
La ciudad norteafricana de Ceuta, Septem, autónoma española, está situada en la península tingitana, en la orilla africana del estrecho de Gibraltar, es la última posesión del Imperio Bizantino en el norte de África, tiene un papel fundamental en la invasión árabe de la Península Ibérica a través de la figura del llamado “Conde Don Julián”, cuyo nombre en castellano se le da al comes Julianus, también llamado Olbán, Yulián, Urbán o Urbano, como gobernador de Ceuta que, como transmiten variadas tradiciones literarias de origen árabe y cristiano, habría incitado y facilitado el paso del estrecho de Gibraltar en su entrada a Hispania a los invasores para así vengarse de un rey visigodo, Septem para algunos autores, Rodrigo para otros, tras lo cual, con su traición, pusieron fin al Reino visigodo.

El origen del nombre de Ceuta puede remontarse al nombre dado por los romanos a los siete montes de la región (Septem Fratres). No sabemos si Don Julián fue bereber, visigodo o bizantino y pudo haber sido el gobernante de la fortaleza de Septem, un exarca o gobernador en nombre del Imperio Bizantino: o, como parece más probable, un bereber que era el señor y gobernante de la tribu católica bereber Ghomaras.


Ciertos autores lo sitúan como gobernador visigodo de Septa (la actual ciudad de Ceuta), que cayó en manos musulmanas en torno al año 709. Esto lo haría cambiar de lealtades, obedeciendo a partir de ese momento al caudillo árabe Musa ibn Nusair. Mantenía buenas relaciones con los visigodos y simpatizaba con el partido del rey visigodo Witiza, ya que acogió a sus hijos en Ceuta durante la guerra civil. Sus barcos ayudaron a cruzar el estrecho a las fuerzas conquistadoras que dirigía Táriq ibn Ziyad, las cuales vencieron al ejército visigodo de Rodrigo en la batalla de Guadalete en el año 711 conquistando la Península y acabando con el reino visigodo.
La conquista omeya de Hispania comenzó en el año 711 cuando tropas árabes y bereberes, lideradas por Tarik ibn Ziyad, derrotaron al rey visigodo Rodrigo en la batalla de Wadi Lakka o de Guadalete. En solo siete años, dominaron casi toda la Península y establecieron el territorio de Al-Ándalus, marcando ocho siglos de historia hasta la toma de Granada cuando Boabdil rindió la ciudad ante los Reyes Católicos en 1492.

Las fuentes árabes no dejan duda de que el desembarco de fuerzas árabes y amaziges en la península ibérica bajo mando de Tariq ibn Ziyad contó con la ayuda de un cabecilla bizantino mencionado por estas fuentes como «Yulyan», y por los historiadores castellanos como Julián que era de religión cristiana y el gobernador bizantino de Ceuta, que, junto con Tánger, eran los dos últimos reductos bizantinos en el norte de África. Pudo haber sido aliado de los reyes Égica y Witiza, a cuyos hijos acogió al morir aquél, en sus dominios de la provincia norteafricana de Tingitania y se decantó por su hijo, el pretendiente Agila II, al que en guerra civil le disputaba el trono Rodrigo. Algunos de los contrarios a la figura de don Rodrigo, le atribuyeron, además, la muerte de éste en Guadalete.

La tradición señala que era el padre de Florinda la Cava, una doncella a quien ultrajara el rey visigodo Don Rodrigo, y Don Julián, como venganza, conspiró para proporcionar a los árabes, que recientemente se habían adueñado de Tánger, los barcos que necesitaban para cruzar el estrecho y que terminaron por conquistar la península de Hispania. Se explica su forma de actuar a favor de los árabes por una venganza, como padre ofendido, contra un monarca visigodo, Witiza según unas versiones, Rodrigo según otras, por haber manchado el honor de su hija, quien residía en la Corte visigoda para recibir la educación adecuada a una mujer de la posición de su padre. La leyenda indica que el rey Vitiza hizo venir a Sevilla al conde Julián con su familia, y allí seduce y deshonra a la hija del conde, después conocida con el nombre de Florinda y el apodo de la Cava, derivado éste de una palabra árabe que significa prostituta. Al descubrir el conde el hecho, regresó a Ceuta y entró en conversaciones con Tariq ben Ziyad.
La versión árabe de la historia sitúa a la hija del conde Julián en la Corte toledana, adonde habría ido a ser educada; el rey Rodrigo la seduce y el conde Julián acude personalmente a Toledo, recoge a su hija, vuelve a tierras africanas y jura vengarse. Sin embargo, no existe base histórica que permita conceder verosimilitud a estos relatos fantásticos. De hecho, tanto el padre como la hija pertenecen a la ficción salida de un conjunto de tradiciones moralizantes cuyo propósito era hallar una explicación para la catástrofe que le sobrevino con tanta rapidez al reino visigodo de Toledo y la conquista musulmana de la península.

El personaje dejó huella en el Romancero nuevo, por ejemplo, en «En Ceuta está don Julián…». En 1589, inspiró la maurófila obra de Miguel de Luna, conocido médico morisco y traductor real, La verdadera historia del rey Don Rodrigo, en la cual se trata la causa principal de la perdida de España y la conquista que della hizo Miramamolin Almançor Rey que fue del África, y de las Arabias. En el siglo XVII aparece muy escasamente en el teatro: en El último godo de Lope de Vega y en el libro VI de su epopeya trágica Jerusalén conquistada, así como en La más ingrata venganza de Juan Velasco de Guzmán. En el siglo XVIII tuvo más éxito y aparece entre otras por ejemplo en la Homersinda de Moratín padre, en el Pelayo de Jovellanos, en Perder el reino y poder por querer a una mujer.

Su leyenda revivió en especial durante el Romanticismo inglés: Walter Savage Landor dedicó a este personaje la mejor de sus obras, la tragedia Count Julian. En España fue llevada al teatro por Miguel Agustín Principe con el título de «El Conde don Julián», obra que fue calificada como el primer drama histórico contemporáneo, de iguales vuelos que los de Shakespeare y Schiller. Por otra parte, el autor español Juan Goytisolo escribió una novela titulada Reivindicación del conde don Julián o simplemente Don Julián, donde se hace referencia a ese a lo largo de todo el libro. Don Julián en su papel de traidor o de padre ofendido iba a tener una gran presencia en la poética y primera historiografía castellana, como así se puede comprobar en las obras de Alfonso X el Sabio, Rodrigo Ximénez de Rada o en el Poema de Fernán González, por citar algunas de las más significativas.

Se sabe que el reinado de Teudis los visigodos perdieron el control que habían mantenido de Ceuta, enclave que fue conquistado por los bizantinos. A partir de ese momento los visigodos no volverían a tener bajo su dominio ningún territorio en el norte de África. Así como que Ceuta se encontraba en manos de los bizantinos en el año 687 y no hay razón alguna para dudar de que permaneció así hasta ser tomada por la expedición que envió Musa ibn Nusayr hacia el año 706. Ciertamente, en algunos relatos árabes posteriores se afirma que el gobernador de la ciudad era un conde visigodo llamado «Ilyan» o Julián, que supuestamente se encontraba al servicio del rey Roderico (o Rodrigo). Musa ibn Nusair mandó al conde que realizara un reconocimiento de la costa española; que realizó una incursión con unas pocas tropas por la bahía de Algeciras, cuyo éxito convenció a Musa ibn Nusair de la posibilidad de una expedición más ambiciosa.
La leyenda del conde Julián ha sido un tema recurrente en la literatura española; su historia pasó al romancero y sirvió de argumento para obras románticas como los dramas de José Zorrilla El puñal del godo, estrenada el 7 de marzo de 1843, que relata la historia de una eremita a quien se le revela la futura muerte del rey Rodrigo a manos del Conde don Julián, y La calentura, la obra El conde don Julián de Miguel Agustín Príncipe y el poema narrativo del duque de Rivas Florinda.
Jaime Mascaró Munar


