
La Edad de Plata de la cultura española comenzó hacia finales del siglo XIX, aunque hay quien lo retrotrae a 1868, pero el discurso oficial adolece de sectarismo, al poner el acento de esa brillante época, el Regeneracionismo, en la Institución Libre de Enseñanza, ILE, para lo cual invierte numerosos recursos propagandísticos, silenciando cuando no despreciando el papel fundamental —anterior y superior al de la propia ILE o al krausismo— que desempeñó la Iglesia Católica en el impulso a la ciencia y la cultura de nuestro país. La Residencia de Estudiantes o la Fundación Ortega – Marañón fueron altavoces propagandísticos de ese discurso laicista, que alimenta la Leyenda Negra contra la Iglesia, que supuestamente habría sido una rémora para el progreso de España, cuando es justo lo contrario, la Iglesia Católica desde sus orígenes ha sido determinante en el avance de nuestra Civilización.


Uno de tantos ejemplos de ese impulso al saber, la educación y la ciencia por parte de la Iglesia es la Universidad Pontificia de Comillas, ubicada actualmente en Madrid, donde imparte licenciaturas en distintas disciplinas de Ciencias Humanas, Técnicas y Religiosas, sin embargo, tuvo su origen en el Seminario y Universidad homónimas; así como en el Instituto Católico de Artes e Industria, ICAI, éste en la capital de España.
De la primera, fue su valedor el primer marqués de Comillas, Antonio López López, natural de esa localidad cántabra, quien aportó parte de su fortuna, para la construcción de un colegio de segunda enseñanza dedicada a los niños menesterosos de la localidad, proponiendo su gestión a los jesuitas. A propuesta de éstos y muy especialmente del padre Tomás Gómez Carral, se amplió la docencia del centro a formación de seminaristas pobres procedentes del resto de España, de Hispanoamérica y de Filipinas.

Tomó el testigo de esta iniciativa el segundo marqués, tras la muerte del primero, su hijo Claudio López, también de un profundo catolicismo. Éste presentó al Papa León XIII, en la primavera de 1890 y por mediación del Nuncio en España, la cesión de la propiedad de este nuevo Seminario a la Santa Sede, de tal suerte que el 16 de diciembre de ese mismo año, el Pontífice fundó el Seminario Pontificio San Antonio de Padua de Comillas. En 1904 fue declarado por el Papa Pío X como Universidad Pontificia, donde habrían de impartirse estudios de Filosofía, Teología y Derecho Canónico. El método de estudios que habría de aplicarse en las titulaciones impartidas en la nueva Universidad sería el empleado por la Compañía de Jesús, conocido como “Ratio Studiorum”.
Pronto la institución alcanzó un gran prestigio. En 1968 y tras 65 años de actividad en Cantabria, los jesuitas trasladaron el centro a Madrid, después de que en 1960 se declarara la Facultad de Derecho Canónico como delegación comillana en la capital. Un tiempo después, la Fundación Comillas del Español y la Cultura Hispánica creó el Centro Internacional de Estudios Superiores del Español, CIESE-Comillas.

El edificio alberga un museo. También se puede apreciar el polideportivo, donde pudieran practicar deporte los miles de alumnos que pasaron por sus instalaciones, algo común en los centros educativos de la Iglesia, donde además había magníficos laboratorios de Física, Química y gabinetes de Ciencias. Todo ello sería copiado posteriormente por la ILE y el krausismo. El Museo de la Naturaleza de Cantabria heredó las magníficas colecciones de la antigua Universidad Pontificia de Comillas.

Fue el arquitecto Antonio Palacios quien diseñó los talleres, en donde más tarde, se amplió la formación técnica de los estudiantes, proporcionándoles titulaciones universitarias, contribuyendo así a su promoción profesional.


Todo ello se malogró cuando al inicio de la muy “democrática” II República, el edificio del ICAI fue incendiado por supuestamente “elementos incontrolados”, el 11 de mayo de 1931, con la aquiescencia cuando no complicidad de las autoridades republicanas, que no hicieron nada por detener los numerosos asaltos a centros religiosos, en donde se perdió un patrimonio de valor incalculable. Según palabras de Manuel Azaña“ninguna iglesia vale la vida de un republicano”, cuando la realidad es que la Iglesia jamás amenazó a la República.
El anticlericalismo de las autoridades masónicas que gobernaban el país se acentuó cuando fue expulsada la Compañía de Jesús y el gran talento científico de muchos de sus miembros de España, viéndose obligados a exiliarse en la belga Lieja, donde continuaron impartiendo sus estudios de Ingeniería, hasta 1937.
Baste como botón de muestra del inmenso patrimonio que se perdió por la vesania anticlerical de los republicanos es que sólo con el incendio de la biblioteca del ICAI se perdieron más de 20.000 libros, incluida la valiosa obra completa del padre García Villada; así como alrededor de 100.000 copias de canciones tradicionales, recogidas por el padre Antonio Martínez.
En 1939, una vez concluida la Guerra Civil española, ingenieros del ICAI regresaron y volvieron a tomar posesión de sus instalaciones en la capital de España. Actualmente, esa institución es una escuela politécnica, especializada en Tecnologías Industriales, de Telecomunicaciones e Inteligencia Artificial. En 1960, se fusionó el ICAI con ICADE, formando la prestigiosa universidad ICAI – ICADE.

Jesús Caraballo
