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Las amas de cría

  • Inés Ceballos Fernández de Córdoba
  • 08/08/2026
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Bien por imposibilidad física, bien por el deseo de libertad o el de conservar la figura muchas madres de antaño buscaron otras mujeres con quienes alimentar a sus hijos hasta finales del XIX y las primeras décadas del siglo XX, cuando apareció el biberón y la leche en polvo adaptada al sistema digestivo infantil como alternativa a la lactancia natural. El papel de la nodriza en el siglo XIX y XX no fue netamente español y circunscrito a los círculos acomodados, también eran necesarias las nodrizas en más lugares por la cantidad de niños que había abandonados en las Inclusas y en las Casas Cuna.

En España surge la figura de nodriza o ama de cría sobre todo como exponente de la bonanza económica de la familia y su presencia en el hogar no se limita a la alimentación del lactante, sino que implica funciones de crianza, educación y transmisión de valores, también a los pies de las cunas reales. Como símbolo de distinción social a la ama de cría se la vistió de modo especial e incluso llevó alhajas en lo que era una forma de enaltecer el parentesco simbólico con la familia que contrataba sus servicios. Ser nodriza conllevó una serie de privilegios, derechos y obligaciones que beneficiaron sobre todo al campesinado: Buena remuneración económica, cartas de recomendación, pensiones vitalicias, trabajar en la ciudad eran parte de las prebendas. Las que iban a Palacio después recibían la jubilación más alta y sus hijos se veían recompensados con pensiones y oficios. Entre las desventajas el “abandono de su propio hogar” y la disgregación familiar.  

Las nodrizas se buscaban en el ámbito rural de las Provincias Vascongadas, Asturias, Cantabria y Galicia. Vivir a la sombra de las montañas era un certificado de salubridad. Las amas de cría eran mujeres de entre 18 y 35 años, con un nivel de educación básico y una autorización marital. Entre las de mayor fama estarían las mujeres pasiegas, -las santanderinas en general, después las vascas, las asturianas y las gallegas. Su residencia radicaba en los barrios dedicados a la ganadería. Algunas se hacían pasar como originarias del Valle del Pas sin serlo para ser contratadas por la fama que tenía de siempre la leche de sus vacas en esa zona específica cántabra. De 1830 a 1940 hubo un movimiento migratorio de las mujeres pasiegas y del norte de la península a la capital para trabajar para familias de la aristocracia y burguesía e incluso la Casa Real. En época de Isabel II, Dionisio Villanueva, médico de la Casa Real que se desplazó hasta el Valle del Pas para buscar a la nodriza del futuro Alfonso XII, comentó del lugar: “espacioso valle sin aguas detenidas ni enfermedad endémica alguna, cuyos habitantes,vcon alimentación sana, gozan de robustez y buena constitución” En la corte todo el mundo debía tener en alta consideración al ama de cría. Ésta no podía disgustarse por miedo a que la leche se le alterara.

¿Con quién dejaban al niño a o a la niña en periodo de lactancia durante su estancia en la ciudad? Existía un mercado local de nodrizas que cobraban menor cantidad de reales y a cambio no emigraban. La mayor parte de las nodrizas eran tenidas por pasiegas, por descender muchas de Cantabria y por estar familiarizadas con la trashumancia y el comercio semanal y estacional en la venta de leche y productos lácteos, así como otros productos elaborados. Pero también en los alrededores de Madrid, en La Mancha y en las aldeas burgalesas se encontraban a estas mujeres dispuestas a cuidar de los hijos de otras mujeres y alimentarles con su don más preciado: la leche materna. Las razones de contratar un ama de cría podían ser físicas por insuficiencia de leche, por mortalidad materna o por partos múltiples y también por razones sociales: poder dedicarse a otras ocupaciones y delegar la crianza.

La profesionalización de la crianza liberó a las mujeres pudientes y les ayudó a desprenderse del vínculo constante del cuidado doméstico, “porque lactar no era digno de una dama”. La nodriza o ama de cría cuidaba de los lactantes 24 horas al día. Durante los paseos a pesar de ser una mujer de un estrato social más humilde, tenía cualidades personales que le hacían única: “La más elegante y lechera”. El testimonio gráfico del atuendo de la nodriza vestida con su traje de gala o de paseo, con complementos (pendientes de coral, collares) llega a nuestros días a través de estampas, fotografías, retratos al óleo y diferentes géneros literarios. Su presencia era testimonio de la riqueza y el estatus social de los señores para los que trabajaba. Signos ineludibles eran: La falda de paño rojo, el corpiño de terciopelo negro galoneado de oro, pañuelo de colores atado en la cabeza y alhajas de plata que le confería un aire de fuerza y vigor. Una nueva relación de parentesco más cercana y natural que una simple relación contractual. Las nodrizas debían llegar avaladas por un informe médico y moral que redactaba el párroco y el doctor de su aldea o localidad. Sujetas a la autoridad del hombre necesitaban de informes que las acreditasen “asegurándose su robustez, suficiencia de jugo lácteo, moralidad y demás circunstancias para la buena crianza y educación de los expósitos”.  Llegaban a la Corte y se hospedaban en la Casa de Amas, en un ala del Real Palacio, después la Casa de Amas se trasladó al Sitio del Buen Retiro, La Pajarera La más afortunada sería la que daría de mamar al heredero, mientras que el resto de las muchachas pasaban a ser nodrizas de retén y eran trasladadas a La Pajarera, un palacete bichado en los jardines del Buen Retiro. Algunas llegaban con sus propios hijos y esperaban a ser llamadas a Palacio. Después volvían a su pueblo posicionadas una vez terminado el proceso de lactancia. Tenían tres trajes: el de gala, el de media gala y el de diario. Los primeros registros de amas datan de 1588. Había 1800 las familias de clase acomodada criaban a sus hijos con mujeres asalariadas. Ya con las vacunas y la higiene bajó la mortalidad.

Francisca Ramón González

Engendrar hijos era un reto para la realeza, de ello dependía de que se perpetuase la dinastía, también morían con frecuencia los infantes y con cierta frecuencia se pasaba de la cuna dorada al blanco ataúd. Las casas de Austria y de los Borbones fueron prolijas. Isabel II parió en once ocasiones en quince años. Francisca Ramón González, natural de Peñacastillo, ama de cría de la Infanta Isabel, hija de Fernando VII y M.ª Cristina de Borbón, posterior reina Isabel II a la muerte de su padre tras abolir la Ley Sálica. Francisca Guadalupe Porras: natural de Entrambasmestas. Ama de cría de la Infanta Isabel, hija de Isabel II y Francisco de Asís, nacida el 20 de diciembre de 1851, y que pasó a la historia con el nombre de “La Chata”.

“La Chata”

Una vez concluía su función como amamantadora, le era otorgado por ley el título de “Doña” y el privilegio de hidalguía para su marido y su descendencia.

A las mujeres les honraba llevar el traje de pasiega como muestra de su digna ocupación. A las buenas condiciones físicas de abundancia de leche se unían las morales. Desde el siglo XVIII la Casa Real tuvo un gabinete médico destinado a la selección y control de las nodrizas reales. A mediados del siglo XVIII surgen los anuncios en prensa en los que las amas ofrecen sus servicios. Las nodrizas en Madrid se postulaban en la Plaza de Santa Cruz junto a la Plaza Mayor, donde acudían a ofertarse en el “mercado de trabajo”:

“ Estas normandas españolas, estas bretonas de las montañas de Santander, tan pronto se hacen madres en su país, abandonan las verdes praderas, los risueños valles, los quebrados cerros y humildes cabañas de su suelo natal, y dejando a sus hijos encomendados a una nodriza, aspirando a serlo ellas mismas en más aristocrática escala, emprenden con varonil resolución el camino de la Corte, bien solas y en clase de agregadas a la embajada de una galera o un carromato, o bien reunidas varias de ellas y en caravana. Lo primero que procuran es proveerse de un perrito recién nacido, que durante la expedición y hasta hallar, como ellas dicen, “acomodo” haga las veces de párvulo, y aplicándolo al pecho le conserve y mantenga el jugo nutricio, objeto de su especulación. ¡Quién sabe si llegando a la Corte ascenderá a hermano de leche de un título de Castilla!”.

Museo de amas de cría pasiegas

Después surgirá la opción de comprar la leche por parte de instituciones que trabajaban para remediar la desnutrición infantil. Normalmente la nodriza proseguía con la familia como ama seca o ama de brazos cuando ya no les suministraba leche. Las amas de crianza externas acogían a los niños en su hogar, les instruían y les educaban. Podían prohijar un niño o devolverlo al orfanato. La nodriza externa era una mujer de entre 25 y 40 años con hijos y con gran necesidad económica.  Las amas solían ser pobres y solteras. También había quien las denostaba dentro del servicio doméstico de la casa donde prestaban sus servicios e incluso huían de los propios padres por ser madres solteras. Las jóvenes sufrían el riesgo de que el bebe les contagiara la sífilis. Con los años se aplicaría una prueba para diagnosticar la enfermedad en los recién nacidos.

Los trajes de amas de cría eran recargados llevan pañuelo o toca y los colores rurales se van atenuando. La camisa blanca es la única prenda interior. En la garganta un broche formado por moneditas semiesferas de filigrana. Paseaban sus carritos de bebé por el Prado, por Cibeles, también llevaban amuletos y hebillas de plata sobre el zapato negro.  A veces portaban un paño escocés.

 Cofradía Virgen de Valvanuz 

Tardó tiempo en extenderse la conciencia de que amamantar al propio hijo no sólo cumplía funciones nutritivas sino otras de gran importancia para la crianza como prolongar el intervalo amenorreico y espaciar los nacimientos de modo natural.

En 2007 se inauguró en Selaya el MUSEO DE AMAS DE CRÍA PASIEGAS instalado en la Casa de la Beata. El museo es gestionado por la Cofradía Virgen de Valvanuz y pretende reconocer el papel histórico de la figura de la matrona pasiega en la región y convertir su legado en patrimonio cultural.

El museo, de carácter etnográfico, cultural y didáctico, recoge una valiosa colección de 300 fotos de amas de cría pasiegas, que datan de 1880 hasta 1936. Además, se exponen sus trajes más característicos, cuenta con una biblioteca con todos sus fondos bibliográficos, y diversos folletos y trípticos.

Inés Ceballos Fernández de Córdoba

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