
Se trata del apodo de Francisco de la Vega Casas, considerado un ser legendario de la mitología de Cantabria. La primera reseña sobre la figura del Hombre-pez aparece en la obra del Padre Jerónimo Feijoó: Teatro Crítico Universal. Después José María Herrán escribió “El hombre-pez de Liérganes” en 1877 basado en la historia de dicho personaje y en la tradición popular. Una escultura de bronce del Hombre-pez, sentado en actitud pensativa y desnudo luce hoy en recuerdo a este mito popular. Fue realizada por Javier Anievas y erigida sobre una roca. El personaje del Hombre-pez se encuentra contemplando el río que yace bajo sus pies: El río Miera, justo debajo del Puente Mayor, puente románico de la localidad de Liérganes, localidad que fue declarada conjunto Histórico-Artístico en 1978.

La leyenda cuenta como a mediados del siglo XVII en el pueblo cántabro de Liérganes, había una pareja formada por Francisco de la Vega y María del Casar. Tenían cuatro hijos. Francisco, uno de ellos, fue enviado a Bilbao a aprender el oficio de carpintero. Estando en Bilbao fue a nadar por la ría y desapareció. Era el año 1674 y la festividad de San Juan. Francisco fue arrastrado por la corriente y no se volvió a saber nada más de él. Se dijo que había aparecido en la costa de Dinamarca, después en el Canal de la Mancha y finalmente en las costas de Andalucía concretamente en Cádiz. Allí algunos pescadores aseguraron ver un pez acuático con apariencia humana que al acercarse a ellos entre las aguas despareció rápidamente. Tras varios intentos le pudieron finalmente capturar. Era un hombre con el cuerpo cubierto de escamas que no profería palabra alguna, de ahí el apelativo de hombre-pez. En Cádiz fue llevado al Convento de San Francisco. Interrogado allí al lograr hablar algo entre tartamudeos dijo “ Liérganes”. Posteriormente allí hablaron de la desaparición de Francisco de la Vega en esa localidad cinco años atrás. Un fraile del convento acompañó a Francisco a Liérganes para comprobar que era de allí.

Al llegar al pueblo y ver su casa Francisco fue directo hacia ella y María del Casar le reconoció como su hijo. Allí vivió los años siguientes sin mostrar entusiasmo por nada. Iba descalzo o desnudo y casi no hablaba. En una ocasión llegó a nado al pueblo de Pedreña desde Santander. Pasados unos años despareció en el mar sin que se volviera a saber nada de él. El problema de salud diagnosticado por el doctor Marañón que poseía Francisco fue el cretinismo, una discapacidad intelectual y alteraciones del desarrollo causada por déficit grave de hormonas tiroideas que implicaba retraso en el desarrollo motor y del lenguaje. A Cádiz se debió trasladar en barco y encontrarlo nadando por allí fue fruto de la casualidad, pues Francisco era un excelente nadador.

Esta historia folclórica del Hombre-pez ha sido transmitida de generación en generación y combina elementos de aventura, misterio y también de lo mitológico y sobrenatural. Decían que Francisco tenía la cabellera pelirroja, y que el joven desde niño mostró siempre una profunda afinidad con el medio acuático. Su pasión era, nadar, bucear y pescar a las orillas del río Miera. Si el muchacho era Francisco fue el instinto lo que le condujo a casa de su madre cuando regresó a su localidad natal. La leyenda del Hombre-Pez es un relato popular que desafía toda lógica y que adentra en lo legendario . Francisco de la Vega ha conseguido convertirse en un verdadero mito de Cantabria cuya existencia nunca se ha podido demostrar. Aun así, todavía se conservan en Cantabria leyendas como ésta que se caracterizan por su brevedad, en el afán de reducir y eliminar lo superfluo. Estas narraciones plantean historias sencillas, muy relacionadas con fenómenos de la naturaleza a los que intenta dar respuesta. Pese a su simplicidad a veces presentan también una curiosa efectividad poética y elementos mitológicos.
Debido a su carácter en origen oral, las leyendas se van rehaciendo al ser reproducidas en infinidad de ocasiones a lo largo del tiempo, surgiendo variantes del mismo mito. La historia de Francisco de la Vega, desaparecido en 1674 y dado por muerto, se divulgó ampliamente dentro de Cantabria y fuera de ella, generando debate entre los montañeses entre la realidad documentada y los elementos fantásticos que impregnan a Cantabria, denominación actual de lo que se conocía como la región de La Montaña.
Inés Ceballos

