
Sancho III el Mayor de Navarra (1004-1035) intentó conformar un reino unificado incluso con aires imperialistas. Al fallar en su pretensión la realidad que se impuso fue la de una pluralidad de reinos, que tenían lazos dinásticos y el frente común de la lucha contra los musulmanes.
A partir de 1008 comienza en Al-andalus la descomposición política y administrativa, el Califato de Córdoba comienza a desintegrarse en una serie de entidades independientes denominadas taifas. Loa reinos cristianos ejercieron un poderío sobre las taifas que se manifestó en el cobro de parias, impuesto que mermó de forma importante la hacienda de las taifas, y por el contrario, aumentó la de los reinos cristianos.


Sancho III se benefició de esta decadencia musulmana e intentó un proyecto ambicioso de aperturismo hacia Europa y de unificación peninsular. Llegó a reinar desde Sobrarde y Ribagorza hasta León, y se cree que desde el final de su reinado pudo adoptar el título de imperator. Sancho III, al que el abad Oliba se refería como rex ibericus hacia 1032, tuvo especial cuidado en su testamento en la diferenciación política de sus territorios. De esta forma, el patrimonio que dejó a sus hijos quedó con el reino de Pamplona para su primogénito, García Sánchez III, su hijo Ramiro heredó el condado de Aragón, Gonzalo recibió Sobrarde y Ribagorza y Fernando, el condado de Castilla.
Fernando poseía el condado de Castilla desde el año 1029, antes de que muriese su padre, condado que dependía del reino de León. A finales de 1032, Sancho III preparó el matrimonio de Fernando con Sancha, hermana del rey de León, Bermudo III. Este matrimonio era muy ventajoso para Fernando porque la novia llevaba de dote las tierras comprendidas entre los ríos Pisuerga y Cea, lo que suponía una notable ampliación del condado hacia el oeste. A partir del 22 de junio de 1038, Fernando fue coronado como rey de León y, según dice la Historia Silense, asumió el título imperial. De esta manera, se había consumado la primera unión entre Castilla y León.

Fernando I tuvo que actuar con energía frente a algunos sectores nobiliarios, especialmente en Galicia. Funda la iglesia de Santa María la Real de Nájera (1052), asiento de una nueva sede episcopal, de la que dependerán las iglesias castellanas incorporadas a Navarra en 1038.

García Sánchez, hermano de Fernando I comienza a distanciarse de éste hacia el año 1053, y la situación explotó con la batalla de Atapuerca en 1054, en la que García perdió la vida. Por este motivo, según reza un documento de Leire, Fernando I no se tituló “rey de Castilla” hasta el año 1062.

Fernando I impulsó medidas tendentes a mejorar la vida religiosa y a fortalecer la organización eclesiástica. En este sentido destaca la convocatoria del Concilio de Coyanza en 1055. Se anticipó a la intención reformadora de tiempos posteriores, se regularon cuestiones de organización y disciplina y se reconoció el derecho de asilo en las iglesias. Se decretaron leyes para todo el reino de León y se ordenó a condes y merinos que gobernasen de forma justa a sus subordinados.
Entre 1040 y 1060, logró colonizar importantes territorios al largo del Duero como Zamora, Toro, Portillo, Peñafiel, Gumiel de Izán, Peñaranda de Duero y Aranda de Duero entre otros. Durante sus últimos años de vida impulsó el avance de la Reconquista; por occidente llegó casi hasta Coimbra. Mostró su superioridad lanzando una razzia contra la taifa de Toledo. Las taifas de Toledo, Badajoz y Zaragoza se declararon vasallos suyos y se vieron forzados a pagar parias. En 1063 mandó un ejército contra la taifa de Sevilla, la cual se vio obligada a pagar parias para evitar ataques posteriores, y les exigió las reliquias de Santa Justa. Como no fueron encontradas, exigió que le diesen las de San Isidoro, que fueron llevadas a León y depositas solemnemente el 21 de diciembre de 1063 en la iglesia románica adosada al panteón real.
Tras peregrinar a Santiago, Fernando I asedió Coimbra que, tras seis meses de asedio, se rindió en julio de 1064. Todavía le quedaban fuerzas y en 1065 lanzó otra campaña contra la taifa de Zaragoza que también se vio obligada a pagar parias, y otra contra Levante y en Paterna obtuvo una importante victoria contra el rey taifa valenciano. La campaña tuvo que interrumpirse porque en octubre de 1065 el rey Fernando I se sintió enfermo y regresó a León.
Fernando I murió el 27 de diciembre de 1065. El arzobispo don Rodrigo Jiménez de Rada dijo: “el rey Fernando I fue bondadoso, ecuánime, temeroso de Dios y resuelto”, y que hizo educar a sus hijos: “En el conocimiento de las letras y, cuando fueron mayores, en el arte de la milicia, ordenándoles tomar parte en expediciones y combates”

José Carlos Sacristán
