportará dos matrimonios sucesivos en Inglaterra con los príncipes Arturo, fallecido al año de casado, y Enrique, hermano menor de este que reinará como Enrique VIII que la repudiará buscando un hijo varón. Fue confinada por orden del rey en varios lugares tras su repudio, pasando sus últimos días de reclusión en el castillo de Kimbolton donde murió el 7de enero de 1536 ante la mayor indiferencia del rey Enrique VIII llegando incluso a decir: “Que lleven luto por Catalina los cuervos, las beatas y los papistas”

A pesar de que sus vidas parecían destinadas a ser dueños de un sino espléndido construido sobre alianzas estratégicas, estuvieron marcadas por tragedias personales y por  alta y precoz mortalidad, su legado fue fundamental para la configuración geopolítica de Europa en el siglo XVI, fueron piezas clave de una política exterior de éxito, consolidando la monarquía hispánica como una potencia mundial a través de una compleja red de alianzas matrimoniales, logrando expandir la influencia española por Europa y el Atlántico a través de sus enlaces con las casas reales de Portugal, Inglaterra y Austria.   Sin duda, podemos afirmar que la reina Isabel fue una buena madre, responsable, comprometida y preocupada con la educación de sus hijos, queriendo siempre lo mejor para ellos y cuyo espíritu de sacrificio fue más que evidente.

Inmaculada Muñoz Navarrete

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