Racionamiento en Barcelona (2 marzo 1937)

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Diario de Luis Llor Sabat,

Mucho se ha escrito sobre las razones que provocaron la pérdida de la Guerra Civil Española de 1936 por parte de la República Española, pero poco se aborda el tema desde el punto de vista de organización y falta de control de los medios de producción agrícolas y de su distribución. En este articulo intentaré aportar algunos hechos basándome en recuerdos familiares y de un dietario que un habitante de San Feliu de Guixols, Luis Llor Sabat, mantuvo casi al día con riesgo personal pues aunque en ningún momento hace critica del Gobierno de la Generalitat, los hechos que describe se definen por sí mismo y serian considerados de alta traición por los gobernantes republicanos.

Zonas republicanas, 1936

En julio de 1936, cuando estalló el conflicto, en manos de los rebeldes quedaron, tan solo el 40% del territorio y ninguna población importante. Sin embargo bajo su control se encontraban las llanuras cerealísticas de Castilla la Vieja y León. La República dominaba toda Castilla la Nueva con sus extensas planicies, propicias también para el cultivo de los cereales y de la vid. Así mismo, casi hasta el final de la guerra, controlaban casi toda la producción de arroz (Delta del Ebro y La Albufera) y las fértiles vegas leridanas.

A pesar de la potencia disponible para generar alimentos para la población, la República tuvo dificultades para alimentar a su población casi desde el principio de la guerra. En el dietario de Luis Sabat, ya pueden leer estos dos apuntes.

Enero 7 de 1937. Decretado el racionamiento de ¼ de kilo de pan por persona, entregándose una tarjeta con 31 números para un mes.

Febrero 16 de 1937. Se ha racionado el azúcar a razón de ¼ de kilo por semana y persona, suspendiendo la venta hoy hasta entregar el vale correspondiente a cada familia dentro 2 días.

O sea que tan sólo 5 meses después del golpe de estado, ya se había decretado el racionamiento en una población catalana, lejana de los frentes de batalla y con puerto de mar.

Cómo pudo haber tan drástica pérdida de capacidad de producción y distribución de alimentos, puede explicarse a través de lo ocurrido a la familia del autor de este pequeño articulo. El abuelo materno de dicho autor, era un pequeño propietario en el Delta del Ebro. Su monocultivo era el arroz y también administraba un pequeño huerto familiar. El 18 de julio de 1936, sus tierras se encontraban hacia la mitad del ciclo productivo del arroz. Las plantas del cereal apenas empezaban a espigar. A partir de este momento solo hacia falta vigilar el aporte de agua y controlar las malas hierbas.

A principios de agosto, los dirigentes republicanos colocaron unos grandes carteles en puntos estratégicos de la finca, anunciando que las tierras privadas, eran confiscadas. A partir de este momento no se realizaron más trabajos de mantenimiento (control de aguas). Mi abuelo ante semejante dejadez, se responsabilizó de dichas tareas. En septiembre, el arroz estaba listo para ser cosechado, pero ante la sorpresa de mi familia nadie inició las complicadas tareas de cosecharlo. Se requerían casi cien personas durante un mes y con un importante despliegue de carros y bestias de carga para transportar el cereal recién segado.

En vista que nadie hacia nada, mi abuelo pidió permiso para cosechar el arroz que pudiera consumir su familia. Con el permiso (verbal) en el bolsillo virtual, consiguió reunir parte de la mano de obra necesaria y cosechó algo de lo que se estaba perdiendo, repartiéndose lo obtenido entre los que habían participado en la tarea. Nada de lo cosechado se puso a la venta. Al año siguiente, 1937, ni siquiera se llegó a plantar el arroz. Las tierras quedaron abandonadas.

Por el dietario de Luis Sabat, recordemos que fue escrito en el norte de Cataluña, podemos deducir que la situación alimentaria era similar aunque por razones distintas. En el sur fueron pequeños propietarios que quedaron desposeídos de sus explotaciones y no pudieron continuar con un mínimo de producción. En el norte, las tierras se encontraban en manos de arrendatarios, colonos en la terminología local, que dejaron de pagar a los propietarios y que acapararon la producción para autoconsumo o pequeños intercambios, aunque éstos fueron posteriormente estrictamente prohibidos.

La razón de este acaparamiento tenía dos fuentes distintas. El primero era la desconfianza en que el conflicto se pudiera terminar en poco tiempo. El segundo, la hiperinflación que se desató rápidamente, que hacía que el papel moneda se mirara con desconfianza. Para acabar de complicar la situación, muchos municipios empezaron a imprimir papel moneda, que finalmente era tan solo aceptado para pagos de mercancías de poco valor. Era como si quisiéramos comprar con billetes del Monopoly.

Todo fue una confluencia de factores para provocar una tormenta monetaria perfecta. Ya en un temprano 15 de octubre de 1936, se creó en Cataluña (prácticamente fue en Barcelona), una tarjeta de racionamiento familiar, según la propaganda oficial para evitar acaparamiento y abusos, pero realmente era para conseguir administrar unos recursos que empezaban a ser escasos.

Tres meses más tarde la situación no hizo más que empeorar. El 27 de febrero de 1937, efectivo el 2 de marzo, se publicaba en el “Diari Oficial de la Generalitat”, el racionamiento de pan a 250 gramos por persona y día.

A nivel del territorio republicano, el socialista Largo Caballero, publicó en la “Gaceta de la Republica” un decreto estableciendo el primer sistema de racionamiento en España. Fue un triste record.

Michael Seidman

La mayoría de la gente hoy en día piensa que la situación era la misma en la zona dominada por Franco, pero nada más lejos de la realidad. En la zona nacional, no hubo ni escasez, ni racionamiento ni hiperinflación. Según el historiador Michael Seidman, los contrarrevolucionarios del siglo XX, como los chinos nacionalistas o los blancos rusos, provocaron un problema similar al de la República española, escasez e hiperinflación. Seidman documenta que el régimen de Franco pudo ser represivo y controlador pero consiguió producir comida, tanto para civiles como para militares.

El dietario de Luis Sabat refleja bien esta situación. Las primeras páginas, hablan prácticamente de violencia, muertes y detenciones. Siempre en un lenguaje aséptico, para evitar represalias, pero a medida que avanza, se empieza a hablar de hambre, carestía y finalmente críticas abiertas contra la jefatura dirigente, para la cual no había tantas restricciones alimenticias.

En su dietario, los bombardeos sufridos, se narran de forma aséptica, como si fueran un mal menor, probablemente porque así lo sentía el autor. No es extraño que en sus últimas líneas, describiera la llegada de las tropas nacionales como una jubilosa liberación de una situación insoportable.

Fue su narración, la de un individuo casi anónimo, sin apenas ideología clara, que se vio envuelto en un conflicto sobre el cual nadie le había pedido su opinión. Como en todo los conflictos, al menos a corto plazo, los más populistas salieron reforzados y los más lúcidos sufrieron las consecuencias.

Manuel de Francisco Fabre

https://publicacions.iec.cat/repository/pdf/00000487/00000014.pdf

https://raco.cat/index.php/EBE/article/view/373693/467297

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