La catedral de Toledo, VIII aniversario

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1.-Introducción

1.1.- Generalidades

Jerónimo Münzer

En agosto de 1494, Jerónimo Münzer, geógrafo, cartógrafo, médico y humanista alemán, emprendió un viaje por España que duró hasta febrero de 1495. Visitó el Monasterio de Montserrat y el de Poblet, y fue uno de los primeros viajeros cristianos en visitar Granada. A su paso por Sevilla quedó impresionado por la catedral y el alcázar. También pasó por Santiago de Compostela y el Monasterio de Guadalupe y desde éste fue a Madrid donde se reunió con los Reyes Católicos.

Escribió su obra Itinerarium sive peregrinatio en la que citó a la catedral de Toledo como sigue: “No hemos visto en España, ya terminada, otra semejante en belleza y hermosura. Su longitud es de doscientos veinte pasos, y su anchura de cuarenta y siete”. A Münzer le llamó la atención la belleza y las dimensiones de la catedral. Cabe decir, que Münzer nunca vio la catedral gótica como nosotros la conocemos en la actualidad. A finales del siglo XV estaba recién terminada, habrían retirado algunos andamios y en cambio otros estarían montándose para la colocación de las vidrieras y las pinturas del claustro. El cardenal Cisneros inició una serie añadidos y renovaciones en el siglo XVI que alterarían el aspecto del templo, hasta conseguir su culminación con la Puerta Llana en 1800.

Sobre el año 1497 se publica en Burgos la obra De Laudibus Hispaniae Libri VII de Lucio Marineo Sículo, historiador siciliano que pasó la mayoría de su vida en Castilla; en su obra le da una importancia relevante a la catedral de Toledo. Fue profesor en la Universidad de Salamanca, cronista y capellán real en la corte de los Reyes Católicos. En otra de sus obras De rebus Hispaniae memorabilibus dice, que “la catedral de Toledo aventaja a todas las demás no solo por su grandeza, belleza y esplendor, sino también, por su riqueza”. En una edición posterior, la de Alcalá de Henares de 1539, describe la catedral como el “muy magnífico y venerable templo de Nuestra Señora que en el medio de toda la ciudad fue edificado. El cual sin comparación es el más excelente, rico y suntuoso que cuantos ay en España; y por mejor decir de toda la Christiandad: así en la forma como en la manera de los edificios, riquezas, oficios, sacrificios y órdenes que en ello se tienen (…) Es la Iglesia Toledana sin duda la más rica que las otras todas…”

En la mitad del siglo XV se le acuñó el término de la Dives Toletana, la rica y poderosa catedral de Toledo. La verdad es que la riqueza de la catedral de Toledo no solo se medía por sus bienes, rentas, diezmos y primicias recibidas, tesoro catedralicio, valor de la mitra, privilegios de su clero, remuneración de sus trabajadores, etcétera. Todo esto se complementaba con la grandeza de sus oficios litúrgicos, procesiones, biblioteca, capillas de música, sus señoriales y distinguidos enterramientos, el sostenimiento de hospitales y demás obras de alcance social. La suma de todo hizo engrandecer su fama como catedral opulenta.

Giorgio Vasari

El término gótico fue utilizado por primera en 1550 por el historiador del arte italiano Giorgio Vasari, con este término quiso adjetivar el “oscuro” arte de la Edad Media frente al glorioso arte de la Antigüedad. El término lo empleó de un modo peyorativo por suponer una época de decadencia sombría frente a la Antigüedad clásica; fue su castigo a los godos por haber provocado el hundimiento de Roma.

La arquitectura gótica se define por la construcción de grandes catedrales durante los siglos XII y XIII. En sus inicios con el llamado gótico clásico primó la pureza, la originalidad, la belleza y la espiritualidad. Con sus versiones de los siglos XV y XVI, tardo gótico, las formas arquitectónicas se complican y se enriquecen con fines decorativos, lo que dio lugar a movimientos como el flamígero, el isabelino y otros.

El primer gótico coincide con el desarrollo de las universidades, del escolasticismo y de la expansión de las grandes órdenes religiosas como el Císter, los franciscanos y los dominicos. Los cruzados lo extendieron por el Próximo Oriente hasta Tierra Santa y los españoles lo llevaron a América. La arquitectura gótica se explica dentro del desarrollo de las ciudades, el auge del comercio y, por lo tanto, de burgueses cada vez más influyentes. La ciudad, bajo la protección del rey, se convirtió en un símbolo de libertad, riqueza y poder. La catedral, el ayuntamiento y la universidad fueron los iconos del progreso y la cultura de las ciudades.

Para la construcción de una catedral gótica fue esencial la organización del trabajo y el aseguramiento de disponer de una financiación adecuada. La ejecución de la obra comprometía las arcas de las diócesis durante muchos años. La catedral, con sus diversos anexos, constituyó un elemento urbano de primera magnitud que ocupaba un área muy extensa. Al ser la cátedra del obispo, su presencia se convertía en referencia espiritual para la población.

Los periodos de construcción quedaban condicionados por el medio ambiente, los largos inviernos podían suponer un largo obstáculo para la realización de los trabajos; las guerras como la de los Cien Años que paró las canteras francesas durante el siglo XIV; y las epidemias como la de peste bubónica de 1348 que asoló Europa y dejó reducida la población a casi la mitad, con rebrotes continuos durante los siglos XIV y XV.

La catedral gótica supone un hito en la organización del trabajo y no se puede entender sin la existencia de los gremios, que atendían a la calidad de los productos y defendía sus intereses. Además, se necesitaba una dirección comprometida y disciplinada que se llevaba a cabo desde el cabildo catedralicio, en donde se planificaba hasta el más mínimo detalle. La financiación pudo llevarse a cabo gracias a las arcas reales, de los nobles y clérigos, así como por las donaciones de los feligreses.

Se necesitaron canteras cercanas para poder transportes, normalmente con bueyes, la piedra de los sillares. Normalmente la obra se comenzaba por la cabecera, para poder celebrar la liturgia, seguida por el transepto y las naves. Se preparaba la cimentación de los pilares y las naves se podían cubrir temporalmente de madera, para proyectar después las bóvedas.

Una figura determinante para la ejecución de la catedral fue la del maestro de obras, que era el que llevaba la dirección. Tenía que ser capaz de desarrollar cálculos matemáticos para desarrollar figuras geométricas y ser un experto delineante, ya que debía proyectar el edifico desde su planta, hasta los alzados y demás elementos estructurales. Complementaba su oficio con la coordinación de los canteros, carpinteros, escultores y una gran cantidad de oficios. Tenía que asegurar los andamiajes y las grúas, el almacenaje de los materiales y la conexión con otros talleres como los vidrieros. Y, por si fuera poco, también tenía que asignar los salarios.

1.2- Componentes arquitectónicos: innovaciones

La bóveda de crucería es uno de los elementos que caracterizan la innovación y la diferenciación del arte gótico con respecto al románico. Al contrario que en el románico, las bóvedas góticas no trabajan a compresión sobre los muros, si no que sus empujes se dirigen a ciertos puntos que los recogen. Es decir, se supera la estabilidad inerte del románico para conseguir un equilibrio de fuerzas que se reparte por los nervios y los paños.

Bóveda sexpartita

La bóveda de crucería experimenta una gran variedad de formas, siendo la bóveda sexpartita (tres nervios y seis plementos sobre un tramo cuadrado) la más utilizada del primer gótico, pero sin uniformidad. Durante el periodo clásico se generalizó la bóveda de crucería, que gracias al domino técnico pudo cubrir espacios más amplios, se extendió la luz, a la vez aumentó la crucería con nervios secundarios y terceletes (arcos que cruzan y sustentan los amplios plementos).

Los pilares evolucionan del pilar compuesto románico al pilar gótico, constituido por un núcleo central cilíndrico rodeado de columnillas. Los capitales se presentan con decoraciones vegetales, incluso pierden importancia haciéndose cada vez más pequeños y delicados.

Arbotantes

En lo que se refiere al volumen externo, debido a la gran elevación de los templos y el deseo de proporcionar un interior luminoso, será necesario resolver los empujes laterales. Para ello se empleará un método revolucionario basado en un sistema de arbotantes y botareles. Durante la primera etapa, los arbotantes quedaron ocultos bajo los tejados de las naves laterales. A partir del gótico clásico, con el aumento de la altura de las edificaciones, los arbotantes salieron al exterior.

Las catedrales del gótico clásico se caracterizan por un cuerpo de naves de estructura basilical con la nave mayor más alta que las colaterales y amplios claristorios para que entre la luz directa. En los templos de cinco naves escalonadas (como en Toledo), los cuerpos ventanales reducen su altura, incrementándose las luces indirectas de las naves centrales.  La tribuna pierde importancia por la disposición de los arbotantes y evoluciona a una estrecha galería que se denomina triforio y se sitúa entre las arcadas inferiores y el claristorio.

La tracería

La tracería —ornamento arquitectónico formado por combinación de figuras geométricas—, se compone de una serie de elementos ornamentales que sirven de estructura arquitectónica y de marco decorativo. Llegarán a ser verdaderos alardes técnicos que formarán parte de los rosetones y los ventanales. Se podría decir que pretende ocultar la estructura a la que envuelve y llega a atrapar a: portadas, triforios, ventanales, pináculos, flechas, etcétera.

Las portadas góticas son abocinadas, se caracterizan por tener el tímpano dividido en varios registros horizontales para abarcar el mayor número de relieves historiados.

En definitiva, la catedral gótica se convierte en un auténtico tratado teológico impreso en sus vidrieras, en los retablos o en el tímpano de sus portadas. La representación visual era muy importante y de esta forma podía llegar a una sociedad analfabeta. El Pantocrátor románico queda superado por un Cristo gótico como maestro del mundo.

La impronta cisterciense y del primer gótico como el de las catedrales de Ávila, Cuenca o Sigüenza, facilitarán la entrada en Castilla de las grandes catedrales ojivales como la de Burgos (1221), el gran proyecto de Toledo (1226) y León (1250). El proyecto inicial de la catedral de Toledo, con sus cinco naves, trató de superar en dimensiones a las grandes catedrales europeas, pero los maestros de segunda y tercera generación prefirieron rebajar las naves centrales y acortar sus tramos, manteniendo el ancho lateral.

1.3.- Inicio histórico y cultural de Toledo

Toledo fue una ciudad pequeña conquistada por los romanos en el año 193 a.C., dentro de las campañas militares destinadas a pacificar y dominar la Península Ibérica. Precisamente, durante la romanización, Toledo se convirtió en un centro político, económico y cultural del centro de la Península. Destacaron sus calzadas, puentes, aljibes y un acueducto capaz de suministrar agua desde cuarenta kilómetros de distancia. También disponía de teatro, anfiteatro y circo.

Liber Iudiciorum

Al caer el imperio romano y producirse la entrada de los pueblos del norte, Toledo cae bajo el dominio visigodo. Durante el reinado de Atanagildo se convierte en civitas regia, es decir, la residencia de los reyes y la realeza. Leovigildo que reinó entre los años 571 y 586 instaló en Toledo la corte de forma permanente. La importancia que Toledo tuvo desde entonces se aprecia con claridad en los Concilios que los reyes visigodos convocaron en la ciudad. Recaredo convoca el III Concilio de Toledo en el año 589, en el que se instaura el catolicismo como religión oficial del reino. En el año 653, el rey Chindasvinto convoca el VIII Concilio de Toledo a partir del cual, se redacta el Liber Iudiciorum que fue el hito legislativo que unificó a todo el Reino Visigodo de Hispania.

Durante el siglo VII, Toledo se nutre de una cantidad de personajes que cimentaron la cultura y la personalidad del reino. El más importante e influyente de todos ellos fue San Isidoro de Sevilla, humanista visigodo que educó a la Europa Medieval. Fue San Isidoro quien firmó el decreto que reconocía a Toledo como metrópoli, en el año 610. En el VII Concilio de Toledo se acordó otorgar al arzobispo de Toledo la supremacía sobre las iglesias del reino, con la potestad de ungir a reyes. A raíz de este hecho, y de ser la sede de los Concilios, el arzobispo de Toledo reclamó para su sede una serie de privilegios que no disponían otras diócesis. Esta fue la base para la consecución del título de catedral primada de España. Y si a esto le sumamos que Toledo vivió en primera persona la unidad política, jurídica y religiosa de la Península Ibérica, además del prestigio que adquirió gracias a los Concilios visigodos, no es de extrañar, que con merecimiento albergase la catedral de las catedrales que superase en esplendor a las ya existentes.

Talaytula

Con la invasión musulmana Toledo se convirtió en Talaytula y debido a su estratégica posición se convirtió en el centro urbano y cultural más importante del centro peninsular. Las relaciones con al-Ándalus no fueron de cordialidad, al convertirse la ciudad en núcleo constante de revueltas y protestas por parte de la población hispano-visigoda.

Con la descomposición de al-Ándalus, Toledo se convirtió en capital de una de las taifas y alcanzó su máximo esplendor económico bajo el mandato de Al-Mamún (1043-1075). El desarrollo científico de esta época fue el antecedente del que más tarde se potenciaría en la corte de Alfonso X el Sabio.

El hecho de que en Toledo conviviesen las culturas católica, judía y árabe dio fruto a una serie de arquitecturas muy ricas y propias que posteriormente se reflejarían en la construcción de la catedral.  Se aprovecharon restos islámicos (spolia; reutilización de elementos arquitectónicos de antiguas edificaciones), que se pueden ver en las arquerías de los triforios y algunas columnas adosadas a los testeros del coro. En la capilla mozárabe, que mandó construir el estilo Cisneros, se puede ver una combinación de tracerías ojivales, lacerías moriscas y ornamentaciones clasicistas, que ha llegado a nuestros días como estilo Cisneros.

La ciudad de Toledo fue conquistada por Alfonso VI en el año 1085. En 1088, le concede el privilegio de ser nombrada sede primada y como consecuencia de ello, el titular de la sede adquiere el título de cardenal primado de España. Por lo tanto, sobre los cimientos de la antigua basílica visigoda de Santa María, y sobre la que después sería la mezquita mayor de la ciudad, se decidió alzar la Santa Iglesia Catedral de Toledo, Primada de España.

José Carlos Sacristán

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