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Catedral de Toledo, VIIIº centenario. Capitulo 4º

  • José Carlos Sacristán Abad
  • 04/06/2026
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4.- El Arte dentro de la Catedral

Cuando se entra en la catedral desde cualquiera de las puertas laterales, lo primero que destaca a la vista es la magnitud del espacio que tiene uno ante sus ojos. Desde fuera no da la impresión de que un espacio cerrado sea tan enorme y colosal. La catedral se reproduce en las capillas, se airea en el claustro y se extiende por las dependencias auxiliares, como la Sacristía y la Sala Capitular. Las rejas y los retablos ayudan a individualizar los espacios.

La catedral de Toledo constituye un auténtico museo de rejería monumental y arquitectónica. Representa el mejor conjunto del mundo y se extiende desde el siglo XV hasta el XX.

La vocación de la catedral fue siempre la de participar del movimiento de todos los actos que se celebrasen dentro de ella, ya que como Sede Primada tenía que representar su importante misión doctrinal.

Gil de Albornoz

Los primeros espacios que se abovedaron en el siglo XIII fueron las capillas de la cabecera, el deambulatorio externo y el interior. El presbiterio se cerró provisionalmente con una bóveda de madera. Las naves colaterales se cerraron con bóvedas de crucería iniciadas por el arzobispo Gil de Albornoz (1339-1350), mientras que las centrales se finalizaron por Juan de Guas y Enrique Egas en tiempos del cardenal Mendoza (1483-1495).

Dentro de la etapa clásica, es decir, a la primera de la construcción (1222-1247) pertenece la girola externa, en la que solo se conservan siete de sus quince capillas originales. En la segunda fase (1247-1291) se encuadran el deambulatorio interior y el alzado del ábside con sus triforios mudéjares. El cuerpo de naves, el claustro y las grandes capillas ochavadas pertenecen a los siglos XIV y XV.

En el siglo XV se elevó sobre el crucero un cimborrio de planta rectangular. Los deficientes refuerzos – arbotantes, botareles y pináculos- pusieron en peligro la estabilidad de las naves por lo que se decidió desmontar la linterna en 1909.

A lo largo de los siglos la acumulación de obras de arte, hizo que la catedral se convirtiera en una summa artis: retablos, monumentos funerarios, coro, rejas, libros, partituras musicales, frescos, pinturas al óleo, códices miniados, mobiliario, orfebrería, etcétera. Todo ello abarca el conocimiento de los seis siglos que tiene la catedral en la que se disfruta de un recorrido que va desde el gótico ojival, el renacimiento, el barroco, el neoclasicismo, y algunos estilemas, como el estilo Cisneros, en honor al cardenal que tanto hizo por la catedral.

Un detalle digno de reseña es el de las vidrieras de la catedral, durante la Guerra Civil española los daños ocasionados en las mismas fueron graves, pero, aun así, la catedral sigue siendo uno de los edificios de Castilla que más vidrieras ha conservado.

Las vidrieras tenían la doble funcionalidad de dejar pasar la luz y de proteger el interior de las injerencias del mal tiempo. Los vidrios dejan pasar la luz blanca del exterior para convertirla en haces de colores en el interior del templo. Las vidrieras que están orientadas al mediodía tienen colores más cálidos que absorben la luz, mientras que las orientadas al norte tienen colores grisáceos, ocres o morados que dan propiedades más luminosas.

Los vidrieros debían conocer dos técnicas esenciales: la que daba los colores pigmento, cuyo conocimiento guardaban con recelo, incluso en secreto; y los colores que daban luz, que eran los que mostraban el cromatismo definitivo al interior. En el caso de Toledo, zafiros, esmeraldas, topacios y rubíes generan la atmósfera de fuego en la que centellean amarillos plateados y violetas. Es decir, se pretendió generar un ambiente cálido que evitase penumbras y claridades excesivas que dificultasen el recogimiento espiritual.

La catedral de Toledo tiene 750 vidrieras que se disponen de forma escalonada en los tres niveles sucesivos de las naves. La iconografía original del siglo XIII se desconoce por haberse perdido en casi su totalidad; la mayoría de las vidrieras actuales son del siglo XIV y XVI. Algunos ejemplos de gran relevancia pertenecen al género del gótico internacional, con influjos de la pintura flamenca y germánica o incluso renacentistas.

CAPÍTULO 4: Vidriera de las Artes Liberales

Los vidrieros más destacados del siglo XV fueron los franceses Jacobo Dolfin y Luis Coutin, que realizaron algunas vidrieras del crucero y el ábside. Entre 1482 y 1484, Enrique Alemán, realizó algunos paneles de la nave central y de las capillas. Durante el siglo XVI comenzó a imponerse la vidriera del romano, que es como se conoce al nuevo estilo renacentista. Entre los años 1520 y 1522, Juan de Campes realizó paneles en las naves laterales con escenas del Antiguo y el Nuevo Testamento. Desde 1522 hasta 1525, Alberto de Holanda realizó numerosas vidrieras del claristorio.

Puerta del Perdón

De los tres rosetones, el más antiguo es el de la Puerta del Reloj (siglo XIV). En él se representa a Cristo crucificado en el hueco central. El rosetón que se encuentra sobre la Puerta del Perdón, se conoce como la dalia, por su motivo floral, y presenta un espacio muy espectacular por su cromatismo. Nicolás de Vergara el Mozo confeccionó el de la Puerta de los Leones.

4.1.- Las capillas

Las capillas de la catedral de Toledo forman un espacio propio dentro de la seo. Se ha llegado a decir que son pequeñas catedrales en sí mismas; lugares en los que la liturgia y el arte convergen y actúan de narrador histórico de la sede primada. Desde el primer momento se pretendió que la Dives Toledana tuviese un conjunto de capillas que rodeasen todo su perímetro con una triple intención: facilitar la financiación del templo, atender a los múltiples oficios religiosos que se iban a llevar a cabo de forma simultánea y ayudar a aumentar la importancia del templo.

Muchas de las capillas surgieron en la Edad Media como ámbitos funerarios de arzobispos, la verdad es que cada una nació con una intención concreta. En ellas se cruzan la historia de España y del arte junto con la idiosincrasia de las personas que contribuyeron a su construcción.

Las capillas del deambulatorio exterior debieron estar acabadas y abovedadas hacia el año 1338, como parece quedar demostrado por el decreto fundacional firmado por el arzobispo Jiménez de Rada, el 10 de julio de ese año.

Originalmente se proyectaron quince capillas que rodeaban el deambulatorio, en la actualidad solo se conservan siete, las restantes fueron sustituidas por otras de dimensiones mayores.

En las capillas trabajaron los más prestigiosos artistas de sus épocas: escultores como Bigarny, Copín de Holanda, Vasco de la Zarza o Fancelli; pintores como Juan de Borgoña, Rizzi o Maella; arquitectos como Covarrubias, Egas o Jorge Manuel Theotocópuli. Pero, superando la riqueza artística, las capillas son un auténtico ejemplo de memoria histórica en la que se pueden apreciar: el sepulcro de un cardenal, el de un rey que fue determinante para Castilla, o el de un noble de gran relieve digno de estar allí representado.

4.1.1.- Capilla de la Descensión

Esta capilla es uno de los lugares más antiguos y sagrados de la catedral. Se ubica en el punto exacto en el que, según la tradición, estuvo el altar mayor de la iglesia visigoda de Santa María; la capilla fue fundada por Enrique II de Castilla. En este lugar, cuenta la antiquísima leyenda, la Virgen María descendió del cielo en el año 666 para imponer una casulla a San Ildefonso. El motivo de este honor fue el agradecimiento que la Virgen quiso mostrar a San Ildefonso, por haber defendido, éste, el misterio de su virginidad. Quedó como reliquia la piedra en la que había posado los pies – la piedra se guarda en una urna de jaspe rojo-. Un panel de cerámica recita los siguientes versos:

          “Cuando la reina del cielo/puso sus pies en el suelo/en esta piedra los puso/de besarla tened uso/para más vuestro consuelo”.

El cabildo trató de cambiar la ubicación del oratorio, pero la iniciativa se encontró con la oposición popular por la arraigada devoción a sus imágenes. Por este motivo, se optó por rodear el pilar sagrado con una verja de hierro que, no obstaculizase la visibilidad y protegiese su interior. Su ejecución se realizó a partir de 1540, gracias al traslado de la Capilla Real.

El retablo mayor de la capilla, obra de Felipe Bigarny, muestra en la madera policromada la visión del milagro. En ella se encuentra el sepulcro del cardenal Baltasar Moscoso y Sandoval, fallecido en 1655.

La capilla es más que un lugar de devoción, es el sitio en el que la historia se une a lo sobrenatural y en Toledo se reconoce como “donde el cielo tocó a la tierra”.

4.1.2.- Capilla de San Blas

Se encuentra en el ángulo nordeste del claustro, fue mandada construir en 1397 por el arzobispo Pedro Tenorio.

Se accede a ella a través de una portada gótica de arco apuntado y está cubierta por una bóveda octopartita. En ella se encuentra el sepulcro del arzobispo Tenorio y de su consejero Vicente Arias Balboa, que fue obispo de Plasencia.

Los muros están cubiertos por un conjunto de pinturas murales que son una verdadera joya. Se pintaron hacia el año 1400 y representan el Credo y el Juicio Final, donde se suceden la Anunciación, la Adoración de los Pastores, Cristo ante Caifás, la Crucifixión, la Ascensión, el Pentecostés y la Resurrección de la carne. Las obras representan una verdadera catequesis pictórica.

Estas obras que han sido restauradas recientemente son una obra capital del gótico internacional español, en las que se aprecia el influjo del Trecento italiano con la inspiración de Giotto y su escuela de Florencia.

4.1.3.- Capilla de Santiago

La mandó construir Álvaro de Luna, valido del rey Juan II y maestre de Santiago, para que sirviese de sepultura para él y sus familiares. La levantó Hanequín de Bruselas, como capilla funeraria, entre los años 1435 y 1440, y en ella introdujo la suntuosidad de Borgoña. La capilla se asoma al exterior como una coraza de granito, que le da un aspecto de castillo con sus almenas. La construcción de la capilla acarreó la destrucción de otras tres primitivas.

La mandó construir Álvaro de Luna, valido del rey Juan II y maestre de Santiago, para que sirviese de sepultura para él y sus familiares. La levantó Hanequín de Bruselas, como capilla funeraria, entre los años 1435 y 1440, y en ella introdujo la suntuosidad de Borgoña. La capilla se asoma al exterior como una coraza de granito, que le da un aspecto de castillo con sus almenas. La construcción de la capilla acarreó la destrucción de otras tres primitivas.

La bóveda estrellada y la abundante decoración flamígera representan uno de los ejemplos más refinados del gótico castellano.

En el centro se encuentran los sepulcros de Álvaro de Luna y la reina doña Juana Pimentel; están tallados en alabastro y fueron encargados en 1489 a Sebastián de Toledo. Los muros laterales albergan los sepulcros de varios arzobispos y nobles. Destaca la piedra blanca de Onil en su interior. Se caracteriza por sus caireles delicados que caen de sus arcadas, las burbujas decorativas que suben hacia lo alto, los racimos de flores, las tracerías llenas de elementos decorativos y los gabletes que coronan las ojivas.

La capilla de Santiago representa una de las obras maestras del arte funerario español.

4.1.4.- Capilla del Sagrario

El cardenal Gaspar de Quiroga y Vela inició las obras del sagrario, pero al morir el proyectista (Nicolás de Vergara el Mozo), sufrieron un cambio ante la decisión del cardenal Bernardo de Sandoval y Rojas de establecer una capilla funeraria para él y su familia.

En ella se encuentra uno de los tesoros de la catedral que son más venerados: la Virgen del Sagrario, patrona de Toledo.

La Virgen se encuentra sentada en un magnífico trono de plata, obra del florentino Virgilio Fanelli (siglo XVII), revestido con láminas de plata, adornada con oro y piedras preciosas.

Cuenta la tradición que la Virgen fue ocultada durante la invasión musulmana. Solo se hizo presente tras la conquista de Toledo a manos del rey Alfonso VI en 1085; fue entonces cuando emergió de forma milagrosa del pozo del claustro.

Es de planta cuadrada y está revestida de mármoles de Génova, Estremoz, Granada, San Pablo de los Montes y Urda. La portada a las naves de la catedral representa una obra maestra del barroco: columnas con capiteles compuestos resguardan la puerta de entrada; el cuerpo superior está formado por un frontón partido, flanqueado de dos estípites con un triglifo como capitel. La ornamentación pictórica y escultórica fue llevada a cabo por Eugenio Cajés y Vicente Carducho, pintores de Felipe III.

La capilla fue inaugurada por Felipe III en 1616. Desde ese momento, la Capilla del Sagrario ha tenido una significación única por ser el lugar donde historia, fe y belleza se unen bajo la mirada de la Virgen.

4.1.5.- Capilla Mozárabe

Se encuentra sobre la base de la que debió ser la segunda torre de la catedral, pero que nunca se finalizó. La mandó construir el cardenal Cisneros en 1504 con la intención de hacer perpetuo el rito hispano-mozárabe en las celebraciones litúrgicas.

El rito venía heredado de la Iglesia Visigoda y lo habían mantenido durante siglos mozárabes. Tras la reconquista de Toledo en 1085, fue en esta ciudad donde solo siguió celebrándose. Para conseguirlo, reeditó los textos del antiguo ritual, el misal de 1500 y el breviario de 1502. En 1509 comenzaron las primeras celebraciones litúrgicas, que continúan en la actualidad.

Enrique Egas se encargó de alzarla y las obras se prolongaron hasta 1510. En el año 1622 hubo un incendio que afectó a la linterna, fue entonces cuando hubo que reconstruir la cúpula, encargada a Jorge Manuel Theotecópuli, hijo del Greco.

En la reja de entrada se pueden ver el escudo del cardenal Cisneros, fue labrada en 1524 por Juan Francés. Juan de Borgoña pintó un trampantojo gótico que simula una portada arquitectónica.

En el interior se puede ver un programa de pinturas sobre la toma de Orán por el cardenal Cisneros (1509), lo realizó Juan de Borgoña.

El altar tiene un retablo reformado en 1791, que se compone de tablas de santos y está coronado por un crucifijo hispanoamericano de 1590. En el centro destaca un mosaico vaticano encargado por el cardenal Lorenzana.

Esta capilla representa una de las tres grandes intervenciones del cardenal Cisneros en la catedral de Toledo junto con la ampliación de la capilla mayor para mejorar y facilitar las celebraciones y la sala capitular.

Todos los días por la mañana se puede seguir la misa del rito hispano-mozárabe, tal y como el cardenal Cisneros lo instauró.

4.1.6.- Capilla de los Reyes Nuevos

Enrique II erigió la Capilla Real de los Trastámara en el siglo XIV. Como su ubicación impedía el fluido recorrido de las procesiones por el interior de la catedral, el arzobispo Fonseca solicitó al rey Carlos V trasladar este espacio funerario a un nuevo emplazamiento. Esto dio lugar a la actual capilla de los Reyes Nuevos, que así se diferenció de la de los Reyes Viejos en el presbiterio.

Su distribución está formada por unos espacios unidos, que se inician por un acceso rectangular que corresponde a las antiguas capillas de la cabecera. Le sigue un vestíbulo de forma trapezoidal y la capilla.

Esta capilla sirve de memoria de las tres capillas reales que existieron históricamente: la de los Reyes Viejos (fundada por Sancho IV en 1295), la de la reina Catalina de Lancaster (alzada en 1415) y la de los Reyes Nuevos (fundada por Enrique II en 1374). Las tres se fundieron en una que culminó en el siglo XIX.

Cuando se acabaron de cerrar las bóvedas en 1493, se decidió trasladar la capilla real a la girola, licencia que concedió Carlos V. En la nueva capilla trabajaron Enrique Egas, Diego de Siloé y Alonso de Covarrubias.

En el presbiterio se encuentran las urnas funerarias con las figuras de Juan I y su esposa Leonor de Aragón, esculpidas por Jorge Contreras en 1534. De la Capilla Real proceden las estatuas yacentes de Enrique II y su esposa Juana, colocadas en los arcosolios de la izquierda, mientras que las de Enrique III el Doliente y su esposa Catalina de Lancaster están en los de la derecha. Los retablos son neoclásicos en mármol y bronce y fueron proyectados por Ventura Rodríguez en la segunda mitad del siglo XVIII.

Domingo de Céspedes hizo el cerramiento de rejas en 1532 y en el siglo XVIII, Ventura Rodríguez, trazó retablos neoclásicos de mármol y bronce. El retablo mayor fue costeado por Carlos V, y muestra la imposición de la casulla a San Ildefonso.

La capilla se muestra como un panteón de la monarquía de Castilla y da el salto desde el gótico tardío castellano hasta el neoclasicismo.

4.1.7.- Capilla de San Ildefonso

Es una de las más grandes de la catedral y está dedicada a San Ildefonso desde los orígenes de la catedral en 1226, por imposición del arzobispo Jiménez de Rada. Ocupa el sitio de tres capillas pequeñas que se demolieron para su construcción, y está ubicada en una posición central en la girola. En ella se puede apreciar el escudo del arzobispo Gil de Albornoz, además de encontrarse su sepulcro en el centro.  El cardenal la mandó erigir como panteón para él y su familia. El sarcófago se apoya sobre seis leones y se encuentra enmarcado por veintidós arcos ojivales. Se atribuye al taller de Ferrand González hacia el año 1350.

Alberga los sepulcros de otro arzobispo, un cardenal y un nuncio del papa. Entre estos destaca el sepulcro del cardenal Alonso Carrillo de Albornoz, obispo de Ávila, labrado en torno a 1515, y es considerado una obra maestra del plateresco.

El retablo (1780) de Ventura Rodríguez preside el fondo, representa la imposición de la casulla a San Ildefonso, que como hemos visto en otras escenas de la catedral, es una seña identitaria de Toledo.

4.1.8.- Capilla Mayor

La Capilla Mayor de la catedral de Toledo deja impresionado al visitante que la vea. La riqueza artística supera a cualquier expectativa, mientras que el inmenso retablo queda protegido por la majestuosa reja.

Al contrario de las grandes catedrales góticas clásicas francesas, en las que el ábside muestra una profundidad notable con una altura casi vertiginosa, que además está protagonizado por la translucidez de sus vidrieras, el presbiterio toledano destaca por su corta longitud, protagonizada por su retablo principal y su espectacular custodia.

La catedral de Toledo fue el lugar de coronación de Sancho IV de Castilla en 1284, y el que eligió como lugar para su sepultura. Para ello se emitió un privilegio en 1285 para que su enterramiento fuese en la capilla mayor, debido a esto el presbiterio se dividió por un muro.

Todo ese espacio se transformó con el cardenal Mendoza y el cardenal Cisneros. Este último, con la oposición del cabildo catedralicio, decidió ampliar el presbiterio con la intención de proporcionar mayor espacio a las celebraciones litúrgicas. Para ello se trasladaron los mausoleos de los reyes viejos —Alfonso VII, Sancho el Deseado y Sancho el Bravo— a otros levantados entre 1507 y 1510.

El sepulcro más importante, por la naturaleza del personaje, es el del cardenal Mendoza, obra atribuida a Domenico Fancelli, y considerada una de las primeras muestras del Renacimiento en España. Se encuentra en el costado del evangelio.

El retablo mayor sorprende al espectador por sus monumentales dimensiones, hecho en madera policromada y dorada entre 1498 y 1504, siendo una de las cumbres de gótico hispanoflamenco. En su ejecución trabajaron artistas como Petit Jean, al que se le atribuye la traza, bajo la dirección de Enrique Egas y Gumiel, y otros como Felipe Bigarny, Copín de Holanda y Sebastián de Almonacid; en la policromía intervino Juan de Borgoña, y más de veinte maestros.

Está presentado en tres cuerpos y cinco calles, con un maravilloso ciclo de escenas bíblicas. En el centro se alza el Sagrario donde se guarda el Santísimo Sacramento, en forma de delicada filigrana de madera dorada, y en la parte superior un Calvario de grandes dimensiones.

La capilla se cierra con la reja plateresca de Francisco de Villalpando, de gran suntuosidad y extraordinaria ejecución. El escudo imperial de Carlos V preside el conjunto.

La bóveda de la Capilla Mayor está compuesta por nervios cruceros y terceletes en forma de media estrella y siete brazos.

4.2.- Espacios históricos y con valor artístico

Para comprender la historia de la catedral de Toledo es necesario comprender todos los espacios que la componen, espacios en los que se ejercitó el gobierno catedralicio y se transmitió el conocimiento a lo largo de los siglos.

Obras maestras como la Sacristía y la pinacoteca, la Sala Capitular, el Coro, el Transparente, la Cripta y otros más, no se encuentran en la mayoría de las catedrales que pueden competir en historia y valor artístico con la Dives Toledana. Estos lugares confieren a la seo una vida continuada y una memoria únicas, que durante ocho siglos han sido el centro espiritual y cultural de España.

4.2.1.- El Transparente

Detrás del Altar Mayor, en la girola, se abre una poderosa creación del barroco europeo: El Transparente, fue ideado por Narciso Tomé como trasaltar y finalizado en 1732. Desconcierta por ser una entrada de luz frente a la penumbra de las naves, y a la vez le confiere un dinamismo en el que parece verse a las figuras en movimiento.

En la ejecución de su fábrica no se reparó en gastos, se utilizaron los mejores materiales para conseguir una policromía y suntuosidad únicas: mármol blanco importado de Génova, piedra berroqueña (de El Berrueco en la Sierra de Guadarrama) y jaspes combinados con piezas de bronce y bañadas en oro.

En la época recibió todo tipo de elogios. Sus panegíricos lo incluyeron dentro de las maravillas del mundo. Sin duda alguna, por su carácter único y magistral, se le considera una de las cumbres del barroco europeo en su fase rococó.

Fue concebido como un gran altar de tres cuerpos, el primero de los escenarios simula la estancia de un trono ocupado por la Virgen con el Niño en los brazos. Las paredes de bronce dorado acogen historias de David. La zona central está ocupada por un hueco ovalado, que forma el Transparente para iluminar el camarín de jaspes donde se encuentra el sagrario tras el altar mayor. Se pretendió conseguir la intención original de permitir que un rayo de sol iluminase directamente al Sagrario. En el tramo superior se representa la Última Cena, y en la parte superior dos ángeles sostienen el escudo de bronce dorado de la catedral con el tema de la Descensión.

En el nivel inferior hay dos hornacinas con las imágenes de Santa Leocadia, patrona de Toledo y Santa Casilda, hija del rey musulmán de Toledo. En los costados se encuentran las figuras de San Eugenio y San Ildefonso, patronos de la ciudad.

Para realizar el Transparente se perforó una de las bóvedas, decisión que no dejó de ser un desafío técnico para la época. Evoca sentimientos de sobrecogimiento en un escenario casi sobrenatural y representa un espectáculo deslumbrante que se dirige al corazón.

Como la altura de la catedral se disminuyó con respecto a la traza del proyecto original, se redujo de forma drástica la iluminación natural interior. El transparente del trasaltar supuso una solución genial de iluminación para sacar de la penumbra a esa parte del templo.

                   

       4.2.2.- El Ochavo

El ochavo es el relicario de la catedral y se llama así por su forma de octógono. Se encuentra tras la Capilla del Sagrario y junto a la Sacristía.

Comenzó como ampliación del antiguo sagrario en 1591 de manos del cardenal Gaspar de Quiroga, quien se lo encargó al arquitecto Nicolás de Vergara el Mozo. En su construcción se sucedieron una serie de arquitectos como el jesuita Francisco Bautista y Pedro de la Torre, que presentaron en 1640 su solución para acabar con la obra, que se finalizaría en 1673, con el traslado de las reliquias.

El impulso definitivo del proyecto sucedió con la llegada de las reliquias de San Eugenio y Santa Leocadia. El Ochavo se convirtió en el relicario mayor de la catedral.

El interior deslumbra por los revestimientos de mármoles y jaspes, con pilastras angulares con basas y capiteles de bronce dorado. Siete arcosolios acogen más de un centenar de relicarios distribuidos en vitrinas de vidrio y plata. La luz que proviene de la linterna superior aumenta los reflejos de los bronces y aviva los colores de los mármoles, creando un ambiente único. Las pinturas se encargaron a Francisco Rizzi y Juan Carreño de Miranda.

El recinto está cerrado al público, el Ochavo es el lugar más secreto e íntimo de la Primada.

              

4.2.3.- La Custodia de Enrique del Arfe

El tesoro de la catedral alberga una de las obras de orfebrería más monumentales de todos los tiempos: la custodia procesional que realizó el platero alemán, afincado en Castilla, Enrique del Arfe. Fue por encargo del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros.

Arfe tardó casi diez años en modelar su particular templo gótico de 3 metros de altura, con 5.600 piezas unidas por 12.500 tornillos, 260 figuras, 183 kilos de plata y 18 kg de oro. El conjunto se remató con posterioridad con una cruz de diamantes. La Custodia de Arfe representa una exaltación de la eucaristía por la minuciosidad de sus detalles y la calidad de las filigranas.

La estructura se levanta sobre tres pisos, en el primer cuerpo se encuentra el ostensorio de oro adquirido por el cabildo en la almoneda de Isabel la Católica en 1505. Sobre el primer conjunto se eleva un templete con seis columnas. En su interior se guarda el viril, engastado con esmeraldas, granates, perlas y diamantes. Este cuerpo se cubre con una bóveda estrellada de combados y terceletes.

Los cuerpos superiores continúan con profetas y apóstoles, con las Virtudes Teologales y el Cristo Resucitado. Sobre el último templete se encuentra la paloma del Espíritu Santo y el remate final es una cruz de plata dorada engastada con 86 perlas y dos esmeraldas.

Todos los años, en el Corpus Christi, la Custodia procesiona por las calles de Toledo.

Claustro bajo

4.2.4.- El Claustro

Su construcción se inició en 1389 con el arzobispo Pedro Tenorio y lo concluyó, en el siglo XV, su sucesor Juan Martínez Correas. La traza es gótica con cuatro galerías abovedadas y abiertas al patio central.

Los muros cuentan con una gran cantidad de sepulcros, escudos y lápidas. En sus esquinas se abren las puertas de la Sala Capitular, la del Tránsito al Tesoro y la que lleva a la Capilla de San Blas.

Claustro alto

En el siglo XVIII los muros fueron adornados con frescos encargados a Francisco Bayeu y Subías, cuñado de Goya, y pintor de Carlos III. Las escenas relatan la vida de Cristo y de la Virgen María. El claustro bajo representa el corazón contemplativo de la catedral.

Sobre el claustro gótico se eleva el claustro alto que se edificó a finales del siglo XV como residencia para el cardenal. Su arquitectura es totalmente sobria y práctica, se forma por muros encalados y estancias con vigas de madera. Durante siglos, las claverías, fueron lugar de trabajo: allí se copiaban documentos, se guardaban ropas y ornamentos litúrgicos, se organizaban las grandes festividades, e incluso hay referencias de antiguas cocinas y talleres.

En el siglo XIX estas dependencias se transformaron en viviendas para campaneros y sirvientes del templo.

              

4.2.5.- La Cripta

Está ubicada bajo el Altar Mayor, su altar central representa el Santo Entierro, con una escultura de madera policromada, tallada en 1514 por Diego Copín de Holanda. La policromía original se debió a Juan de Borgoña. Los altares laterales, dedicados a San Sebastián y San Julián, tienen pinturas de Francisco Rizzi.

La cripta cuenta con una de las reliquias más emotivas de la catedral: los restos de Santa Úrsula que habían pertenecido al papa Clemente X y llegaron a Toledo en el siglo XVII. El cardenal Pascual de Aragón mandó construir una urna de cristal y madera sellada donde se encuentra la reliquia.

                  4.2.6.- El Coro

El coro se encuentra frente al cuadrado del crucero y el altar mayor. Esta ubicación le confiere una singularidad frente a las catedrales góticas francesas que acondicionaban el coro al presbiterio. La explicación no está clara, se ha llegado a decir que se decidió colocar ahí como en muchos monasterios, los cistercienses, que así disponían una nave mayor para este fin. O el ejemplo de la catedral románica de Santiago de Compostela, en la que se cambió la disposición original del coro en la cabecera, a un espacio más amplio.

Sí es cierto que en la Primada la cantidad de religiosos que participaban en las ceremonias exigía un mayor espacio. Se llegaron a oficiar 36.000 misas al año, donde el clero podía estar formado por el arzobispo, catorce dignidades, cuarenta canónigos, cincuenta racioneros y varios canónigos más. La cabecera de la catedral no podía colocar de forma correcta a tal número de personas.

Además de lo anterior, la localización actual ayudaba a potenciar la liturgia con una mayor participación de los fieles. De esta forma el cuadrado del crucero se convertía en el protagonista de las actividades.

El IV Concilio de Letrán (1215), en el que participó de manera activa el arzobispo Jiménez de Rada, concedió mayor importancia a la doctrina, de tal forma que se empleó por primera vez el término transubstanciación. Lo que se pretendió fue exponer y visualizar al Santísimo para evitar visiones exotéricas o de idolatría.

El coro adquirió una relevancia cada vez mayor, en él se celebraban los rezos y el canto de las horas del día, las procesiones rodeaban sus fachadas. El coro se encuentra cerrado en la actualidad, a excepción de la fachada oriental que queda protegida por una verja renacentista.

La sillería del coro se distribuye en dos alturas, quedando los sitiales separados por un amplio pasillo. La sillería inferior tiene 54 sitiales que fueron decorados por el escultor Rodrigo Alemán, con escenas de la guerra de Granada. La sillería alta, con 70 sitiales de nogal, se dedica a la genealogía de Cristo. En su creación participaron Felipe de Bigarny y Alonso Berruguete.

El coro incluye un magnífico grupo dedicado a la Transfiguración de Cristo en el Monte Tabor, acompañado de Moisés y Elías ante las miradas de los apóstoles Pedro, Juan y Santiago. El conjunto fue proyectado por Alonso Berruguete en 1543 y trabajó en él durante cinco años.

A los dos lados del coro, en la parte alta, se encuentran los dos órganos: el de la izquierda de estilo rococó hecho por Germán López en 1757; y el de la derecha neoclásico labrado por Juan Hernández en 1797.

En el centro del coro se alza el atril del Águila que es el facistol alemán (1425) sobre el que se posa un águila de bronce con las alas desplegadas. La verja que cierra el coro (1541-1548) fue labrada por Domingo Céspedes, siendo una obra maestra del renacimiento.

                  

4.2.7.- La Sacristía y Pinacoteca

La Sacristía con su pinacoteca representa uno de los espacios más asombrosos de la catedral. Forma parte de un conjunto en el que se encuadran la antesacristía, el vestuario, y la casa del tesorero con su patio. Las obras se iniciaron en 1605, fueron proyectadas por Nicolás Vergara el Mozo, y concebidas para preparar el culto.

La bóveda está pintada con un fresco de Lucas Jordán (Luca Giordano), y nos muestra, una vez más, la Descensión de la Virgen en la imposición de la casulla a San Ildefonso, motivo que hemos visto es recurrente por toda la catedral de Toledo.

El expolio

Al fondo de la sala, y presidiendo la misma, se encuentra El Expolio pintado por el Greco en 1587; obra que fue encargada por el cabildo para ese mismo lugar. El lienzo se enmarca en un retablo de mármol y bronce realizado en 1798. La sala queda adornada con maderas nobles y mármoles que le confieren una elegancia elocuente.

Aparte de las obras a las que hemos aludido, la Sacristía es una auténtica pinacoteca, se llega a decir que es un museo dentro del templo por contener obras de El Greco, Caravaggio, Tiziano, Van Dyck, Goya y otros. En un lateral se encuentra el nicho del cardenal Luis de Borbón, labrado por Mariano Salvatierra en 1824.

La sacristía arzobispal, anexa a la Sacristía, reúne obras de Ribera, Bassano o Bellini. Por lo tanto, la Sacristía ejemplifica una armoniosa conjunción entre arquitectura y galería pictórica.

4.2.8.- La Sala Capitular

                   

Constituye uno de los conjuntos artísticos más destacables de la catedral. Fue levantada por el cardenal Cisneros (1504-1512) como centro de gobierno del cabildo catedralicio. Se atribuye a Enrique Egas su ejecución, así como a Pedro Gumiel y a Copín de Holanda la portada plateresca.

La Sala sorprende por su eclecticismo artístico en el que se mezclan la artesanía morisca, los elementos clasicistas de origen renacentista y las refinadas formas flamígeras, que en conjunto forman un espacio de gran belleza que la historiografía llegó a bautizar como estilo Cisneros.

Sobresale el artesonado mudéjar-plateresco (1508-1510) obra de Copín de Holanda; la cajonera del cardenal Silíceo tallada por Gregorio Pardo, que servía para guardar las actas del cabildo; y la portada de yesería, obra del maestre Pablo (1510).  Los frescos de las paredes son obra de Juan de Borgoña; dedicados a la vida de la Virgen y la Pasión de Cristo. El cuadro central representa al cardenal Cisneros. Sobre la sillería, se representa a los arzobispos que ocuparon la mitra de Toledo, perteneciendo estas obras a distintos pintores al servicio de la catedral.

En una reciente restauración, en 2025, se anunció el descubrimiento de un mural de 1511 de Juan de Borgoña (con escudo del cardenal Cisneros y querubines) que permanecía oculto tras un mueble desde 1780.

José Carlos Sacristán

                   

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