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España en la historia

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FRASES HECHAS (VI)

  • Ricardo Aller Hernández
  • 29/06/2026
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ESTAR HASTA EN LA SOPA
La sopa siempre fue un plato muy común en la península, al ser barata, fácil de preparar y nutritiva.
La expresión empieza a documentarse en el siglo XIX, especialmente en Madrid Cómico, La Caricatura, El Motín y otras publicaciones humorísticas.


<<Dicen que el señor concejal está ya hasta en la sopa.>> (Madrid Cómico, 1880–1900)
Los sainetes de finales del XIX y principios del XX —Arniches, Vital Aza, Ramos Carrión— incorporaron la expresión al habla castiza madrileña.

PONER PIES EN POLVOROSA
En los caminos de tierra de la España premoderna, quien corría o huía levantaba una nube de polvo visible desde lejos. Ese polvo —la polvorosa— se convirtió en símbolo de la huida precipitada.
La frase aparece ya en el Siglo de Oro, donde “polvorosa” se convierte en un sustantivo que designa precisamente esa nube de polvo que se levanta al correr.


«Y el mozo, viendo el peligro, puso pies en polvorosa.» (Pedro Antonio de Alarcón, El sombrero de tres picos)

TENER MUCHOS HUMOS
Los moralistas romanos hablaban de fumus gloriae (“el humo de la gloria”), para referirse a la vanidad vacía de quienes buscaban honores sin mérito.
En el castellano medieval, humo no solo era la materia que sale del fuego: también significaba fantasía, ilusión, apariencia vacía.
“Humos: Metáfora que significa altivez, presunción o vanidad.” (Diccionario de Autoridades, 1734)


«Se le han subido los humos a la cabeza» (Cervantes, El casamiento engañoso)

PONERLE EL SANBENITO
El sanbenito (del latín saco bendito) era una túnica o escapulario que la Inquisición obligaba a llevar a los condenados por herejía. Servía para marcar públicamente al reo y recordar a la comunidad su supuesta culpa.
Había dos tipos: sanbenito de penitenciados, para quienes se reconciliaban con la Iglesia, y sanbenito de relajados, para quienes eran entregados al brazo secular.
Tras la muerte del reo, o tras cumplir la pena, el sanbenito se colgaba en la iglesia parroquial con su nombre y delito. Era una forma de infamia perpetua: la familia quedaba marcada durante generaciones.


«…como si llevara el sanbenito de hereje por las calles.» (El Quijote)

DAR LA LATA
La expresión tiene varios posibles orígenes, siendo la teoría más aceptada la militar, cuando en el siglo XVII los soldados retirados, lisiados o veteranos sin paga recorrían los despachos oficiales pidiendo pensiones o ayudas. Para acreditar sus méritos, llevaban los documentos enrollados dentro de un tubo de hojalata.
Como acudían una y otra vez a las mismas oficinas, insistiendo con el mismo asunto, se decía que estaban “dando la lata”, al presentarse repetidamente con la misma lata bajo el brazo.
De esta misma imagen procede también la expresión “dar el rollo”.
Otra explicación apunta a las antiguas cencerradas, celebraciones populares en las que los vecinos hacían ruido con latas vacías, cencerros, sartenes y otros objetos metálicos.


Una tercera hipótesis habla de mendigos que golpeaban una lata metálica para pedir limosna. El sonido repetitivo y persistente habría dado lugar a la idea de “dar la lata” como insistencia molesta.


TOMAR LAS DE VILLADIEGO
En la Edad Media, la villa burgalesa de Villadiego concedió un privilegio de protección a los judíos que huían de persecuciones, abusos o violencias.
Este privilegio —concedido según la tradición por Fernando III o Alfonso X— garantizaba asilo seguro, protección jurídica e inmunidad temporal frente a acusaciones o agresiones.

<<Tomé las de Villadiego…>> (Miguel de Cervantes, Rinconete y Cortadillo)


ESTAR SIN BLANCA
La blanca era una moneda castellana de bajo valor, acuñada desde el siglo XIV. Se llamaba así porque estaba hecha de vellón blanqueado (aleación de cobre con un baño de plata), lo que le daba un tono claro.


«…andaba yo sin blanca, más seco que un esparto, y sin esperanza de remedio.»(Francisco de Quevedo, La vida del Buscón llamado Don Pablos)


SE VA A ARMAR LA GORDA

Su origen se sitúa en la revolución de 1868 (conocida como «La Gloriosa»), que buscaba destronar a Isabel II. En los preparativos del alzamiento, los conspiradores se referían a la revuelta de forma clandestina como «la gorda».
Otra teoría sitúa su origen también en el siglo XIX: el premio grande de la Lotería Nacional empezó a llamarse “la Gorda”, porque cuando tocaba, se armaba un alboroto monumental en el pueblo o barrio.
Sainete de finales del XIX (Arniches):

<<Calla, mujer, que como sigas así, se va a armar la gorda.>> (Carlos Arniches, sainete)

DAR EL PEGO
En los siglos XVII y XVIII circulaban monedas falsas hechas con metal barato recubierto de una fina capa de plata y para que parecieran auténticas, se pegaba ese baño metálico sobre el núcleo de cobre. A estas monedas se las llamaba pegos.
Otra teoría procede del mundo de la pintura: el pego sería un retoque superficial, un añadido que “maquilla” un defecto para que no se note.


«Aquello daba el pego como cosa fina, y no era más que baratija.» (Benito Pérez Galdós, La desheredada)

ATAR LOS PERROS CON LONGANIZA
La tradición sitúa el origen en Candelario (Salamanca), en la famosa tienda de embutidos de Cándido, un choricero del siglo XIX.
Según la leyenda, Cándido tenía tanta abundancia de longanizas y chorizos que un día ató a un perro con una longaniza para que no molestara en la tienda. Otro perro se acercó, mordió la longaniza y se armó un revuelo tal que la historia corrió por la ciudad.

<<Aquí creen que atan los perros con longaniza, y luego pasa lo que pasa.»>> (almanaque popular de 1891)

TIRAR DE LA MANTA
Proviene de los «Libros de la Manta» del siglo XVI en Navarra. Eran unas mantas o lienzos colgados en las iglesias que contenían los nombres de las familias que tenían ascendencia judía o musulmana.

<<Si tiro de la manta, más de uno va a salir temblando.>>(Madrid Cómico,1882)


SABER MÁS QUE EL PERRO PACO
Según las crónicas madrileñas de la época, Paco era un perro callejero negro, sin dueño, que se hizo habitual de los cafés de la Puerta del Sol y la calle Alcalá. Se colaba en teatros, asistía a tertulias, acompañaba a toreros y personajes célebres, y era tratado con respeto por todo el mundo. Su fama se disparó entre 1881 y 1882, cuando los periódicos comenzaron a narrar sus andanzas.
El dicho nace porque a Paco se le atribuía una astucia extraordinaria, fruto de su capacidad para moverse por cafés, teatros y tertulias como si fuera uno más, siempre obteniendo comida, cariño y protagonismo.


«Paco, que entiende más de toros que muchos aficionados, entró en la plaza con aire de personaje importante.» (Madrid Cómico)


A MÍ, PLIN
A finales del siglo XIX circulaba una coplilla popular que decía: «A mí, Prim, que yo no fui.»
Aquella era una frase burlesca usada para quitarse responsabilidad en un ambiente político convulso, especialmente tras el asesinato del general Juan Prim en 1870.

Con el tiempo, la frase se desgastó fonéticamente: “A mí, plin”

EN TIEMPOS DE MARICASTAÑA
María Castaña fue un personaje real del siglo XIV en Lugo. Lideró una revuelta contra el poder abusivo del obispo de la ciudad. Su nombre quedó en la memoria popular como sinónimo de una época remota y casi legendaria.

<<Eso pasó en tiempos de Maricastaña, hija.>> (Leopoldo Alas, Clarín, La Regenta)
 

LA SUERTE DE LA FEA, LA BONITA LA DESEA
Algunos la asocian históricamente a Isabel la Católica. Se decía que no era una mujer de belleza convencional según los cánones de la época, pero su inmenso poder, inteligencia y éxito político hicieron que muchas mujeres nobles de gran belleza envidiaran su posición y fortuna.

<<Ya ves, hija: la suerte de la fea, la bonita la desea.>> (Miguel de Unamuno, La tía Tula


SER UN VIVA LA VIRGEN
En los barcos, al pasar lista, el último marinero en la fila debía gritar «¡Viva la Virgen!» para cerrar la formación. Con el tiempo, el término pasó de la jerga marinera a definir a alguien que vive en las nubes.

<<Es un viva la Virgen, incapaz de tomarse nada en serio.>>(Pío Baroja, La busca)



EL HUEVO DE COLÓN
Se dice que en una cena, unos nobles le restaron mérito al descubrimiento de América diciendo que «cualquiera podía haberlo hecho» y Cristóbal Colón los retó a que pusieran un huevo de pie.
Tras fallar todos, él le dio un pequeño golpe en la base para aplastarlo y dejarlo derecho.

<<Aquello no era el huevo de Colón, pero bien podía pasar por un hallazgo>> (Benito Pérez Galdós, Fortunata y Jacinta)

NO ES MOCO DE PAVO
El «moco» era como se llamaba a la parte de la cadena del reloj que asomaba por el bolsillo del chaleco de los caballeros en Madrid. Los ladrones (golfillos de la calle) intentaban robarlo pensando que era de oro, pero a veces era una imitación barata de poco valor; si el reloj era bueno, decían que «no era moco de pavo».


«Que no es moco de pavo, señora, que es cosa seria.» (Benito Pérez Galdós, Misericordia)

SER UN HORTERA
Originalmente los «horteras» eran los mancebos o dependientes de las tiendas de telas y mercerías de Madrid (especialmente en la calle Postas). En sus días libres, intentaban vestir como los nobles pero con ropa barata o pasada de moda, lo que provocaba la burla de los madrileños.

«Aquel tipo, tan hortera como engreído, entró pavoneándose por el café.» (Camilo José Cela, La colmena)


A LA CHITA CALLANDO
La «chita» era un juego de taba (huesos de animal) muy popular en las tabernas. Al lanzar el hueso, si se quería ganar haciendo alguna trampa debía hacerse con discreción.


«Y él, a la chita callando, se fue metiendo en el negocio.» (Camilo José Cela, La colmena)


IRSE DE PICOS PARDOS

Su origen es un decreto de la época de Carlos III: para distinguir a las mujeres de vida disoluta que frecuentaban las tabernas y mancebías, obligándolas por ley a llevar en sus mantas unos ribetes o picos de color pardo.


«Dicen que anoche se fue de picos pardos y volvió al amanecer.» (Camilo José Cela, La colmena)


NO TENER OFICIO NI BENEFICIO
En los documentos bajomedievales, oficio significaba trabajo manual. Beneficio, en cambio, era una prebenda eclesiástica, como una capellanía, una canonjía o una renta


NO TENER OFICIO NI BENEFICIO

.
«Ese muchacho no tiene oficio ni beneficio y vive del cuento.» (Benito Pérez Galdós, La de Bringas)

MANTENERSE EN SUS TRECE
En 1378, la elección de Urbano VI en Roma provocó una rebelión entre los cardenales franceses, que eligieron a su propio papa en Aviñón, Benedicto XIII, el Papa Luna.


Cuando la mayor parte de Europa dejó de reconocer al Papa Luna, él se mantuvo en su trece (es decir, en su nombre papal: Benedicto XIII), se atrincheró en Peñíscola, convertido en fortaleza pontificia, y desde allí siguió gobernando como si fuera el único papa legítimo.

Ricardo Aller

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