
Puerto Egmont es una bahía situada en la isla Trinidad en el archipiélago de las Malvinas. No hay población permanente en este punto, pero en 1770, fue objeto de un enfrentamiento entre ingleses y españoles. El resultado fue positivo para éstos últimos, pero la diplomacia hizo que dicho resultado fuera ambiguo y que diera pie a una reclamación británica posterior y a un conflicto que dura hasta nuestros días.
Las Malvinas no son precisamente un lugar envidiable para establecer una colonia. Ni ahora ni nunca. No se conoce ningún tipo de establecimiento humano antes de la llegada de los europeos. Se encuentra casi a la misma altura que el Estrecho de Magallanes y a 500 kilómetros en pleno océano Atlántico. Su clima es frío. Raramente su temperatura supera los 20 °C o baja de -5 °C. El viento es constante, superando frecuentemente los 100 km/h. Las nevadas son frecuentes y las heladas pueden acaecer en cualquier época del año. Que a nadie se le ocurriera establecerse ahí no parece extraño.

El primer avistamiento europeo fue por la tripulación de la nao Victoria en 1520, donde viajaba el cosmógrafo Andrés de San Martín. Andrés era un magnífico técnico y dejó registro cartográfico del archipiélago. Pasaron veinte años hasta que Alonso de Camargo en 1540, desembarcó en una de las islas para reponer fuerzas antes de cumplir con el encargo de colonizar la Isla de Fuego. La descripción de lo que vio no alentó a ningún patrocinador para financiar una colonia.
En 1592, el explorador inglés John Davis, participante en la expedición de Thomas Cavendish, que fracasó en su intento de circunnavegar la Tierra. Davis, que quedó aislado en su embarcación Desiré, llegó a las islas e hizo una descripción que después fue utilizada por los ingleses para reclamar su posesión.
No fue hasta 1763, cuando el francés Louis Antoine de Bougainville, consiguió implantar una colonia más o menos económicamente viable. En aquel momento las potencias principales se habían dado cuenta de que el valor real del archipiélago era estratégico y no económico. España reaccionó y mediante un tratado y un pago por los costos incurridos, desalojó a los franceses.
Durante los protocolos de cesión de la colonia francesa, estos informaron que los ingleses no solo habían establecido una colonia en Puerto Egmont, sino que habían enviado una fragata a Port Louis para amenazarles para que desalojaran la colonia.

En aquellos momentos, Francia era un país amigo, pero el Reino Unido era un enemigo ancestral con el que no había nada a negociar. En 1768, el entonces gobernador de Buenos Aires, Francisco de Paula Bucarelli, recibe órdenes de Madrid para desalojar a los intrusos y evitar que la situación se reproduzca.
Bucarelli se tomó en serio el encargo y movió todos los recursos disponibles en el virreinato. El primer problema era localizar con exactitud dónde se encontraba el asentamiento británico, ya que los franceses habían recibido la amenazante visita británica, pero nunca habían devuelto la cortesía. Bucarelli envió a Fernando de Rubalcava, al mando de una fragata y de un ágil jabeque que finalmente encontró dónde se escondía la guarnición británica, fondeó frente a él y durante unos días intercambió misivas de amenaza. El capitán Hunt, en aquel momento al mando, no solo tenía bajo su mando una colonia comercial, sino que había construido un reducto y tenía una fragata de guerra plenamente operativa, se negó a desmantelar la colonia y Rubalcava volvió a Buenos Aires con las noticias.
Esto ocurría en el mes de febrero de 1770 y en un tiempo récord, Bucarelli reunió toda una flota compuesta por cuatro fragatas, un jabeque y un bergantín. Una batería de asedio terrestre, otra de desembarco, en total más de 1.500 hombres, 134 cañones navales, 7 de desembarco y dos obuses para emplear en tierra. El comandante de la Armada, Juan Ignacio de Madariaga, fue puesto al mando y se embarcó en la fragata capitana Industria.
La expedición partió de Montevideo el 11 de mayo y los inicios no fueron precisamente buenos. Un violento temporal dispersó la escuadra y Madariaga se encontró solo con su fragata Industria frente al fortín que habían levantado los británicos, el 4 de junio. Las fuerzas estaban más o menos igualadas. Viendo los medios de que disponía el adversario, Madariaga ideó en un primer momento un ataque por tierra y por mar, pero antes envió cartas de amenaza y de paso investigar cuál era la potencia de fuego del enemigo. En resumen las fuerzas enemigas consistían en una fragata de guerra con su dotación completa y 156 hombres en el fuerte de tierra.

No fue necesario atacar en solitario, ya que al día siguiente llegó el resto de la flota. Se enviaron emisarios para solicitar la rendición, pero los británicos respondieron que “estrechísimas órdenes de su corte les impulsaba a morir con honra en la acción temiendo morir sin honra en Londres”. La respuesta muy formal y heroica no estuvo a la altura de los acontecimientos posteriores. El 10 de junio, después de un bombardeo ligero, los británicos alzaron la bandera blanca y se rindieron. No hubo muertos por ninguno de los dos bandos.
Durante veinte días los británicos fueron detenidos y posteriormente se les permitió volver a Inglaterra a bordo de su fragata, la HMS Favourite, que no había sufrido daños importantes. En Puerto Egmont quedó un pequeño destacamento español,

Cuando las noticias llegaron a ambas metrópolis, las amenazas subieron de tono y Francia renunció a apoyar la acción a pesar de los pactos de familia existentes. Se llegó al extremo de que por ambas partes se iniciaron preparativos de guerra. Sin embargo, la razón se impuso al orgullo de ambas naciones y se llevó a un pacto que incluía una cláusula secreta. El Reino Unido volvería a ocupar Puerto Egmont, sin impedir cualquier otro asentamiento español en las islas y en la cláusula secreta, dada la imposibilidad de mantener la posición en estas condiciones, se abandonaría Puerto Egmont al cabo de tres años, aduciendo problemas económicos.

El pacto funcionó correctamente y en abril de 1772, los británicos volvieron a ocupar el puesto de Puerto Egmont en discordia, mientras otro español estaba en Puerto Soledad. En 1774, el Reino Unido abandonó su posición aduciendo déficit financiero, pero dejaron una placa, reclamando la soberanía. Nunca renunciaron formalmente a la posesión del archipiélago y esto fue el origen del problema posterior.
Mientras España tuvo autoridad en la zona, los británicos nunca más osaron ocupar de nuevo el archipiélago, pero tras la independencia de los virreinatos españoles en América, el caos se adueñó de la zona. En 1820, la fragata Heroína, enarbolando pabellón de las Provincias Unidas del Río de la Plata y con patente de corso, realizó una ceremonia de toma de posesión formal.
En 1832 el navío militar estadounidense USS Lexington, saqueó Puerto Soledad, el único punto habitado de forma estable y que en aquel momento estaba bajo el dominio de Argentina. La recién nacida nación no supo cómo responder a la agresión y los USA quedó impune. Quien sí supo aprovechar la ocasión fue el Reino Unido. En aquel momento la industria de pieles de foca empezaba a ser rentable y apoyó a los balleneros en su incipiente negocio. Parecía que había futuro económico en el archipiélago

El 3 de enero de 1833, las fuerzas británicas desembarcaron en Puerto Soledad y desde entonces, ahí continúan. El Reino Unido siempre adujo que eran posesiones suyas ya que nunca había renunciado a su soberanía, tan solo la había abandonado temporalmente debido a problemas económicos.
En 1982, el conflicto que hasta aquel momento tan solo había sido diplomático, estalló en conflicto armado, con el resultado de casi mil muertos y la victoria británica frente a los argentinos. Se puede afirmar que en doscientos años, nadie había aprendido nada. Lo que se había iniciado en 1770 de forma militar y resuelto cuatro años más tarde de forma diplomática, no se supo reproducir dos siglos después.

Manuel de Francisco Fabre
Combate de Puerto Egmont – Wikipedia, la enciclopedia libre
