
CRISTÓBAL DE MONDRAGÓN, SOLDADO DEL TERCIO
Con las primeras luces del alba despuntando en el horizonte, Cristóbal de Mondragón está tentado de arrojar la carta que ha recibido a la chimenea, furioso. El octogenario se siente humillado y, quizás por primera vez en su larga vida, vencido por la certeza que le da saber que, después de setenta años luchando por Dios, por España y por el rey, hay dos enemigos a los que nunca podrá vencer: la muerte y la envidia. Incapaz de asumir lo que acaba de leer, el viejo soldado vuelve a desenrollar el documento oficial por el que le niegan la solicitud



