
La 250.ª División de Infantería, llamada oficialmente en España División Española de Voluntarios, más conocida como la División Azul (en alemán: Blaue Division), fue un contingente de más de 45.000 voluntarios españoles enviados por el régimen de Franco en 1941 para luchar junto a la Alemania nazi contra la Unión Soviética en la II Guerra Mundial. Lucharon entre 1941 y 1943, principalmente en el frente de Leningrado, y se disolvieron con un balance de más de 5.000 muertos y unos 3.000 prisioneros en la URSS.
Fue creada en junio de 1941, impulsada por Serrano Suñer y aceptada por Franco para mantener lazos con Hitler y pagar la deuda de la Legión Cóndor. Estaba formada inicialmente por falangistas y soldados del ejército español, muchos motivados por el anticomunismo, la necesidad económica o por limpiar pasados políticos. Su mayor batalla fue la de Krasny Bor, también conocida como la segunda batalla del lago Ládoga, con altísimas bajas. Los últimos prisioneros españoles no regresaron de los campos soviéticos hasta 1954, sin un recibimiento oficial de héroes. También formaron parte de la división 146 mujeres, de la llamada Sección Femenina, liderada por Pilar Primo de Rivera, quienes viajaron como enfermeras en el recién creado Cuerpo de Damas Auxiliares de Sanidad Militar, bajo la dirección de María de las Mercedes Milá Nolla.
CREACIÓN

La Guerra Civil Española finalizó oficialmente el 1 de abril de 1939 con la victoria del bando sublevado. Cinco meses después, el 1 de septiembre, estalló la Segunda Guerra Mundial. España y Alemania empezaron a tener conversaciones diplomáticas, en las que Berlín pidió a Madrid una mayor implicación en la guerra, como compensación a la ayuda del Tercer Reich a los franquistas, con la participación en España de la Legión Cóndor y el envío de armas. El 10 de junio de 1940, Italia entró en la guerra. Dos días después, el 12 de junio, Franco cambió la posición oficial española de neutral, a no beligerante. Esto implicaba que España se convertía de facto en un aliado no beligerante de las potencias del eje, es decir, que tomaba partida por un bando, pero sin entrar físicamente en la guerra. España jamás había tenido conflictos con Rusia, pero debido a las experiencias traumatizantes durante la guerra civil del papel del sector del régimen del Frente Popular apoyado por Moscú, cuando se lanzó la llamada para un alistamiento para luchar contra la Rusia Comunista, se desbordaron todas las expectativas.
El 23 de octubre de 1940 tuvo lugar la Reunión de Hendaya, en cuya estación de ferrocarril se produjo el primer y único encuentro entre Franco y Hitler. En la entrevista, llevada a cabo en un vagón-salón del convoy, los dos líderes estuvieron acompañados de sus respectivos ministros de exteriores, el español Serrano Suñer y el alemán von Ribbentrop, así como de dos intérpretes traductores. En la conversación se trataron temas como las condiciones sobre una hipotética entrada de España en la guerra en favor de Alemania, pero no pudo ser alcanzado algún acuerdo concreto. Franco estaba obsesionado con mayor presencia española en África a costa de Francia y Hitler con la ocupación alemana de Gibraltar y veía a España más como una carga que como una ayuda si entraba en la guerra.

El 22 de junio de 1941, Hitler lanzó por sorpresa la Operación Barbarroja. La invasión de la Unión Soviética estaba en marcha y seguía su curso de manera espectacular. Para el régimen de Franco, supuso la ocasión ideal para entrar en escena y posicionarse a favor de una triunfante Alemania; aunque abiertamente Franco nunca quiso entrar en la Segunda Guerra Mundial, sí autorizó la creación de un centro de reclutamiento para los voluntarios que quisiesen ir a luchar contra el bolchevismo y el régimen comunista que gobernaba en la Unión Soviética. Propondrían el envío de un contingente de voluntarios y no de soldados, lo que permitiría a España saldar su deuda con Hitler. El día 23, a propuesta del ministro Ramón Serrano Suñer, el Consejo de Ministros aprobó en El Pardo enviar una división, informando de ello al embajador alemán, Eberhard von Stohrer, embajador de Alemania en España. La opinión de Hitler sobre esta división era que estaba formada por «una banda de andrajosos». El 24 de junio, se proclamó la formación de la división. En Madrid, se convocó una manifestación en la plaza de Callao que ascendió por la Gran Vía hasta llegar a la calle Alcalá, donde el ministro Serrano Suñer les arengaría en su espíritu anticomunista desde un balcón con las siguientes palabras: «Camaradas: no es hora de discursos. Pero sí de que la Falange dicte en estos momentos su sentencia condenatoria: ¡Rusia es culpable! Culpable de la muerte de José Antonio, nuestro fundador. Y de la muerte de tantos camaradas y tantos soldados caídos en aquella guerra por la agresión del comunismo ruso. El exterminio de Rusia es exigencia de la Historia y del porvenir de Europa».

Inicialmente se barajaron los nombres de José Antonio Girón de Velasco y Juan Yagüe para dirigir la futura unidad. Al final se acordó que el liderazgo de esta recaería sobre el general Agustín Muñoz-Grandes Galilea, propuesto por el ministro Ramón Serrano Suñer. Se formaron cuatro regimientos a partir de los reclutas, que posteriormente se reducirían a tres al adaptarse a la estructura militar alemana. Los regimientos de fusileros se numeraron 262, 263 y 269, quedando al mando de los coroneles Pimentel, Vierna y Esparza, respectivamente. El coronel Rodrigo fue nombrado 2.º jefe de la División. El 3 de julio de 1941, los divisionarios comienzan a ser llamados y concentrados en diferentes acuartelamientos militares por toda España. Recibieron una breve instrucción de diez días y se instruyó a la tropa en sus normas y obligaciones. El 12 de julio se dio por finalizada la instrucción en Madrid, con una marcha hasta El Pardo, en la que el general Muñoz Grandes, jefe de la División, les pasa revista y les dedica unas palabras y, a las 15:45 horas del domingo 13 de julio, una multitud despedía al primer grupo de divisionarios que partía en tren desde la estación del Norte de Madrid, al que siguieron diecinueve grupos más desde distintas ciudades españolas. La cifra total ascendió a 18.104 hombres, de los cuales 2.612 eran oficiales y 15.492 soldados.
En Hendaya, la normativa alemana exigía un control sanitario. La tropa pasó por una ducha de agua caliente, al tiempo que se desinfectaban sus equipos, y se llevaron a cabo algunos controles médicos. En la estación, engalanada con estandartes y banderas del Tercer Reich, el trato alemán fue cortés y servicial. Sin embargo, el tránsito a través de la Francia ocupada fue más complejo, debido a las antipatías e increpaciones que a veces recibía la tropa en su paso por las ciudades. Se vivieron incidentes en las estaciones, donde a veces los vagones eran apedreados. El convoy, tras pasar por Nancy y Lunéville (donde les recibieron tocando el himno español), cruzó el Rin a través de la entonces ciudad alemana de Estrasburgo.
Las expediciones españolas fueron llegando a la base de Grafenwöhr de forma escalonada, los primeros en la mañana del 17 de julio y los últimos la tarde del 23. El 31 de julio, ocho días después de comenzar la instrucción, tiene lugar el Juramento al Führer. Para ello se dispuso el campo de instrucción de Kramemberg, donde formó toda la división, acompañada de una compañía de honor alemana. Presidían el acto las banderas del Reich alemán y de España, junto a ellas el general Muñoz Grandes y su Estado Mayor, el capitán general Fromm como representante del gobierno y el general von Cochenhausen como jefe de la ceremonia. Tras una misa de campaña, vino el acto del juramento de fidelidad a Hitler, cuyo texto se modificó a instancias de las autoridades españolas para que constara que dicha obediencia se debía a la lucha contra el bolchevismo. Tras el juramento, emitido en directo por la radio alemana, quedaba oficialmente constituida la 250.ª División de Infantería de la Wehrmacht. Durante las tres semanas siguientes se llevó a cabo una instrucción intensiva y práctica, con el objetivo de que los soldados se familiarizaran con el material y con los objetivos de su cometido.

Como la división no era una unidad regular del ejército español y estaba compuesta por voluntarios, militares o no, no podían usar el uniforme oficial español. Se les proporcionó así un uniforme alternativo, que usaban desde su reclutamiento en España hasta que llegaban al acuartelamiento alemán. Se componía de un pantalón y guerrera color caqui, similares a los de la Legión Española, una camisa azul con el emblema de la Falange (de donde procedió el apodo de Azul) y una boina roja como la de los carlistas. Una vez llegados a Grafenwöhr, se les suministraba el mismo uniforme estándar que a la Wehrmacht, con la tonalidad Feldgrau. Complementariamente, a los divisionarios españoles se les permitía lucir dos escudos con la bandera española y la leyenda ESPAÑA, en la parte superior de la manga derecha de la guerrera y en el lado derecho del casco Stahlhelm.
TRASLADO AL FRENTE
El 19 de agosto empezaron los preparativos para la partida hacia el frente y el 20 comienzan a salir los trenes con destino a Smolensk. Cuando faltaba poco para llegar a Smolensk, tuvo lugar la ofensiva de Tíjvin en los alrededores de Leningrado y el general von Leeb pidió refuerzos. Hitler, entonces, alteró los planes de la Operación Tifón, con la que preveía lanzar el asalto definitivo a Moscú, y decidió trasladar tres divisiones a socorrer el frente norte, entre ellas la División Azul. Supuso un varapalo anímico para la tropa, que perdía la prometida oportunidad de participar en la toma de Moscú. El 28 de septiembre, las tropas llegaron a Vítebsk. Desde allí podían tomar de nuevo un ferrocarril, que les llevó definitivamente al frente de guerra, en la histórica ciudad de Nóvgorod. En torno al 10 de octubre, el grueso de las tropas estaba en el frente. Casualmente, el 12 de octubre, Fiesta Nacional de España, tras más de cincuenta días de viaje desde el campamento de Grafenwöhr, las tropas sufrieron un ataque y los españoles entraron en combate.
EN ACCIÓN

Las zonas de operaciones de la División Azul fueron dos: el Frente de Nóvgorod (entre octubre de 1941 y agosto de 1942) y el Frente de Leningrado (entre agosto de 1942 y octubre de 1943). Entre el 14 y el 22 de octubre tuvo lugar la primera Batalla de Vóljov, en la que tropas españolas y alemanas consiguieron vencer la dura resistencia y cruzar por primera vez el río, en botes de goma.
El 1 de noviembre se dieron las primeras heladas fuertes que empezaron a causar bajas por congelación. Al amanecer del día 12, empezó la batalla de Possad. Durante dos días se sucedieron los bombardeos aéreos, los ataques de artillería e incluso combates cuerpo a cuerpo con arma blanca que acabaron diezmando las fuerzas españolas, que se retiraron de Posselok hasta Possad, habiendo perdido más de 100 hombres. Entre los días 16 y 19 sufrieron un nuevo ataque, aún más intenso, con bombardeos y fuego de ametralladoras. Durante el resto de noviembre, la situación era crítica para los avanzados, que sufrían grandes bajas y la temperatura rondaba los -30 °C. El 4 de diciembre comenzó un nuevo ataque ruso sobre todas las posiciones de la Wehrmacht al este del Vóljov y del Ilmen. Tras varios días de duro asedio, el día 7 la situación era límite, y los generales ordenaron la retirada de Possad hasta Otenski, y después cruzar el bosque hasta Sitno, donde volverían a cruzar el río para replegarse al punto inicial de octubre.

Durante la Nochebuena y Navidad se produjeron varios golpes de mano virulentos en las líneas españolas. El día 27 se produce la cruenta batalla de la Posición Intermedia. Había un puesto de vigilancia en un cerro entre los pueblos de Udarnik y Lobkovo que estaba protegido por un pelotón. En una incursión soviética, todos los soldados de la posición fueron víctimas del ataque. Horas después, sus compañeros hallaron sus cadáveres desnudos y clavados en la nieve con picos y bayonetas. El comandante Tomás García Rebull organizó un golpe rápido de revancha en las trincheras enemigas, provocándoles un elevado número de víctimas. El 7 de enero de 1942 empieza la Ofensiva de Liubán. En uno de los envites, 543 soldados alemanes quedaron copados en la localidad de Vsvad, al sur del Lago Ilmen. El otoño anterior, la división española se vio obligada por orden del mando a crear una compañía de esquiadores, y a éstos se les ordenó la misión de acudir en rescate de los alemanes. El día 10 comenzó la marcha a través del lago congelado, tardando 11 días en alcanzar la posición alemana en la orilla sur y liberarlos. En el trayecto, con tormentas de nieve y temperaturas inferiores a los -50 °C, la compañía sufrió más de 100 bajas por congelaciones graves. Casi una veintena de soldados sufrieron la amputación de ambas piernas. La Compañía recibió por ello 32 cruces de hierro, siendo una de las más condecoradas de los ejércitos del norte.
El 28 de junio tras la rendición del general Vlasov, el OKW proclamó su victoria en el frente del Voljov. Las operaciones españolas llegaban a su fin en este escenario. A principios de agosto de 1942, Hitler ultimaba los detalles de la inminente Operación Nordlicht (Luz del Norte), que ejecutaría el definitivo asalto a Leningrado. A la división española se le encomendó la misión de asediar la ciudad desde el flanco sur. Las compañías se fueron desde Nóvgorod hasta Novo Lissino, desde donde irían tomando posiciones en torno al sector de Kólpino, un importante arrabal industrial de la capital. El cuartel general de la división se instaló en un palacete de los zares en Pokrovskaya, mientras que el hospital de campaña, junto con otros centros de servicios y los de la 121 alemana, en la contigua localidad de Mestelevo.

El frente se dividía en cuatro sectores: Puschkin, Pavlovsk, Federovskoye y Krasni Bor. Durante todo el mes de septiembre sufrieron duros ataques de artillería, recibiendo de media más de 200 disparos diarios. Tan solo en Kólpino, más de cuarenta baterías defendían la línea. Desde la llegada al nuevo frente hasta final de 1942, se producen 257 muertos, 1051 heridos y 1 congelado. En enero de 1943, el Ejército Rojo puso en marcha la Operación Chispa, con el objetivo de romper las líneas alemanas y levantar el cerco que sufría la ciudad desde hacía 900 días. El segundo batallón del 269.º regimiento participó en duros combates en la orilla sur del lago de Ládoga. Nuevamente con temperaturas de -40 °C, mantuvieron una dura batalla en los bosques cercanos a Posselok. El batallón fue prácticamente aniquilado, sufriendo 418 bajas (124 mortales). La operación finalizó el 30 de enero con la victoria soviética, que consiguió romper el cerco en aquel punto y abrir una inmediata línea de suministros hacia la ciudad. Apenas dos semanas después, el 10 de febrero, comenzó la mucho más ambiciosa Operación Estrella Polar, que intentaba rodear y derrotar por completo al Grupo de Ejércitos Norte alemán, liberar la región de Leningrado y crear los requisitos previos para una ofensiva exitosa en los estados bálticos. Se produjo así la cruenta Batalla de Krasni Bor, la más sangrienta en la que participó la división española. Tres divisiones soviéticas apoyadas por varias unidades más pequeñas avanzaron desde Kólpino e hicieron retroceder a los españoles hacia el sur de Krasni Bor. Unos noventa tanques, baterías artilleras y órganos de Stalin lanzaron una ofensiva que provocó 1125 muertos, 1036 heridos y 91 desaparecidos. Aunque otras fuentes elevan estas pérdidas a 2127 muertos, 1035 heridos y 300 prisioneros. A pesar de ello, no consiguieron romper las líneas ni abrir la carretera, sufriendo también un elevado número de bajas. Hasta el 19 de marzo, se libraron duros combates diarios para impedir que el Ejército Rojo cruzara el río Izhora y penetrara en el flanco oeste. Mantener la línea costó una media de 30 bajas diarias.

Durante los seis meses siguientes, el frente se volvió más estable y tranquilo, pese a que la Luftwaffe comenzó a bombardear Kólpino y Leningrado, haciendo prever una reactivación de la ofensiva, el transcurso de la guerra era incierto y las noticias sobre las retiradas en el este eran conocidas. Uno de los hechos más significativos fue un bombardeo que recibió el Cuartel General mientras celebraban el aniversario del Golpe de Estado de 1936 acompañados del general Lindemann, que provocó 1 muerto y 38 heridos. Las características del frente continuaron siendo mantener el asedio, hasta que en octubre se recibió la orden de repatriar la división.
REPATRIACIÓN
Después de la derrota alemana en la batalla de Stalingrado, los Aliados comenzaron a ejercer presiones sobre Franco para que ordenase la vuelta de los divisionarios a España. Las negociaciones, iniciadas a finales de 1943, concluyeron con la orden de repatriación escalonada el 10 de octubre. Mientras que la mayor parte de los soldados alemanes, italianos, rumanos y de otras nacionalidades fueron puestos en libertad tras unos cinco años de internamiento en campos, la mayor parte de los prisioneros de guerra españoles de la División Azul tuvieron que esperar hasta doce años y solo pudieron regresar tras la muerte de Stalin.

Los 220 hombres que sobrevivieron fueron repatriados de Siberia a Odesa y de allí a España en 1954, llegando al puerto de Barcelona el 2 de abril de ese mismo año en el barco griego Semiramis, fletado por la Cruz Roja. Los divisionarios supervivientes fueron repatriados a España en diferentes tandas que terminaron en abril de 1954, cuando llegaron a Barcelona los últimos 219 prisioneros en el barco Semiramis. Muchos de los caídos en combate están enterrados en el cementerio de Nóvgorod, en Rusia. Otros siguen enterrados donde cayeron, sobre todo en Krasny Bor, donde el 10 de febrero de 1943 tuvieron 3.645 muertos o heridos y 300 desaparecidos o prisioneros.
La División Azul también fue llevada al cine. En 1956 se estrenó en España Embajadores en el infierno, de José María Forqué, basada en la novela Embajador en el infierno: memorias del capitán Palacios de Teodoro Palacios Cueto y Torcuato Luca de Tena. Rodada en 1955, causó cierta insatisfacción a algunos exdivisionarios falangistas, que no vieron bien reflejadas sus vivencias en el frente. Aunque obtuvo diversos premios y un buen recibimiento por parte de la prensa del régimen, algunos medios echaron de menos una mayor carga ideológica en el filme. También ese mismo año se estrenó La espera, centrada en el punto de vista de los familiares de los combatientes prisioneros. En el año 2012, se estrenó Silencio en la nieve, que recrea la batalla de Krasny Bor, una producción hispano-lituana, dirigida por Gerardo Herrero, basada en la novela El tiempo de los emperadores extraños, del escritor asturiano Ignacio del Valle. Existe también un documental de 2001 titulado Galubaya Divisia. Crónica de la División Azul, editado por el Fondo de Estudios Sociales, Documedia y Fundación Don Rodrigo, Madrid.

Jaime Mascaró Munar
