La economía en la sociedad andalusí: Ganadería, industria y minería

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El ganado más difundido fue el ovino, su carne era utilizada en la alimentación, la lana y la piel sostenían importantes actividades industriales y artesanales (ropas, alfombras, etc.). Con la presencia de beréberes ganaderos pudo practicarse cierta trashumancia que permitió aprovechar mejor las zonas de pasto. Menos difusión tuvo el ganado caprino, aunque debió ser bastante numeroso y su carne menos apreciada, por el precio más bajo de la misma. El cerdo se siguió criando en al-Ándalus e incluso, pese a las prohibiciones islámicas, formó parte de la dieta de muchos hogares musulmanes.

Para el transporte de las mercancías estuvo muy extendido el uso de las mulas, así como para el desplazamiento de la mayor parte de los miembros de la alta sociedad; no obstante, el animal más extendido fue el asno que llegó a ser parte imprescindible de la familia, siendo utilizado como animal de carga y para labores agrícolas. El caballo fue un animal más extendido entre la aristocracia y en la guerra.

En lo que se refiere a la crianza de animales de corral proliferaron las gallinas y los pichones. Las palomas fueron apreciadas como comida y sobre todo como correo, su estiércol fue valorado como abono de los campos. Por último, la apicultura también fue una tarea muy valorada en la sociedad andalusí.

Con respecto a la industria, cabe destacar la producción de papel de alta calidad, sobre todo en la región valenciana que se exportaba a los mercados italianos. La industria textil fue la más importante de al-Ándalus, por su consumo interior y por su exportación, se trabajó el lino, algodón y lana para vestidos, mantas y tapices.

Los peleteros y curtidores trabajaban la piel y el cuero en ciudades como Córdoba, Murcia y Zaragoza, suministrando la materia ya elaborada para la fabricación de pellizas, paños, zapatos, etc. Las pieles más comunes eran las de oveja y conejo. La industria textil más preciada fue la seda, que se concentraba en los talleres palatinos, sobre todo en Córdoba, Baeza y Almería; estos productos se vendían en la España cristiana y en Europa general, el número de clientes no fue muy grande, pero sí lo fue el reporte económico de la actividad.

Otras actividades industriales importantes fueron la metalurgia, la cerámica y el vidrio, que se desarrollaron en multitud de pequeños talleres artesanos. La orfebrería alcanzó gran fama, sobre todo en el cincelado de oro y plata, en los trabajos de marfil para objetos de tocador y joyas, y el azabache. La alfarería estuvo muy difundida y el consumo era local; los trabajos en vidrio tuvieron gran importancia desde el siglo IX en Córdoba. Su uso experimentó un auge con la llegada del músico y dictador Ziryab (789-857), que impulsó la utilización en la mesa de copas de cristal en lugar de vasos de oro y plata, mostrando un claro proceso de orientalización que se estaba produciendo en al-Andalus.

Ziryab llegó a al-Ándalus en el 821 y modificó los modos de vestir, comer, la educación, la higiene y la decoración. Importó telas finas que provenían de telares egipcios, iraníes y bizantinos, así se inició en al-Ándalus la fabricación de paños de lujo y seda en el taller montado por Abd al-Rahman II. Así mismo, fomentó el uso de desodorantes y perfumes lo que originó un comercio especializado en este sector, con la previa importación de ámbar, almizcle y alcanfor, que una vez elaborados se presentaban en recipientes labrados. La moda oriental exigió platos individuales y un gran número de fuentes, vasos y jarras fabricadas en talleres andalusíes. La fabricación de armas tuvo en Toledo un centro de gran renombre.

Conocemos muy poco sobre la minería en al-Ándalus, solo sabemos la relación de productos extraídos y el lugar, pero poco o nada sobre los métodos de explotación, ni el volumen de producción. Se extraía oro en los ríos Segre, Darro, Guadalquivir y desembocadura del Tajo; plata en Murcia, Hornajuelos, Beja y Alhama; hierro en Huelva y Constantina; cobre en Toledo y Granada; plomo en Cabra y estaño en El Algarbe: La sal provenía de Zaragoza, Almería, Alicante y Cádiz, gracias a ella se desarrolló una importante industria de salazones de atún dedicada a la exportación. El mármol se extrajo de Sierra Morena. La actividad de las piedras semipreciosas fue reseñable, siendo famosos los ónices de Granada, el lapislázuli de Lorca y los rubíes en Almería.

José Carlos Sacristán

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