
Alonso de Quintanilla y La Santa Hermandad
A la muerte de Enrique IV, en diciembre de 1474, Castilla presentaba un lamentable panorama: El trono, degradado; los privados, corruptos; los grandes, insolentes; el clero, relajado; la moral pública, inexistente; los bandos, enfrentados; los caminos, inseguros; la justicia, escarnecida; el pueblo, en la miseria; los magnates, en la opulencia, y los conflictos con los judíos, crecientes. Sucio panorama el que aguardaba a los jóvenes Reyes Católicos, que mientras ellos habían tenido unas bodas en las que habían mesurado los gastos, las gentes gastaban lo que no tenían. Pero el descontrol de la sociedad acostumbra a tener referentes sociales;






