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La batalla de Cartagena de Indias. El ridículo inglés

  • Manuel Villegas Ruiz
  • 06/10/2026
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Posiblemente haya sido Blas de Lezo uno de los héroes más eximios y magnificentes de España. Su historia, su biografía, sus hazañas, su denuedo y valentía deberían de ser pregonadas a los cuatro vientos.

Si los anglosajones, los franceses, los holandeses o los estadounidenses hubiesen tenido un héroe, no solo como él, sino semejante a su sombra, hubieran llenado el mundo de películas, biografías y exposiciones de todo tipo para ensalzar su memoria y su recuerdo.

Blas tuvo la suerte, ¿o la desgracia?, de nacer en España. Nación que lo mínimo que hace con sus grandes hombres y héroes es olvidarlos, denostarlos o condenarlos al olvido, cuando no cubrirlas con una capa de ignominia, la dannatio memoriae practicada por los romanos.

Antes de la Batalla de Cartagena de Indias (1741), la confianza del Reino Unido en la aplastante victoria de su armada era tan absoluta que cometieron uno de los descuidos de propaganda y soberbia más célebres de la historia militar: celebraron el triunfo por adelantado acuñando medallas conmemorativas.

El contexto y la expedición monumental

Edward Vernon

El almirante británico Edward Vernon partió hacia Cartagena de Indias liderando una flota colosal de casi 190 navíos y cerca de 30.000 hombres. Frente a esta fuerza, la defensa de la plaza estaba en manos del teniente general Blas de Lezo, quien disponía únicamente de 6 navíos de línea y unos 3.000 a 4.000 hombres (entre tropa regular, milicianos y aliados indígenas).

Convencido de que la enorme disparidad numérica garantizaba una victoria rápida e inminente, Vernon envió noticias prematurely optimistas a Londres tras tomar de manera inicial algunos fuertes exteriores de la bahía.

Las medallas de la discordia

En Gran Bretaña, la noticia del inminente colapso español desató un entusiasmo ferviente. Sin esperar a que concluyera la batalla ni a recibir la confirmación de la capitulación final, las autoridades y comerciantes británicos mandaron a acuñar miles de medallas conmemorativas en diversos metales (bronce, latón y cobre).

Las medallas contenían grabados explícitos para mofarse del defensor español:

La humillación de Blas de Lezo: Aparecía Blas de Lezo —quien ya era tuerto, manco y cojo por heridas de guerra previas— arrodillado ante el almirante Vernon, entregándole su espada en señal de rendición.

Inscripciones triunfales: Algunas medallas lucían inscripciones como «The pride of Spain humbled by Admiral Vernon» («El orgullo de España humillado por el almirante Vernon») o «True British heroes» («Verdaderos héroes británicos»). En otras se leía «He took Cartagena» («Él tomó Cartagena»).

La derrota y el encubrimiento

A pesar de la superioridad táctica y material de la flota británica, las maniobras de Blas de Lezo, el uso estratégico del terreno, las defensas del castillo de San Felipe de Barajas y el azote de las enfermedades tropicales terminaron por destrozar al ejército invasor. La expedición británica sufrió una derrota devastadora, perdiendo decenas de barcos y cerca de 10.000 hombres antes de verse obligada a retirarse.

Cuando la verdad sobre la derrota llegó a Gran Bretaña, el impacto político y social fue enorme:

Jorge II

El rey Jorge II prohibió la divulgación de las publicaciones sobre el desastre y ordenó retirar y ocultar las medallas fabricadas.

Se prohibió hablar públicamente del fracaso en la campaña para no dañar la moral pública ni el crédito internacional de la Corona.Muchas de estas medallas fueron destruidas o fundidas, aunque bastantes ejemplares sobrevivieron al escrutinio oficial y hoy en día se conservan en museos y colecciones numismáticas privadas como testimonio del exceso de confianza británico.

El mayor fiasco naval de la historia de Gran Bretaña ocurrió en 1741 durante la Guerra de la Oreja de Jenkins, cuando el almirante inglés Edward Vernon dio por hecha la victoria antes de tiempo frente a un Blas de Lezo que, pese a estar en una extrema inferioridad numérica, logró defender Cartagena de Indias.

La soberbia del Imperio británico los llevó a cometer el ridículo histórico de acuñar medallas conmemorativas antes de ganar la batalla, celebrando una victoria que jamás ocurrió y que terminó convirtiéndose en una de sus derrotas más humillantes.

 La brutal desproporción de fuerzas

La armada que Inglaterra envió para tomar el control de la llave de América era la más grande de la historia hasta esa fecha, solo superada siglos después por el desembarco de Normandía.

La euforia se apoderó de Inglaterra por la inexistente victoria:

Festejos públicos: Se encendieron hogueras y se celebraron banquetes en honor a Vernon.

 La genial estrategia de «Medio hombre»

Blas de Lezo, apodado «Mediohombre» debido a que le faltaban una pierna, un ojo y un brazo por batallas anteriores, plantó una defensa numantina utilizando el ingenio sobre la fuerza:

Guerra de desgaste: Ralentizó el avance inglés obligándolos a combatir en pantanos bajo el calor tropical, desatando brotes masivos de fiebre amarilla y malaria en las tropas británicas.

La trampa del foso: En el fuerte de San Felipe, el último reducto defensivo, Lezo ordenó cavar un foso alrededor de las murallas la noche antes del asalto inglés. Cuando los británicos intentaron usar sus escalas de asalto, descubrieron horrorizados que las escaleras se habían quedado cortas y no llegaban al parapeto. Quedaron completamente expuestos al fuego español.

Contraataque final: Aprovechando la confusión provocada por las escaleras cortas, Lezo ordenó una carga a bayoneta calada que provocó la huida descontrolada del ejército inglés.

 Las consecuencias del desastre

La derrota inglesa provocó un terremoto político y militar en Londres:

Censura real: Al enterarse de la catástrofe, el rey Jorge II de Inglaterra ordenó prohibir estrictamente hablar o escribir sobre la derrota, confiscando y ocultando todas las medallas conmemorativas posibles.

Hecatombe de vidas: Vernon tuvo que retirarse habiendo perdido unos 10.000 hombres y más de 50 barcos, la mayoría hundidos intencionadamente por los propios ingleses al quedarse sin tripulación para gobernarlos.

Legado español: La victoria aseguró la hegemonía naval española en el Atlántico y el control de sus rutas comerciales americanas durante casi un siglo más.

Las famosas medallas conmemorativas de la falsa victoria inglesa constituyen uno de los testimonios numismáticos más curiosos y ridículos de la historia militar. Fueron acuñadas en Londres en 1741, principalmente en talleres privados que buscaban hacer negocio rápido vendiendo recuerdos de lo que creían que sería una hazaña histórica.

 Detalles del diseño de las medallas

Se fabricaron decenas de modelos diferentes, la mayoría de ellas en aleaciones baratas como cobre, latón o bronce (pinchbeck), pensadas para el consumo del ciudadano común. Las características más llamativas de sus diseños reflejan la inmensa soberbia previa a la derrota:

El anverso (cara principal): Muestra al almirante británico Edward Vernon de pie, vestido con sus mejores galas y portando el bastón de mando. A su lado, se representa a Blas de Lezo arrodillado, entregándole su espada en señal de rendición absoluta.

Sobre la figura del defensor español aparece la inscripción «Don Blass». Lo irónico del grabado es que representaron a Lezo con dos piernas y dos brazos, ignorando que el almirante español era ya célebre por ser tuerto, manco y cojo.

Las leyendas propagandísticas: Las medallas estaban rodeadas de frases contundentes en inglés como:

«The pride of Spain humbled by Admiral Vernon» («El orgullo de España humillado por el almirante Vernon»).

«True British heroes took Cartagena» («Los verdaderos héroes británicos tomaron Cartagena»).

El reverso: Solía mostrar una perspectiva de la bahía de Cartagena de Indias con la imponente flota británica rodeando los fuertes, acompañados de fechas y menciones al «triunfo» de la armada.

Aunque el rey Jorge II intentó destruir y confiscar todas las monedas posibles para ocultar la vergüenza nacional tras la masacre militar, miles de ellas ya se habían vendido y sobrevivieron en manos de coleccionistas. Hoy en día son piezas históricas muy cotizadas que se pueden contemplar en lugares como el National Maritime Museum de Greenwich en Londres o el Museo Naval de Madrid.

National Maritime Museum de Greenwich

La historia no es lo que pasó, sino lo que se decide recordar. Los ingleses han presumido durante siglos de sus victorias navales, inflando cada triunfo y enterrando cada derrota. Sin embargo, la Batalla de Cartagena de Indias fue una de sus mayores humillaciones, un episodio que contradice su relato de dominio absoluto.

Blas de Lezo en Cartagena de Indias

“Medio hombre”, simboliza a un imperio que, incluso herido, al borde del abismo, y con el viejo mundo deseoso de su caída, aún sabía hacer historia en vez de padecerla pese a las pérdidas al cabo de un siglo. La hispanidad, en aquel entonces, no era una reliquia (como lo es hoy), sino una estructura de unidad, cultura y superioridad moral que se resistía a ser sustituida por el modelo destructor imperialista anglosajón.

Los hispanos, a lo largo de la historia, han demostrado que cuando más vulnerables e inferiores parecen, con más fuerza resurgen. Lo hicieron en Cartagena de Indias, resistiendo contra todo pronóstico. Lo hicieron en innumerables batallas, cuando el mundo los daba por vencidos.

Quizás la historia aún tenga reservado otro renacer. Solo el tiempo lo dirá.

Manuel Villegas Ruiz

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