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FRANCISCO DÍAZ PIMIENTA, EL “CUBANO” QUE LLEGÓ A SER ALMIRANTE DE LA REAL ARMADA DE INDIAS

  • Jaime Mascaró Munar
  • 27/08/2026
  • 2 comentarios
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Francisco Díaz Pimienta y Pérez de Mendizábal fue un oficial naval español que desempeñó el empleo de capitán y finalmente capitán General de la Flota Océano, Maestre del Consejo Real de Guerra de Su Majestad. A lo largo de su vida ostento los más altos honores: Señor de la Villa de Puerto Real, Capitán General de la Isla de Menorca, Virrey de Sicilia y caballero de la Orden de Santiago. Se le considera el primer «cubano22 en escribir manuales técnicos sobre la construcción de buques, ser socio de un astillero, escribir y publicar un libro, pero sobre todo en ostentar el gran honor de ser General y almirante de la armada.

Tazacorte

Existe una cierta controversia sobre el lugar de nacimiento de Francisco Díaz Pimienta. La tradición conservada y transmitida en La Palma es que el almirante nació en Tazacorte por el año 1594, fecha que concuerda con las edades de este general en otros testimonios de su vida militar. Pero por otra parte existe la versión de que lo hizo en La Habana, ciudad en la que su padre, Francisco Díaz Pimienta y Franco, casado con Doña Juana Pérez de Mendizábal, se encontraba de paso esperando el fin de la temporada de tormentas para dirigirse a España. Era hijo ilegítimo de un navegante del mismo nombre, descendía de una familia portuguesa de origen modesto instalada en la isla de la Palma, en el archipiélago de Canarias. Su padre había obtenido ya una cierta posición navegando y comerciando con las Indias.

En la parroquia matriz de Los Remedios, en Los Llanos de Aridane, existe una lápida, muy antigua, colocada en el baptisterio, que dice: «Aquí fue bautizado don Francisco Díaz Pimienta. – General y almirante de la Real Armada de Indias. – Caballero del Hábito de Santiago. – Marqués de Villarreal de Burriel. Que feneció gloriosamente sus días en el sitio de Barcelona y año del Señor 1652».

Iglesia del Monasterio en Garachico

De niño se criaría algunos años en Garachico, isla de Tenerife, en casa de unos tíos, coincidiendo con el período de auge del puerto de esta localidad por ser el de principal movimiento de la isla. En este sentido, el mismo almirante hace una revelación en su testamento al legar una lámpara para que ardiera después de su muerte: «en la mayor de la iglesia del Monasterio que en Garachico de la Isla Tenerife, que es otra de las de Canarias fundaron los señores Pedro Diaz Pimienta y Dª. María Román, mi mui amados Tíos, que me criaron algunos años con amor y afecto de padres»

Posteriormente partiría a Sevilla para profundizar en sus estudios académicos, a los que se aplicó con gran interés alcanzando notable erudición. A los 14 años traducía del latín obras de Tito Livio y Quinto Curcio con facilidad pasmosa. En el año 1610 se hallaba en Sevilla estudiando la carrera eclesiástica ya que su padre insistía en que siguiera la carrera eclesiástica, pero Díaz Pimienta no sentía vocación alguna por esta. Por esa razón al fallecer su progenitor abandonó la carrera eclesiástica y colgó los hábitos. Nada lo retuvo en Canarias y se alistó en la Armada, en Cartagena. Las noticias de la gran batalla de Lepanto seguramente influyeron en su ánimo.  

El joven Díaz Pimienta pedía con insistencia que se le destinara a la marina, no sin haberse antes perfeccionado en las matemáticas, las cuales acabó de repasar en aquella población. Gracias a la libertad de acción facilitada por la muerte de su padre, Francisco Díaz Pimienta se traslada a Cartagena e ingresa en la armada, con tan solo 16 años, con una categoría equivalente a la del moderno guardia marina. En 1610, posible año de su ingreso, o en los dos sucesivos, es probable que el recién reclutado miembro de la Armada fuera destinado a Flandes, haciendo en estas costas su primera campaña: «Un acto de valor y de humanidad le valió el empleo de alférez”.

Parece que corriendo una terrible tormenta el comandante en que servía como guardiamarina cayó al agua arrancado del alcázar de popa por las furiosas olas del mar, y el joven guardia marina, despreciando el peligro y desafiando el embravecido oleaje, se arrojó al agua y logró salvar de segura muerte a su desventurado jefe cuando ya iba a sumergirse, manteniéndose con él aferrado a uno de los toneles que la tripulación desesperada arrojaba al mar, dando tiempo a que llegasen algunos botes en su auxilio. Su vida de marino llevó a Francisco Díaz Pimienta de Flandes a la América española. Participó, cuando se vio obligado, en batallas en una época en la que la Monarquía Hispánica dominaba el mundo por el mar, arrebatando a los ingleses una isla clave del Caribe.

Fue destinado a América para combatir a los filibusteros que atacaban las armadas y los puertos. Tuvo que servir en La Habana y Santo Domingo, luchar en la isla de la Tortuga y en la de San Martín, donde acudió una gran flota con varios almirantes y naves de todo tipo. Se enfrentó a holandeses e ingleses y persiguió a los piratas del Caribe. Corría el año 1641 y Díaz Pimienta se encontraba en La Habana. Los británicos, provenientes de Virginia, habían tomado las islas de Santa Catalina y Engracia y habían creado en 1631 una colonia promovida por una compañía que trasladó colonos puritanos para que poblaran las islas.

El general Francisco Díaz Pimienta se casó el 26 de enero de 1636 con Alfonsa Jacinta de Vallecilla y Ojeda, nacida en Portugalete en 1621 a la que el rey Carlos II le otorgó a ella el título nobiliario de marquesa de Villarreal de Burriel. Tuvieron varios hijos, entre ellos: Francisco que fue el segundo Marqués de Villarreal de Burriel y Caballero de la Orden de Santiago, Martín José, Conde de Legarda y Caballero de la Orden de Alcántara y Nicolás. Su boda le abrió las puertas al reconocimiento nobiliario.

Pimenta se asoció con varios empresarios para la construcción de buques y fundó el astillero de La Habana de que asumió la dirección. En esas instalaciones construyó el espléndido navío de 200 toneladas Nuestra Señora de Aguas Claras, del que fue dueño, y obtuvo licencia para fabricar y armar galeones de guerra para la Armada de Indias.

El Gobierno confió a Díaz Pimienta el encargo de perseguir a los filibusteros que asolaban casi toda la América española. Cuando Pimienta recibió la petición se encontraba en La Habana, aprestó tres naves y embarcó hacia Santo Domingo con el objetivo de destruir el establecimiento de los forbanes en la Isla de la Tortuga; así fue anunciado al gobernador de la isla. Sin embargo, fueron tantas las dificultades que este funcionario opuso al proyecto que, avisados los piratas, tuvieron tiempo de poner a salvo su botín, quedando abortada entonces la misión del capitán Pimienta.

Durante el año 1632 no salieron flotas de la península en dirección a Nueva España. El Consejo de Indias acordó que la escuadra de galeones no se concretase solo a escoltar, sino que, aprovechando el viaje, deshiciera algunas de las guaridas, empezando por la Isla de San Martín, desde donde hacían gran daño los corsarios. En Cádiz se juntaron las escuadras de Lope de Hoces, y de Nicolás de Masibradi, a la del Marqués de Cedereyto, general en jefe, reforzándolas con cuatro urcas suecas. Pusiéronse a la vela el 12 de mayo de 1633, formando un total de 55 navíos, yendo en los 24 de guerra una pléyade de marinos como en las flotas de Nueva España, Tierra Firme y Honduras, agregados de generales y almirantes, al Estado Mayor Carlos de Ibarra, Miguel de Rediez, Francisco Díaz Pimienta, Juan de Vega Barzán, Luis Fernández de Córdoba o Luis de Aguilar. Como novedad, acompañaban a la escuadra cinco barcos luengos faleados de reciente invención, que se gobernaban a remo y vela.

Benito Arias Montano

Se propuso por parte de los españoles la rendición y entrega del fuerte, con parlamento, encargándose de ello Arias Montano, nombrado gobernador de Arcaya, y el ayudante Candelas, conocedor de la lengua flamenca. El gobernador del fuerte recibió la embajada; sin embargo, les manifestaría su decisión de defender sus deberes militares hasta el final. El 1.º de julio, se arboló bandera blanca en el fuerte, enviándose tambor con proposiciones ventajosas. Quedaban por entonces vivos 62 holandeses y 15 negros, junto con el jefe del fortín, en grave estado. El Consejo acordó conservar la fortaleza, abriéndose un canal de comunicaciones entre las dos puertas de la isla, además de artillarla mejor y agregar una guarnición de 250 soldados a las órdenes del capitán Cebrián Lizarazu, caballero de Santiago.

Cabe destacar la expedición siguiente, cuya dirección fue otorgada a Fernando Mascarenhas, conde de la Torre, como capitán general del mar Océano. Las escuadras de Portugal y Castilla salieron de Lisboa, ascendiendo las dos a 42 velas, 23 de la primera, mandada por Francisco Melo de Castro y Cosme de Couto Barbosa, almirante, y 18 de Castilla, dirigidas por Juan de Vega Bazán y el almirante Francisco Díaz Pimienta, con 5.000 hombres de infantería. Sufrió esta armada una fuerte epidemia que costó la vida a 3.000 tripulantes, al arribar a las islas de Cabo Verde, y llegando a Bahía de Todos los Santos, debilitada por este accidente. Los holandeses, con 36 navíos a las órdenes del almirante Loos, salieron al encuentro, abriéndose batalla entre Tamaracé y Goiana el 12 de enero de 1640.

 En los días siguientes se renovó la acción frente a Parayva; sin embargo, el enfrentamiento más importante se daría a la altura de Río Grande, durante todo un día. Los holandeses se mantendrían en la distancia haciendo uso de la artillería, y tras pequeños contratiempos por ambas partes, acabaría alejándose de la escuadra española en Arrecife.

Tras varios años al servicio de España en los que navegó por el Caribe combatiendo corsarios y piratas y destruyendo sus bases de aprovisionamiento fue nombrado, en 1633, Almirante de las Flotas y Armada Real de la Guarda de Las Indias, Mar Océano y de las costas de Andalucía.

En 1625 Díaz Pimienta ostentaba la condición de capitán y reputado fabricante de naves, armonizándose lo dicho con este nuevo contrato de dos galeones, que habrían de fabricarse para servir en la armada de Indias, hecho que evidencia la importancia que merecía al Estado, confiando en él para la dirección de empresas de esta índole.

En el año de 1641 se encontraba con su escuadra en La Habana, se le comunicó que los ingleses habían tomado las islas de Santa Catalina o Providencia y Engracia, por lo que alistó rápidamente la escuadra de su mando que seguía siendo la del Mar Océano. Puso rumbo a las islas llevando tropas del ejército, las cuales desembarcaron con el apoyo de fuego de los galeones y tras un feroz pero glorioso combate los arrojó de ellas. Por esta razón el monarca Felipe IV, le otorgó el hábito de Santiago, en agradecimientos por haber derrotado a las fuerzas inglesas que habían tomado las Islas de Providencia.

Al año siguiente publicó en Madrid el primer libro escrito por un nacido en Cuba en el que narraba la batalla contra los británicos en las islas de Providencia y al que tituló: titulaba “Relación del suceso que tuvo Francisco Díaz Pimienta, General de la Real Armada de Indias en la Isla de Santa Catalina”.

En el año de 1652 puso rumbo a las aguas del Rosellón para cruzar con su escuadra, entre éstas y la ciudad condal, en la que estando dándole sitio, encontró la muerte en uno de los ataques durante la Sublevación de Cataluña, revuelta conocida como de Els Segadors. Se cree que está enterrado en la iglesia de San Andrés de Palomar lugar original donde surgió la revuelta soberanista.

El General y almirante Francisco Díaz Pimienta, estableció como cláusula en su testamento: «Es mi voluntad que en la capilla de la Señora Santa Ana que está al lado del Evangelio de la Iglesia Mayor de la ciudad de la Palma, una de las Islas Canarias, fundación y entierro de mis padres se coloque una lámpara de plata dotada con seis arrobas de aceite al año, para que arda por nuestras almas, de mis padres, hermanos y descendientes.» En la actualidad, esta capilla se encuentra reconocida a San Pedro, por haberse colocado en ella el año 1818 el paso de la Negación del referido Santo Apóstol.

Desde unos oscuros orígenes como hijo ilegítimo, Francisco Díaz Pimienta logró elevarse a una destacada posición social, utilizando el servicio al rey y el comercio colonial como eficaces trampolines. Su perfil de militar-mercader no fue infrecuente en el mundo de los generales y almirantes de las flotas de Indias en el siglo XVII. Desplegando una incansable trayectoria vital entre el Atlántico y el Mediterráneo, entre el Viejo y el Nuevo Mundo, Díaz Pimienta fue uno de aquellos meteoros que surcó los cielos de la Monarquía Hispánica en una época histórica singular en la que se conjugaron, a partes iguales, la gloria y los fracasos, el esplendor y la decadencia.

Jaime Mascaró Munar

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2 thoughts on “FRANCISCO DÍAZ PIMIENTA, EL “CUBANO” QUE LLEGÓ A SER ALMIRANTE DE LA REAL ARMADA DE INDIAS”

  1. Asociación Española de la Marina Civil dice:
    31/08/2026 a las 6:28 pm

    Con todos los respetos.
    En el siglo dieciséis existen armadas, pero no existe la Armada Española , que no se creará hasta 1717, por Real Decreto.
    En esa etapa histórica los almirantes no pertenecen a ningún escalafón de una supuesta Armada inexistente.
    Las únicas enseñanzas regladas, que daban acceso al titulo de piloto o en su caso de maestre, eran las cursadas en la Casa de la Contratación de Sevilla.
    Almirante era un cargo coyuntural, que ejercía ue iba al mando de la almiranta.
    Atentos saludos
    Asocación Española de la Marina Cviil

    Responder
    1. Francisco Gilet dice:
      01/09/2026 a las 11:15 am

      En primer lugar, nuestro agradecimiento por el comentario y su contenido. Efectivamente,se ha cometido un error al titular el rango de don Francisco Díaz como almirante de la Armada española, cuando el titulo debiera haber sido «General y almirante de la Real Armada de Indias», según se recoge el tercer párrafo del articulo.
      «En la parroquia matriz de Los Remedios, en Los Llanos de Aridane, existe una lápida, muy antigua, colocada en el baptisterio, que dice: «Aquí fue bautizado don Francisco Díaz Pimienta. – General y almirante de la Real Armada de Indias. – Caballero del Hábito de Santiago. – Marqués de Villarreal de Burriel. Que feneció gloriosamente sus días en el sitio de Barcelona y año del Señor 1652»
      Así pues,procederemos a rectificar el incorrecto título siguiendo su amable, acertado y respetuoso comentario. Muchísimas gracias. Un cordial saludo en la confianza en que tal error no nos prive de su seguimiento como lector.

      Responder

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