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Muere el esposo de Ana María Matute (26 julio 1990)

  • Manuel de Francisco
  • 25/07/2026
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Mucha gente conocerá o al menos le sonará el nombre de Ana María Matute. Los que conozcan el personaje, lo tendrán presente como una tenaz escritora, que, en la postguerra española, escribió sobre temas sociales y que sufrió la acción de la censura del régimen de Franco. Sin embargo, pocos conocerán la trayectoria de su segundo compañero sentimental. Definimos de esta, ciertamente cursi, la posición de Jules Brocard González, ya que, de su primer marido, solo se separó oficialmente y nunca llegó a divorciarse de Ramón Eugenio de Goicoechea, ya que no estaba permitido en España en 1952.

Boda de Ana María Matute r Ramón Eugenio de Goicoechea 
( Archivo de Juan Pablo Goicoechea)

La muerte de Jules en 1990 sumió en Ana María Matute en una profunda depresión, de la que le costó años recuperarse, pero, en 1996, publicó su obra cumbre el “Olvidado rey Gudú” y fue elegida académica de la Real Academia Española, siendo la tercera mujer en formar parte de esta institución.

La trayectoria de Ana María fue realmente extraordinaria para su tiempo, pero ser inteligente no nos pone a cubierto de hacer errores garrafales en la vida y ella lo hizo en 1952 cuando, contra la opinión de su entorno familiar, se casó con su primer marido. Goicoechea era en teoría escritor, aunque en la práctica todavía no había publicado nada. De buenas maneras y seductor, consiguió que una Matute, inteligente y con 27 años, se uniera de por vida con un vividor que llegó a vender la máquina de escribir con la que se ganaba la vida Ana María. Esto fue la gota que colmó el vaso de la paciencia de Ana que, en 1963, hizo las maletas y se fue de casa… dejando en ella a su hijo de 10 años.

Según las leyes españolas de la época, en caso de abandono del domicilio familiar, la tutela de los hijos quedaba automáticamente en manos del cónyuge que se quedaba. Goicoechea intentó, como es costumbre en estos casos, chantajear a la había sido, hasta este momento, fuente única de ingresos, pero Matute había sido inconsciente en el momento del matrimonio y ya no lo era tanto. Peleó con todos los medios posibles en un ambiente que no era favorable para las mujeres separadas y finalmente consiguió un estatus quo, soportable.

En el éxito en esta pelea conyugal, no creo que fuera ajeno un tercer personaje, Jules Borcard González. Figura más que enigmática y que conoció a finales del mismo año en que se separó de Goicoechea. Hasta la muerte de Jules en 1990, vivieron juntos, de nuevo a pesar del ambiente poco propicio de la época. ¿Pero quién era Jules?

Jules Brocard González, para empezar ni se llamaba Jules ni Brocard. Su madre era una artista relativamente conocida en el mundillo de Barcelona de principios del siglo XX y había tenido una relación con un personaje del Madrid de aquellos tiempos, de suficiente intensidad como para tener un hijo, llamado Julio, que el madrileño jamás reconoció y que se desentendió del problema. La madre de Julio se casó años después con un empresario francés, que acogió con afecto al huérfano de padre, le cambió el nombre, le cedió su apellido e incluso lo inscribió como ciudadano francés. También se preocupó por su educación que se hizo parte en Barcelona y parte en Francia.

Luis Companys.

De resultas de su formación, consiguió un trabajo en el consulado francés en Barcelona y ahí estaba en 1936 cuando estalló la Guerra Civil Española. La actividad en el consulado fue frenética en aquellos, ya que franceses afincados en Cataluña o hijos de franceses que habían olvidado la nacionalidad de sus padres, pretendían abandonar a toda costa la orgía de sangre permitida por el Presidente de la Generalitat, Luis Companys. El trabajo administrativo para emitir nuevos pasaportes y salva conductos fue enorme y Brocard se implicó de lleno en la tarea, primero dando documentos a los que legítimamente los solicitaban, después relajando las reglas y ayudando a los que sentían su vida amenazada y podían alegar cualquier vínculo con un francés. Acabó ayudando a algún falangista atrapado en una Barcelona muy inhóspita.

La Quinta Columna que operaba en Barcelona, apercibida de sus actividades humanitarias, le contactó para solicitarle ayuda para pasar a Francia documentación sensible, fruto del espionaje, aprovechando la valija diplomática del Consulado. Esto era traspasar una línea de seguridad. Una cosa era ayudar a escapar a personas en peligro de muerte y otra pasar información sensible al enemigo de la República. Julio, o Jules, aceptó el encargo, más que por razones ideológicas, por su afición innata al riesgo.

Las operaciones transcurrieron con mayor o menor sobresalto durante 1937, pero en 1938 el SIM (Servicio de Información Militar) republicano detectó que en el Consulado francés pasaban cosas raras y decidió entrar en acción deteniendo a varios españoles que orbitaban alrededor de la red de espionaje. Julio, temiendo acabar en la cárcel, pasó la frontera, se plantó en Francia e intentó contactar con algunos de los que ahí trabajaban para el SIPM (Servicio de Información y Policia Militar) del bando franquista.

A pesar de que había también desaparecido el contacto principal, Julio consiguió reunirse con agentes del SIPM, a los que entregó información militar de alto nivel y les comunicó que deseaba pasarse a la Zona Nacional para entrar voluntario en el Tercio. El SIPM se dio cuenta de la valía de Julio/Jules y le propuso pasar a España por Fuenterrabía y ahí seguir instrucciones para convertirse en trabajador de SIPM a tiempo completo.

Curiosamente, la reacción de Julio no fue de aceptar la propuesta directamente si no viajar a París, entrevistarse con su padre adoptivo y de paso hacer las gestiones para ser considerado oficialmente como ciudadano francés y simultáneamente obtener un certificado médico declarándolo inútil para el servicio militar. O sea que podía volver a Barcelona, protegido con su nuevo pasaporte, pero ningún Estado podía reclutarle para las trincheras.

Finalmente pasó a España por Fuenterrabía y ahí se enroló oficialmente en el SIPM y le informaron de su misión, que consistía en introducirse en Barcelona con un equipo de radio, con todas las claves habidas y por haber, con el fin de instalar una red de comunicaciones en la Ciudad Condal. Julio, que recibió el nombre clave de “Leblond”, intentó entrar en España por La Junquera en mayo de 1938 y en la misma frontera fue detenido por el temido SIM.

Fue trasladado Barcelona y quedó a disposición del SIM en sus instalaciones, que no eran precisamente un hotel de lujo. Ahí, sometido a un interrogatorio de alto nivel, cantó todo lo que pudo. El final habitual de un espía que es detenido con las manos en la masa es ser eliminado una vez se ha obtenido toda la información relevante, pero en el caso de Julio, no fue así, dando muestras de su alta habilidad para sobrevivir. Quedó encarcelado en Barcelona, los republicanos intentaron utilizar sus informaciones para transmitir informaciones erróneas a los franquistas durante la Batalla del Ebro y cuando las tropas de Franco ocuparon Barcelona, Julio no estaba ni tampoco constaba como fusilado durante la retirada roja. Su madre, su padrastro y el SIMP estuvieron removiendo cielo y tierra hasta que apareció, semanas más tarde en un campo de concentración francés. Demacrado y con signos de las torturas sufridas, pero vivo. Había conseguido sobrevivir a los meses en los calabozos del SIMP y a los fusilamientos masivos que ocurrieron durante la caótica retirada republicana de Barcelona a Francia.

El SIMP hizo las gestiones necesarias para repatriarlo e interrogarlo. Su situación no era muy sólida, había suministrado información sensible al SIM y detalles técnicos sobre los equipos de radio, había milagrosamente sobrevivido a interrogatorios y fusilamientos masivos, y a pesar de ello consiguió un informe favorable y volvió a una vida aparentemente anodina.

Esta vida, en apariencia tan tranquila y reposada, sin embargo, le permitió acumular unas rentas que le permitían viajar por todo el mundo y fue gracias a estos viajes que conoció a Ana Maria Matute.

Los que llegaron a conocerle, le definían como una persona agradable, amable, de buen aspecto físico, reservada y que siempre se mantenía en la sombra social. De hecho, no existe ninguna imagen conocida de Jules Brocard González en archivos públicos, prensa histórica, bases de datos fotográficas ni en las fuentes académicas disponibles, ni tan siquiera de su relación con Ana María Matute

La verdadera historia se la llevó él a la tumba en 26 de julio de 1990, pero estamos seguros de que, aunque siendo Ana Maria, persona de carácter y resistencia, la figura de Julio, siempre discretamente en segundo plano, antiguo espía, sobreviviente nato y con amplios y discretos contactos en la sociedad española, le ayudó muchísimo para resolver sus problemas con su primer marido y con la censura.

Manuel de Francisco Fabre

Ana María Matute – Wikipedia, la enciclopedia libre

Secretos y Resistencia: Las Historias Inéditas de la Guerra Civil Española | My Fraternity News

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Manuel de Francisco

Ingeniero Industrial Superior, especialidad Química por la ETSIIB
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