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PEDRO PÁEZ, EL DESCUBRIDOR DEL NILO

  • Jaime Mascaró Munar
  • 16/06/2026
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Cataratas del Nilo Azul

Richard Francis Burton y John Hanning Speke han pasado a la historia como los descubridores de las fuentes del Nilo en 1858, año en que situaron en el mapa el lago Victoria. Sin embargo, fue un jesuita español llamado Pedro Páez quien había descubierto, dos siglos antes, cuál era la fuente principal de uno de los ríos más grandes del mundo. No obstante, la historia lo ignoró y el mérito se lo llevó el escocés James Bruce, quien llegó 150 años más tarde. Por ello, puede ser considerado el «Livingstone» español que llegó a las fuentes del Nilo Azul en el año 1618, antes que los británicos.

EL PERSONAJE

Pedro Páez Jaramillo

Pedro Páez Jaramillo fue un jesuita y misionero español del siglo XVII, políglota y hombre de muchos talentos, que nació en Olmeda de las Fuentes, que por entonces era llamada Olmeda de la Cebolla, en el seno de una familia noble en 1564, e ingresó en la Compañía de Jesús en 1582.

Páez se formó en Castilla ya que sus primeros años transcurrieron en la casa de probación jesuita de Villarejo de Fuentes. Posteriormente, a partir de 1584, estudió filosofía tres años en el colegio de los jesuitas de Belmonte (Cuenca), en el que conoció al profesor y teólogo navarro Tomás de Ituren, del que se hizo amigo y con quien desarrolló posteriormente una amistad constatada en la abundante colección epistolar que intercambiaron. Aunque en la biografía que Manuel de Almeida escribió sobre él se dice que estudió en Coímbra, nuevas investigaciones han mostrado que los realizó en la Universidad de Alcalá, también conocida como Universidad Complutense o Universidad Cisneriana por haber sido creada por el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros en 1499 hasta su traslado a Madrid en 1836, descartándose así que recibiese formación en territorio portugués peninsular.

Respondiendo a una vocación, en su carta Indipetae pidió ser enviado a China o a Japón como misionero, pero finalmente fue destinado a Etiopía, donde la misión católica establecida en 1557 estaba al borde de la extinción. En 1588 partió de Lisboa a Goa, ciudad de la India portuguesa, donde concluyó su formación y fue ordenado sacerdote.

Antonio de Monserrat

En 1589, después de estar un año en el Colegio de São Paulo, en Goa, partió rumbo a la misión de Etiopía, que, por entonces, se encontraba en punto muerto, pues tres de los cinco misioneros anteriores habían muerto y apenas existía comunicación con la «casa madre» de Goa. Iba acompañando al P. Antonio de Monserrate y, en el puerto de Diu, sin encontrar navío alguno, ambos misioneros decidieron zarpar para Mascate (Omán), bajo dominio portugués desde 1508. Allí fueron engañados por un comerciante local que les prometió pasajes para Etiopía y, al poco de dejar el puerto, fueron hechos prisioneros en Yemen por los árabes, a la altura de Dhofar. Comenzaron entonces siete años de cautiverio en Yemen, donde fueron de los primeros europeos en probar el café y en visitar las ruinas de Marib, legendaria ciudad sabea vinculada con el mito de la reina de Saba. Les esperaba todavía la travesía a pie del desierto de Hadramaut y Rub al-Jali, de cuyo descubrimiento dos siglos más tarde se atribuyeron el mérito otros europeos.

Aunque la mayor parte de su cautiverio lo pasaron a partir de 1590 en Saná, ya que el pachá turco de esta ciudad los había reclamado, durante los últimos meses estuvieron destinados como remeros de galeras en Mokka, donde la salud de Monserrate se resintió mucho. Fueron rescatados por orden del gobernador de Goa por la cantidad de 500 cruzados por cada uno, retornando a la India, donde Monserrate murió. Durante este viaje, el rey le ofreció una «extraña bebida», que tomó, siendo por tanto el primer europeo en probar el café, que Páez describiría después. En 1600 se encontraba en Diu colaborando en los trabajos de construcción de la iglesia de San Pablo, adquiriendo unos conocimientos arquitectónicos que posteriormente emplearía en Etiopía. Al mismo tiempo, mejoró notablemente sus conocimientos de árabe y persa.

El 22 de marzo de 1603, Páez inició un nuevo viaje hacia Etiopía, disfrazado de mercader armenio otomano, gracias a lo cual alcanzó en abril el puerto de Massawa para pasar después a la misión de Fremona, donde se encontraba la base jesuita y el último jesuita había fallecido en 1596.

Fremona

En contacto con el emperador etíope Za Dengel, su conocimiento del amárico y el ge’ez le sirvió para convertir a Za Dengel al catolicismo y que este decidiera abandonar la Iglesia ortodoxa etíope, a pesar de la advertencia de Páez de que no anunciase la noticia con demasiada rapidez. De hecho, cuando Za Dengel proclamó cambios en la observancia del Sabbath, Páez se retiró a Fremona, desde donde observó la guerra civil que terminó con la muerte del emperador.

La precaución del jesuita español fue muy importante para lograr la confianza del sucesor de Za Dengel, Susenyos Segued III, que fue coronado emperador en 1607. Susinios dio a Páez concesiones de tierras en la península de Gorgora, al norte del lago Tana, donde creó un nuevo enclave construyendo una iglesia de piedra. Finalmente, Páez, poco antes de morir, también convirtió al catolicismo a Susenyos. La caída del emperador hizo que Páez mantuviera una política más prudente en sus siguientes acercamientos a la realeza. Así, en lugar de proponer una conversión rápida, en adelante los misioneros jesuitas evitarían los debates teológicos y el enfrentamiento directo con la Iglesia local hasta el momento en que el catolicismo fuese lo suficientemente fuerte en el país. Páez ejerció labores de diplomático al encargarse de redactar las misivas que el rey de Etiopía envió al papa y al rey de España.

Emperador etíope Susenyos
El Nilo

El 21 de abril de 1618, el jesuita Pedro Páez, acompañando al emperador etíope Susenyos, llegó a las fuentes del Nilo Azul, próximas al lago Tana, situado al noroeste del país. Se convirtió así en el primer europeo en constatar su existencia, ciento cincuenta años antes de que el escocés James Bruce de Kinnaird afirmara haberlo conseguido. Acerca de este hecho, Páez dejó escrito: Confieso que me alegré de ver lo que tanto desearon ver antiguamente el rey Ciro y su hijo Cambises, Alejandro Magno y el famoso Julio César.

Falleció el 20 de mayo de 1622 en Etiopía, en la residencia de Gorgora Velha, víctima de unas fuertes fiebres, probablemente malaria, enfermedad entonces endémica en la cuenca del lago Tana. Fue enterrado en la iglesia de Gorgora Velha que él mismo había ordenado construir, aunque posteriormente se trasladaron sus restos mortales a la capilla mayor de la nueva iglesia. Su labor como superior de la misión, cargo que ejerció entre 1603 y 1618, fue fundamental para cimentar la notable expansión católica ocurrida bajo su sucesor António Fernandes y el patriarca Afonso Mendes, si bien en 1632 se produjo el abrupto final del proyecto jesuita en la región.

Páez escribió una Historia de Etiopía en 1620, cuyo manuscrito no se publicó hasta 1905 como el segundo y tercer volumen de la monumental Rerum Aethiopicarum Scriptores occidentales, de Camillo Beccari. No se publicó en español hasta 2010, aunque ya se había publicado en 1945 en portugués. En ella recoge sus andanzas y periplos misioneros en Etiopía, además de ser el primero en ofrecer una detallada descripción geográfica y la primera historia íntegra del país africano hasta su época. También tradujo el catecismo al ge’ez y se le atribuye el tratado De Abyssinorum erroribus.

Jaime Mascaró Munar

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