
La noche del 29 de abril de 1790, en la ciudad de Nueva Orleans, bajo jurisdicción del Reino de España, un jesuita fue embarcado en una fragata de guerra, prácticamente con lo puesto, rumbo a La Habana. La orden de expulsión del jesuita embarcado, había sido firmada el día anterior por el vicario general del obispo de Cuba en la Luisiana, Fray Cirilo de Barcelona, un capuchino que animaba una animadversión feroz hacia el protagonista de nuestra historia, cuyo nombre es Fray Antonio de Sedella y cuya vida siempre estuvo envuelta en el misterio.
La razón por la que Antonio de Sedella fue fulminantemente expulsado de Nueva Orleans fue en principio un simple problema de jurisdicciones eclesiásticas pero que derivó en un conflicto personal. Puede que tras el conflicto personal hubieran más motivos, ya que ambos personajes son realmente poco habituales. La razón del conflicto de jurisdicciones fue motivado por la tortuosa historia del territorio de Luisiana, que trataremos de resumir brevemente.

El territorio de la Luisiana había sido explorado someramente por Cabeza de Vaca (1538-1536), Hernando de Soto (1539-1542) y Juan de Oñate (1598-1604). La descripción de sus hallazgos, pintaba grandes extensiones poco pobladas, con algunos puntos de concentración de indios, como las ciudades de Etzaona en Arkansas y Cahokia en Illinois, con una cultura que se encontraba todavía en la edad de piedra. A España en aquellos momentos, lo que le sobraba eran territorios y lo que le faltaba era población y la administración española no mostró mucho interés en la zona.
En 1673, exploradores franceses que partieron de las colonias de Nueva Francia (Quebec y Acadia), bajaron por el Misisipi y llegaron hasta el Golfo de Méjico. Cerca de la desembocadura del rio, fundaron la ciudad de Nueva Orleans y reclamaron todo el extensísimo territorio para Francia. España no tenia interés ni tampoco muchos medios para oponerse a la reclamación francesa que tampoco invirtió mucho en la zona.
Francia se vio envuelta posteriormente en la Guerra de los Siete años como consecuencia de la cual, perdió el control de Canadá, que eran la que mal que bien alimentaban las provincias del sur. Con esta perdida, Francia perdió definitivamente el interés por la Luisiana y mediante el Tratado de Fontainebleau de 3 de noviembre de 1762, cedió el control a España y aquí empieza el lio de las jurisdicciones eclesiásticas.
Francia había dividido el territorio entre jesuitas, carmelitas y franciscanos capuchinos. Los reyes de ambos reinos eran de religión católica y en Nueva Orleans quedaron siete franciscanos franceses que dependían jerárquicamente de la diócesis de Quebec al mando de un tal Dagoberto, pero el obispo católico francés de Quebec se desentendió del asunto y pasó la patata caliente al prelado de Santiago de Cuba. Éste tampoco tenía gran interés en trasladarse al continente

No fue hasta 1766, que el primer capuchino español, fray Clemente de Saldaña, visitó Nueva Orleans. Saldaña era un personaje de un fino sentido del humor y los relatos que nos han dejado muestran que Dagoberto llevaba una vida relajada, rodeado de mulatas. Insinúa también la desmedida afición de Dagoberto por el juego. Sin embargo las instrucciones de Carlos III habían sido claras. Se debían respetar las costumbres e idiomas locales, que eran basadas en más de cien años de control en lengua francesa, por tanto, Dagoberto, que era de habla francesa era intocable.
Saladaña vino con el nuevo gobernador Ulloa, que no fue muy bienvenido por los criollos locales y se rebelaron en 1768, dicha rebelión obligó a posponer toda reforma de la organización religiosa. La metrópoli hispánica ya tenia bastantes problemas como para iniciar otros y se da prioridad a la pacificación civil. El rey Carlos III envía a O`Reilly que consigue controlar la situación a costa de ajusticiar a algunos cabecillas, cosa que tampoco fue del agrado de la administración española y en 1769 se envía a Unzuaga como nuevo gobernador. No es hasta este momento que se acomete el lado eclesiástico y en 1771 la Luisiana pasa a depender del obispo de Cuba, Santiago José de Hechabarria.
En 1774 llegan seis capuchinos españoles y se nombra como vicario general a fray Cirilo de Barcelona, catalán con ideas bastante estrictas acerca la liturgia y las costumbres que debían seguir los religiosos. Durante dos años mantuvo una relación tirante con los capuchinos franceses y se conservan numerosas cartas al obispo de Cuba, quejándose de la actitud de Dogaberto y de la situación económica de la provincia debido a la afición al juego del franciscano francés. La situación no se resolvió hasta que en 1776 Dagoberto muere y es nombrado Cirilo es nombrado vicario.

El año anterior se había iniciado la Guerra de Independencia de la Estados Unidos y en 1776 fue nombrado como nuevo gobernador Bernardo de Galvez. Esto dio un nuevo vuelco a la situación. Bernardo de Galvez era claramente favorable a la causa de la independencia, de hecho es el único español que tiene un retrato en el Capitolio, y utilizó todos los medios a su disposición para favorecer a los americanos contra los ingleses, entre ellos el espionaje.
A fray Cirilo no parece que le importaran mucho los avatares políticos pero sí le molestaba la mezcolanza de ideas religiosas que campaban en la nueva provincia española. La Luisiana era una amalgama de criollos franceses, alemanes, holandeses, ingleses y americanos de origen ingles. Cada grupo tenía sus creencias propias, sus credos y sus costumbres. Cirilo se veía desbordado para controlar la situación y parece que solicitó la ayuda del Santo Oficio. La jugada le salió mal.

Aquí es cuando entra en escena fray Antonio de Sedella. Había sido ordenado cura en Guadix en 1771 cuando tenia 23 años y fue enviado a La Luisiana en 1781, justo en el mismo momento en que Cirilo consigue ser nombrado obispo auxiliar para la Luisiana y Florida,
Poco se sabe de los estudios que Sedella tenia, pero lo que es evidente es que poseía vastos conocimientos de química y mantenía contactos con personajes del Gobierno en la Península y con el gobernador Galvez. Parece como si fuera una persona con dos personalidades distintas. Por un lado el franciscano preocupado por la situación material de los fieles de su jurisdicción y por otro un enigmático personaje capaz de diseñar una red de información. Se conservan dos retratos del personaje que parecen la misma cara de dos personas distintas.
Su capacidad de maniobra se demuestra con su nombramiento como Comisario del Santo Oficio en 1787 y ser vicario general entre 1785 a 1889, en ausencia interina de Cirilo.
Durante la ausencia de Cirilo, su actividad encubierta, se aceleró, aunque siempre manteniendo la discreción que siempre le caracterizó.
Creó una red informantes en terreno de la Colonias Inglesas, poniendo en marcha todo un sistema de información basado en códigos secretos.

En un principio utilizó procedimientos de cifrado, empleando claves criptográficas alfanuméricas por medio de algoritmos que cambiaba frecuentemente. También utilizó la técnica de dos libros distintos, uno en posesión del emisor y otro del receptor. Una secuencia de números indicaba una palabra del mensaje.
Por ejemplo, 066.09.03.15 se traducía: página 66, párrafo 9, línea 3, palabra 15.
Este procedimiento era muy seguro pero, tanto como el sistema de cifrado, tenia un serio inconveniente. Hasta un lerdo era capaz de ver que aquella ristra de cifras no era una carta de amor sino un sistema de comunicación. No se podía descifrar, pero delataba que el emisor era un espía.

Para evitar ser descubierto, Sedella cambió de táctica utilizando sus conocimientos de química. Sabia que el cloruro de cobalto cambiaba de color con la temperatura, en presencia de humedad y a temperatura ambiente forma un cristal de estructura octaedrica y de color rosa. Cuando la temperatura se eleva a 60 grados, el cristal pierde agua y se torna de color azul. Hoy en día esta propiedad se utiliza en los pequeños paquetes en forma de pequeñas bolsitas que desecan el contenido y cuyo cambio de color indica que han sido abiertos con anterioridad. Sedella lo utilizó para otros fines. Utilizaba papeles de colores claros, donde escribían los mensajes con una solución de Cloruro de Cobalto. El receptor del mensaje solo tenia que calentarlo ligeramente para desvelar el secreto. Si alguien interceptaba el documento solo veía una hoja de color claro.
El procedimiento anterior tenia un problema. Si la hoja se calentaba por error al acercarse a alguna fogata o chimenea, el mensaje quedaba al descubierto. Sedella ideó otro sistema. El emisor escribía con una solución de ferrocianuro potásico de color amarillo. El receptor impregnaba una hoja con sulfato de hierro, ponía ambas hojas en contacto y se producía en ambos componentes una reacción química que acababa en ferrocianuro férrico (azul de prusia) que como su nombre indica es de un azul intenso y hace que el mensaje pueda ser leído fácilmente.
Las actividades de espionaje de Sedella no pasaron desapercibidas por Cirilo cuando regresó y fue el motivo de su fulminante proceso y expulsión. Un caso de espionaje en el cual se mezclan agentes secretos, colonias europeas, diversos personajes internacionales, la Iglesia, ordenes religiosas y gobernadores coloniales. Nunca se ha hecho una película al respecto, pero es que fray Antonio de Sedella no era norteamericano.
Los dos personajes de la historia tuvieron diverso destino.

Sedella, continuó intrigando y consiguió ser devuelto a la Luisiana. Tenia buenos apoyos en Galvez. Cuando La Luisiana fue vendida por Napoleón a los Estados Unidos, Sedella continuó viviendo en Nueva Orleans pero su residencia no fue muy pacifica. Tuvo de nuevo varios encontronazos con las autoridades religiosas de procedencia americana, siempre siendo contestado por alguna de estas autoridades, pero apoyado por otra y por sus feligreses. Murió en 1826, en un pequeño alojamiento que se encontraba adosado a la catedral de Nueva Orleans.

En cuanto a Cirilo, el 10 de septiembre de 1787 ocurrió la división de la diócesis de Santiago de Cuba creándose la nueva diócesis de San Cristóbal de La Habana con territorio desmembrado de la antigua y que comprendía La Luisiana y La Florida. El obispo Cirilo continuó como encargado de éstos pasando a ser auxiliar de la diócesis habanera en 1793. En 1803 La Luisiana pasa bajo dominio de los Estados Unidos y según parece Cirilo regresa a Cataluña. No se registran grandes hechos a partir de esta fecha y aparentemente muere en su Villanueva y Geltrú natal en 1809.
Todo esto es casi una suposición, ya que no existen registros precisos del lugar de su muerte, ni de las causas precisas. En las referencias archivísticas como la “Hierarchia Catholica” se dice que falleció el 18 de febrero de 1809 como obispo auxiliar de la Archidiócesis de San Cristóbal de la Habana. Otro gran enigma en esta pequeña historia dentro de la enorme Historia de España.

Manuel de Francisco Fabre
El fraile-espía español que con su tinta invisible fue esencial para la independencia de EEUU
https://en.wikipedia.org/wiki/Antonio_de_Sedella
https://grokipedia.com/page/cyril_of_barcelona
