
La china, mujer gaucha

Se conoce como china, huayna o paisana a la mujer gaucha. En las canciones y en la literatura gauchesca, el gaucho solía emplear la palabra prenda como sinónimo de mujer amada. Por lo general, se la describía con ojos grandes, oscuros, aunque algunas tenían ojos azules, y con cabello también oscuro y lacio que solía atar con una o dos trenzas. Al contrario que el gaucho, el carácter de la china se describía como amable y cortés. En el imaginario argentino de la época, su simpatía y su dulzura la distinguían, elementos poco frecuentes en sus equivalentes de género masculino. Sin embargo, la china cabalgaba a la par del gaucho, aun considerando que montaba de lado.

Gauchos en un desfile en la provincia de Salta blandiendo lanzas de cañas tacuara, las típicas lanzas de los gauchos durante la Guerra de la Independencia Argentina, en el sur las cañas para las lanzas o «chuzas» eran de coligües. Nótese que están cubiertos por los livianos, aunque abrigados ponchos salteños.
Al igual que el gaucho, su origen era diverso y sobre todo en tiempos en que el rapto de mujeres solía ser una institución en sí misma, que en nuestros tiempos y en este caso, sería mejor entendida como casamiento que con la denotación actual.
En muchos casos la china era de origen indígena, de ahí esta denominación, la cual se empleaba en forma genérica para hacer referencia a las mujeres aborígenes. [nota 4] Como consecuencia, la literatura a menudo describe a la china como desarraigada de sus congéneres. Esto también se encuentra, aunque con menor frecuencia, en las chinas de otros orígenes, tales como la mujer española, mestiza o criolla, que o bien huye de su pueblo o es raptada por el gaucho, ya sea como botín de guerra o como botín amoroso, al que la china muchas veces se ofrecía sin resistencia. Otras veces, la china simplemente ya nacía arraigada en un estilo de vida gaucho.
El régimen familiar
La china solía vivir con el gaucho en régimen de semi concubinato, marcado por larga ausencia del varón, que la china sabía soportar con estoica paciencia. Solían conformar núcleos familiares multiparentales. El hogar estaba constituido en el rancho: una pieza de barro con techo de paja, sin ventanas ni chimenea y una sola abertura sin puerta. En el centro del rancho había un fuego que inundaba todo de humo. Amontonados cerca de él, la familia comía y dormía toda junta, envueltos en sus ponchos. Entre el escaso mobiliario se podría encontrar algún catre, un tronco o un cráneo de vaca o de caballo para sentarse, y, con suerte, un baúl y una mesa para jugar a las cartas. Sus habitantes se alumbraban con un candil de sebo de vaca y se calentaban con carbón de leña. La cocina solía estar en una construcción aparte a cierta distancia del rancho principal, tan desprovista como resto del rancho. Por lo general, no se tenía vajilla ni cubiertos, se bebía de un cuerno de buey, el caldo se tomaba directamente de la olla y el asado se preparaba ensartado en una vara de madera o de metal.
Las labores domésticas
Las labores de la china eran la agricultura y las tareas domésticas, cuidar del rancho y de los hijos. Se encargaba de cocinar el locro, la carbonada, el puchero, y de hacer tortas fritas, dulces y mazamorra, según el escaso lujo lo permitiera. También cuidaba del corral poblado de gallinas, cerdos y caballos, labraba la tierra, y cultivaba el huerto donde se sembraba principalmente maíz, zapallos, sandías, ajíes, cebollas, tabaco, papas y algún árbol frutal,[nota 5] además tejía ponchos y bayetas, zurcía las pilchas y cribaba los calzoncillos con una especie de bordado que el gaucho lucía con orgullo.
Los gauchos desempeñaron un papel fundamental durante la Guerra de la Independencia Argentina, entre 1810 y 1825.

Surgida la Primera Junta en Buenos Aires fueron gauchos los que siguieron al caudillo José Gervasio Artigas, quien —aunque primeramente no apoyó la revolución patriota si bien poco luego ya decididamente es un líder patriota de las Provincias Unidas del Río de la Plata que lleva a cabo el levantamiento de la Banda Oriental contra el rey de España y los invasores tanto portugueses como brasileños—. Artigas formó un ejército popular de gauchos e indios, derrotó a los realistas y puso sitio a la ciudad de Montevideo y luego promovió en el Cono Sur una Unión de los Pueblos Libres.
Muchos gauchos enarbolaron las ideas de José Gervasio Artigas, totalmente revolucionarias en la región, que mezclaban los contenidos de la ilustración francesa y la independencia de Estados Unidos sobre el legado político y cultural de los españoles. Los gauchos, junto a los indígenas y otros campesinos, ayudaron a cuajar el primer gobierno federal en la inmensa región del Río de la Plata, conformando la Unión de los Pueblos Libres dentro de las Provincias Unidas del Río de la Plata, más apropiadamente un conjunto de provincias confederadas al margen del centralismo de Buenos Aires.

Rápidamente Artigas entró en conflicto también con las autoridades del Directorio y los unitarios instalados en las principales ciudades y también en Buenos Aires y Montevideo. La Banda Oriental, por disposición de Artigas pasó a ser, sustentado por el gauchaje, la Provincia Oriental en las Provincias Unidas del Río de la Plata. Otros gauchos, en cambio, permanecieron fieles a las políticas del Directorio.
Durante la guerra de la independencia el gaucho se integró también en el Ejército del Norte enviado desde Buenos Aires hasta los confines del Alto Perú de lo que fuera el Virreinato del Río de la Plata, ya sea colaborando mediante la recabación de información, la provisión de pertrechos y alimentos o dando su vida en la lucha cuerpo a cuerpo.
Especial reconocimiento mereció la actuación de los gauchos del Noroeste argentino, jujeños del mayor general Eustoquio Díaz Vélez. Durante la Segunda Campaña al Alto Perú, comandada por el general Manuel Belgrano, Díaz Vélez creó, en el año 1812, un cuerpo de soldados a caballo, compuesto mayoritariamente de gauchos jujeños, a los que denominó «Los Patriotas Decididos» y que fueron la retaguardia que contuvo permanentemente el avance de los ejércitos realistas durante el Éxodo Jujeño. Estos gauchos de Díaz Vélez participaron también en las victorias de las batallas de las Piedras y de Tucumán, esta última la más importante librada en la Independencia Argentina.

Al ser derrotado el Ejército del Norte fue nombrado como nuevo comandante el general José de San Martín, quien encomendó a Martín Miguel de Güemes la defensa de la frontera norte, mientras él se dirigiría a Mendoza a formar el Ejército de los Andes (también constituido en gran medida por gauchos y huasos), con el objeto de cruzar los Andes para liberar Chile y Perú.
Los gauchos desarrollaron los combates contra los realistas en el marco de acciones de guerrilla que se darían en llamar montoneras, a lo largo de una línea fronteriza de más de 600 km de extensión, que quedó bajo la responsabilidad de Güemes después del colapso militar patriótico producido por la derrota del Ejército del Norte al mando del general José Rondeau, tras la Batalla de Sipe Sipe en 1815. El principal escenario de operaciones fue la Quebrada de Humahuaca y sus vecinas provincias de Tarija, Tarija incluía entonces a los jinetes chicheños de Sud Chichas.

Gauchos en una payada en la pulpería, obra de Carlos Morel en los 1830. Nótese que según el realista cuadro de Morel estos gauchos eran favorables al federalismo ya que usaban ponchos, chiripás, pañoletas, etc., de color rojo.
Aquellas luchas se prolongaron por más de diez años, conociéndose este bélico accionar con el nombre de la guerra gaucha, y fue llevada a cabo por un ejército formado por tropas de guerrilla, de línea y artillería, no eran considerados «regulares» por varios motivos: al ser Patriotas se les consideraba «rebeldes» al Imperio español y su corona o sus juntas liberales, excepto la Bandera Argentina (que en esa época no era reconocida internacionalmente por las potencias como la de un Estado Soberano); carecían de elementos (telas, tinturas, correajes etc.) que les dieran uniformes excepto los típicos ponchos su atavío de gauchos y sus facones y casi improvisadas lanzas de caña tacuara.[nota 6] como el nombre que ellos aceptaron recibir casi nunca formaron ejércitos regulares, sino huestes de gauchos patriotas decididos a dar su vida por la libertad de ellos y principalmente de su Patria. Solamente en el norte del territorio argentino la fuerza militar gaucha actuó en 236 combates contra los colonialistas españoles y colonialistas proespañoles («realistas») diversos defendiendo la vanguardia de la frontera. También fueron responsables directos de rechazar seis de las diez invasiones procuradas por España para pretender recuperar los dominios declarados independientes en Tucumán en el Congreso de 1816.
Los hechos históricos señalan que su destacada participación fue crucial para la independencia argentina, dado que supieron constituir un grupo militar disciplinado dentro de aquella comunidad multiétnica. Los ancestros de sangre del gaucho norteño eran básicamente de origen indígena sudamericano, español, afroamericano, y en menor medida lusitano. Asediados por los españoles, que avanzaban desde el Virreinato del Perú después de recuperar militarmente casi todo el subcontinente, los gauchos norteños defendieron la frontera con firmeza, caracterizándose por el cumplimiento de una férrea disciplina militar, el seguimiento fiel a su jefe Martín Güemes, y la demostración de habilidades y destrezas particulares para el combate a caballo y en la lucha abierta, aún en medios adversos.

Así las tropas gauchas también constituyeron un hito muy importante en el desarrollo de la independencia de Bolivia, destacándose las acciones guerrilleras llevadas a cabo por los comandantes de las republiquetas independientes, como Manuel Ascensio Padilla y su mujer, Juana Azurduy de Padilla, Eustaquio Méndez, Francisco Pérez de Uriondo, el general Ignacio Warnes y el cura Ildefonso de las Muñecas, al mando de tropas de guerrillas. Estas actuaban en estrecha colaboración con las tropas de Güemes.
En Uruguay, derrotada la ocupación luso-brasileña en 1825 por los cruzados libertadores al mando de Juan Antonio Lavalleja, y conseguida la Independencia, producto de las presiones inglesas y brasileñas, la primera Constitución uruguaya de 1830 deja fuera a mujeres, a esclavos y a analfabetos (entre otros), y por consiguiente al mismo gaucho, el mismo que forjó el sentimiento independentista. Es difícil entender que aquella revolución en la que participó el gaucho junto al indio charrúa como los lugartenientes de Artigas no fuese la misma que la que los libertadores de 1825 plasmaron en el Estado uruguayo actual: de hecho se hizo borrón y cuenta nueva con las ideas revolucionarias de Artigas, se olvidó de que los esclavos habían sido libres y se llegó en 1832 a la matanza charrúa en Salsipuedes a cargo del primer presidente del Uruguay, Fructuoso Rivera. El gaucho en Uruguay fue cada vez más relegado y terminó de extinguirse con el fracaso de la Revolución de 1904 cayendo al lado del general Aparicio Saravia y del alambrado de los campos. En los 1860 con el apoyo de Brasil y tras un golpe de Estado el gobierno «uruguayo» era ejercido por el general Venancio Flores, del Partido Colorado, que accedió al poder por una revolución contra el gobierno legal, ejercido por el Partido Blanco. Esta revolución había sido un antecedente crucial en la guerra de la Triple Alianza. Los oficiales del ejército uruguayo que combatieron en el Paraguay eran todos partidarios de los Colorados.
En el sur de Brasil los gauchos desencadenaron una guerra independentista en la región de Río Grande del Sur, formando una república independiente entre los años 1836 y 1845, manteniendo la esclavitud [21] y creando una constitución. La República Riograndense fue destruida por el ejército del Imperio de Brasil, pero el mismo sentimiento independentista persiste en una pequeña parte de la población desde entonces.
En la bibliografía histórica militar internacional los gauchos fueron comparados por analogía con los soldados del cuerpo de mamelucos del norte de África, que luego formaron parte de las tropas de Napoleón al ingresar a Madrid, en 1808.

Gaucho argentino en 1870. Nótese como sus pantalones están cubiertos por un chiripá.
Con la disolución de los territorios del antiguo Virreinato del Río de la Plata y las respectivas independencias de los países del Cono Sur los gauchos quedaron divididos internacionalmente, aun así la unidad cultural continuó por medio de las manifestaciones culturales que los unen. El gaucho interpreta un rol simbólico importante en la conformación del sentimiento nacional y la idiosincrasia de la región, especialmente en la zona del Río de la Plata (Argentina y Uruguay), el estado de Río Grande del Sur y la Patagonia chilena. El poeta uruguayo Antonio Lussich es considerado uno de los precursores de la poesía gauchesca, y su poema «Los Tres Gauchos Orientales» fue considerado por Jorge Luis Borges un antecesor del poema épico Martín Fierro, del argentino José Hernández. Este último, la obra más famosa del género, evidencia al gaucho como símbolo de tradición nacional argentina, contraponiéndolo a las tendencias europeizantes de la ciudad y a la corrupción de la clase política. Martín Fierro, héroe del poema, es reclutado por el ejército argentino para la guerra fronteriza contra «el indio», pero deserta y se convierte en un fugitivo de la ley. La imagen del gaucho libre a menudo es contrastada con aquella de los esclavos que trabajan en el norte de Brasil. Estereotípicamente, los gauchos eran fuertes (forzosamente, dadas sus actividades), taciturnos, pero arrogantes y capaces de responder con violencia ante una provocación. Si bien en el sur argentino los gauchos mostraban cierta indisciplina, en el norte de Argentina de principios del siglo XIX tuvieron un papel distintivo, ya que tuvieron un trascendental desempeño militar en las luchas por la independencia de España. Su lucha fue descrita y recordada épicamente por Leopoldo Lugones en el libro La guerra gaucha. En Río Grande del Sur se destacó el escritor gaucho João Simões Lopes Neto, que buscó rescatar los orígenes de la cultura local escribiendo cuatro obras principales que exaltaban el espíritu del gaucho en la región: Cancioneiro Guasca (1910), Contos Gauchescos (1912), Lendas do Sul (1913) y Casos do Romualdo (1914).

El asado (1888), pintura realizada por Ignacio Manzoni en la cual se observa a un gaucho argentino de la región pampeana y con los atavíos de 1880 repartiendo el asado entre sus comensales mientras la muchacha le retribuye con un recipiente hecho con Lagenaria siceraria lleno con mate y su correspondiente bombilla (en el lenguaje del mate la posición de la bombilla significa aprecio y también gratitud).
Los gauchos formaron asimismo la tropa de los «caudillos» (líderes carismáticos según la tipología de Max Weber) provinciales durante las guerras internas que siguieron al establecimiento del gobierno independiente, en estas guerras los gauchos solían adscribir al Partido Federal, aunque en ocasiones, por lealtades personales, muchos participaron en el bando opuesto, tras 1828 en el entonces recién creado estado uruguayo los gauchos se encontraron divididos entre los blancos o nacionales (aliados a los federales) y los colorados (aliados a los unitarios), aunque en el Estado Oriental la simpatía de los gauchos fue predominantemente dirigida al Partido Blanco, tal cual se observa en la batalla de Masoller ocurrida ya en 1904 en la cual fuera mortalmente herido el caudillo nacional o blanco Aparicio Saravia.
En 1834, Charles Darwin, que recorrió las pampas argentinas, escribió:

«…con sus pelos largos hasta los hombros, la cara negra por el viento, sombrero de fieltro, chiripá y botas sacadas de los cuartos traseros de las yeguas, un largo facón en la espalda sostenido por el cinturón y comían carne asada como dieta principal a veces acompañado por un poco de mate o algún cigarro…».
El 10 de noviembre, fecha en que se recuerda el nacimiento de José Hernández (en 1834), es en la Argentina el «Día de la Tradición», y un reconocimiento al gaucho. Suele celebrarse con desfiles de jinetes en el centro de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y fiestas de destrezas hípicas en el barrio de Mataderos (donde estuvieron los corrales de matanza de vacunos, y en 2008, continua el desfile diario de más de 6000 cabezas de ganado, con destino a los frigoríficos) y los predios de la Sociedad Rural (organización gremial que representa a los ganaderos latifundistas) en la Capital Federal y en muchísimas localidades del interior del país. El «Día del Gaucho» (Ley n.º 24303), es en Argentina, desde 1996, el 6 de diciembre, como homenaje a la 1.ª edición del «Martín Fierro», pero para nada ha cobrado vigor en las asociaciones nativistas.
Desde la segunda mitad de siglo XIX (en Argentina la fecha clave, aunque no precisa es la de la batalla de Caseros), en Río Grande fue cuando ocurrió la derrota de la República Riograndense ante el imperio del Brasil y en Uruguay, como en Argentina en los años 1852-1853 se produce una derrota militar de los partidos sustentados por los gauchos, desde entonces la población gaucha pasó de responder a líderes carismáticos a quedar en gran medida clientelizada o aparcerizada por estancieros latifundistas y otros representantes de los nuevos gobernantes de entonces. Un elemento concreto y al mismo tiempo simbólico signó el fin de la primera era gaucha: desde los años 1860 se comienza a difundir el alambrado de púa con lo que la trashumancia del gaucho fue quedando acotada.

Carolina Campillay
Mendoza. Argentina
