
BATALLA DE OTUMBA
8 de julio de 1520 No amanece del todo. El cielo es una franja gris que apenas deja ver los llanos interminables de Temalcatitlán. Mientras me ajusto la coraza, me parece escuchar el eco lejano de los muertos que hemos dejado en el camino. A mi alrededor, los hombres respiran hondo, como si cada bocanada pudiera ser la última; algunos murmuran oraciones, otros afilan en silencio lo que queda de sus armas. Es entonces cuando miro mis manos. Tiemblan. No lo niego: temo morir aquí, tan lejos de todo. Temo caer en manos de los mexicas y que esta sea








