La última frontera del Virreinato de Nueva España

Con motivo del 250 Aniversario que se cumple este año de la fundación de los Estados Unidos, cuya consecución fue posible por la decisiva ayuda de nuestro rey Carlos III, el Instituto de Historia y Cultura Militar, IHCM, está desarrollando un interesante ciclo de conferencias sobre la fundamental contribución española al descubrimiento y civilización de buena parte del territorio al norte del río Bravo y que hoy forma parte de la república norteamericana (que por cierto, pagó muy mal el apoyo que les prestó nuestro país al logro de su independencia).


El pasado 22 de junio, Francisco Moreno del Collado, historiador y divulgador de la Asociación Héroes de Cavite, impartió la conferencia titulada «Juan Bautista de Anza. Militar y explorador en la frontera norte de Nueva España», una figura sobresaliente entre la nómina de exploradores y otros personajes de nuestra mal conocida Historia, que civilizaron aquellos vastos territorios hasta llegar nada menos que a Alaska.
Juan Bautista de Anza siguió los pasos de su padre, también Juan, vasco, aunque el protagonista de nuestra historia era ya criollo, nacido en el Virreinato de Nueva España. Una zona difícil, de escasos recursos, y cuyos indios no siempre se mostraban amistosos con los españoles (había tribus que sí lo fueron y se beneficiaron en gran medida de la prosperidad que vino con los españoles, así como del amparo de la Corona, que perdieron tras la invasión anglosajona, que procedió a su exterminio).
En su vida, se distinguió no sólo como militar sino también como eficaz administrador de aquellas vastas tierras, al compaginar su valor como oficial al servicio de la Corona frente a levantiscas tribus, en particular los apaches (en este caso, defendiendo a las tribus amigas frente a las incursiones de aquellos indios que sólo buscaban botín fácil), sino también como hábil gobernador, con inteligentes medidas que contribuyeron al bienestar de la población, indistinta si era criolla, como de los nativos.


Entre sus principales logros está el de encontrar la ruta que habría de comunicar Ciudad de México con la Alta California, la que sería conocida como Camino Real de Tierra Adentro, y que hoy en día, Estados Unidos tiene como uno de sus principales caminos históricos (el acceso navegando por la costa era complicado por los vientos y corrientes adversos). La ruta por el interior tampoco era fácil, ya que había de atravesar desiertos, en condiciones muy duras para la expedición, compuesta no sólo por tropa, sino por colonos, con sus ganados, dispuestos a asentarse en aquellas tierras. Y así hicieron fundando San Francisco.
Pero donde se tuvo que emplear a fondo fue en someter a los apaches y, en particular, a su cruel jefe Cuerno Verde, y en conseguir difíciles alianzas con el resto de tribus, para mantener un vastísimo territorio y con escasos recursos (los famosos dragones de cuera, a los que ningún cineasta ha dedicado lo que sería una merecidísima película, como esas con las que nos abruma Hollywood mostrando el valor del 7º de Caballería masacrando indios).

Al final, se logró la ansiada pacificación, conocida de forma bien merecida como Paz de Anza, que habría de mantenerse hasta que México se independizó y perdió las amplias posesiones que un día formaron parte del Virreinato de Nueva España, al norte del río Bravo. Los yankees procederían de una manera bien distinta con los indios que, durante la presencia española, gozaron del amparo de la Monarquía Hispánica. Los nuevos amos exterminaron a los indios, les desposeyeron de sus tierras, y los escasos sobrevivientes fueron encerrados en infectas reservas.

Jesús Caraballo


4 thoughts on “Juan Bautista de Anza y la Apachería”
Muy interesante la narración de hechos.
Muy interesante.
Muy interesante tu articulo Jesus. Los españoles tratamos como seres humanos a los indios y los anglosajones los exterminaron esa es la verdadera historia de los EE.UU.
Así fué efectivamente lo que sucedió, no tuvieron bastante con la Leyenda Negra sobre España.