
Marcelino, pan y vino es una película española de 1955 dirigida por Ladislao Vajda, basada en la novela homónima de José María Sánchez Silva y García Morales, un escritor para público infantil, y el único español que ha obtenido el Premio Andersen. La película se convirtió en uno de los mayores éxitos comerciales y de crítica en la historia del cine español y que excedió ampliamente los cánones del cine religioso imperante en la época. La historia tiene sus raíces en cuentos populares sobre huérfanos que compartían su comida con una imagen de la Virgen y Jesús, que la madre del autor le contaba de niño.

La película gira en torno a la historia ficticia de Marcelino, un niño expósito que es recogido por unos frailes franciscanos. La historia de Marcelino nos muestra que es un niño humilde que vive en un orfanato dirigido por franciscanos y un día, estando orando ante un crucificado, éste toma vida y comienza a comunicarse con él.

Tres escenas clave de la película fueron rodadas en La Alberca (Salamanca). Su Plaza Mayor sirve como escenario para la escena inicial, en la que el fraile narrador, Fernando Rey, baja al pueblo para contar a la niña enferma la historia de Marcelino; la escena del mercado, en la que Marcelino acaba subido a una cucaña tras provocar la estampida de una yunta de bueyes; y por último, de vuelta al convento, en la que pasan frente a la Ermita de San Blas de dicha localidad, construida al siglo XIX por el rector Pere Rius, de estilo gótico y edificada sobre el solar de otra más antigua que se construyó en el siglo XII, recién recuperada Segovia para el bando cristiano, y cuyo arco de entrada fue registrado en los primeros minutos de la película “Marcelino pan y vino”.

Toda la ambientación relativa al convento está ubicada en la ermita del Cristo del Caloco en El Espinar (Segovia), el cual cuenta con gran devoción en la comarca; las escenas referentes a la construcción del convento y a la Guerra de la Independencia se realizaron en la ermita de San Cristóbal, del pueblo de Aldeavieja (Ávila). Esta ermita sirvió de cuartel durante la Guerra Civil y que, un buen día, ante la sorpresa del pueblo entero, presenció cómo lo poco que quedaba en su interior era desmantelado para poder ser utilizado como escenario para la película “Marcelino Pan y Vino”.

El Cristo de la película no se corresponde con la del Caloco, sino que es una escultura del escultor Antonio Simont que se encuentra en el altar central de la Capilla de Santa Teresa, en el convento de las Carmelitas descalzas de Don Benito, en Badajoz, puesto que después de la filmación en 1954, la imagen fue donada al convento por un ingeniero de sonido de la película, Miguel López Cabrera, cuya hermana era monja en dicho convento, para que presidiera el altar.

El niño que encarnó el personaje de Marcelino fue Pablo Calvo Hidalgo nacido en Madrid el 16 de marzo 1948, más conocido como Pablito Calvo, que fue un actor infantil español al ser seleccionado a los cinco años entre cientos de niños de su edad, para el papel protagonista de Marcelino, pan y vino.

Tras el éxito de la producción, tanto en las pantallas nacionales como internacionales, la productora Chamartín lo contrató para otras dos películas: Mi tío Jacinto (1956) y Un ángel pasó por Brooklyn (1957), ambas dirigidas también por Ladislao Vajda e interpretada esta última por Pepe Isbert y Peter Ustinov.
Entre otras películas protagonizadas por Pablito se encuentran: Totó y Pablito (1958), Juanito (1960), Alerta en el cielo (1961), Barcos de papel (1962), o Dos años de vacaciones (1962). Pablo Calvo falleció repentinamente en Alicante, el martes 1 de febrero de 2000, víctima de un derrame cerebral, cuando le faltaban unos días para cumplir 52 años.


Además de los citados Fernando Rey y Pablito Calvo, los actores que participaron en la película fueron: Rafael Rivelles en el papel de padre superior, Juan Calvo Doménech como Fray Papilla, Antonio Vico Camarero como Fray Puerta, Juanjo Menéndez en el papel de Fray Giles, Antonio Ferrandis un monje, Mariano Azaña como Fray Malo, José Marco Davó como Pascual, o Francisco Bernal como Pueblerino, entre otros.
La canción ‘Marcelino pan y vino’ por El Consorcio es una evocación nostálgica y tierna de la historia de Marcelino, un niño huérfano criado por frailes en un monasterio. La letra está impregnada de una atmósfera de inocencia y simplicidad, reflejando la vida cotidiana de Marcelino bajo la tutela de los frailes.

La letra dice así:
Sueña, sueña Marcelino, que ya empieza alborear, doce frailes cuidan tu vida, guardan tu alma contra el mal.
Marcelino, Marcelino, ya llegó tu despertar, doce frailes cuidan tu vida, guardan tu alma contra el mal.
Marcelino, Marcelino, con jabón te has de lavar, come, come mucho, como Fray Papilla, come la tortilla y come mucho pan.
Que bien suenan las campanas, si las toca el niño y Fray Talán, Tilín talán, Tilín talán.
Dos y dos son ¡cuatro!, cuatro y dos son ¡ocho!, ocho y ocho… ¡Veinte!, qué barbaridad.

Reza, reza Marcelino. que un buen niño debe orar, con el sol se acuesta el niño, con el sol despertará.
Doce Frailes velan su sueño, y una nana cantará, San Francisco desde el cielo, por el niño velará.
Duerme, duerme, Marcelino, que Jesús contigo está.
Con posterioridad a la película de Ladislao Vajda, el tema de Marcelino ha sido tratado, tanto en España como en otros distintos países, por ejemplo, Italia, México o Brasil, en producciones musicales, en el cine o series de televisión.

Jaime Mascaró Munar
