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Síntesis clarificadora y veraz de “La Traición del 98” (2/3)

  • admin
  • 28/09/2026
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Viaje a Cuba y bloqueo en Santiago

Centrándonos en la permanente agresión indirecta norteamericana, a través de los mambises, y en sus continuas ofertas de compra, Cuba, la provincia más rica de España entonces, se encontraba sumida en la “Guerra Necesaria” (1895-98) desatada por los separatistas cubanos, en la que el Capitán General Valeriano Weyler había prácticamente liquidado la sublevación antes de la muerte de Cánovas. Los planes españoles para la contingencia con una guerra con Usa en 1898, porque los había, contemplaban que la Escuadra de Instrucción viajara a Puerto Rico. Mejor dicho, se concentrara en San Juan, pues en el Caribe ya estaban dos modernos cruceros, el Oquendo y el Vizcaya.

Capitán de Navío Villaamil

Al día siguiente del auto hundimiento yanqui del Maine en La Habana (15-II-1898), se creó la 1ª División de Torpederos, al mando del Capitán de Navío Villaamil, la cual partió para el Caribe el 13 de marzo, sin la escolta y apoyo de buques más poderosos, dado que Cervera dilataba la partida aduciendo no estar aún preparado. Villaamil calificó de “Gatada” (faena, trampa; por la que abrió un expediente judicial) el que parte de sus barcos se despegarán de él, con diversos pretextos, y se metieran en Cabo Verde; la posterior muerte de Villaamil echó tierra sobre aquel turbio asunto. Aquello condicionó que toda la flota se concentrara en el archipiélago portugués, en lugar de en Puerto Rico, donde esperaban ya el Oquendo y el Vizcaya, y sentenció, en gran medida, la guerra. Reunidos allí al fin el 2 de abril los destructores Furor, Plutón y Terror y los torpederos Azor, Ariete y Rayo, dos días después llegaban a Puerto Rico los dos cruceros salidos de La Habana. Ante esa situación, y dado que Cervera seguía poniendo pegas en salir de Cádiz, el Ministro Bermejo le ordenó perentoriamente que partiera hacia Cabo Verde, mandando a la vez a los cruceros de Puerto Rico que se reunieran todos allí. A estos oscuros movimientos se les ha llamado el rigodón de la escuadra: dos cruceros a La Habana y una división de torpederos después, para hacerles cruzar el Atlántico a unos y a los otros esperar en Cabo Verde casi un mes. Además, una vez que se reunió la escuadra, estuvo casi en rebeldía, pensando en volver por su cuenta a la Península “para defenderla”, perdiendo un tiempo precioso y partiendo, al fin, el 29 de abril, pero sin los tres torpederos, dejados atrás con pobres excusas, como si estuvieran sobrado de barcos. Salió hacia América cuatro días después de declarada el día 25 la guerra por EE.UU. (nueve en realidad, porque antes empezaron a atacar traidoramente a nuestros mercantes).

La Escuadra, formada ahora por los tres “Cruceros del Nervión” (Oquendo, Vizcaya y Teresa,de diseño inglés) y el Colón, más los tres destructores, viajó buscando información en las islas con cable telegráfico submarino. El 12 de mayo, en Martinica (puerto francés), despreció inexplicablemente 2.600 toneladas de carbón que pudo coger del barco hospital-carbonero Alicante; también supo que ese mismo día Puerto Rico había sido bombardeado por una parte de la escuadra yanqui al mando del Almirante Sampson, por lo que era lógico suponer que se retiraría a sus bases a reponer munición y reparar averías. Tenía pues el camino expedito a Puerto Rico y carbón suficiente. Pero decidió partir, dejando atrás al destructor Terror reparando algunas averías, hacia el más lejano Curazao (puerto holandés con cable submarino), donde llegó el día 14 y cargó unas 600 toneladas de carbón. Siguiendo las únicas órdenes que tenía, el destructor Terror llegó a San Juan el 17 de mayo sin problemas, eso sí, sin sus dos cañones principales, pues, desmontados, iban a bordo de la escuadra. Quedó demostrado así que Cervera no quiso ir a Puerto Rico por alguna razón distinta a las que adujo.

El puertorriqueño puerto de San Juan había sido siempre considerado por la Marina como la ideal, pues estaba situado inmejorablemente tanto para intervenir en las costas yanquis como en las cubanas, y la isla era de una españolidad admirable.

Cervera llegó a Santiago de Cuba el 19 y supo que los yanquis le buscaban con dos formaciones, una por el Norte de Cuba (Sampson) y otra por el Sur (Schley). Auñón demuestra que, de no haber ido a San Juan, Cervera pudo haber llegado, con carbón suficiente y sin encontrarse más que con buques menores en misión de explotación, tanto al magnífico puerto de Cienfuegos, unido por ferrocarril a La Habana, como a este último, considerado entonces como el mejor defendido del mundo, por unidades de artillería y de infantería. Pero fue a meterse en Santiago, situado en la única provincia en la que los mambises aún tenían los restos de su ejército, y su puerto, además de no contar con ferrocarril a La Habana, no estaba inicialmente artillado de forma eficaz, ni contaba con suficientes minas marinas.

Calendario y derrotas de las Escuadras. El dibujo a lápiz es de Auñón

A partir de aquí todo es un “sin sentido” aún mayor. Cervera carbonea hasta casi 800 toneladas de carbón Cumberland y repone agua y víveres (Auñón demuestra también que había víveres sobrados), pero se queja del ritmo lento de las operaciones. Aunque lo aterrador es que sabía que un carbonero español, el Restolmer, estaba a punto de llegar a Santiago. El mismo fue apresado por un crucero auxiliar enemigo, el Saint Paul, al amanecer del 25 de mayo y a la vista del puerto, sin que los poderosos cruceros españoles hicieran nada. Es más, aquel mismo día Cervera telegrafió a la Península diciendo que estaba bloqueado, cosa totalmente FALSA, pues hasta el día 30 no apareció Schley con sus barcos, los cuales eran de similar potencia y número que los españoles. El “Escuadrón Mosquito”, llamado así por su escasa entidad, que sirvió de excusa a Cervera para decir que estaba “bloqueado”, fue reforzándose desde el 24 hasta el 28 de mayo, cuando solo estaba formada por dos cruceros protegidos, el Minneapolis y el Marblehead, más el descomunal transatlántico Saint Paul y el pequeño cañonero, Yale. La noche del 29 arribó el Escuadrón Volante del Comodoro Schley, completando una fuerza similar a la Cervera o incluso algo inferior, y el 1 de junio la Escuadra del Almirante Sampson.

Otras mentiras flagrantes, certificadas por Auñón, fueron las relativas a las también falsas deficiencias de los cañones, las vainas y los proyectiles.

            Desde el 1 de junio al 3 de julio, la escuadra española no actuó en el mar, permitió los desorganizadísimos desembarcos enemigos en Guantánamo (7 de junio), Daiquiri y Siboney (22 y 24 de junio, fecha asumió el Capitán General Blanco el mando único), y tampoco aprovechó las ocasiones nocturnas que se le ofrecieron para burlar el bloqueo. Solo hubo el oscuro incidente del Merrimac (noche del 2 de junio), el cual no consiguió bloquear la entrada del puerto, ni lo hundieron ni la artillería (prácticamente no actuó) ni las minas españolas (sospechosamente tampoco funcionarían en Guantánamo), a pesar del aviso del espionaje español. Todo ello dio pie a un sospechoso intercambio de sobres entre Cervera y Sampson. Únicamente desembarcó el día 22 junio unos 1.000 hombres de su dotación (más de las dos terceras partes de la marinería), con sus cañones de campaña y ametralladoras, que los tenían, muchos o pocos, para reforzar la defensa terrestre. El Teniente General Linares los fraccionó en una decena de destacamentos repartidos por todo el perímetro defensivo de Santiago, la mayoría en el lado opuesto al ataque terrestre yanqui. Reembarcaron el 2 de julio, muy pocas horas antes de salir al combate definitivo.

Bustamante y Sampson intercambian sobres.

            Otras fuerzas navales: guerra de corso y Escuadra de Cámara

España ni siquiera empleó todos sus medios navales.

Aunque estaba prevista, no se hizo guerra al tráfico yanqui con cruceros auxiliares, supuestamente por presiones inglesas. Esos barcos civiles artillados habrían hecho que la flota yanqui se dispersara bastante para su captura. Los gringos, como hemos visto, sí usaron múltiples cruceros auxiliares.

Mientras tanto, el 8 de mayo el Ministro Bermejo había creado nominalmente la Escuadra de Reserva con los restos heterogéneos, y en diverso grado de alistamiento, aun disponibles, entre ellos los muy buenos Pelayo (acorazado de diseño francés) y Carlos V (crucero de diseño inglés), la cual fue puesta en Cádiz a las órdenes del Contralmirante Cámara. Esta escuadra, ya con Auñón de ministro, tenía también tres destructores, varios barcos de transporte (4.000 soldados del Ejército) y varios carboneros. Salió de Cádiz hacia Filipinas el 16 de junio llevando 25.000 toneladas de carbón. Si en lugar de ir por el Canal de Suez, donde eran de esperar las trabas de nuestros “aliados” franceses e ingleses (lo eran y no hay más que ver la factura de nuestros principales barcos), como ocurrió ocasionando un gravísimo retraso, hubiera ido por el Estrecho de Magallanes o El Cabo (con apoyo y escala en La Estación Naval del Río de la Plata en Uruguay, 1845-90, o en Guinea), amagando primero las costas norteamericanas y caribeñas, seguramente hubiera ayudado mucho a la de Santiago de Cuba, impidiendo o retrasando los desembarcos yanquis, y llegando luego a tiempo para socorrer Manila. Por supuesto, nada de eso hizo Auñón, quien, por algún motivo, ni siquiera menciona su actuación al respecto. Por cierto, el acorazado Oregón, el más eficaz de los gringos, salió de California, pasó por el Estrecho de Magallanes y Uruguay, donde temió un ataque español que no se produjo, y se incorporó a la Escuadra de Sampsom. Cámara, recién cruzado Suez por fin, se dio la vuelta el 7 de julio, tras el combate de Santiago. Su actuación tuvo un resultado nulo, por no decir negativo.  

Los combates terrestre y naval de Santiago

El Combate Terrestre

Los combates en torno a Santiago de Cuba están tan determinados por la idiosincrasia de los Generales Blanco (Capitán General) y Linares (Jefe del Cuerpo de Ejército -CE-). Ambos que merecen una mínima biografía.

Protagonistas (personas y unidades)

Ramón Blanco Erenas

Ramón Blanco Erenas, Marqués de Peña Plata, masón (H.·. Barcelona) y muy próximo a la Reina Regente, desde 1893 a 1896 había sido Capitán General de Filipinas de la mano de Sagasta y sustituyendo al victorioso General Weyler (quien prácticamente pacificó por primera vez Mindanao y Las Joló). Su coqueteo con las logias masónicas de Luzón, entre ellas el Katipunán, y otros actos de mal gobierno (prácticamente sentenció a un Rizal inocente), facilitaron que en 1895 estallara una avisada insurrección, tal que prácticamente dominó Luzón, teniendo el Ejército que atrincherarse en “Intramuros”, la ciudadela murada de Manila. Al ser relevado pasó a mandar el “Cuarto Militar” de María Cristina de Habsburgo-Lorena. Cuando sustituyó en Cuba de nuevo a Weyler tuvo entre otros subordinados a los Generales González Parrado (H.·. Jesucristo), Segundo Cabo (2º Jefe) de la Capitanía, y Fernández Bernal (H.·. Kleber), Comandante de la División (Div.) de Pinar del Río [i].

Según el Anuario Militar de 1898, Weyler dejó en Cuba un ejército de casi 250.000 soldados aclimatados, entrenados y aguerridos (248.457 exactamente, unos 82.000 de ellos “voluntaries” locales), pero “solo” 36.582 en la zona oriental (provincia de Santiago de Cuba). Los Cuerpos de Ejército eran los siguientes: el de Occidente–I-(1ª Div. en las provincias de Pinar del Río, La Habana y Matanzas;2ª Div. en Las Villas), Centro -II-(3ª Div. en Sancti Spíritus -Las Villas-;4ªDiv. en la Trocha Militar Júcaro-Morón; 5ªDiv. en Puerto Príncipe -Camaguey-) y el de Oriente -III- (6ª Div. en Manzanillo,7ªDiv. en Holguín y8ª Div. en “Cuba” -Santiago de Cuba-).

Arsenio Linares Pombo

Arsenio Linares Pombo, hijo de un oficial, ingresó en el Colegio de Artillería de Segovia, pero causó baja por bajo rendimiento escolar, pasando a Infantería.  Ascendió con 29 años a teniente coronel en 1877. Una carrera no precisamente lenta y a la sombra de un poderoso padrino, el General Jovellar, del que fue ayudante en la Capitán General de Cuba y luego su yerno; fue Ministro de la Guerra.

Resumiendo, Blanco nombró a Linares Jefe de Estado Mayor del Cuerpo de Ejército Oriental del Sur, nombramiento que no gustó al segundo, quien pidió destino en la Península alegando paludismo. Ante ello, Blanco le propuso como teniente general, empleo que le fue concedido el 4 de mayo de 1898, aunque permaneciendo al mando de la a División de Santiago.Precisamente por entonces, el Capitán General creó un nuevo III Cuerpo de Ejército (Puerto Príncipe), en base a parte del Central y la división de Holguín desgajada del de Santiago, quedando este último numerado como “Cuarto” y solo con las divisiones de Manzanillo y Cuba. Ninguna necesidad había para ello, al menos confesable, quedando muy mermada de fuerzas la provincia más infectada por la subversión mambí, en la que casualmente se encierra Cervera y la que precisamente fue atacada por los norteamericanos, siguiendo el ejemplo del malogrado ataque inglés tras la derrota de Vernon en Cartagena de Indias (1741). Linares mandó ese menguado IV C.E. (Santiago de Cuba). La trampa de la “falsa batalla” estaba armada.

General Shafter

Descontados los 8.364 de la División de Holguín, quedaron a las órdenes directas de Linares “solo” 28.218 hombres, 12.096 de los cuales en la ciudad de Santiago y sus alrededores (más mil marinos desembarcados); el resto estaba entre las diferentes guarniciones (8.668 de la Div. de Manzanillo y 5.992 de la de Guantánamo, etc).

Los oficialmente 16.888 yanquis del Cuerpo de Ejército del General Shafter, la mayoría “voluntarios” movilizados sin aclimatar, contaron con el apoyo mambí (unos 2.000, además de partidas en el interior de la provincia “cercando” las superiores guarniciones españolas). Unos 20.000 hombres frente a los 28.000 españoles. Ninguna superioridad useña. Diferencia que hubiera sido mucho menor si, además de la Columna Escario que atravesó combatiendo 290 km por la dura Sierra Maestra, y se incorporó el mismo día del combate naval con unos 3.300 hombres, hubieran actuado otros tantos de la División de Guantánamo (General Pareja) atacando por retaguardia al invasor, y similar número de la recientemente separada de Holguín. Todo lo que se ha escrito justificando la inacción de ambas divisiones, magnificando el cerco de las partidas cubanas, la falta de acémilas y la imposibilidad del enlace (ni siquiera por telegrafía óptica y palomas mensajeras), la falta de víveres e incluso falta de carácter en los generales, son excusas que aparentemente encubren órdenes superiores de no actuar.

 Operaciones en Santiago

Desembarcos. Aproximación. Asalto.

En la Causa del Consejo Supremo de Justicia Militar sobre el Combate Naval de Santiago, su Presidente y siete vocales dijeron en voto reservado: “ni se aprovechó la oportunidad de escapar en los 49 días de permanencia de la Escuadra en Santiago, ni se intentó siquiera ataque alguno de sus torpederos, ni nada se hizo para distraer al enemigo durante el desembarco de su ejército”.

Los desembarcos, además de en la boca de la estratégica bahía de Guantánamo, se produjeron en Daiquiri (el escalón de asalto, fundamentalmente mambises) y Siboney (el grueso, aprovechando el no volado embarcadero de mineral). Recordemos fue una repetición de lo que lo que hizo el Almirante Vernon, tras su derrota en Cartagena de Indias un siglo antes, y que Auñón registra la negativa de Linares a volar los muelles, así como el temprano aviso del desembarco hecho por la célula de espionaje española en Canadá. Los “desembarcos administrativos” fueron un caos organizativo tan total, certificado por los agregados extranjeros presentes, que una posible oposición hubiera permitido echarles al mar con facilidad.

Luego se les dejó avanzar con poca oposición hasta San Juan (y El Caney), lo contrario que en 1741. Incluso el muy oficialista Coronel Fernando Puell de la Villa escribió en su biografía de Linares que: “la decisión (de Linares) de replegar las guarniciones costeras y abandonar las ventajosas posiciones que impedían penetrar hacia el interior … (y) concentrar en Santiago las tropas de la llamada zona minera, permitió que Shafter estableciera su campamento al Oeste de Sevilla, a menos de diez kilómetros de la ciudad”.

Las Lomas de San Juan

Combate.

El 1 de julio, el Cuerpo Expedicionario useño llegó a 6 km de Santiago, en las proximidades de Las Lomas de San Juan y El Caney. Linares había colocado más fuerzas en la defensa de Santiago frente a los mambises (al Norte y al Este) y en la bocana del puerto (incluso con artillería de campaña de 150 mm, cosa que no tenían nuestros enemigos), repartiendo los “trozos de desembarco” navales, armados con ametralladoras y cañones de acompañamiento, en ese absurdo despliegue. Opuso una defensa meramente estática con tres posiciones: 350 hombres en Las Lomas (paso obligado a Santiago), 550 en El Caney —al Norte,— y 400 en la orilla del Río Aguadores —al Sur—. Nótese que en el previsible esfuerzo principal americano había menos fuerzas, que además se habían reunido recientemente, procedentes de distintas unidades y mandadas por el Coronel Baquero, quien estaba destinado en la División de Guantánamo. Dispuso en el Fuerte Canosa una débil posición 800 metros a retaguardia de Las Lomas (dos compañías, incluidas todas las reservas), donde Linares estableció su puesto de mando; además de dos escuadrones de caballería algo retrasados. No había pues previsto ningún contraataque de conjunto ni fuerzas organizadas que pudiera haber sido empleadas en él. Los apenas 1.000 hombres de Las Lomas-Caneyen aguantaron durante 12 horas el ataque de un enemigo casi 20 veces superior, con un 50% de muertos, y sin que se quebrara totalmente la línea.

Pero, se habían producido unos acontecimientos llamativos. Tras la caída de Las Lomas, el General Linares fue herido en el antebrazo izquierdo al final de la jornada y resignó el mando en el General Toral, el Jefe de la División de Santiago. Entonces fue cuando el Capitán de Navío Bustamante, con la pequeña parte de marinería que estaba directamente a sus órdenes (unos 40 hombres según el “Artillero Benítez” en El 3 de julio desde el Vizcaya), tomó la iniciativa de hacer el contraataque “suicida” en el que resultaría herido, pero que fijaría definitivamente al enemigo.

Shafter pidió permiso a su Presidente para retirarse ante tal resistencia, sus bajas de combate y los muy numerosos enfermos que ya había en sus filas. No le fue concedido y Roosevelt, primero individualmente y luego junto múltiples altos oficiales, lo pedirían luego por escrito, mediante la famosa Round Robin Letter, en un estado de casi insubordinación [ii]. Por el contrario, “inexplicablemente”, el Capitán General ordenó terminantemente salir de inmediato la Escuadra del puerto, embarcando apresuradamente los “trozos de desembarco” con su armamento. Y eso que el Capitán General sabía que los victoriosos y aguerridos 3.500 hombres de la Columna Escario estaban a punto de llegar a Santiago (lo hicieron inmediatamente después del combate naval).

Emilio Bacardí

Consecuencias

La “oportuna” herida de Linares, grave según el parte médico inicial, fue curada en el hospital e inmediatamente convaleció en su casa. El testigo y cronista cubano Emilio Bacardí la calificó como “menos grave” (Crónicas de Santiago de Cuba, Tomo X, página 17, 1908: “acerca de ella circularon rumores, nada favorables para él, que nosotros no hemos podido comprobar”), insinuando la auto lesión. Prueba de que no debió ser gran cosa es que le permitió, sin reclamar para sí el mando, opinar e influir en Toral, llegando a escribir el famoso telegrama al Capitán General en el que decía que “Santiago no es Gerona”, y solicitaba autorización para la capitulación. Blanco, “incomprensiblemente” retransmitió el mensaje al Ministro de la Guerra. El telegrama trascendió hasta las trincheras españolas, desmoralizándolas, y también, sin duda, al enemigo, vía la censura inglesa del cable submarino que pasaba por Jamaica. Y, como remate, ese mismo día 12 de julio ordenó a Toral, quien no quería rendirse y había ordenado al General de Guantánamo que le socorriese con sus fuerzas (cosa que no hizo escusándose en el enemigo mambí), iniciar el preceptivo juicio contradictorio para la concesión a Linares de la Cruz Laureada de San Fernando. El 13 de julio, el Capitán General autorizó a Toral a firmar la capitulación de su división. Con su obediencia indebida Toral pagaría los platos rotos, muriendo internado como loco en el Hospital Militar de Carabanchel.

José Mª Marqueze


[i] F. Ferrari Biloch: La masonería al desnudo, 1939. Se citan únicamente los masones reconocidos, sabiendo que debió haber muchísimos más.

[ii] Más de 4.000 contrajeron la fiebre amarilla. El4 de agosto de 1898el Secretario de Guerra ordenó que las tropas del General Shafter fueran sacadas de Santiago tan pronto como hubiera el transportes para trasladarlas a Nueva York (Montauk Point) para su cuarentena/tratamiento en Camp Wikoff; https://aaqeastend.com/contents/camp-wikoff-fifth-army-corps-quarantine-camp-1898/; https://www.pbs.org/wgbh/americanexperience/features/fever-scourge-spanish-american-war/

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