
Los obispos estadounidenses consagrarán su país al Sagrado Corazón de Jesús el próximo mes de junio, en el año en que los EE. UU. celebran el 250 aniversario de su fundación —que, por cierto, debe su independencia al apoyo decidido de España, empezando por su rey Carlos III—, y coincidiendo con la visita del primer papa norteamericano, León XIV, a España. Dicha consagración vendría a dar cumplimiento a la Gran Promesa que, a través de una visión divina, recibió el jesuita español Bernardo de Hoyos, en Valladolid, en 1733, una época en que buena parte de lo que hoy son los EE. UU. formaba parte del Virreinato de Nueva España, es decir, era provincia española.

Así es: aquel año, el joven novicio jesuita Bernardo de Hoyos, que actualmente es beato, recibió en el vallisoletano Santuario de la Gran Promesa una revelación divina en la que se le apareció Jesús con el símbolo del Sagrado Corazón, prometiéndole que «reinaré en España, y con más veneración que en otras muchas partes».
Y en esa época el Virreinato de Nueva España comprendía el actual México y amplios territorios del sur y oeste de los EE. UU. actuales, incluidos Texas, Nuevo México, Arizona, California, Nevada, Utah, el sur de Colorado, el sur de Wyoming, el oeste de Kansas, Oklahoma, Florida y el sur y oeste de Luisiana. Pronto se fundarían lo que hoy son grandes megalópolis como San Francisco, Los Ángeles, San Diego o San Luis (Misuri). Y, siguiendo por el norte de California y toda la costa del Pacífico, hasta San Miguel de Nutka, en Alaska, donde se logró la máxima expansión del Imperio español.
La bandera española ondeaba orgullosa en poblaciones como San Agustín —la primera población de los EE. UU. habitada ininterrumpidamente desde su fundación por el asturiano Pedro Menéndez de Avilés, hace más de 300 años y, por tanto, más antigua que la misma república—, Santa Fe y Alburquerque (Nuevo México), El Paso y San Antonio (Texas), o las misiones de Arizona, estado evangelizado por el padre Kino —italiano naturalizado español—, y cuya estatua destaca en el Capitolio de Washington.

Todo ello cuando aún faltaban 43 años para la Declaración de Independencia de las Trece Colonias británicas, cuya consecución se logró, bajo la dirección del rey Carlos III, gracias a personajes como el virrey de Luisiana Bernardo de Gálvez, el embajador en París, el conde de Aranda, o el banquero bilbaíno Diego M. Gardoqui, entre otros. La nueva república, ingrata, pagaría muy mal esa ayuda fundamental, apropiándose de todos los territorios al norte del río Bravo después de que México se independizara de la Madre Patria.
Los jesuitas fueron los grandes divulgadores de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, también en el Virreinato de Nueva España, pero fueron expulsados por decreto de Carlos III de la España peninsular, así como del resto de territorios hispánicos en América y otras latitudes, en 1767.
Sin embargo, el recuerdo de esa Gran Promesa, cuyo cumplimiento se había postergado hasta hoy, parece que por fin se llevará a efecto gracias a la iniciativa de la jerarquía católica estadounidense, que parece haber querido aprovechar la efeméride de la fundación de los EE. UU. para consagrar su país al Sagrado Corazón.

Y es que la devoción a esa advocación, pese a no estar institucionalizada hasta ahora, tiene un profundo arraigo entre los fieles estadounidenses. Así es: se calcula que actualmente hay en ese país entre 1.200 y 1.500 instituciones con el nombre del Sagrado Corazón, incluidas escuelas, hospitales, parroquias, universidades, conventos, organizaciones caritativas o centros comunitarios.

En concreto, habría alrededor de 300 escuelas de primaria y secundaria, unas 80 high schools, la Sacred Heart University (en Connecticut), la University of the Sacred Heart y unas 700 parroquias (se trata de uno de los tres nombres de parroquia más comunes). Asimismo, lo usan cerca de 50 entidades sanitarias católicas, como el Sacred Heart Health System (Florida), el Sacred Heart Medical Center (Oregón) y los hospitales Sacred Heart (de Wisconsin, Pensilvania, Illinois…). También hay 300 órdenes religiosas, conventos y obras sociales con dicho nombre, relacionados con las Hermanas del Sagrado Corazón, Misioneros del Sagrado Corazón…

Jesús Caraballo
