
El 15 de febrero de 1898., el acorazado USS Maine (ACR-1) de los Estados Unidos de América, voló en mil pedazos en el Puerto de La Habana, perdiendo la vida 254 marineros y dos oficiales de un total de 355 marinos que componían su tripulación. No murieron más oficiales, porque el resto estaban en un baile organizado por las autoridades españolas. Nunca ha estado clara la causa de la explosión, probablemente por defectos de diseño, pero sí que fue claramente la causa de la Guerra Hispanoamericana.

A finales de junio del mismo año, El general William Rufus Shafter desembarca un cuerpo expedicionario en Daiquiri en la costa sur de Cuba con la intención de conquistar Santiago de Cuba. La fuerza desembarcada era de entre 15,000 y 20,000 hombres. No se conoce exactamente las cifras debido a los problemas logísticos y de organización de los norteamericanos. La expedición estaba compuesta de dos divisiones de infantería y una de caballería, que, debido a la desorganización general, llegaron desmontados ya que las monturas se quedaron en Florida.
El objetivo de Shafter era la conquista de Santiago de Cuba y pensaba que dados los medios puestos en juego y la superioridad de efectivos, todo iba a ser un paseo militar. La primera parte de la operación fue el desembarco de las tropas y material, cosa que se realizó sin mayores problemas ya que las fuerzas españolas no tenían capacidad para detener un asalto al no poseer el control del mar ni baterías de costa. Cualquier oposición española hubiera sido fácil blanco de los cañones navales americanos.
Una vez desembarcada la fuerza expedicionaria, el problema principal era alcanzar Santiago de Cuba, atravesando las lomas de San Juan y dejando aislada hacia el interior la posición española de El Caney. Como lo que les sobraban a los americanos eran medios humanos, Shafter, envió a su subalterno el general Lawton con 6,000 hombres para ejecutar una maniobra de distracción sobre El Caney, que pensaba fuera de fácil conquista y reunirse en su ataque principal a las Colinas de San Juan sobre las 10:00 de la mañana.
Las lomas eran y son, fundamentalmente, eso, lomas de baja altura, pero estaban rodeadas de bosque tropical denso y húmedo. Ahí empezó el primer problema. Los uniformes americanos eran de buena confección, pero fabricados con denso algodón y de color oscuro que resultaban sumamente incómodos en un ambiente tropical. Los soldados quedaban sofocados a los pocos pasos y no digamos si tenían que asaltar una posición cuesta arriba y a la carrera.
Hasta aquí hemos hablado de la organización de las tropas estadounidenses, veamos que pasaba en el lado español.

El conjunto de la defensa de Santiago de Cuba estaba a cargo de Arsenio Linares y Pombo, en aquellos momentos teniente general. Disponía bajo su mando de unos 9,500 hombres y en lugar de concentrarlos en la defensa de la línea Caney-Colinas de San Juan, las reservó en la capital. Arsenio, personalmente organizó la defensa en San Juan, pero no diseñó correctamente la línea de trincheras, con el resultado que desde algunas de ellas no era posible disparar al enemigo sin exponerse a su fuego. En la construcción de las trincheras se utilizó el sistema “carlista”, que amontonaba la tierra extraída a la espalda de los tiradores, favoreciendo la invisibilidad de los defensores.
Arsenio, dispuso tan solo unos 800 hombres con dos cañones Krupp de 75 mm de tiro rápido, y se reservó personalmente el mando. El armamento standard de las dotaciones era el fusil Mauser modelo 1893, de lo más moderno para la época. Pero lo más destacado en el armamento español es que tanto los cañones como los fusiles empleaban cartuchos con cordita, en lugar de pólvora negra.
En la posición cercana de El Caney, se encontraban tan solo 549 soldados al mando del general Joaquín Vara de Rey. No disponía de ninguna pieza de artillería.
A las ocho de la mañana, Shafter ordena el bombardeo de las posiciones españolas con sus doce piezas de artillería de que disponía y ahí se encontró con la primera sorpresa. Sus cañones utilizaban pólvora negra que dejaba una humareda perfectamente visible a distancia, ello hizo que los españoles identificaran los objetivos, dirigieran el fuego contra ellos y las hicieran callar tan solo media hora más tarde.

Shafter, pensaba que los españoles no estaban motivados para resistir un ataque frontal y ordenó un asalto, pero nuevamente sorprendido se encontró ante un fuego metódico de fusilería que detuvo en seco a sus soldados. Un participante norteamericano escribió que ante sus ojos aparecían los sombreros de paja de las dotaciones españolas, se oían los disparos, desaparecían los sombreros y una rociada de balas caían a su alrededor sin que se llegara a ver realmente desde donde se había disparado. El efecto de la cordita fue una sorpresa para los norteamericanos.
A las 9:30, Shafter ordenó el lanzamiento de un globo de observación, pero era de color amarillo, haciéndolo perfectamente visibles y los artilleros españoles tenían buena puntería. Les bastó cuatro disparos para echarlo al suelo.
A pesar de los contratiempos, Shafter ordena atacar a las 10:00, pero de nuevo se detuvo el ataque, ante las bajas provocadas por el fuego de fusilería y de los Krupp, aunque éstos tuvieron que ralentizar el fuego debido a que se les agotaba la munición.
A este punto, Shater se había dado cuenta que su errada estrategia y ordenó a Lawson que acudiera en su auxilio, pero éste se había ya enzarzado en una lucha personal con el destacamento de Vara de Rey, que resistía obstinadamente el asalto a pesar de carecer de artillería.

No fue hasta las 13.00 que se reinicia de nuevo el asalto. Esta vez con el apoyo de cuatro ametralladoras Gatling, estas armas, unidas a la falta de munición de las Krupp, hacen que las tropas españolas se replieguen, pero siempre en orden. Nunca hubo una desbandada y la resistencia en la zona duró todavía dos días.
La pérdida de las posiciones defensivas terrestres y la destrucción de la flota española del almirante Cervera, hizo imposible la defensa de Santiago de Cuba que se rindió el 16 de julio.
De los principales protagonistas, el general Vara de Rey, murió en la batalla de El Caney, asesinado por los mambises, cuando era transportado en camilla herido de gravedad. Shafter, enfermó durante las operaciones y fue evacuado en septiembre del mismo año. Fue partidario de abandonar la isla, considerándola muy insalubre para el ejército americano.
Finalmente, Arsenio Linares y Pombo. Culpable en gran medida de los errores tácticos y estratégicos, fue sin embargo el mejor tratado por el gobierno español. Fue nombrado ministro de la Guerra en 1900 y ejerció el cargo hasta en cuatro ocasiones. Murió en Madrid en 1914.

Manuel de Francisco Fabre
https://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_las_Colinas_de_San_Juan
https://es.wikipedia.org/wiki/Mauser_Modelo_1893
https://es.wikipedia.org/wiki/Paul_Mauser
https://es.wikipedia.org/wiki/Cordita
