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ANTONIO PALOMINO, PINTOR BARROCO ESPAÑOL

  • Jaime Mascaró Munar
  • 13/08/2026
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Acisclo Antonio Palomino de Castro y Velasco fue un pintor español y crítico de arte, siendo reconocido por su obra histórica y teórica de la pintura y en particular del pintor barroco Diego Velasquez. fue uno de los pintores españoles y teóricos de la pintura más relevantes entre los siglos XVII y XVIII, con una formación intelectual que lo distinguió de la mayor parte de sus colegas artistas. A su prolífica dedicación como pintor, unió la de sacerdote, pues al enviudar en 1725 de su esposa Catalina, decidió retomar los estudios teológicos que había abandonado en su juventud, recibiendo el sacramento del orden en 1725. Murió poco tiempo después en Madrid, el 12 de agosto de 1726.

Acisclo Antonio Palomino de Castro y Velasco

Nació en Bujalance el 1 de diciembre de 1655 siendo el segundo hijo de Bernabé Palomino y de su segunda esposa, Catalina de Castro. Fue bautizado en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción el mismo día. Nacido en el seno de una familia acomodada, siendo niño se trasladó con su familia a Córdoba, donde comenzó sus estudios en el sacerdocio en el Colegio dominico de Santo Tomás, que incluían gramática, filosofía, derecho, teología y cánones, llegando a ser ordenado de menores por el obispo Francisco de Alarcón y Covarrubias. Sin embargo, alternó estos estudios con el dibujo y la pintura, llegando a recibir lecciones pictóricas de Juan de Valdés Leal y luego de Juan de Alfaro y Gámez, quien le ofreció acceso a la Corte.

Marchó a Madrid en 1678 bajo la protección de Alfaro, después de ordenarse subdiácono y allí fue Introducido en el círculo de Juan Carreño de Miranda y Claudio Coello, quienes le facilitaron el contacto con las colecciones reales y le dieron la oportunidad de colaborar con algunas obras, como la decoración del cuarto de la reina María Luisa de Orleans, primera esposa de Carlos II y la galería del cierzo, ambas del Real Alcázar. Durante los primeros meses se alojó en la vivienda del pintor Francisco Pérez Sierra, en la calle de las Infantas, donde conoció a su sobrina Catalina Bárbara Pérez de Sierra, oriunda de Nápoles e hija de un diplomático, con la que contrajo matrimonio en 1680. El matrimonio se trasladó a la cercana calle de los Jardines, donde nació su primera hija Manuela Josefa, bautizada en la parroquia de San Ginés en 1683; probablemente fallecida poco tiempo después al no ser mencionada en ningún documento posterior. En 1684, con el objetivo de ser nombrado hijodalgo, solicitó una prueba de limpieza de sangre, en la que declararon ocho vecinos de Bujalance que conocieron a su familia. Una vez remitida esta información, Palomino y sus dos hijos varones fueron recibidos como hijosdalgo en Madrid en 1690.

Claudio Coello

Su primer contacto con la Casa Real se produjo en 1686, cuando Claudio Coello, a quien el monarca Carlos II había ordenado los frescos de la techumbre de la Galería del Cierzo del Alcázar de Madrid, no pudo terminarlos por otros compromisos y propuso a Palomino, quien realizó varios pasajes de la fábula de Eros y Psique. Más adelante alegó estos méritos para solicitar la plaza de pintor del Rey en 1687, que le fue concedida el 23 de junio de 1688. Desde este momento Palomino tuvo que realizar varios trabajos en el Alcázar, aunque se desconocen en gran medida, se sabe, por ejemplo, que realizó una serie de pinturas al fresco en la cámara y en el despacho del Rey en el palacio del Buen Retiro. Asimismo, diseñó el ornato de la plazuela de San Salvador con motivo de la entrada a la ciudad de María Ana de Neoburgo, segunda esposa de Carlos II en 1690; seleccionó para el monarca algunas pinturas del palacio del Pardo que él mismo restauró en 1711, y realizó algunas pinturas en la pieza de las Furias en 1720.

Luca Giordano

En verano de 1692 Luca Giordano llegó a España para decorar las bóvedas del monasterio de El Escorial, por lo que Palomino solicitó permiso a Carlos II para acompañar al italiano en sus trabajos, mejorando y completando su formación como fresquista. Palomino también trabajó extensamente con el Concejo de Madrid, realizando unas pinturas para el Salón nuevo de Sesiones en la Casa de la Villa en 1692 y, más adelante, la decoración de tres pequeñas estancias ubicadas bajo la torre del Reloj.

En su obra como tratadista, el pintor del rey Antonio Palomino de Castro dejó clara su admiración por la obra de Luca Giordano con quien colaboró durante su estancia en España y de quien aprendió la técnica del fresco. El cuadro de San Pedro de Alcántara refleja dicha influencia, en la forma de representar el cielo y en las ropas del santo similares a las de los filósofos de Giordano.

La marginación a la que fue sometido por Felipe V, más dado a un gusto francés que comenzaba a ponerse de moda, del que hizo varios retratos, hizo que tuviera que buscar una clientela más acostumbrada al lenguaje imperante en la época de Carlos II. Así fue como se convirtió en máximo exponente de lo que se ha venido denominando el Barroco castizo, con artistas que perpetúan este estilo barroco. En La batalla de Orán, una inscripción en una cartela ovalada describe la escaramuza: «Año de 1698. A. Prim.° de Marzo, en las cercanías de Orán, sitiaron mil caballos. D. Álvaro Rey de Mequinenza una compañía de caballos. Cristianos naturales los más de esta ciudad, alférez y comandante don Josephe de Angulo y Merino, siendo el lance imposible de socorro y la fuerza tan superior en los bárbaros con sobrado valor y espíritu dijo a los suyos soldados de Jesucristo, ahora es tiempo de sacrificar la vida por la Santa Fe. Viva J.H.S. y metiendo mano a la espada salió con los bárbaros en cuyo combate mostró cada soldado lo ardiente de su valor y estrago que hicieron en ellos. Quedando al fin derrotados, preso y herido D. Josephe alférez, trece compañeros que fueron llevados presos. Camino de 300 leguas hasta Mequinenza donde a 31 de Marzo dieron la vida por la Fe. Antonio Palomino fecit».

Visitó Valencia en 1697, permaneciendo allí durante tres o cuatro años pintando frescos. Realizó los de la Basílica de la Virgen de los Desamparados y la Iglesia de los Santos Juanes. Durante un breve tiempo de retiro en Vall de Uxó, hizo algunas pinturas para los duques de Segorbe y, antes de su nueva marcha, diseñó el programa pictórico de la bóveda de la iglesia de san Nicolás de la capital valenciana, aunque dejando el trabajo manual a uno de sus colaboradores, el valenciano Dionís Vidal.

Basílica de la Virgen de los Desamparados. La Gloria

Sorprende siempre sobremanera detenerse y levantar la mirada para observar con detalle la maravillosa cúpula ovalada pintada al fresco por el artista cordobés. Este gran maestro debió de realizar esta obra en algo más de un año y eso que nos encontramos ante una cúpula de algo más de 18m de anchura, la cual representa con gran magnificencia La Gloria con la Santísima Trinidad y la Virgen intercesora de los hombres suplicando por los, todos rodeados de coros de ángeles y vírgenes. En 1705 se trasladó a Salamanca para realizar el coro del convento de San Esteban, y más tarde a Granada para ayudar al arquitecto Francisco Hurtado en la construcción de un sagrario en la Cartuja de Granada en 1712.

Conquista de Córdoba

Un año más tarde volvió a su Córdoba natal, a la que no había regresado desde 1678, ya que el cardenal Salazar había dejado en testamento un dinero para la realización de tres lienzos en la nueva capilla de Santa Teresa en el interior de la Mezquita-catedral de Córdoba donde reposaban sus restos. De hecho, aprovechó su estancia en este templo para sustituir las pinturas del retablo mayor de la capilla Mayor, hechas por Cristóbal Vela en 1642, por unas nuevas realizadas por él en 1713. Regresó a Madrid, donde se encargó de la parte pictórica del Sagrario del Monasterio de El Paular, de la que hoy quedan pocos restos, ejecutándola en 1723 como final de su carrera. En estos años acogió en su taller al incipiente grabador Juan Bernabé Palomino, sobrino suyo, quien produjo estampas según algunos de sus diseños.

Paralelamente a su actividad pictórica Palomino es mundialmente reconocido por haber escrito su obra en tres tomos El museo pictórico y escala óptica entre los años 1715 y 1724 reagrupando técnicas de pintura y biografías de artistas del Siglo de Oro español, siendo una de las principales fuentes para la historia de la pintura barroca española. Consta de cuatro partes (o tomos): Teórica de la pintura; Práctica de la pintura; El Parnaso español, pintoresco y laureado; Índices y Tablas.

Los dos primeros tomos versan sobre la práctica y el arte de la pintura, y han tenido poca influencia posterior. Pero el tercero constituye un valioso material biográfico de pintores españoles del Siglo de Oro, que ha motivado que Palomino sea llamado el Vasari español. Esta parte fue parcialmente traducida al inglés en 1739. Posteriormente, un resumen de la obra original fue publicado en Londres en 1742. Se tradujo al francés en 1749 y al alemán en. La segunda edición en español salió a luz en Madrid en 1797.

En sus obras se aprecia la evolución de la pintura barroca de fines del siglo XVII hacia el Rococó y, en último término, el Neoclasicismo que se impondrá en el siglo XVIII. Su estilo muestra la influencia del Barroco cortesano o escuela madrileña de pintura, que conoció durante sus estancias en la capital. Palomino supo dotar a sus obras al fresco de movimiento, color y el característico decorativismo y ampulosidad del Barroco.

Alegoría del aire

Entre sus pinturas se pueden citar: La confesión de San Pedro, los frescos en la iglesia de los Santos Juanes y los de la Basílica de la Virgen de los Desamparados en Valencia; los cinco cuadros del retablo mayor de la catedral de Córdoba que representan a los mártires Pelayo, Flora, Acisclo y Victoria y en el centro la Asunción de la Virgen; mientras que en la capilla de Santa Teresa del mismo templo realizó el Martirio de los santos Acisclo y Victoria, Aparición de San Rafael al padre Roelas y Entrega de Córdoba a Fernando III; frescos de la cúpula del Sagrario, en la Cartuja de Granada; el fresco del testero del coro en la iglesia de San Esteban de Salamanca; un cuadro de San Antonio de Padua en Sigüenza. Una Inmaculada Concepción conservada en la catedral de Palencia; un San Antonio en el monasterio de las Clarisas de Orihuela; San Dionisio y la Virgen de los Dolores, en Sevilla; el techo de la antes acristía de san Isidro el Real, y los frescos de la Casa de la Villa, actual Ayuntamiento, en Madrid; y un Santo Tomás de Aquino del Museo de Arte Sacro de Málaga. En el Museo del Prado se conservan una Alegoría del aire y una Alegoría del fuego de su mano.

Antonio Palomino fue un artista habilidoso que destacó especialmente en la práctica de la pintura al fresco. Entre sus obras más destacadas, debemos señalar las pinturas para el Ayuntamiento de Madrid; la bóveda de la iglesia de los Santos Juanes, además de la cúpula de la basílica de la Virgen de los Desamparados, ambas en Valencia; el Triunfo de la Iglesia del coro de San Esteban de Salamanca; la bóveda de la capilla del Sagrario de la cartuja de Granada; y la decoración de la capilla del Sagrario del monasterio del Paular en Madrid. 

Huida a Egipto

En el Oratorio de la Casa de la Villa de Madrid también podemos contemplar la Historia de San Isidro y Santa María de la Cabeza, o la de la Batalla de las Navas de Tolosa. Entre sus dibujos sobre papel podemos señalar el Cristo Salvador del mundo o el de San Joaquín. Buen conocedor de la vida de los santos y de su iconografía, son numerosos los que representó en su obra, entre ellos San Acisclo del que tomaron su nombre para Antonio en su bautizo.

También plasmó temas bíblicos como el episodio evangélico de la Huida a Egipto, en el que nos muestra a la virgen María y al niño montados sobre un burro a quienes acompaña a pie San José, guiados por un ángel. Tampoco en su pintura se olvidó de los personajes de la Sagrada Familia.

Antonio Palomino fue un artista integral que desempeñó su profesión con absoluto magisterio, siendo el auténtico heredero del último Barroco madrileño. Actualmente (julio 2026), el Museo de Bellas Artes de València, con motivo del tercer centenario de su muerte. acoge la exposición ‘Antonio Palomino y la noche barroca’, la primera muestra monográfica dedicada a la figura y la producción artística del pintor y tratadista barroco Antonio Palomino de Castro y Velasco. El proyecto expositivo se ha realizado en colaboración con la Biblioteca Nacional de España y está comisariada por el historiador del arte José Riello, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid.

Jaime Mascaró Munar

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