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ALONSO DE ERCILLA, CONQUISTADOR Y POETA DE LAS INDIAS

  • Jaime Mascaró Munar
  • 19/08/2026
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Alonso de Ercilla y Zúñiga fue un poeta y soldado español. Permaneció en Chile durante diecisiete meses, participando de las campañas militares en Arauco. Fue allí donde escribió su poema épico dedicado al rey Felipe II, obra fundacional del imaginario literario nacional, siendo conocido principalmente por ser el autor de La Araucana, su poema, inspirado en otras obras que influyeron en la escritura de este, como Orlando furioso, de Ludovico Ariosto. Alonso de Ercilla nació el 7 de agosto de 1533 en Madrid, hijo de padres originarios de Bermeo, Fortún García de Ercilla, miembro del Consejo de Órdenes por el Emperador en Toledo, el 17 de junio de 1525, antes de ser ascendido por su valía al Consejo Real y Leonor de Zúñiga.

Alonso de Ercilla

El padre falleció en Becerril el 30 de septiembre de 1534, cuando Alonso contaba con apenas un año. Tuvo cinco hermanos, dos varones y tres mujeres; él era el menor. El mayorazgo murió pronto, el varón mediano ingresó en un seminario. Como la familia había quedado prácticamente arruinada a causa de perder en un pleito el señorío de Bobadilla, el emperador Carlos V, en atención a su origen noble, envió a la familia a su corte, donde la madre fue admitida como dama de la emperatriz Isabel de Portugal, de forma que Alonso se crio allí con sus tres hermanas y sirvió como paje del príncipe Felipe. Junto a él, adquirió una sólida formación renacentista, la que incluyó el aprendizaje de latín, francés, italiano y alemán.

Desde su infancia entró al servicio del príncipe Felipe e integró su séquito en viajes por las cortes europeas. Así fue como, acompañando don Alonso al joven heredero en el viaje que hiciera a Inglaterra, en 1554, adonde debía contraer segundas nupcias con la reina de Inglaterra, María Tudor, la Católica, trabó conocimiento con el capitán Jerónimo de Alderete, recientemente nombrado adelantado de Chile, y fue interesado por éste en los asuntos de América. Desde 1543 el futuro monarca, que por delegación de su padre tenía ya en sus manos el ejercicio de la autoridad real sobre las Indias y España, informado de la sublevación de Francisco Hernández Girón, en el Perú, había nombrado a Alderete Gobernador de Chile, y Virrey del Perú a Don Andrés Hurtado de Mendoza, con encargo para este último de viajar en plazo urgente a poner término a la insurrección de Girón.

Andrés Hurtado de Mendoza

El joven Ercilla, de escasos 21 años, solicitó y obtuvo la merced de acompañar al nuevo Virrey a Indias, y pudo así, en octubre de 1555 zarpar desde el puerto de Sanlúcar hacia Londres y desde allí hacia Chile, su destino americano. Una nutrida serie de avatares y adversidades jalonó esta travesía, entre ellas el fallecimiento de Alderete, en la isla de Taboga, aquejado de grave enfermedad. Desembarcado en el puerto peruano de Trujillo, Ercilla encuentra al Virrey con quien proseguirá hasta Lima, cuando la insurrección de Girón había sido ya aplastada.

Allí el pueblo mapuche, llamado «araucano» por los españoles, mantenía una férrea defensa de su territorio ante el avance de las tropas de Carlos V. Participó en diversas batallas y entre los 21 y 29 años de edad, empezó a escribir, valiéndose de cueros, pedazos de cartas y cortezas, La Araucana, anotando cada noche los sucesos del día, en los sitios en que ocurrieron y averiguando entre los soldados lo que había sucedido antes. De ahí el valor documental que se atribuye a su obra. En 1556 llegó a Perú y acompañó a García Hurtado de Mendoza, el recién nombrado gobernador y capitán general de Chile, donde se habían sublevado los araucanos. Estuvo en Chile diecisiete meses, entre 1557-1559 y conoció a don Francisco Pérez de Valenzuela. Participó en las batallas de Lagunillas, Quiapo y Millarapue, siendo testigo de la muerte de Caupolicán, protagonista de su poema: La Araucana, poema épico de exaltación militar en 37 cantos, donde narra los hechos más significativos de la guerra de Arauco contra los araucanos (mapuches) y que empezó a escribir en campaña, narrando los hechos más significativos de la expedición. Llegó hasta Chiloé donde dice haber dejado escrito en el tronco de un árbol, con su cuchillo, una famosa estrofa de su poema.

García Hurtado de Mendoza

En circunstancias de ser García Hurtado de Mendoza, nombrado Gobernador de Chile por su padre el Virrey, en sucesión del fallecido Alderete, decidió Ercilla como nueva misión servir a su monarca en la guerra contra los araucanos en rebelión. En febrero de 1557 salió de Callao en uno de los navíos que conducían a don García y sus tropas al Reino Austral, para mojar anclas en el puerto de Coquimbo o La Serena el 23 de abril de ese mismo año. Continuada el 21 de junio la ruta hacia el escenario de la guerra de Arauco junto a don García, y al cabo de sortear el navío una «áspera tormenta», Ercilla alcanzó las agitadas costas de Penco, frente a la Isla Quiriquina el 28 de ese mes.

Estos episodios preliminares, así como los antecedentes del episodio bélico de la Conquista, en el que el joven hidalgo-poeta se aprestaba a tomar parte activa, serán puntualmente consignados en la primera parte del poema. En marzo de 1558 don García fundó la ciudad de Osorno y, cuando se realizaba una fiesta en la nueva ciudad con la participación de todos sus vecinos, salió don García por una puerta falsa de su casa cubriendo el rostro con un casco de visera cerrado acompañado de Alonso de Ercilla y Pedro Olmos de Aguilera. De improviso se incorporó el capitán Juan de Pineda, quien estaba enemistado con Alonso de Ercilla por rencillas anteriores y en un momento dado ambos sacaron espadas produciéndose un confuso incidente. Don García se percató de la situación y arremetió contra el más exaltado, que era Alonso de Ercilla, y lo derribó con un golpe de maza. Malherido, Alonso de Ercilla corrió a una iglesia y buscó asilo.

Hurtado de Mendoza, allí presente, los encarceló y condenó a muerte, ordenando que fueran ejecutados por degüello al amanecer del día siguiente y prohibió que los visitaran. La vecindad y muchas personas influyentes, considerando injusta la condena, trataron de persuadir a García Hurtado y Mendoza, pero los preparativos para la ejecución prosiguieron y la esperanza de salvarlos estaba perdida. Se dice que los nobles acudieron a una doncella araucana de La Imperial, a quien el Gobernador miraba con notoria simpatía. La niña, acompañada de otra mujer habría llegado hasta él, y por medio de súplicas lograron conmover el duro corazón del gobernador, quien perdonó la vida a los sentenciados. En homenaje a ella habría titulado su poema con el nombre de «La Araucana», en género femenino. En tanto, Ercilla definió al Gobernador, con cierto desdén, como «mozo capitán acelerado».

Hurtado de Mendoza les conmutó la pena por el destierro y, debido su caracterización en La Araucana, encargó un nuevo poema épico a Pedro de la Oña. Don Juan de Pineda regresó a Perú tomando los votos agustinos, para cumplir una promesa formulada esa noche de vigilia en espera de la muerte. Don Juan de Pineda regresó a Perú tomando los votos agustinos, para cumplir una promesa formulada esa noche de vigilia en espera de la muerte. Fray Juan de Pineda ejerció su apostolado en las misiones y doctrinas de Yagón, de Conchucos, en Tauca y Psicobamba, y en Cotabambas, desempeñando cargos de definidor, presidente del capítulo provincial, prior de Cotabambas y Conchucos. A mediados de la década de 1590 se retiró al Convento de Nasca, donde murió en 1606.

Alonso de Ercilla siguió preso tres meses más y luego fue desterrado al Perú. Escribiría don Alonso en su épico poema La Araucana respecto de este serio incidente: “Ni digo cómo al fin por accidente, del mozo capitán acelerado, a plaza fui sacado injustamente, a ser públicamente degollado; ni la larga prisión impertinente, do estuve tan sin culpa molestado, ni mil otras miserias de otra suerte, de comportar más grave que la muerte”.

Tras intervenir en unas campañas en Lima y Panamá, regresó a España en 1563. Salió de Chile endeudado, sin encomiendas, habiendo sufrido afanes, hambre y vigilias. Publicó en 1569 la primera parte de su gran obra, dedicada a Felipe II. Fue nombrado gentil hombre de la corte y caballero de Santiago en la villa de Uclés, tras lo cual participó en diversas acciones diplomáticas. En 1570 contrajo matrimonio con María de Bazán y se instaló en Madrid, que aportó como dote más de ocho millones de maravedíes.

Menéndez Pelayo

Vivió allí, según se dice, una existencia feliz y exenta de preocupaciones materiales que le permitió terminar las partes segunda y tercera de su poema. La Araucana fue considerada por Cervantes como una de las mejores obras épicas en verso castellano que haya producido España y la salva novelísticamente del fuego a que fue sometida la biblioteca de don Quijote. Marcelino Menéndez Pelayo señaló que «No hay literatura en el mundo que tenga tan noble principio como la de Chile, la cual empieza nada menos que con La Araucana, obra de ingenio español, ciertamente, pero tan ligada con el suelo que su autor pisó como conquistador, y con las gentes que allí venció, admiró y compadeció a un tiempo, que sería grave omisión dejar de saludar de paso la grave figura de Ercilla».

Falleció en Madrid el 29 de noviembre de 1594 a los 61 años. Sus restos reposan en el Convento de San José situado en la ciudad de Ocaña en Toledo. El convento se halla habitado por carmelitas descalzas. Sus restos estuvieron varios siglos bajo el altar en una cripta donde se enterraban las propias monjas, pero fueron trasladados a la iglesia anexa al monasterio para que pudiesen ser visitados con más facilidad.

En un lúdico artículo, Enrique Lihn lo bautiza como el «primer poeta joven de Chile». Otros poetas como Pablo Neruda también le han dedicado palabras a Alonso de Ercilla. También aparece reflejado en La Dorotea de Lope de Vega.

Enrique Lihn

La Araucana, un poema sobre una guerra difícil y cruel, también incorporó como personajes a líderes o héroes mapuches históricos, como Lautaro, Caupolicán o Galvarino, haciendo énfasis en proponer, simultáneamente a la perspectiva hispana, también una suerte de visión indígena de la guerra y la Conquista. El último gran suceso histórico de la Guerra de Arauco abordado por del poema, es el empalamiento del líder mapuche Caupolicán, atravesado por el recto en 1558 («muere de miserable muerte aunque con ánimo esforzado», resume el encabezado del Canto XXXIV), interpretado como una ejecución vergonzante que quita simbólicamente la virilidad del enemigo derrotado finalmente por España, mientras Fresia se niega a seguir criando el hijo de quién ha perdido la hombría por dejarse capturar: «Toma, toma tu hijo, que era el nudo,  con que el lícito amor me había ligado,  que el sensible dolor y golpe agudo,  estos fértiles pechos han secado. Cría, críale tú que ese membrudo, cuerpo en sexo de hembra se ha trocado; que yo no quiero título de madre, del hijo infame del infame padre».

Este gran soldado e intrépido capitán fue el fiel exponente de una raza valerosa, generosa y comprensiva, que en su gran poema hizo brillar como héroes no sólo a los soldados de la conquista, sino de modo especial a los jefes araucanos, a los que él mismo tuvo que enfrentarse en Chile. Esto lo dice todo del militar-poeta, puesto que contribuyó con su valor y saber a sofocar la insurrección de aquel bravo pueblo andino. Poeta de la espada, conquistador conquistado, se le considera tanto historiador como poeta.

Jaime Mascaró Munar

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